Los hombres se humedecieron los labios, conscientes de su sed. Y todos sintieron un poco de terror.
JOHN STEINBECK
Steinbeck ahí está haciendo algo muy fino.
En apariencia habla de sed física: hombres que se humedecen los labios porque tienen la boca seca. Pero Steinbeck rara vez se queda en lo literal. Esa imagen casi siempre apunta a algo más profundo.
Veamos la frase por partes:
“Se humedecieron los labios, conscientes de su sed.”
Eso implica que la necesidad ya no es instintiva, sino consciente. No es solo un impulso corporal: es darse cuenta de que falta algo.
“Y todos sintieron un poco de terror.”
¿Por qué terror por tener sed? Porque cuando el deseo se vuelve consciente, aparece la vulnerabilidad. La sed significa dependencia. Significa que algo afuera es necesario para sobrevivir.
En Steinbeck, la “sed” suele simbolizar:
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Hambre de justicia
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Hambre de dignidad
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Hambre de tierra
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Hambre de afecto
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Hambre de poder
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Hambre de supervivencia
Cuando un grupo de hombres se da cuenta de su sed colectiva, ocurre algo peligroso. Porque la necesidad compartida puede convertirse en furia, rebelión o desesperación.
El terror no es solo por la carencia.
Es por lo que esa carencia puede provocar.
En Las uvas de la ira, por ejemplo, la conciencia de la injusticia es lo que asusta a los poderosos. Cuando los hombres reconocen su hambre, dejan de resignarse.
Hay también otra lectura más existencial:
La sed es deseo. Y el deseo revela que no somos autosuficientes. Somos seres necesitados. Y eso siempre da un poco de miedo.
Steinbeck entendía muy bien algo
cuando la necesidad se acumula —económica, social o emocional— se vuelve fuerza histórica.
Esa frase es una antesala. Es el momento previo a algo grande.
Un silencio cargado.
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