Maria Goeppert-Mayer nació en 1906 en Kattowitz, que entonces pertenecía al Imperio Alemán (hoy Katowice, Polonia). Desde muy joven mostró un talento increíble para las matemáticas; su padre era profesor de física y la estimuló intelectualmente. Estudió en la Universidad de Göttingen, donde se doctoró en 1930 bajo la supervisión de Max Born, uno de los padres de la mecánica cuántica.
Carrera y desafíos:
Como mujer en la física a principios del siglo XX, Goeppert-Mayer enfrentó enormes barreras. En Alemania no podía acceder a muchas oportunidades académicas, y al mudarse a Estados Unidos en 1930 tras casarse con Joseph Mayer, siguió trabajando en posiciones no remuneradas o como asistente voluntaria durante años, a pesar de su talento extraordinario.
Durante este tiempo contribuyó a la teoría cuántica de los estados excitados de los electrones, y más adelante se interesó en la física nuclear, especialmente en la estructura de los núcleos atómicos.
El modelo nuclear de capas:
Su mayor logro fue desarrollar el modelo de capas nucleares, que describe cómo los protones y neutrones se organizan en niveles dentro del núcleo atómico, de manera similar a los electrones en los átomos. Este modelo explicó por qué ciertos números de nucleones (los llamados números mágicos: 2, 8, 20, 28, 50, 82, 126) producen núcleos especialmente estables.
Este trabajo le valió el Premio Nobel de Física en 1963, convirtiéndose en la segunda mujer en recibirlo, después de Marie Curie.
Últimos años y legado:
Maria Goeppert-Mayer trabajó en la Universidad de California en San Diego hasta su retiro. Su legado es enorme: abrió caminos para las mujeres en la física, y su modelo de capas sigue siendo fundamental en la física nuclear moderna.
Un dato curioso: a pesar de ser una de las mentes más brillantes de su tiempo, siempre fue conocida por su humildad y dedicación al trabajo en equipo más que al reconocimiento personal.
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