miércoles, 25 de febrero de 2026


 La frase es de Edward O. Wilson,
y es una de esas sentencias que parecen simples pero son dinamita intelectual.

“Tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina.”



1️⃣ Emociones paleolíticas

Wilson era biólogo evolutivo. Sabía que nuestro cerebro fue moldeado durante cientos de miles de años en pequeñas tribus de cazadores-recolectores.

Nuestros instintos básicos:

  • Tribalismo (nosotros vs. ellos)

  • Miedo al extraño

  • Búsqueda de estatus

  • Dominancia

  • Celos, territorialidad

  • Recompensa inmediata

Todo eso funcionaba perfecto en grupos de 100 personas en la sabana.

Pero hoy vivimos en:

  • Estados-nación de millones.

  • Redes sociales globales.

  • Mercados financieros abstractos.

  • Conflictos ideológicos masivos.

El problema: seguimos reaccionando con el cerebro de la tribu frente a problemas planetarios.

Twitter no es la sabana.
Pero nuestro sistema nervioso cree que sí.


2️⃣ Instituciones medievales

Wilson no se refiere literalmente a castillos y armaduras, sino a estructuras mentales y políticas heredadas de épocas jerárquicas:

  • Estados centralizados rígidos.

  • Religiones organizadas verticalmente.

  • Nacionalismos cerrados.

  • Sistemas legales lentos.

  • Burocracias diseñadas para otro ritmo histórico.

Muchas de nuestras instituciones nacieron cuando:

  • La información viajaba en caballo.

  • La autoridad era incuestionable.

  • El mundo era local, no global.

Hoy la tecnología avanza exponencialmente, pero nuestras instituciones cambian linealmente.

Es como tener un software del siglo XIII corriendo en hardware cuántico.


3️⃣ Tecnología divina

Aquí está lo inquietante.

Tenemos poder casi “divino”:

  • Energía nuclear.

  • Ingeniería genética.

  • Inteligencia artificial.

  • Manipulación climática indirecta.

  • Armas capaces de extinguir la especie.

  • Algoritmos capaces de moldear opinión pública.

Nunca una especie tuvo tanto poder sobre el planeta.

Pero ese poder está en manos de cerebros tribales y sistemas políticos lentos.

Ahí está el cortocircuito.


🔥 El núcleo del problema

La frase señala una desincronización evolutiva:

  • Evolucionamos biológicamente lento.

  • Cambiamos culturalmente más rápido.

  • Desarrollamos tecnología a velocidad explosiva.

La brecha entre poder y sabiduría se ha vuelto peligrosa.

Tenemos capacidad de destruirnos…
pero no madurez emocional colectiva para manejarlo.


🧠 ¿Es pesimista Wilson?

No exactamente.
Wilson creía profundamente en la ciencia y en la cooperación humana.

Pero advertía algo muy serio:

La evolución no nos diseñó para la civilización global.

Tenemos que construir conscientemente lo que antes venía por instinto.


Los árboles evolucionan lento. Profundo. Enraizado.

El humano, en cambio, inventó rayos artificiales (tecnología) sin haber profundizado en sus raíces emocionales.

Hemos crecido en altura sin crecer en raíz.

Y eso es inestable.

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