viernes, 6 de febrero de 2026

 El flogisto: la sustancia que explicaba el fuego (hasta que dejó de hacerlo)

En el siglo XVII, el mundo científico estaba obsesionado con una pregunta básica:
¿qué es el fuego y por qué las cosas arden?

En 1667, el médico y químico alemán Johann Joachim Becher propuso que los cuerpos combustibles contenían una sustancia especial, una especie de “principio del fuego”.
Su alumno Georg Ernst Stahl refinó la idea y le dio nombre:

👉 flogisto (del griego phlogistós, “inflamable”).

La teoría decía, más o menos, esto:

  • Todo lo que arde contiene flogisto.

  • Cuando algo se quema, libera flogisto al aire.

  • Lo que queda (ceniza, cal, residuo) es la materia “desflogistizada”.

Parecía funcionar.
La madera arde → queda ceniza.
El carbón se quema → queda polvo.
Caso cerrado.


El problema incómodo: los metales engordan al quemarse

Aquí empieza el drama.

Cuando los metales se “queman” (en realidad, se oxidan), se transforman en una sustancia llamada cal (óxido metálico).
Pero al medirlos, ocurrió algo escandaloso:

🔴 pesaban más después de quemarse.

Según la teoría del flogisto, deberían pesar menos, porque perdieron algo.

Los defensores del flogisto hicieron malabares conceptuales:

  • Que el flogisto tenía peso negativo.

  • Que el aire empujaba la balanza.

  • Que era una sustancia muy rara, invisible y caprichosa.

No estaban locos: estaban defendiendo un paradigma.


El aire entra en escena

En el siglo XVIII, varios científicos empezaron a estudiar el aire con más cuidado:

  • Joseph Black descubre el “aire fijo” (CO₂).

  • Joseph Priestley aísla un gas que permite que las cosas ardan mejor.
    Lo llama: aire desflogistizado (seguía creyendo en el flogisto).

Ese gas era, claro, oxígeno.


Lavoisier y la ejecución del flogisto

El francés Antoine Lavoisier hace algo revolucionario:
📏 mide todo con precisión obsesiva.

Descubre que:

  • En la combustión no se pierde nada.

  • La materia se combina con algo del aire.

  • Ese “algo” es el oxígeno.

Conclusión devastadora:

No existe el flogisto.
La combustión es una reacción química con oxígeno.

En 1789, Lavoisier publica su Tratado elemental de química y básicamente decapita al flogisto (metafóricamente… aunque a él lo decapitaron literalmente durante la Revolución Francesa).


¿Entonces el flogisto fue una estupidez?

No. Y esto es lo importante.

El flogisto fue:

  • Un marco explicativo coherente para su época.

  • Un paso intermedio necesario.

  • Una teoría falsa… pero productiva.

Permitió:

  • Pensar la combustión como proceso.

  • Formular preguntas correctas, aunque con respuestas equivocadas.

  • Llegar a la ley de conservación de la masa.

Como diría Thomas Kuhn:

la ciencia no avanza solo acumulando verdades, sino superando errores bien construidos.


Una lección política (porque siempre la hay)

El flogisto nos recuerda algo incómodo:

👉 Las ideas dominantes no caen cuando son absurdas,
👉 caen cuando dejan de explicar la realidad.

Y aun así, se defienden hasta el último momento, con excusas cada vez más barrocas.

Teoría científica ayer,
ideología hoy.

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