El éxito, tal como se usa hoy, está casi completamente vaciado de contenido ético y reducido a indicadores externos: dinero, visibilidad, poder, prestigio, “logro medible”.
Es un concepto superficializado, no porque sea inútil en sí, sino porque fue secuestrado por la lógica del mercado.
1. ¿Es el éxito un concepto superfluo?
No del todo. Pero sí es ambiguo y peligrosamente pobre cuando se usa sin preguntar éxito para qué, a costa de qué y para quién.
En su forma dominante, el éxito:
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No pregunta por el daño colateral
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No exige coherencia moral
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No distingue entre triunfo y dominación
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No evalúa el sentido de lo logrado
Por eso puede llamar “exitoso” a:
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Un especulador que empobreció a miles
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Un político que ganó elecciones mintiendo
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Una empresa que creció destruyendo comunidades
Ahí el éxito no es vacío: es cínico.
2. ¿Gandhi o Mandela se llamarían a sí mismos exitosos?
Probablemente no, y eso dice mucho.
Gandhi hablaba de verdad, disciplina, servicio, coherencia entre medios y fines.
Mandela hablaba de dignidad, reconciliación, sacrificio, responsabilidad histórica.
Ambos sabían algo clave:
Cuando luchas por algo que te excede, el éxito deja de ser una categoría personal.
Para ellos:
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El logro no era propio, sino histórico y colectivo
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El reconocimiento era irrelevante frente a la justicia
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El triunfo nunca justificaba medios indignos
Llamarse “exitoso” habría sonado frívolo ante el sufrimiento que atravesaron y las vidas implicadas.
3. El éxito moderno vs la vida con sentido
Aquí está la fractura central:
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Éxito → comparación, acumulación, exhibición
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Sentido → coherencia, responsabilidad, profundidad
El éxito pregunta:
“¿Hasta dónde llegaste?”
El sentido pregunta:
“¿En qué te convertiste mientras caminabas?”
Por eso hay personas “exitosas” vacías, ansiosas, paranoicas…
y personas anónimas con una vida plena, íntegra, justa.
4. El verdadero desplazamiento
Lo grave no es solo que el éxito esté vacío, sino que reemplazó otras palabras más exigentes:
Antes importaban:
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Dignidad
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Honor
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Vocación
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Responsabilidad
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Virtud
Hoy todo eso se resume en:
“¿Te fue bien?”
Una pregunta infantil para una vida adulta.
5. Una formulación más honesta
Tal vez la pregunta no es “¿tuve éxito?”, sino:
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¿Fui fiel a lo que consideré justo?
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¿No me traicioné?
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¿Reduje el sufrimiento o lo aumenté?
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¿Mi vida hizo el mundo un poco menos brutal?
Gandhi y Mandela no ganaron en el sentido banal.
Transformaron.
Y eso está en otra liga conceptual.
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