miércoles, 16 de agosto de 2023


 

GIORGIO NARDONE



 Otro episodio divertido, a la vez que casual, me sucedió precisamente en aquella época. Un día de julio de aquel mismo año se hallaba en mi despacho una señora afectada de trastornos de pánico y agorafobia. Desde hacía algunos años no se atrevía a salir de su casa si no era en compañía de alguien, y tampoco podía quedarse sola en casa sin ser presa del pánico. Como hacía mucho calor, me levanté y fui a abrir la ventana; al apartar la cortina, la barra de la que colgaba se salió del soporte y cayó sobre mi cabeza, golpeándome fuertemente con el extremo puntiagudo. De momento yo quise quitar dramatismo al incidente haciendo algunas bromas sobre el ridículo suceso, y me senté para proseguir la conversación con la señora que, según observé, se había puesto pálida; en ese instante percibí claramente cómo la sangre manaba de mi cabeza. Me levanté, con la intención de seguir tranquilizándola con alguna broma, me dirigí al baño y al mirarme al espejo me di cuenta de la importancia de la herida. En consecuencia, regresé al despacho y le dije que alguien debía llevarme a un servicio de urgencias para que me atendieran debidamente. La paciente se ofreció enseguida y, olvidándose de que hacía años que no conducía a causa de su fobia, condujo mi coche hasta el hospital, donde, olvidándose una vez más de su miedo, asistió impertérrita a toda la actuación de los médicos, incluida la desinfección y sutura de la herida, y desempeñando respecto a mí un papel protector y tranquilizador. Regresamos luego al despacho, y allí el marido, que había llegado mientras tanto para recoger a su mujer, contempló atónito cómo regresaba tranquilamente conduciendo el coche. Más desconcertado se quedó aún al enterarse del comportamiento anterior de su mujer, que, a tenor de los «históricos» problemas de miedo, resultaba no sólo sorprendente sino casi milagroso. Pero las sorpresas del marido no acabaron allí. De hecho, en los días siguientes al episodio narrado la señora empezó a salir sola, conduciendo tranquilamente el coche, y a reanudar gradualmente muchas actividades, que hasta entonces había abandonado a causa del miedo. Sólo fueron necesarias unas cuantas sesiones de gradual y progresiva guía a la exploración y exposición a situaciones consideradas antes espantosas para conducir a la señora a una total superación de la sintomatología fóbica.

Robert Green

 Acepta a la gente como un hecho objetivo. Aunque las interacciones con los demás son la principal fuente de confusión emocional, no tiene por qué ser así. El problema es que los juzgamos a toda hora, deseamos que sean lo que no son. Queremos que cambien. Deseamos que piensen y actúen de cierta manera, muy a menudo como nosotros. Y como esto no es posible, al ser cada persona distinta, nos sentimos desilusionados y molestos. Ve a los demás como fenómenos físicos, tan neutrales como los cometas o las plantas. Simplemente existen. Se presentan en todas las variedades, y eso vuelve la vida rica e interesante. Trabaja con lo que ellos te dan en lugar de resistirte e intentar que cambien. Haz del acto de comprenderlos un juego divertido, como resolver adivinanzas. Todo esto forma parte de la comedia humana. Sí, las personas son irracionales, pero tú también. Vuelve tu aceptación de nuestra naturaleza tan radical como puedas. Esto te tranquilizará y te ayudará a observar a la gente de forma más desapasionada, a entenderla en un nivel más profundo. Dejarás de proyectar tus emociones en los demás. Todo esto te dará más equilibrio y serenidad, más espacio mental para pensar.


martes, 15 de agosto de 2023

Umberto Eco



 "Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida: la propia. Quien lee habrá vivido 5.000 años: estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito... Porque la lectura  es la inmortalidad hacia atrás".




 

 El desconsuelo, cuando llega, no tiene nada que ver con lo que esperamos. No fue eso lo que sentí cuando mis padres murieron; mi padre murió pocos días antes de cumplir ochenta y cinco, y mi madre un mes antes de los noventa y uno; en ambos casos, después de años de progresivo deterioro.

Entonces sentí tristeza, soledad (la soledad del niño abandonado sea cual sea su edad), nostalgia por el tiempo pasado, por las cosas no dichas, por mi incapacidad para compartir o para darme cuenta, al final, del dolor, la impotencia y la humillación física que ambos soportaron.
Comprendí lo inevitable de cada una de estas muertes. Las había esperado, temido, anticipado y me habían sobrecogido toda mi vida. Cuando finalmente ocurrieron, permanecieron alejadas, a cierta distancia del curso de mi vida cotidiana.
Tras la muerte de mi madre, recibí una carta de un amigo de Chicago, un antiguo misionero de Maryknoll, que intuyó acertadamente lo que yo sentía. La muerte de nuestros padres, escribía, «a pesar de lo preparados que estemos, a pesar de la edad que tengamos, remueve cosas muy profundas, provoca reacciones que nos sorprenden y puede liberar recuerdos y sentimientos que habíamos creído enterrados hace mucho tiempo. En ese período indefinido que llamamos duelo, podríamos estar en un submarino, silencioso en el fondo del océano, conscientes de las cargas de profundidad, tan pronto cerca como lejos, golpeándonos con recuerdos».
Mi padre había muerto, mi madre había muerto;
durante un tiempo tendría que ir con pies de plomo, pero aun así podía levantarme por la mañana y enviar la ropa a la lavandería.
Aun así podía preparar un menú para la comida de Pascua.
Aun así me acordaba de renovar el pasaporte.
El desconsuelo es diferente. El desconsuelo no tiene distancia. El desconsuelo llega en oleadas, en acometidas, en repentinos arrebatos que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y borran la cotidianidad de la vida. Virtualmente todos los que han experimentado el desconsuelo mencionan este fenómeno de las «oleadas». Eric Lindemann, jefe de Psiquiatría del Hospital General de Massachusetts en los años cuarenta, que entrevistó a muchos familiares de los muertos en el incendio que se produjo en 1942 en el club Cocoanut Grove, definió el fenómeno con absoluta precisión en un famoso estudio de 1944: «Sensaciones de angustia somática se sucedían en oleadas que duraban de veinte minutos a una hora, una sensación de opresión en la garganta, asfixia por falta de aliento, necesidad de suspirar y sensación de vacío en el abdomen, falta de fuerza muscular y una intensa angustia descrita como tensión o dolor espiritual».
Opresión en la garganta.
Asfixia, necesidad de suspirar.

lunes, 14 de agosto de 2023

Séneca


 

 Si una cosa indica las anteriores demostraciones, es que el mundo interno de las personas está conectado con el mundo externo, conformando un todo interdependiente, un universo en vibración que los antiguos maestros védicos enseñaban como Nada Brahma. El campo vibratorio es inherente a todas las investigaciones espirituales verdaderas, así como las investigaciones científicas. Es el mismo campo de energía observado por santos, budas, yoguis, místicos, chamanes, sacerdotes y videntes en su interior. Esta antigua sabiduría ha sido olvidada por nuestra sociedad moderna por haber incursionado con el pensamiento en el mundo exterior de la forma en vez de profundizar en el mundo interior mediante la meditación. “El camino intermedio” de Buda, el “Justo medio” de Aristóteles y el “Tao” de las filosofías orientales, todos ellos invitan a buscar el correcto equilibrio entre nuestro mundo externo e interno. En vez de ello, como se ha visto en el prólogo, la postmodernidad ha fragmentado el ego de las personas, disociándolas de la colectividad y provocando enfermedades sociales jamás vistas en la historia de la humanidad. ¿Hacia dónde se encamina nuestra civilización? ¿Han quedado obsoletas ciertas creencias? 


Dalton Trumbo


domingo, 13 de agosto de 2023

Rodolfo Walsh

 El sistema que describía Walsh era el neoliberalismo de la Escuela de Chicago, el modelo económico que se iba a hacer con el mundo. Conforme sus raíces se adentraran en la sociedad argentina durante las décadas siguientes, acabaría por empujar a más de la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza. Walsh no creía que se tratara de un resultado accidental, sino de la cuidadosa ejecución de un plan, una “miseria planificada”. Firmó la carta el 24 de marzo de 1977, exactamente un año después del golpe. A la mañana siguiente, Walsh y Lilia Ferreyra viajaron a Buenos Aires. Se repartieron las diez copias de la carta y las dejaron en buzones de diversos puntos de la ciudad. Unas pocas horas después Walsh asistió a una reunión que había organizado con la familia de un colega desaparecido. Era una trampa: alguien había hablado bajo tortura y diez hombres armados con órdenes de capturarle esperaban fuera de la casa para tenderle una emboscada. “Traedme a ese bastardo vivo: es mío”, se dice que ordenó a los soldados el almirante Massera, uno de los tres líderes de la Junta. Walsh, cuyo lema era “no es un crimen hablar; el crimen es ser arrestados”, desenfundó su pistola al instante y empezó a disparar. Hirió a uno de los soldados, que respondieron a su fuego. Para cuando llegó a la Escuela Mecánica de la Armada estaba muerto. Quemaron su cadáver y lo arrojaron a un río.

La doctrina del Shock.

sábado, 12 de agosto de 2023

Mario Benedetti


 

Max Hölz

 En la década de los ochenta, la burocracia postestalinista de Alemania oriental decidió realizar un rescate descafeinado de Max Hölz y en la ciudad de Hettstedt, territorio de sus correrías, colocó una estatua del personaje en una de las plazas. En marzo del 90 triunfaron los conservadores de la CDU, tras las primeras elecciones después de la caída del Muro de Berlín, y una de sus primeras acciones fue la retirada de la estatua para depositarla en el sótano del museo. Una pequeña nota apareció en la prensa nacional. Un grupo, aún hoy anónimo, viajó hasta Hettstedt y en una operación relámpago nocturna «liberó» la estatua. Las leyendas dicen que fue encontrada más tarde en una casa ocupada de Halle, pero el hecho es que la estatua fantasmal hasta hoy está desaparecida. Miriam Lang me cuenta que en ese mismo año, 1990, en la Mainzerstrasse, en Berlín, en una zona de casas ocupadas por el movimiento, se creó una librería de viejos, la Max Hölz, y que durante una intervención policíaca que desalojó a los ocupantes, tras un saldo de tres días de combates callejeros y que produjo trescientos detenidos, terminaron tomando la librería. Los policías entraron en la Max Hölz y comenzaron a tirar al suelo las estanterías, patearon novelas de aventuras y ensayos sobre la anarquía, destruyeron folletos de poesía y manuales de contraconcepción y biografías, pisotearon ensayos y revistas y finalmente organizaron concurso de tiro y comenzaron a disparar sobre los libros. 

Max hubiera sonreído ante tal hazaña.

 Es más, desde las páginas de un folleto donde se cuentan sus hazañas, perforado ahora por las balas, Max Hölz nos sonríe.

Taibo II

Anteo

Para la mitología griega, Anteo fue un temible gigante. Hijo del dios del océano, Poseidón, y Gea, la Tierra. Quizás más conocido gracias a la obra de DanteLa Divina Comedia, donde se cuenta que el noveno y último círculo del infierno, destinado a los traidores, es guardado por Anteo, quien lleva a los poetas al fondo de éste. Pero veamos quién fue Anteo.
El mito cuenta que Anteo habitaba en los desiertos de Libia, más específicamente, en la región de Irasa, donde los griegos instalaron cinco colonias. También se dice que fundó la ciudad de Tingis en el estrecho de Gibraltar, hoy conocida como Tánger, en el norte de Marruecos. Tingis era el nombre de su esposa, aunque otras versiones dicen que fue su hijo Sufax fue construyó la ciudad en memoria de su madre.
Anteo tenía fama de ser violento y celoso. Le había prometido a su padre, Poseidón, construir un templo con cráneos humanos en su honor. Así, el gigante desafiaba a cualquiera que atravesaba sus dominios y acababa asesinándolo, para luego usar sus huesos como materiales de construcción. Anteo siempre ganaba cualquier pelea ya que su madre Gea lo ayudaba, recobrándole las fuerzas cada vez que él caía y tocaba la tierra. Hasta que un día, se enfrentó con el poderoso semidios Heracles. Se dice que éste derribó a Anteo tres veces, aunque inútilmente ya que al tocarla tierra, volvía a levantarse.
Sin embargo, Heracles, además de fuerte, era inteligente, y advirtió lo que sucedía. Por lo que tomó fuertemente a Anteo de la cintura y lo elevó en sus brazos para que no pudiera tocar la tierra. De ese modo, ejerció sobre él su increíble fuerza y lo asfixió. Según Plutarco, una vez muerto Anteo, Heracles se juntó con Tingis y de esa unión pudo haber nacido Sufax.
Finalmente, Anteo fue sepultado en la ciudad de Tingis que había fundado él (o su hijo) bajo un montículo de tierra con la forma de un hombre tumbado. Una leyenda contaba que si se retiraba tierra de su tumba, comenzaría a llover sin fin hasta que el agujero fuese tapado, quizás como símbolo de la unión de sus padres Poseidón y Gea (las aguas y la tierra) en un deseo de devolverle la vida.

viernes, 11 de agosto de 2023

 «Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada de valor con él.» 

M. Scott Peck

James Clear

 Si quieres predecir dónde terminarás tu vida, todo lo que tienes que hacer es seguir la curva de las pequeñas ganancias y pérdidas y proyectar cómo tus decisiones diarias se comportan a lo largo de diez o veinte años. ¿Gastas menos de lo que ganas cada mes? ¿Vas al gimnasio varias veces a la semana? ¿Lees libros y aprendes algo nuevo cada día? Las pequeñas batallas que ganamos cada día son las que definen nuestro futuro. El tiempo magnifica el margen entre éxito y fracaso y va a multiplicar aquello que repites con frecuencia. Los buenos hábitos terminan siendo tus aliados. Los malos hábitos acaban por convertirse en enemigos. Los hábitos son una espada de doble filo. 14 Los malos hábitos pueden dañarte tan fácilmente como los buenos hábitos pueden complementarte. Por eso es crucial entender los detalles. Es importante que aprendas cómo funcionan los hábitos para que puedas diseñarlos de acuerdo con tus preferencias y seas capaz de evitar eficientemente el borde peligroso de la espada.

Joe Dispenza


 

jueves, 10 de agosto de 2023

 «Sólo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.»

 Proverbio indio


Este proverbio indio encierra una profunda verdad filosófica sobre la naturaleza de la propiedad, la identidad y el valor real de las cosas. A través de la potente metáfora de un naufragio, nos invita a reevaluar qué es lo que realmente nos pertenece.

1. La metáfora del naufragio: El gran igualador

Un naufragio representa una crisis absoluta, un momento límite donde las estructuras sociales, los títulos y las posesiones materiales desaparecen en un instante. En esa situación, no importa el tamaño de tu fortuna, tus propiedades o tu estatus; el mar se lo lleva todo.

Lo que sobrevive al naufragio es, literalmente, lo único que te queda. Por lo tanto, el proverbio utiliza esta situación extrema para separar lo efímero de lo eterno.

2. Desapego y bienes materiales vs. inmateriales

El proverbio establece una línea divisoria muy clara entre dos tipos de "posesiones":

  • Lo que puedes perder: El dinero, las joyas, las casas, la ropa y el reconocimiento externo. Son cosas prestadas por el tiempo y las circunstancias. Si tu valor depende de ellas, eres vulnerable.

  • Lo que no puedes perder: Tu conocimiento, tus valores, tu resiliencia, tu paz mental, tu capacidad de amar, tu carácter y tus experiencias. Es el "equipaje del alma". Nadie te lo puede arrebatar, ni siquiera una catástrofe.

Enfoque clave: La verdadera riqueza no se mide por lo que tienes en tus manos, sino por lo que queda dentro de ti cuando tus manos se quedan vacías.

3. La paradoja de la posesión

Existe una fuerte crítica al materialismo en estas palabras. A menudo creemos que "poseemos" objetos, pero el proverbio sugiere una ironía: si algo se puede perder, nunca fue realmente tuyo; solo lo estabas custodiando temporalmente. La única propiedad real y legítima es la que está integrada en tu ser.

4. Conexión con otras filosofías

Aunque es un proverbio indio (muy alineado con el concepto del Vairagya o desapego en el hinduismo y el budismo), resuena universalmente:

  • El Estoicismo occidental: Coincide plenamente con la idea de Epicteto o Séneca sobre enfocarse únicamente en lo que está bajo nuestro control interno. De hecho, existe una famosa anécdota del filósofo bante Estilpón, quien tras perderlo todo en la destrucción de su ciudad, dijo: "No he perdido nada, todas mis posesiones están conmigo".

Resumen

Este proverbio es una invitación a invertir en nosotros mismos. Nos recuerda que acumular cosas externas nos da una falsa sensación de seguridad, mientras que cultivar el espíritu, la mente y el carácter es lo único que nos garantiza una riqueza indestructible, a prueba de cualquier tormenta o naufragio de la vida.

Gary Cox

 Por más que avance la tecnología y por más aplicaciones inteligentes que tengamos en nuestros malditos iPhones, iPads y iPods, nunca seremos capaces de superar nuestra vulnerabilidad, nuestra angustia, nuestra mortalidad ni nuestra confusión sobre quiénes somos y qué queremos. Seguiremos teniendo que encarar cada día las difíciles decisiones existenciales sobre qué hacer, quién ser, por qué luchar y a qué darle valor. Ni la ciencia ni la tecnología pueden cambiar la verdad existencial según la cual el ser humano nunca será capaz de encontrar una satisfacción plena y permanente y siempre sentirá una carencia. Por más productos que nos ofrezca el mundo moderno, siempre acabarán apareciendo el aburrimiento y la insatisfacción. El universo existencialista es mucho más terrenal y no es tan científico como el mundo de la astronomía y la cosmología. Es el día a día del individuo que, al toparse con obstáculos, desafíos y otras personas, debe decidir una y otra vez si se enfrentará o no a esas dificultades y cómo lo hará. En los escritos clásicos de los filósofos existencialistas, este universo, esta sucesión de situaciones que piden respuesta, está casi siempre representado por una serie de espacios urbanos lúgubres ocupados por adultos angustiados que se obsesionan con sus relaciones personales; un apartamento parisino o un club nocturno de lo más sórdido, ahogado en una densa nube de humo de tabaco y donde cada triste cliente es un fracasado drogadicto o borracho.


 

miércoles, 9 de agosto de 2023

Carlos Castaneda

 


«Todos los caminos son válidos. Pero debes tener siempre presente que un camino es solamente un camino, y, si crees que no debes seguirlo, no has de permanecer en él bajo ningún pretexto. Tu decisión de mantenerte en él o de abandonarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Y para tener esa claridad mental has de llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que cualquier camino es solamente un camino, y no te equivocarás al dejarlo si eso es lo que te dice tu corazón. Observa cada camino detallada y deliberadamente. Hazlo tantas veces como creas necesario. Entonces te debes formular una pregunta. Es una pregunta que solamente se plantea la gente mayor. Mi maestro me la enseñó cuando yo era muy joven y mi sangre demasiado vigorosa para que la pudiera entender. Ahora la entiendo. La pregunta es: “¿Ese camino tiene corazón?”. Todos los caminos son iguales, aunque algunos sortean los arbustos mientras que otros van directos a los arbustos y matorrales. En mi vida he atravesado largos caminos, aunque ahora no estoy en ningún sitio. Sin embargo, la pregunta de mi maestro adquiere significado. ¿Ese camino tiene corazón? Si lo tiene, el camino es bueno; si no, es inútil.» 

Jack London

 


Durante toda mi vida he tenido conciencia de otros tiempos y de otros lugares. He sido consciente de la existencia de otras personas en mi interior. Y créanme, lectores, lo mismo les ha sucedido a ustedes. Regresen mentalmente a su niñez, y recordarán esta conciencia de la que hablo como una experiencia propia de la infancia. En aquel momento no habían cobrado una forma fija, no habían cristalizado; eran aún plásticos, un alma fluctuante, una conciencia y una identidad en proceso de formación, de formación —¡ay!— y de olvido.

    Han olvidado muchas cosas, queridos lectores, y, aun así, al leer estas líneas, recuerdan vagamente las brumosas visiones de otros tiempos y de otros lugares que presenciaron con ojos infantiles; hoy les parecen sueños. Sin embargo, aun siendo sueños, por tanto, ya soñados, ¿de dónde surge su materia? Nuestros sueños se componen de una grotesca mezcla de cosas ya conocidas. La esencia de nuestros sueños más puros es la esencia de nuestra experiencia. Cuando ustedes eran tan solo niños soñaron que caían desde grandes alturas; soñaron que volaban por el aire como vuelan los seres alados; les acosaron arañas de innumerables patas y demás criaturas salidas del fango; oyeron otras voces, vieron otras caras inquietantemente familiares, y contemplaron amaneceres y ocasos distintos a los que hoy, al mirar atrás, saben que alguna vez contemplaron.
    En fin, de acuerdo, esas visiones de la infancia son visiones de otros mundos, de otras vidas, de cosas que nunca habían visto en la vida misma que ahora están viviendo. ¿De dónde surgen, entonces? ¿De otras vidas? ¿De otros mundos? Quizás, cuando hayan leído todo lo que voy a escribir, encontrarán respuesta a las incógnitas que les he planteado y que ustedes mismos, antes de llegar a leerme, seguro que también se habían planteado.
    Wordsworth lo sabía. No era profeta ni vidente, sino un hombre normal y corriente como ustedes o como cualquier otro. Lo que él sabía, lo saben ustedes y lo sabe cualquiera, pero él lo expuso más acertadamente en aquel poema que comienza así: «Ni en la completa desnudez ni en el olvido total…».
    Y sí, es cierto, los recuerdos de esta prisión de carne se ciernen sobre nosotros apenas nacemos, y todo lo olvidamos demasiado rápido. Y sin embargo, aun recién nacidos, sí que recordábamos otros tiempos y lugares. Nosotros, niños indefensos, sujetos en brazos o arrastrándonos a cuatro patas por el suelo, soñábamos que volábamos por el aire. Sí, y soportábamos el tormento de aterradoras pesadillas, con seres oscuros y monstruosos. Nosotros, niños recién nacidos, sin ninguna experiencia, nacimos con miedo, con el recuerdo del miedo: y la memoria es experiencia.
    En cuanto a mí, cuando apenas empezaba a hablar, a una edad tan tierna que todavía emitía sonidos para expresar si tenía hambre o sueño, ya sabía que había sido un vagabundo de las estrellas. Sí, yo, que nunca había balbuceado la palabra «rey», recordaba que una vez había sido el hijo de un rey. E incluso recordaba que alguna vez también había sido esclavo, e hijo de esclavos, y que había llevado una argolla alrededor del cuello.
    Y más todavía. Cuando tenía tres años, y cuatro, y cinco años, aún no era yo mismo. Era solamente una transformación en curso, un flujo del espíritu todavía caliente en el molde de mi carne en un tiempo y en un espacio concretos. En aquel tiempo, todo lo que había sido en las miles de vidas anteriores se agolpaba en mí, confundiendo el flujo de mi espíritu, en un esfuerzo por convertirse e incorporarse a mi persona.
    Qué estupidez, ¿no? Pero recuerden, lectores —espero viajar lejos con ustedes, a través del tiempo y del espacio—, recuerden que he pensado mucho sobre todas estas cuestiones; que a lo largo de noches de sangre, de oscuros esfuerzos que duraron años y años, he estado a solas con mis muchas otras identidades y he podido contemplarlas y examinarlas. He pasado toda clase de infiernos en diferentes existencias para traerles noticias que compartiremos en esta hora, mientras leen cómodamente estas páginas.
    Y volviendo a lo anterior, les decía que a la edad de tres, cuatro o cinco años, yo todavía no era yo. Simplemente estaba materializándome mientras tomaba forma en el molde de mi cuerpo, y todo el tiempo pasado, con su potencial indestructible, se forjaba en la mezcla de mi ser para determinar cuál sería la forma definitiva. No fue mi voz la que gritó en la noche por temor a cosas de sobra conocidas, pero que yo, en verdad, ni conocía ni podía conocer. Lo mismo sucedía con mis rabietas infantiles, con mis amores, con mis risas. Otras voces gritaban a través de mi voz, las voces de hombres y mujeres de otras épocas, de todos mis antepasados ocultos entre sombras. Y el gruñido de mi rabia se fundía con el de bestias más antiguas que las montañas; y los gritos histéricos de mi infancia, con todo el rojo de su ira, no desentonaban con los gritos bárbaros e ininteligibles de bestias pregeológicas anteriores a Adán.

 ….música sentida tan profundamente que no se la siente en absoluto, Pero tú mismo eres la música mientras ésta perdura.

 T.S. Eliot

martes, 8 de agosto de 2023

Ramón Gener

  Pensar en Chopin es pensar en su piano. Pensar en Chopin es pensar en Polonia, tierra de pianistas. Pensar en Chopin es pensar en como vivió intensamente sus treinta y nueve años de vida gracias a las inigualables ganas de vivir de su corazón. Amores y desamores, ilusiones y desilusiones, sueños y pesadillas convertidos en baladas, preludios, nocturnos, polcas, vals, mazurcas, fantasías o impromptus. Chopin, el poeta del piano, el exiliado que nunca volvió a su tierra natal y que murió en París en 1849. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise. Allí reposa rodeado de numerosas personalidades del arte en uno de los cementerios más fascinantes de Europa. Pero, antes de enterrarlo, a petición de su hermana, le extirparon el corazón. Era una manera típicamente romántica de repartir simbólicamente los restos del genio y de elevar el corazón a la categoría de reliquia. Ese corazón que le permitió vivir cada uno de sus días como si fuera el último, reposa encerrado en una urna en el lateral izquierdo de la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia. Una inmensa placa en la pared, coronada con un busto del compositor, recuerda, en polaco e inglés, la presencia del músculo coronario de Chopin que ha permanecido en perfecto estado gracias al efecto conservante del coñac francés.

John N Gray

 


Los seres humanos tienen más probabilidades de encontrar maneras de vivir bien si no se pasan la vida intentando ser  felices. Esto no significa que hayamos de perseguir la felicidad de forma indirecta, una idea también heredada de Aristóteles. En su lugar, lo mejor que podemos hacer es no buscar la felicidad en absoluto. Buscar la felicidad es como haber vivido toda la vida de uno antes de que se termine. Uno sabe de antemano todo lo que es importante: lo que uno quiere, quién es... ¿Por qué encasquetarse a uno mismo la carga de ser un personaje en una historia tan sosa? Mejor inventarse la propia vida mientras se camina y no apegarse demasiado a las historias que uno se cuenta a sí mismo por el camino. Aprender a conocerse a uno mismo significa contar la historia de la propia vida de una manera más imaginativa que en el pasado. Al tiempo en que uno llega a ver su vida a la luz de esta nueva historia, uno cambia. La vida de uno la conformará entonces una ficción, podría decirse. A lo que Freud se refería al hablar del trabajo de la construcción del ego es al hecho de enmarcar estas ficciones. El yo en sí mismo es una ficción, una ficción que nunca se fija ni se termina. En palabras de Freud: «En el ámbito de la ficción encontramos la pluralidad de vidas que necesitamos».


 «La promesa es una nube, cumplirla es la lluvia.»

 Proverbio árabe

lunes, 7 de agosto de 2023

Rafael Pérez Gay


 

 “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola...

David Angulo de Haro

 La palabra es cada vez menos sagrada, menos verdadera, menos humana y menos poderosa. Estamos como en tiempos de Confucio. Necesitamos recuperar el significado de la palabra, la verdad de la palabra, la magia de la palabra; sólo entonces podremos mirar de frente a la vida y al mundo y gritar con fuerza lo que somos, lo que creemos y lo que amamos Sólo entonces seremos auténticos oradores y la gente nos oirá, y nos respetará. Si tu palabra es técnicamente perfecta, pero humanamente pobre, entonces carece de poder. Si nace de las órbitas internas de tu ser, podrá llegar a las órbitas íntimas de los demás; pero si nace de órbitas superficiales, sólo podrá llegar a órbitas superficiales de los demás. El discurso que más interesa es cuando el orador habla de las cosas a través de sí mismo. Cuando dice lo que cree, lo que anhela, lo que ama y por qué cree, anhela y ama. Es decir, cuando se define valientemente. El poder del lenguaje radica en que las palabras son idea, imagen y sentimiento. El mayor poder del lenguaje es el subliminal (lenguaje inconsciente) que entra en la mente en forma sutil y luego actúa con plena autonomía. El lenguaje directo suele chocar con las defensas de las personas, por lo que se recomienda el lenguaje indirecto y sugerente; de este modo las personas no se sienten aludidas, ni amenazadas y permanecen en actitud receptiva. Pensamos, soñamos y creamos en base a palabras; de aquí la importancia de cultivar un lenguaje positivo y de calidad. Los triunfadores se alimentan de lecturas, de palabras y de pensamientos de éxito. Mientras que los fracasados viven lamentándose, quejándose y culpando a la gente y al destino de sus desgracias. Los pensamientos negativos y el lenguaje negativo son los poderes más destructivos de la tierra. "El buen orador sabe jugar con las palabras; conoce sus secretos, su significado, su música, su poder; posee la habilidad para construir con ellas un camino que lleva al corazón y a la inteligencia de las personas" “Cuando hables procura que tus palabras sean mejores que tus silencios”

domingo, 6 de agosto de 2023

Bruce H. Lipton



 «La pura verdad es que cuando estás asustado te vuelves más tonto. Los profesores lo ven todos los días con los estudiantes a los que no se les dan bien los exámenes. La ansiedad que provocan los exámenes paraliza a los alumnos que, con manos temblorosas, marcan las respuestas equivocadas porque, a causa del pánico, no pueden acceder a la información almacenada en el cerebro que tan cuidadosamente han ido adquiriendo durante el semestre.» 

Jacob Riis

 


Jacob Riis: «Cuando nada parece ir bien, visito al cantero. Este hombre golpea la roca con su cincel y su martillo quizá hasta un centenar de veces sin hacerle siquiera una grieta. Sin embargo, al dar el siguiente golpe, la roca se parte en dos. Sé que ese no fue el golpe que rompió la roca, fue la suma de todos los golpes que dio anteriormente».

 Ahora existen pruebas científicas de su estado de alerta. Si el leñador llega con un hacha en la mano y con la intención deliberada de cortar el árbol, todos los árboles que le ven venir se echan a temblar. Ahora existen pruebas científicas de ello; lo que digo no es poesía, cuando digo esto estoy hablando de ciencia. Ahora existen instrumentos para medir si el árbol es feliz o desdichado, si tiene miedo o no, si está triste o extático. Cuando llega el leñador, todos los árboles que lo ven se echan a temblar. Son conscientes de que la muerte ronda cerca. Y el leñador todavía no ha cortado ningún árbol, solo se está acercando... Una cosa más, mucho más extraña: si el leñador va simplemente de paso, sin la idea deliberada de talar un árbol, a ningún árbol le entra miedo. Es el mismo leñador, con la misma hacha. Parece que su intención de talar un árbol afecta a los árboles. Esto significa que se ha comprendido su intención; significa que sus vibraciones están siendo descifradas por los árboles. Hay otro hecho significativo que se ha observado científicamente. Si penetras en el bosque y matas un animal, no saló el reino animal de los alrededores se siente sacudido; también los árboles. Si matas un ciervo, todos los ciervos de las proximidades sienten la vibración de la muerte y se entristecen; un gran temblor se apodera de ellos. De pronto sienten miedo sin ningún motivo concreto Puede que no hayan visto cómo matabas al ciervo, pero de algún modo, de un modo sutil, resultan afectados... instintivamente, intuitivamente. Pero esto no afecta solo a los ciervos... afecta a los árboles, afecta a los loros, afecta a los tigres, afecta a las águilas, afecta a las hojas de hierba. Se ha producido un crimen, un acto de destrucción, una muerte... y todo lo que hay cerca resulta afectado. El hombre parece ser el más dormido...

Lou Marinoff

 En el apogeo de su poder, el emperador Gengis Kan gobernaba sobre una vasta extensión de tierra que iba desde el mar de China hasta el río Danubio. Sin embargo, tal como escribió el poeta Robert Browning, el alcance de un hombre debe exceder lo que éste abarca, y así era incluso para el insigne Kan. Igual que cualquier hombre corriente, también él tenía ambiciones insatisfechas y sueños irrealizados. Pero igual que le sucede a cualquier hombre corriente, sus ambiciones y sueños eran excepcionalmente difíciles de alcanzar. A los sesenta años, en el cenit de su poder y su carrera, le preocupó no vivir lo suficiente para cumplir con su destino. La mortalidad le pesaba mucho, de modo que el gran Kan buscó la manera de prolongar su vida. Pero nadie en su círculo de familiares y amigos, consejeros y aliados, estrategas y chamanes, pudo darle un consejo satisfactorio acerca del eterno desafío de engañar a la muerte. Consultó en vano con sabios cristianos, musulmanes, budistas y zoroástricos. Finalmente el Kan envió emisarios en busca del hombre más sabio que vivía en su reino, un septuagenario sabio taoísta que se llamaba Ch’ang-Ch’un. Este taoísta se había vuelto tan legendario que había rehusado una invitación similar de la corte de la dinastía Song del sur de China. Pero una invitación a visitar e instruir a Gengis Kan no podía declinarse a la ligera, de modo que el anciano sabio emprendió una odisea que lo llevaría desde la península de Shandong hasta las profundidades del Hindu Kush, en un viaje de ida y vuelta en que recorrería quince mil kilómetros a lo largo de cuatro años. Este asombroso viaje, cuya crónica escribió un discípulo chino, fue traducida al inglés por Arthur Waley y publicada con el título de The Travels of an Alchemist. Cuando finalmente se encontraron, Ch’ang-Ch’un no se arrodilló ni hizo reverencia alguna ante el gran Kan. En tan alta estima se tenía a los más célebres sabios taoístas (y confucianos y budistas), que no se postraban ni siquiera delante de los emperadores. Su poder espiritual se consideraba mayor que el poder temporal de los soberanos. Ch’ang-Ch’un dijo con franqueza al Kan que el poder del Tao sin duda podía protegerle la vida —es decir, mejorar su calidad— pero que no podía garantizar su prolongación. El Kan, que gobernaba sobre un vasto imperio, no sabía cómo usar el poder del Tao y se avino a aprenderlo con Ch’ang-Ch’un. La esencia del consejo de Ch’ang-Ch’un fue: «Evita el exceso, la extravagancia y la complacencia. La calidad de vida, junto con la serenidad suprema, emana del equilibrio. La infelicidad, la frustración, la ira y todos los demás tormentos emanan del desequilibrio. Las claves para llevar una vida equilibrada comprenden el quietismo, el dominio de sí mismo y la meditación.» Tales prácticas, por supuesto, hasta entonces no habían figurado en la agenda diaria del hombre más poderoso del mundo. Buscando el dominio sobre todos los hombres con excepción de sí mismo, Gengis Kan sufría. En cambio, alcanzando el dominio de sí mismo sin buscar nada en los demás, Ch’ang-Ch’un encontró la serenidad. De modo que el sabio taoísta procedió a instruir al Kan en hábitos y estados mentales propicios para llevar una vida de calidad. Gengis Kan, y su imperio con él, padecía un exceso de yang. Pero Gengis Kan debía cumplir con su destino, y por eso Ch’ang-Ch’un (igual que su maestro Lao Tzu) no reprendió al Kan por ser quien era. Tal como escribió Lao Tzu: «Cuando un hombre se dispone a adueñarse del mundo para cambiarlo, entiendo que debe hacerlo.» Sin embargo, el desequilibrio de yang en la vida del Kan se reflejó inevitablemente en su imperio, que se desmoronó tan deprisa como se había forjado. El exceso de yang volvió duro su imperio, pero también quebradizo. Carente de yin, no era lo bastante flexible para perdurar mucho tiempo. Éste es siempre el precio de ignorar el Tao. De ahí que los sabios taoístas se esfuercen en alcanzar el equilibrio, porque el exceso invariablemente trae consigo su complemento, la escasez. Esto fue cierto para Gengis Kan, y también es cierto para ti y para mí, porque el Camino nos gobierna a todos. Camina por tu sendero con sensatez y prosperarás. Písalo con desatino y pagarás por ello. La elección es tuya. En Occidente somos demasiados los que hemos tirado esas claves o las hemos intercambiado por el consumo irresponsable y la complacencia. Cuando haya más occidentales que recojan estas claves, descubrirán que el poder del Tao abre las puertas que conducen a una vida de equilibrio, serenidad y calidad.

lunes, 31 de julio de 2023

Sherwin B. Nuland



 Cada vida es diferente de las que la han precedido, y lo mismo ocurre con cada muerte. Nuestra singularidad se extiende incluso hasta la manera en que morimos. Aunque la mayoría de las personas sabe que las enfermedades que nos conducen a nuestras horas finales son diversas y diversos sus caminos, solamente unas pocas comprenden la infinita variedad de maneras en las que las últimas fuerzas del espíritu humano pueden abandonar el cuerpo. Cada una de las distintas formas de la muerte es tan singular como la propia cara que cada uno de nosotros muestra al mundo durante los días de su vida. Cada hombre entregará su alma de una manera que el cielo no ha conocido antes y cada mujer recorrerá su último camino a su modo.

Puccini



 Espere señorita,

le diré dos palabras:
quien soy? soy un poeta.
que hago? escribo.
y como vivo? Vivo!
En mi pobreza sin preocupaciones
derrocho como un gran señor
rimas y canciones de amor.
Para sueños, quimeras
y castillos en el aire
el alma tengo millonaria!
Y ahora de mi cofre de tesoros
roban todas mis joyas
dos ladrones: esos bellos ojos
que acaban de entrar con usted.
Y mis sueños de siempre
mis bellos sueños
veo evaporar.
Pero no importa que me los roben
pues han hecho renacer en mi
la dulce esperanza!
Ahora que me conoce
hable usted. Vamos, hable
¿Quien es?
¿Le apetece decírmelo?

 


“En quechua no existe el "adiós"


El quechua es un idioma muy dulce, porque todas las despedidas en quechua siempre implican un "volverse a encontrar".
Tupananchiskama: Hasta volvernos a "encontrar" (físicamente).
Tinkunakama: Hasta volvernos a encontrar.
Huk punchaw rikurisun: Nos vemos otro día.
Huk punchaw tuparisun: Nos encontramos otro día.
Rikunakusun: Nos volveremos a ver.
Kutin tuparisun: Nuevamente nos encontraremos.
Pero la frase más profunda de todas es "Kawsayta hamuy rikurisun" Nos vemos en la próxima vida.

domingo, 30 de julio de 2023

Rainer María Rilke


 

Señor, a cada uno dale su muerte,

una muerte que de cada vida brote
y en que haya amor, significado y sufrimiento.
Pues nosotros somos sólo la corteza y la hoja.
La muerte que cada uno lleva en sí
es la fruta en torno de la cual todo gira.

Señor, las grandes ciudades están perdidas y disueltas.
En la más grande se vive como quien huye de un incendio.
No hay en ella consuelo capaz de consolar
y el tiempo demasiado corto cierra el paso.

Allí viven seres humanos, con gestos angustiados,
vidas malas y difíciles en cuartos profundos…
Allí crecen niños en sótanos con ventanas
siempre hundidas en las mismas sombras
y donde no saben que afuera los llaman las flores
a un día lleno de espacio, de júbilo y de viento.

 …la muerte tiene diez mil puertas distintas para que cada hombre encuentre su salida. John Webster: La duquesa de Amalfi, 1612

  «La vida intensa es contraria al Tao», enseña Lao-Tse, el hombre más normal que hubiere. Pero el virus cristiano nos recome: legatarios de los flagelantes sólo refinando nuestros suplicios tomamos conciencia de nosotros mismos. ¿Qué la religión declina? Perpetuaremos sus extravagancias, como perpetuamos las maceraciones y los gritos de las celdas de antaño, ya que nuestra voluntad de sufrir iguala a la de los conventos en la época de su florecimiento. Si bien la Iglesia no goza ya del monopolio del infierno, no por eso nos tendrá menos anclados a una cadena de suspiros, al culto del padecimiento, de la alegría fulminada y de la tristeza jubilosa. El espíritu, tanto como el cuerpo, paga los gastos de la «vida intensa». Maestros en el arte de pensar contra sí mismos, Nietzsche, Baudelaire y Dostoievski nos han enseñado a apostar por nuestros peligros, a ampliar la esfera de nuestros males, a adquirir existencia por la división de nuestro ser. Y lo que a los ojos del gran chino era símbolo de decadencia, ejercicio de imperfección, constituye para nosotros la única modalidad de poseernos, de entrar en contacto con nosotros mismos. «Que el hombre no ame nada y será invulnerable». («Chuang-tzé»). Máxima profunda como inoperante. ¿Cómo alcanzar el apogeo de la indiferencia, cuando nuestra misma apatía es tensión, conflicto, agresividad? No hay ningún sabio entre nuestros antecesores, sino insatisfechos, veleidosos, frenéticos, cuyas decepciones y desbordamientos nos será preciso prolongar. Siempre según nuestros chinos, sólo el espíritu desapegado penetra en la esencia del Tao; el apasionado no percibe más que los efectos: el descenso a las profundidades exige el silencio, la suspensión de nuestras vibraciones, léase de nuestras facultades. Pero ¿no es ya revelador que nuestra aspiración a lo absoluto se exprese en términos de actividad, de combate, que un Kierkegaard se titule «caballero de la fe», y que Pascal. no sea nada más que un panfletario? Atacamos y nos debatimos; no conocemos, pues, más que los efectos del Tao. Por lo demás, la quiebra del quietismo, equivalente europeo del taoísmo, dice mucho sobre nuestras posibilidades y nuestras perspectivas. No veo nada más contrario a nuestras costumbres que el aprendizaje de la pasividad. (La época moderna comienza con dos histéricos: Don Quijote y Lutero.) Si elaboramos tiempo, si lo producimos, es por repugnancia a la hegemonía de la esencia y a la sumisión contemplativa que supone. El taoísmo me parece la primera y última palabra de la sabiduría: soy; sin embargo, refractario a él, mis instintos lo rechazan, como rechazan doblegarse a lo que sea, hasta tal punto pesa sobre nosotros la herencia de la rebelión. ¿Nuestro mal? Siglos de atención al tiempo, de idolatría del futuro. ¿Nos libraremos de él por algún recurso de la China o de la india? Hay formas de sabiduría y liberación que no podemos ni aprehender desde dentro, ni transformarlas en nuestra sustancia cotidiana, ni siquiera encerrarlas en una teoría. La liberación, si efectivamente uno se empeña en ella, debe proceder de nosotros: no hay que buscarla en otra parte, en un sistema completamente acabado o en alguna doctrina oriental. Empero esto es lo que ocurre en numerosos espíritus ávidos, como suele decirse, de absoluto. Pero su sabiduría es un plagio, su liberación un engaño. No incrimino aquí solamente a la teosofía y sus adeptos, sino a todos los que se equipan con verdades incompatibles con su naturaleza. Más de uno tiene la India fácil, se imagina haber desenmarañado sus secretos, cuando nada le dispone a ello ni su carácter, ni su formación, ni sus inquietudes. ¡Qué pulular de falsos «liberados» que nos miran desde lo alto de su salvación! Tienen buena conciencia; ¿acaso no pretenden situarse por encima de sus actos? Superchería intolerable. Apuntan, además, tan alto que toda religión convencional les parece un prejuicio de familia, con la que su «espíritu metafísico» no sabría contentarse. Reclamarse de la India suena indudablemente mejor. Pero olvidan que ésta postula acuerdo entre la idea y el acto, identidad de la salvación y de la renuncia. Cuando se posee «el espíritu metafísico»», esas son bagatelas de las que uno no se preocupa.

Roque Dalton

Poeta Roque Dalton on Twitter: "Frases en honor al Poeta Roque ...

Por desavenencias con los dirigentes izquierdistas de su país, en 1967 abandonó el Partido Comunista y se mantuvo al margen de su militancia política hasta que, en 1973, regresó a El Salvador para alistarse en las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), donde tomó el pseudónimo guerrillero de Julio Delfos Marín. Tras colaborar activamente con esta organización clandestina partidaria del enfrentamiento directo y la lucha armada, por oscuras razones que nunca se han llegado a aclarar fue perseguido, juzgado y ejecutado por sus propios compañeros de armas, que abandonaron su cuerpo en un paraje agreste donde fue despedazado y devorado por las fieras. Esta ejecución desencadenó airadas protestas en los círculos intelectuales, especialmente entre los escritores hispanoamericanos, abanderados en su condena por el argentino Julio Cortázar.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dalton_roque.htm

jueves, 27 de julio de 2023

Oliverio Girondo




Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
se resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

miércoles, 26 de julio de 2023


 

LUDWIG WITTGENSTEIN

 Los que continuamente preguntan «por qué» son como los turistas que, ante un monumento, leen la guía, y precisamente la lectura de la historia de su origen, etc... etc... les impide ver el monumento.


martes, 25 de julio de 2023

Hafez

Frases

Alejandro Jodorowsky



Si de repente perdemos a un ser querido, o nos vemos involucrados en una gran catástrofe, o un peligroso virus nos contagia o bien nos arruinamos, o aquellos en quienes confiábamos nos han traicionado, podríamos padecer una crisis tan tremenda que, en vez de aniquilamos, provoque en nosotros, por un desesperado deseo de sobrevivir, la unión de nuestros cuatro egos. Surge entonces el Yo superior. Al comienzo con su aspecto psíquico, preocupado como un conductor que acaba de domar a sus ariscos caballos. Empleará bastante tiempo, a veces años, en desprender de sus egos las ideas inculcadas por familiares, profesores, políticos, sacerdotes y tantos otros directores de conciencia que, a veces sin mala intención, pero profundamente equivocados, se convierten en fabricantes de manadas infelices y consumidoras. Debe también eliminar el terror que los sistemas económicos siembran para mantener a la humanidad en un estado infantil fácil de dominar: miedo a perder el dinero, la salud o la paz, miedo a fracasar o a triunfar, a ser abandonado o a amar, a morir o a vivir, a ser humillado, a ser invadido por los otros y, sobre todo, miedo a la soledad. Debe además aprender a comer, no motivado por nostalgias infantiles o angustias existenciales sino para aligerar al cuerpo de las toxinas con que la industria de toda esta clase de sustancias nocivas o adictivas le está envenenando la sangre. Debe eliminar aquello que le es innecesario, sin olvidar las frívolas amistades que le devoran su energía y su tiempo. Cuando -venciendo la insatisfacción, la vergüenza, el remordimiento, el dolor psíquico o el sentimiento de la propia indignidad- la coagulación de sus cuatro energías se ha realizado, puede el Yo superior responder a la llamada del Yo esencial. La razón, sin naufragar en la locura, atraviesa la barrera que la separa del inconsciente y aprende a recibir esos dones que se deslizan entre las palabras, otorgando imágenes, induciendo a actos constructivos, inyectando energía, adquiriendo así el valor necesario para avanzar por el camino que va entre el pasado y el futuro, entre la oscuridad y la luz, entre el inconsciente y el supraconsciente. Ha terminado lo que en alquimia se llama vía seca, un intenso período de búsqueda, y comenzado la vía húmeda, ésa en que, transformados en canal, recibimos la Consciencia cósmica. Si antes nuestra secreta ambición era ser mejor que todos, campeones o bien héroes capaces de lograr victorias imposibles entregándonos al sacrificio de nuestra vida o de lo que más amamos, ahora podemos convertimos en creadores sagrados.

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