domingo, 8 de febrero de 2026

 Dodge hizo algo que desconcertó a todo el equipo. En vez de intentar aventajar al fuego, dejó de correr y se agachó. Sacó una caja de cerillas, empezó a encender un fósforo tras otro y a arrojarlos entre los matojos. «Se ha vuelto loco —recordaría más tarde uno de los bomberos—. Tenemos las llamas a nuestra espalda, ¿qué narices está haciendo el jefe encendiendo otro fuego ahí delante?» Aquel bombero pensó para sus adentros: «Ese cabrón de Dodge está intentando que muera aquí calcinado». Nadie debería sorprenderse de que el equipo ignorara a Dodge cuando señaló con los brazos el incendio que había provocado y empezó a gritar: «¡Rápido, rápido! ¡Por aquí!».

Los bomberos no se dieron cuenta de que Dodge había ideado una nueva estrategia para sobrevivir: había puesto en marcha una quema controlada de seguridad. Al quemar los arbustos que tenía por delante, había eliminado el combustible que el incendio necesitaba para avanzar. A continuación, empapó un pañuelo con agua de la cantimplora, se cubrió bien la boca y, durante el siguiente cuarto de hora, se tumbó boca abajo entre la tierra carbonizada. Mientras el fuego se encabritaba sobre su cuerpo, pudo sobrevivir gracias a la bolsa de oxígeno que había quedado cerca de la tierra.
En la tragedia perdieron la vida doce bomberos. Más adelante, se encontró un reloj de bolsillo de una de las víctimas, con las manecillas fundidas a las 5.56 h de la tarde.
¿Por qué sólo sobrevivieron tres miembros del grupo de bomberos paracaidistas? La fortaleza física pudo ser uno de los factores; los otros dos supervivientes consiguieron aventajar al fuego y llegar a la cresta del barranco. Pero Dodge salvó la vida por su fortaleza mental.
Cuando la gente piensa en los requisitos necesarios para disponer de una buena fortaleza mental, la primera idea que suele venir a la cabeza tiene que ver con la inteligencia. Cuanto más inteligente eres, más complejos son los problemas que puedes resolver  y más rápido puedes encontrar la solución. Pero en un mundo tan turbulento como el nuestro, hay otra capacidad cognitiva que puede llegar a ser aún más importante: la de reconsiderar las cosas y olvidar todo lo aprendido. 
Adam Grant

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