sábado, 14 de febrero de 2026

 El inconsciente es ante todo una curiosa memoria […] cuando se trata de un recuerdo inconsciente, su lugar de aparición no es necesariamente la mente. Puede manifestarse a través de actos impulsivos, como una serie de torpezas o incluso por una elección amorosa. Hablando con propiedad, esa vuelta al pasado no es mental sino en acto. En los asuntos del corazón no elegimos sino lo impuesto y no queremos sino lo inevitable. 

JUAN DAVID NASIO 

La idea central de Juan-David Nasio es profundamente freudiana y lacaniana: el inconsciente no es un “archivo escondido” en la mente, sino una memoria que actúa.

Vamos por partes.


1. El inconsciente como memoria… pero no mental

Para el psicoanálisis clásico de Sigmund Freud, el inconsciente no es simplemente “lo que olvidé”, sino lo que fue reprimido y sigue operando.

Nasio da un giro importante:

El recuerdo inconsciente no aparece necesariamente como recuerdo.

No vuelve como imagen clara del pasado.
Vuelve como acto.

Eso significa:

  • Repeticiones de errores.

  • Elecciones de pareja que parecen “casuales” pero siguen un patrón.

  • Torpezas recurrentes.

  • Decisiones que después no entendemos.

El pasado no se recuerda: se actúa.

Aquí está la clave: el inconsciente no habla en pensamientos, habla en conductas.


2. “La vuelta al pasado no es mental sino en acto”

Esto conecta directamente con la noción de repetición en Jacques Lacan.

Para Lacan, el sujeto no recuerda el trauma: lo repite.

Por ejemplo:

  • Un niño que se sintió abandonado puede, de adulto, elegir parejas emocionalmente ausentes.

  • Alguien humillado puede buscar situaciones donde vuelve a sentirse inferior.

  • Una persona criada en conflicto puede sentirse “viva” solo en relaciones tormentosas.

No porque quiera sufrir.
Sino porque el psiquismo intenta resolver lo no resuelto.

La repetición es un intento fallido de elaborar.


3. “En los asuntos del corazón no elegimos sino lo impuesto”

Esta frase es brutal.

Nos creemos libres en el amor, pero muchas veces:

  • Elegimos lo familiar, no lo mejor.

  • Confundimos intensidad con destino.

  • Llamamos “química” a un patrón antiguo.

Aquí aparece algo muy incómodo:
el amor no siempre es elección consciente, sino compulsión estructural.

En términos existenciales (y aquí podemos meter a Irvin D. Yalom), la libertad es una carga enorme. Muchas veces preferimos repetir lo conocido antes que enfrentar la angustia de elegir algo radicalmente nuevo.

Lo inevitable no es destino metafísico.
Es destino psíquico.


4. ¿Somos entonces marionetas del pasado?

Aquí es donde hay que ser rigurosos.

El psicoanálisis no dice que no haya libertad.
Dice que la libertad exige conciencia.

Mientras no veas el patrón, lo repetirás creyendo que es casualidad.

Cuando lo ves:

  • Puedes seguir repitiéndolo.

  • O puedes elegir distinto (con esfuerzo y angustia).

Ahí comienza la verdadera responsabilidad.


5. Un ejemplo concreto (sin romanticismo)

Supón que alguien creció sintiendo que tenía que “ganarse el amor”.

De adulto:

  • Se enamora de personas difíciles.

  • Se esfuerza de más.

  • Tolera migajas.

  • Confunde tensión con pasión.

No está eligiendo racionalmente.
Está actuando una memoria.

Y hasta que no vea eso, seguirá llamándolo “mala suerte”.


6. Lo más inquietante de la cita

“En los asuntos del corazón no queremos sino lo inevitable.”

Esto suena fatalista. Pero en realidad señala algo más trágico:

Queremos lo que coincide con nuestra herida.

la valentía no es solo enfrentar perros en la calle.
Es enfrentar los patrones internos.


7. Pregunta incómoda (pero honesta)

Si revisas tu historia amorosa o tus decisiones repetidas:

  • ¿Qué patrón aparece?

  • ¿Qué escena infantil parece estar actuándose?

  • ¿Qué emoción se repite aunque cambien las personas?

Porque si Nasio tiene razón, tu inconsciente no está pensando… está haciendo.

Y la verdadera libertad comienza cuando el acto se vuelve consciente.



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