miércoles, 18 de febrero de 2026

 Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim (1493-1541), más conocido como Paracelso, era uno de esos tipos fabulosos que produjo el Renacimiento. 

Alquimista, astrólogo, médico y cirujano, describió la sífilis y la gota y fue el primero en proponer que la cura para las enfermedades podía alcanzarse suministrando al paciente pequeñas cantidades de ciertas sustancias, una idea que se encuentra detrás de toda la farmacología moderna. 

Por lo demás, era un alquimista convencido, un borracho empedernido y un agitador intelectual que se enfrentó al establishment académico de la época, exhortando a sus estudiantes de medicina a que quemasen o tirasen a la basura los textos clásicos y se dedicasen únicamente a experimentar.⁶ 

Pero, sobre todo, más que un gran alquimista Paracelso era un excelente químico. 

Investigador incansable, sus experimentos le llevaron a intuir el concepto de elemento, al comprobar que había sustancias que no podía descomponer en otras más sencillas. 

Entre las muchas manipulaciones de las que fue protagonista, en una ocasión describió como el tratamiento del hierro con un ácido desprendía un «aire» que se inflamaba con facilidad. 

Sin embargo, tras este primer contacto con lo que la humanidad conocería más tarde como hidrógeno (H), Paracelso regresó al mundo de la alquimia y el misticismo, pasando a describir como se podía fabricar un «homúnculo» enterrando en estiércol de caballo durante 40 días una mezcla de huesos, esperma, pelo y fragmentos de piel de un animal…

Alejandro Navarro

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