lunes, 16 de febrero de 2026

 El que es feliz al precio de desconocer el dolor ajeno es un miserable.

 ALEJANDRO DOLINA 

aquí hay dinamita moral.

La frase de Alejandro Dolina no es sentimentalismo: es una acusación ética.

“El que es feliz al precio de desconocer el dolor ajeno es un miserable.”

Desmenucemos.

1. Felicidad como ignorancia voluntaria

Dolina no habla de la felicidad simple —esa que surge del amor, del deporte, de un libro, de correr al amanecer.
Habla de una felicidad sostenida por la negación.

Es decir:
— No veo la injusticia.
— No quiero saber.
— No me importa.
— Mientras yo esté bien, lo demás es ruido.

Eso no es felicidad, es anestesia moral.

Aquí resonaría Emmanuel Levinas: el rostro del otro nos obliga. El sufrimiento ajeno no es un dato externo; es una interpelación ética. Si lo ignoras deliberadamente, te reduces.

2. El precio: la deshumanización

La palabra clave es “al precio de”.

Toda felicidad tiene un costo.
Pero si el costo es apagar la empatía, el resultado no es plenitud, es empobrecimiento interior.

También lo vio Hannah Arendt cuando habló de la banalidad del mal: no siempre el mal es odio; a veces es simple indiferencia cómoda.

El miserable aquí no es el pobre, sino el que ha reducido su mundo al tamaño de su ombligo.

3. ¿Pero entonces nadie puede ser feliz?

Aquí viene lo incómodo.

Si tomamos la frase literalmente, parecería que toda alegría es sospechosa mientras exista sufrimiento en el mundo. Y eso sería insoportable.

La clave no es sufrir con todos, sino no construir tu bienestar sobre la negación activa del dolor.

Hay una diferencia entre:

  • No poder resolver todo el sufrimiento.

  • Fingir que no existe para no incomodarte.

La primera es condición humana.
La segunda es cobardía moral.

4. Una lectura más dura

Hay otra capa más radical.

La felicidad individual dentro de sistemas profundamente injustos puede implicar, aunque no lo quieras, una cuota de privilegio. Y Dolina podría estar apuntando ahí.

Aquí entra Jean-Paul Sartre: somos responsables incluso de lo que elegimos no mirar.

No significa que debas vivir culpable.
Significa que la conciencia forma parte de la dignidad.

La verdadera felicidad no es la que ignora el dolor ajeno.
Es la que, aun sabiendo que existe, decide no volverse cruel.

de manera brutal:

Hay felicidad de burbuja.
Hay felicidad de conciencia.

La primera es cómoda.
La segunda es valiente.


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