Y en medio de estas reflexiones que a lo mejor no sean agradables, pero sí sinceras, ¿qué es, entonces, lo que puedo anhelar como analista? Quizás no mucho. Apenas que el paciente modifique en algo su destino. En definitiva, como esbozó Lacan, tal vez el último y esperado logro de un análisis sea ayudar a un sujeto a que pueda vivir su soledad sin tristeza.
Gabriel rolon
Lo que plantea Gabriel Rolón es duro… pero es honesto. Así que vamos de frente.
Cuando dice que el analista apenas puede aspirar a que el paciente “modifique en algo su destino”, está desmontando una fantasía muy común: la de que el análisis cura la vida, arregla el pasado o elimina el dolor. No. A lo mucho —y ya es muchísimo— puede cambiar la posición subjetiva frente a lo inevitable.
Y ahí entra Jacques Lacan con esa frase brutalmente elegante: vivir la soledad sin tristeza.
1. La soledad no es el problema
La soledad es estructural. No es un accidente ni un fracaso social. No es que “no encontramos a alguien”. Es que nadie puede habitar completamente nuestra experiencia interna.
Hay un punto en el que estamos solos incluso estando acompañados.
El problema no es la soledad.
El problema es la tristeza que le pegamos encima.
La tristeza aparece cuando la soledad se vive como abandono, insuficiencia o carencia. Cuando se interpreta como:
“Si estuviera completo, no me sentiría así.”
El análisis no promete eliminar la soledad. Promete algo más sobrio: quitarle la tragedia.
2. Modificar el destino
¿Qué significa modificar el destino?
No cambiar lo que ocurrió.
No borrar traumas.
No fabricar una nueva personalidad.
Significa dejar de repetir automáticamente.
El destino, en términos psicoanalíticos, es repetición inconsciente. Elegir siempre el mismo tipo de pareja. Reaccionar siempre igual ante la crítica. Huir cuando algo se vuelve íntimo. Sabotear lo que podría salir bien.
Modificar el destino es introducir un pequeño margen de libertad en esa repetición.
No desaparece la estructura. Cambia tu relación con ella.
3. Vivir la soledad sin tristeza
Esta frase es casi mística si la lees bien.
Vivir la soledad sin tristeza significa:
No exigirle al otro que tape tu vacío.
No convertir cada distancia en drama.
No interpretar cada silencio como rechazo.
Poder estar contigo sin sentir que te falta algo esencial.
Eso no es frialdad. Es madurez psíquica.
Es aceptar que el ser humano es incompleto, pero no defectuoso.
4. Lo que puede anhelar un analista… y quizá un hombre
Rolón habla como analista.
¿Qué puede anhelar un hombre lúcido?
Tal vez esto:
No dejar de desear.
No mentirse sobre sus heridas.
No repetir ciegamente.
No necesitar ilusiones para sostenerse.
Y aquí viene algo importante:
Vivir la soledad sin tristeza no significa dejar de amar. Significa amar sin pedir que el otro te salve.
Es una forma de valentía silenciosa.
5. Una reflexión final
La soledad sin tristeza es eso:
caminar aunque haya perros.
sentir miedo, pero no interpretarlo como condena.
aceptar que nadie puede cruzar ese tramo por ti.
Quizá el análisis —y la vida misma— no te den felicidad constante.
Pero pueden darte algo más sólido:
Dignidad interior.
Y eso, no es poco.
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