sábado, 14 de febrero de 2026

 Todo el que quiere nacer debe antes destruir un mundo. 

HERMANN HESSE 

Esa frase es de Hermann Hesse, y aparece en su novela Demian. No es una frase motivacional superficial. Es brutal.

“Todo el que quiere nacer debe antes destruir un mundo.”

1. Nacer no es biológico: es espiritual

En Demian, el “nacer” no es venir al mundo, sino convertirse en uno mismo. Es el momento en que una persona deja de vivir según el guion heredado —familia, religión, moral social, expectativas— y empieza a escuchar su propia voz interior.

Ese nacimiento implica ruptura.

2. ¿Qué mundo hay que destruir?

No habla de destruir el planeta ni hacer revolución política. Habla de destruir:

  • El mundo de las certezas infantiles.

  • El mundo de la obediencia.

  • El mundo de la identidad impuesta.

  • El mundo cómodo donde no cuestionas nada.

Es el mundo que te dio seguridad… pero también te limitó.

Hesse diría que el verdadero nacimiento empieza cuando uno se atreve a cuestionar esa imposición.

3. El símbolo del huevo

En Demian aparece otra frase clave:

“El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Quien quiera nacer debe destruir un mundo.”

El huevo protege… pero también encierra.

Romperlo es doloroso. Es perder protección. Es exponerse. Es soledad.

Por eso no todos quieren nacer de verdad.

4. Destruir no es odio, es transformación

No es nihilismo. No es quemarlo todo por rabia.

Es una muerte necesaria para una transformación.

Como Nietzsche hablaba de la “transvaloración”, o como en psicología profunda cuando el yo viejo debe desmoronarse para que emerja algo más auténtico.

El problema es que destruir un mundo implica:

  • Dejar de agradar.

  • Dejar de pertenecer.

  • Dejar de ser el hijo obediente.

  • Aceptar que quizá estabas viviendo una vida prestada.

Eso asusta.

5. Lo incómodo

Hesse está diciendo algo peligroso:
que la madurez implica traición.
Traición a lo que fuiste.
A lo que esperaban de ti.
A veces incluso a tu propia autoimagen.

Y eso duele.

Esa frase no es romántica. 

Es una advertencia.
El nacimiento verdadero no es suave. 

Es ruptura.

¿Hay algún “mundo” que todavía no te has atrevido a romper?


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