viernes, 20 de febrero de 2026

 Quien ha superado el miedo puede creerse inmortal; quien no lo conoce, lo es. Es probable que en el paraíso las criaturas desaparezcan también, pero no conociendo el miedo de morir, no morirían, en suma, nunca. El miedo es una muerte de cada instante. 

Emil Cioran 

esta frase es puro Cioran: lúcida, bella y venenosa al mismo tiempo.

Emil Cioran no está hablando del miedo como simple emoción biológica, sino como conciencia de la muerte. Vamos por partes.

“Quien ha superado el miedo puede creerse inmortal; quien no lo conoce, lo es.”

Aquí hay una paradoja brutal.

  • El que supera el miedo siente una especie de invulnerabilidad psicológica. Se cree inmortal porque ya no vive anticipando la muerte.

  • Pero el que no conoce el miedo —como un animal o un niño pequeño— en cierto sentido “es inmortal”, porque no vive muriendo por adelantado.

Y ahí está el núcleo:
La muerte psicológica precede a la muerte biológica.

“El miedo es una muerte de cada instante.”

Esto es profundamente existencial.
Cada vez que temes perder algo —vida, amor, estatus, identidad— estás ensayando tu propia desaparición.

No es la muerte física la que nos destruye, sino la anticipación constante.

Cioran sugiere algo incómodo:

  • No es el morir lo que nos hace finitos.

  • Es el miedo continuo lo que nos desgasta.

Superar completamente el miedo no es deseable.
El miedo tiene función biológica.
Lo que Cioran critica no es el miedo natural, sino la obsesión anticipatoria, el vivir como si la muerte estuviera ocurriendo todo el tiempo.

El paraíso que imagina no es un lugar donde no haya muerte, sino donde no haya conciencia angustiada de ella.

Valentía no es ausencia de miedo.
Es no morir antes de tiempo.

síntesis:

El miedo es el impuesto que la conciencia paga por saberse mortal.
La valentía no elimina el impuesto, pero deja de vivir endeudado.


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