lunes, 2 de febrero de 2026

 «The Myth of Mechanism» de Mary Midgley


1. ¿Qué denuncia Midgley con “el mito del mecanismo”?

Midgley no está atacando a la ciencia, sino a una creencia filosófica disfrazada de ciencia. El “mecanismo” al que se refiere no es el uso de modelos mecánicos para explicar fenómenos, sino la idea de que:

la realidad entera es, en el fondo, una máquina
y que todo —vida, mente, valores, moral, cultura— puede reducirse sin pérdida a procesos físico-químicos.

A esto lo llama mito, no porque sea falso en todos sus aspectos, sino porque funciona como:

  • una narrativa totalizante,

  • que pretende explicarlo todo,

  • y que se acepta más por inercia cultural que por demostración racional.


2. El punto clave: confundir método con metafísica

Uno de los golpes más finos del ensayo es esta distinción:

  • El mecanismo como método científico: útil, potente, legítimo.

  • El mecanismo como visión del mundo: dogmático, empobrecedor.

Midgley acusa a muchos científicos y divulgadores de dar un salto ilegítimo:

“Como explicamos X mecánicamente, entonces solo existe lo mecánico”.

Ese salto no es científico, es metafísico, aunque se vista con bata blanca.

Aquí está el núcleo del mito:
👉 convertir una herramienta explicativa en una ontología absoluta.


3. La ilusión de la explicación completa

El mecanicismo promete algo seductor:
una explicación total, limpia, sin residuos.

Pero Midgley señala que esta promesa es ilusoria:

  • Explicar cómo funciona algo no equivale a explicar qué es.

  • Describir procesos no agota el significado.

  • Reducir no es lo mismo que comprender.

Ejemplo implícito:

  • Puedes explicar el amor en términos neuroquímicos.

  • Pero eso no reemplaza lo que el amor es en la vida humana.

El mito consiste en creer que, al reducir, ya no queda nada importante por decir.


4. El problema de la mente y la conciencia

Aquí el mecanicismo muestra su punto más débil.

Midgley no defiende un dualismo ingenuo, pero insiste en que:

  • La experiencia consciente no desaparece porque la expliquemos.

  • El dolor no deja de doler porque lo midamos.

  • El significado no se evapora porque lo correlacionemos con neuronas.

El mecanicismo radical suele reaccionar así:

“Eso que sientes es una ilusión”.

Midgley responde, implícitamente:

Una teoría que niega la realidad de la experiencia es peor que la experiencia que intenta negar.

Si una visión del mundo exige que dudemos de lo más inmediato y vivido, algo anda mal.


5. Consecuencias morales y políticas (esto es clave)

Aquí el ensayo se vuelve profundamente político, aunque no partidista.

Si aceptamos que:

  • los humanos son máquinas,

  • la mente es un epifenómeno,

  • los valores son ilusiones evolutivas,

entonces:

  • la responsabilidad moral se vuelve problemática,

  • la dignidad humana se diluye,

  • la ética se reduce a ingeniería social.

Midgley advierte que el mecanicismo no es neutral:
produce una imagen del ser humano fácilmente manipulable, administrable, optimizable.

No es casual que encaje tan bien con:

  • tecnocracias,

  • reduccionismos económicos,

  • visiones utilitarias extremas.


6. El verdadero objetivo del ensayo

Midgley no quiere reemplazar un mito por otro.
Quiere desactivar la pretensión de monopolio.

Su tesis final podría resumirse así:

El mundo es más rico que cualquier modelo único.
Necesitamos múltiples niveles de explicación, sin que uno anule a los demás.

Biología, psicología, ética, cultura, experiencia vivida:
no son competidores, son capas de sentido.


7. Por qué este ensayo sigue siendo incómodo hoy

Porque seguimos viviendo bajo ese mito, solo que actualizado:

  • algoritmos en vez de engranes,

  • cerebro-computadora en vez de reloj,

  • optimización en vez de verdad.

El mecanicismo ya no se presenta como ideología, sino como sentido común técnico.

Y eso, justamente, es lo que hace a los mitos más peligrosos.


Cierre

«The Myth of Mechanism» no es un ataque a la razón,
es una defensa de la razón contra su caricatura.

Nos recuerda algo esencial:

comprender el mundo no consiste en hacerlo pequeño,
sino en estar a la altura de su complejidad.

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