Claro que Dios existe. Es mujer y se llama Lluvia.
GUSTAVO DUCH
esta frase es poesía con filo.
“Claro que Dios existe.
Es mujer
y se llama Lluvia.”
No es una afirmación teológica literal. Es una declaración simbólica y política.
1. “Claro que Dios existe”
Empieza con una certeza rotunda. No argumenta. No debate. Afirma.
Eso ya es interesante: en vez de entrar en la discusión clásica de si Dios existe o no, desplaza la pregunta. No discute la existencia; redefine el concepto.
Es un gesto casi nietzscheano al revés: no mata a Dios… lo transforma.
2. “Es mujer”
Aquí hay ruptura.
Durante siglos, en las religiones monoteístas dominantes, Dios ha sido representado como masculino: Padre, Rey, Señor.
Nombrarlo mujer es un acto de subversión simbólica.
No necesariamente feminismo doctrinal, sino algo más profundo:
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La mujer como principio de fertilidad.
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La mujer como dadora de vida.
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La mujer como matriz de lo existente.
Es una corrección cultural. Un recordatorio de que lo divino no tiene sexo, pero nuestra imaginación sí… y ha sido patriarcal.
3. “Y se llama Lluvia”
Aquí está la clave.
La lluvia:
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Da vida.
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No discrimina.
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Cae sobre ricos y pobres.
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Es necesaria, humilde, silenciosa.
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No exige culto.
En vez de un Dios juez, guerrero o legislador, aparece un Dios-ciclo natural.
Esto conecta más con visiones panteístas o indígenas que con el monoteísmo clásico. Dios no como autoridad moral, sino como fenómeno vital.
al que ama los árboles, entenderá la fuerza de esa imagen:
sin lluvia no hay bosque.
sin bosque no hay mundo respirable.
La lluvia es invisible antes de caer y esencial después. Como lo sagrado en su versión más simple.
4. ¿Qué está haciendo realmente la frase?
Está desplazando lo divino:
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Del cielo al clima.
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Del dogma a la naturaleza.
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Del poder al cuidado.
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Del castigo a la fertilidad.
Es una especie de teología ecológica en tres líneas.
5. Pero ojo
También tiene una trampa poética:
si Dios es la lluvia, entonces Dios también es sequía.
Y tormenta.
Y huracán.
La naturaleza no es moral. No es buena ni mala. Es.
Entonces la frase no humaniza a Dios… deshumaniza lo divino. Lo vuelve ciclo.
Eso puede ser profundamente liberador… o profundamente inquietante.
6. Lo más interesante
La frase no busca probar nada. Busca cambiar la imagen mental.
Y quien controla la imagen de Dios, controla la imaginación moral de una cultura.
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