Los valores griegos —el individualismo, la libertad, la razón— se han impuesto en el mundo occidental, lo que nos hace olvidar que no todas las culturas los admiten con el mismo entusiasmo. Orlando Patterson ha mostrado que la libertad es un valor apreciado solo en Occidente. En otras culturas se valora más la armonía, la solidaridad, la obediencia.
José Antonio Marina
esta frase de José Antonio Marina es provocadora porque toca algo muy profundo: la idea de que la libertad individual no es un valor universal, sino históricamente situado.
Vamos por partes.
1. ¿De dónde vienen esos “valores griegos”?
Cuando se habla de individualismo, libertad y razón como herencia griega, se suele pensar en:
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Sócrates — la conciencia individual frente a la ciudad.
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Platón — la primacía de la razón.
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Aristóteles — la idea de deliberación racional sobre la vida buena.
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La democracia ateniense (limitada, pero revolucionaria para su tiempo).
En Grecia surge algo muy peculiar: el individuo que puede disentir públicamente, argumentar, defender su posición con razones. Eso no era lo normal en los grandes imperios orientales antiguos, donde predominaban estructuras jerárquicas y cosmologías que integraban al individuo en un orden mayor.
Pero cuidado: Grecia no inventó la libertad moderna tal como la entendemos hoy. Lo que hizo fue abrir la posibilidad del individuo como sujeto racional autónomo.
2. Orlando Patterson y la libertad como invención occidental
Orlando Patterson, en su libro Freedom in the Making of Western Culture, sostiene que la libertad como valor central —la idea de que el individuo debe ser autónomo y no subordinado a una jerarquía sagrada o social— es una construcción histórica particular de Occidente.
Su tesis es fuerte: muchas culturas valoran más:
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La armonía social (por ejemplo, tradiciones confucianas).
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La obediencia a la autoridad legítima.
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El deber comunitario por encima del deseo individual.
Desde esta perspectiva, la libertad no sería un “instinto humano universal”, sino una conquista cultural muy específica.
3. ¿Es realmente así?
Aquí conviene ser honestos.
✔️ Hay algo de verdad
En sociedades tradicionales:
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La identidad es relacional (“soy hijo de…”, “soy miembro de…”).
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El honor, la jerarquía y la cohesión son más importantes que la autonomía.
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El conflicto abierto puede verse como desestabilizador.
En cambio, el mundo occidental moderno premia:
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La elección personal.
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El derecho a disentir.
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La realización individual.
Eso es innegable.
❗ Pero también hay exageración
Decir que la libertad solo es apreciada en Occidente es demasiado tajante.
En todas las culturas hay:
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Rebeliones.
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Deseos de autonomía.
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Resistencia al poder arbitrario.
La diferencia no es que unos amen la libertad y otros no. La diferencia es qué tipo de libertad se prioriza:
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Occidente: libertad frente a la comunidad.
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Otras culturas: libertad dentro de la armonía colectiva.
Es una diferencia de configuración, no de ausencia total.
4. El punto incómodo
El texto también señala algo político: Occidente tiende a universalizar sus valores.
Cuando dice:
“lo que nos hace olvidar que no todas las culturas los admiten con el mismo entusiasmo”
Está advirtiendo contra el etnocentrismo. Pensar que:
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Individualismo = progreso
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Colectivismo = atraso
Es una simplificación peligrosa.
Pero también hay otro riesgo: usar la “diferencia cultural” para justificar autoritarismos.
Ahí está la tensión real.
5. Pregunta de fondo
Aquí viene lo interesante.
se valora mucho:
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La autonomía.
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La valentía personal.
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La decisión individual.
Eso es profundamente “griego-occidental”.
Pero también:
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La naturaleza.
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La comunidad implícita en el deporte.
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La armonía con algo más grande.
Entonces la pregunta no es si la libertad es occidental.
La pregunta es:
¿Puede existir una cultura que combine autonomía individual con sentido de comunidad sin que una aplaste a la otra?
Esa es la tarea pendiente de la modernidad.
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