jueves, 7 de septiembre de 2023

Exupéry


 

Pau Casals

 «Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá… Y ¿qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues les enseñamos que dos más dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: “¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y, cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla?” Debes empeñarte, como todos debemos empeñarnos, para hacer que el mundo sea digno de nuestros niños.» 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Camus


 

Antoine de Saint-Exupéry

 «Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.» 


Esta famosa frase —atribuida popularmente a Antoine de Saint-Exupéry (aunque suele ser una paráfrasis libre de una idea de su obra Ciudadela)— es una de las reflexiones más potentes que existen sobre el liderazgo, la motivación y la gestión de equipos.

A nivel profundo, la frase confronta dos filosofías opuestas de trabajo: la gestión puramente técnica frente al liderazgo transformacional.

 La diferencia entre gestionar y liderar

La frase divide el proceso de cualquier proyecto en dos etapas crudas:

  • La ejecución técnica (El "Cómo"): Buscar madera, cortar tablas, organizar tareas. Esto es administración, logística y microgestión. Es necesario, pero si se empieza por ahí, el trabajo se siente como una carga pesada y mecánica.

  • El propósito (El "Por qué"): El "anhelo del mar libre y ancho". Esto es visión. El líder no vende la dificultad del proceso; vende el impacto y la belleza del resultado final.

 La motivación intrínseca vs. extrínseca

Si obligas a alguien a cortar madera prometiéndole solo un salario o por pura obligación (motivación extrínseca), trabajará lo justo para cumplir.

Pero si logras que esa persona desee explorar el océano (motivación intrínseca), el corte de la madera ya no es un castigo, sino el medio necesario para alcanzar su propio sueño. La persona buscará la mejor madera, perfeccionará su técnica de corte y se organizará de forma autónoma porque comparte el objetivo final.

 Autonomía y resolución de problemas

Cuando un equipo está verdaderamente inspirado por una visión poderosa:

  • Requiere menos supervisión: No necesitas decirles exactamente cómo clavar cada tabla; su propio deseo de llegar al mar los guiará a buscar soluciones eficientes.

  • Resiliencia: Si la madera escasea o una tormenta rompe los planos, un equipo sin visión se rinde. Un equipo enamorado del mar buscará alternativas creativas para seguir construyendo.

En resumen: La frase nos enseña que el verdadero motor de los grandes logros humanos no es la técnica ni la disciplina impuesta, sino la inspiración. El papel fundamental de un líder no es vigilar procesos, sino encender el deseo que hace que esos procesos cobren sentido.

Lou Marinoff

 Siendo novato en mi instrumento (la guitarra) durante muchos años, tuve el privilegio de asistir a numerosas clases magistrales y de tocar en unas cuantas. A veces me salía bien; en otras ocasiones fui yo quien se vino abajo. Créeme, no existe mayor sensación de impotencia, vergüenza o soledad que la de descarrilar en medio de un solo. De repente, en lugar de música fluida, se oye un pasaje destrozado seguido de un incómodo silencio. Hete aquí cómo manejó esta situación Pau Casals. El alumno en cuestión había cometido varias equivocaciones sin importancia, seguidas por otras más graves, hasta que un error catastrófico desbarató por completo su actuación. Como de costumbre, un silencio opresivo se cernió sobre la clase magistral, tan sólo punteado por el pobre estudiante que trataba de contener las lágrimas. De súbito Casals se puso a aplaudir, gritando: «¡Bravo!» Los demás estudiantes de la sala estuvieron más que encantados de imitar al maestro, de modo que todos rompieron a aplaudir y a gritar «¡Bravo!». El estudiante pareció avergonzarse todavía más y dijo al maestro: «¡Pero si he tocado fatal!» «No, te equivocas», dijo Casals. «Has tocado un pasaje maravillosamente... este... Vuelve a tocarlo.» El estudiante respondió agradecido y al final de la lección tocó la pieza entera de maravilla. Esto fue así porque el profesor le corrigió haciendo hincapié en su punto fuerte en lugar de hacerlo en su punto débil. Esto es el poder del Tao en acción, y todos podemos ejercerlo. Esfuérzate por sacar lo mejor de las personas, y generarás felicidad y suscitarás su mejor actuación. Insiste sobre lo peor de ellas, y generarás desdicha y suscitarás su peor actuación. Es así de simple. Tal como he dicho, el Tao queda aparte de la religión y la psicología precisamente por esta razón. Mientras que la religión y la psicología se centran en lo que te ocurre de malo, el Tao se centra en lo que te ocurre de bueno, aquí y ahora.

martes, 5 de septiembre de 2023

Antonio Blay

 «Cuando somos pequeños, se nos va educando, y educar consiste en que se nos vaya diciendo lo que hay que hacer, cómo hay que hacerlo y lo que no hay que hacer. El niño va aprendiendo eso que se le enseña; pero no sólo lo aprende, sino que lo acepta tal como se le da, es decir, como la verdad y el bien (…). O sea que el niño se identifica a sí mismo como valor en tanto que modelo y en tanto que modo particular de ser. El niño va aceptando esta idea que se le da de que él no vale como ser, sino que su único valor está en su modo de ser, de que él no es; él es o bueno o malo, o listo o tonto, pero el ser, él es, esto no existe, no tiene ningún valor. El ser (este foco de inteligencia, de energía y de afectividad) es algo central en el niño, en todo el mundo, es algo central que surge del fondo, del fondo de la mente, del fondo de la afectividad, del fondo de la energía.»

Emerson


 

Elena Poniatowska

 


"Muchas veces las gentes lloran porque encuentran las cosas demasiado bellas. Lo que les hace llorar, no es el deseo de poseerlas, sino esa profunda melancolía que sentimos por todo lo que no es, por todo lo que no alcanza su plenitud. Es la tristeza del arroyo seco, ese caminito que se retuerce sin agua...Del túnel en construcción y nunca terminado... Es la tristeza de todo lo que no está completo".


lunes, 4 de septiembre de 2023

Fairfax Downey

 «Un artista contemporáneo pintó un cuadro, La luz del mundo, que muestra a Cristo en un jardín a medianoche. En su mano izquierda sostiene una lámpara mientras que con la derecha está llamando a una pesada puerta. El día en que se mostraba esta obra por primera vez se encontraban presentes varios críticos de arte. Cuando se descubrió la cortina que lo escondía, uno de los especialistas se acercó al artista para decirle: —Señor Hunt, ¿por qué no ha terminado la obra? —Está terminada —contestó el artista. —Pero si no hay pomo en la puerta… —señaló el crítico. —Eso —dijo el artista— es la puerta del corazón humano y sólo se abre desde dentro.» 

Oriah Mountain Dreamer

 «No me interesa lo que haces para ganarte la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón. No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa qué planetas están en armonía con tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre, si las traiciones de la vida te han abierto, o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro. Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas o que recordemos las limitaciones de los seres humanos.» 

Sigmund Freud



 "No elegimos a los otros al azar. 

Nos encontramos con aquellos que existen ya en nuestro inconsciente".

domingo, 3 de septiembre de 2023

Zhang Ziyi

 "En China no consideramos a una persona realmente guapa, hasta que la conocemos durante mucho tiempo y entonces sabemos lo que se esconde detrás de su fachada".


Jodorowsky


 

sábado, 2 de septiembre de 2023

Dulce María Loynaz



 Amor que llegas tarde,

tráeme al menos la paz:
amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad? 

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya... 

Amor de mi silencio y mi cansancio,
 hoy no me hagas llorar. 



James Hillman


 Tarde o temprano, algo parece estar llamándonos a un camino específico. Esta ‘cosa’ puede recordarse como un momento notable en la infancia, cuando una urgencia inexplicable, una fascinación, un extraño giro de los acontecimientos tuvo la fuerza de un anuncio: esto es lo que debo hacer, esto es lo que necesito tener. Eso es lo que soy.

Pedro Muagura

 

En 2006, el presidente de Mozambique, Armando Emilio Guebuza, se acercó a conocer a Pedro Muagura. Fue hasta su humilde casa y le hizo una pregunta: ¿por qué plantas árboles? Él pensó durante unos segundos y le contestó: “La mamá cuando va a dar a luz necesita una sombra con la que resguardarse del sol, el recién nacido una cuna de madera en la que descansar y en el final, en la muerte, un ataúd será nuestro último cobijo. Los árboles son la vida”.

La respuesta que escuchó el mandatario no es de alguien más, es de un hombre que ha plantado casi cien millones de árboles en 12 países distintos del planeta. Su historia es tan inverosímil como para parecer una película. ¿Qué decir de un hombre que adiestró gatos para acabar con las cobras que segaban vidas en un pueblo del norte de su país?
Muagura es un mozambiqueño de origen muy humilde. “Aprendí a amar los árboles porque mi padre no tenía dinero ni para darnos pan. Todo lo que comía me lo daban las plantas”, explica. Luego, su pasión se tornó con mucho empeño en estudio universitario y de ahí comenzó su pequeña leyenda. “En el final de mi tesis universitaria me fui al monte Kilimanjaro, en Tanzania. Entonces resolví un grave problema de inadaptación de cultivos en sus laderas”. La solución le hizo tan famoso, que el entonces presidente de Tanzania le pidió que se quedara trabajando en el país.
Pero el plantador de árboles decidió viajar por el mundo con una sola norma que se impone allí donde va. “En la primera hora que llego a un país tengo que plantar un árbol”. En el aeropuerto de Helsinki le permitieron hacerlo en la propia terminal, pero cuando lo intentó en Londres se llevó la hasta ahora única negativa. “Eran gente rara. Aterricé y le di los buenos días a tres personas. Dos no me contestaron y otra me preguntó qué quería. Nada, sólo darle los buenos días, le contesté. Luego hablé con alguien del recinto y le pregunté dónde podía plantar un árbol. Me dijo que en ningún sitio, así que decidí sentarme, no hablar con nadie e irme”.
Eran tiempos aquellos en los que Muagura recorría becado el norte de Europa y se quedaba extrañado al ver que en Finlandia crecía la vegetación del hielo: “No lo podía entender”. Sufría en Rusia ataques xenófobos: “Comí en un restaurante donde rompieron los platos en los que yo había comido por ser negro. Planté unos cuantos árboles allí y también me marché”.
Su vida tiene tintes humorísticos, como cuando en Suecia fue a comprar bananas. “Yo como en Mozambique decenas de plátanos al día. En Suecia fui a una frutería y vi que troceaban las bananas en pequeñas porciones. Me extrañó, pero quería comer de nuevo mi fruta favorita. Pedí sólo una y cuando me dijeron el precio no me lo podía creer, con ese dinero compraba 100 en mi país. No pude pagarla”. Por último, en el aeropuerto de Johannesburgo, en el hotel que hay frente a la terminal internacional, obligó a que regaran las mustias plantas o se negaba a comer. “Ya había pedido y a los empleados no les quedó más remedio que regar el jardín”.

‘Vi una tala ilegal desde el aire y lloré’

Sirvan estos ejemplos para escenificar la vida de una amante de la naturaleza. En la actualidad, trabaja en el Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, repoblando un país en el que la deforestación por la venta de madera es importante. “En una ocasión me subieron a un helicóptero sin avisarme de lo que iba a ver. Desde el aire contemplé un área grande donde hacían tala ilegal y un incendio. Comencé a llorar». Muagura trabaja con las comunidades más humildes, enseñándoles a respetar el entorno. “Muchos de los que antes eran mis enemigos son ahora colaboradores que me ayudan en los viveros. En nada llegaré a la cifra de haber plantado en mi vida cien millones de árboles, llevo ya 97 millones”.
Además, él fue el artífice de acabar con un problema de picaduras de cobra en Guro, un poblado de Mozambique. “Me llamaron y contaron quemorían por sus picaduras cuatro personas cada seis meses. Pensé y decidí comprar 45 gatos y adiestrarlos”. Los encerró durante un tiempo y les fue dejando sin comida y acostumbrándolos en sucesivas pruebas a comer primero cobra a la brasa y luego viva. Los que no pasaban los exámenes los iba soltando. Al final quedó un ejército de 30 gatos que han provocado que sólo muera por picadura de cobra una persona cada dos años.
Por último, Muagura, el plantador de árboles al que la BBC hará en breve un reportaje, deja dos sentencias. ¿Quieres más a las plantas o a los hombres? “Quiero más a las plantas. Nosotros, los humanos, estamos destruyendo la naturaleza por no respetarla”. ¿En qué lugar del mundo plantarías un árbol si te dejaran elegir un único sitio? “En el lugar donde yo nací”.
Fuente: El Mundo.es

viernes, 1 de septiembre de 2023

Leopoldo María Panero


 Estoy aburrido de esto. Yo no soy un poeta maldito. De paso, en España me creen loco. Podré ser un monstruo pero no estoy loco. Sabes, te diré que sigo esperando que me den el Premio Nobel de Literatura. Ya llevo cuatro años y no me lo dan. Tal vez no me lo darán porque vivo en un manicomio y me llaman lo peor de España, el anticristo, el demonio.


Andre Aciman


 - ¿Tanto te gusta leer? - me preguntó mientras nos dirigíamos lentamente en la oscuridad hacia la piazzeta.
La miré como si me hubiese preguntado si me gustaba la música, o el pan con sal y mantequilla, o la fruta fresca en verano.
- No me malinterpretes - continuó - , a mi también me gusta leer. Pero no se lo digo a nadie.
Por fin alguien que dice la verdad, pensé. Le pregunté por qué no se lo decía a nadie.
- No lo sé... - esto parecía más una manera de solicitar tiempo para pensar o una forma de evadirse antes de contestar - . La gente que lee se oculta. Ocultan quiénes son. La gente que se esconde no siempre aprueba su propia forma de ser.

Charles Bukowski




"Tu vida es tu vida

No dejes que sea golpeada contra la húmeda sumisión

Mantente alerta

Hay salidas

Hay una luz en algún lugar

Puede que no sea mucha luz pero

vence a la oscuridad

Mantente alerta

Los dioses te ofrecerán oportunidades

Reconócelas .Tómalas

No puedes vencer a la muerte pero

puedes vencer a la muerte en la vida, a veces

y mientras más a menudo aprendas a hacerlo

más luz habrá

Tu vida es tu vida

Conócela mientras la tengas

Tu eres maravilloso

Los dioses esperan para regocijarse

en ti."

jueves, 31 de agosto de 2023

Sherwin B. Nuland

 Nadie muere de viejo, o al menos así estaría legislado si los estadísticos gobernasen el mundo. Todos los meses de enero, justo cuando la implacable tiranía del invierno ha impuesto su blanco dominio, el gobierno de Estados Unidos publica su Informe preliminar sobre las estadísticas de mortalidad. Ni entre las primeras quince causas de muerte, ni en ningún otro lugar de ese insensible sumario se puede encontrar una relación de los que simplemente se extinguen. Con obsesiva pulcritud, el informe asigna, en sus ordenadas columnas, una categoría clínica específica de alguna patología fatal a todos los octo y nonagenarios. Ni siquiera los pocos cuya edad se registra en tres dígitos escapan a la ordenada nomenclatura de los tabuladores. Por orden no sólo del Ministerio de Sanidad, sino también por el decreto universal de la Organización Mundial de la Salud todo el mundo ha de morir de una causa concreta. En treinta y cinco años de médico en ejercicio nunca he cometido la temeridad de escribir el término «vejez» en un certificado de defunción, porque sé que me devolverían el impreso con una escueta nota de algún funcionario informándome que había vulnerado la ley. En todo el mundo es ilegal morir de viejo. Los estadísticos parecen incapaces de aceptar un fenómeno natural a menos que esté tan bien definido como para encajar limpiamente en una categoría concreta y fácilmente delimitable. El informe anual de los contables federales de decesos es muy ordenado —no muy imaginativo y, en mi opinión, no refleja fielmente la vida real (y la muerte real)—, pero, eso sí, muy ordenado. Estoy convencido de que muchas personas mueren de vejez. Aunque haya anotado cualquier diagnóstico científico en los certificados de defunción oficiales para satisfacer al Departamento de Estadística, yo sé bien de qué han muerto esas personas. En un momento dado, alrededor del 5 por ciento de nuestros ancianos vive en residencias asistenciales. Si han estado allí más de seis meses, la inmensa mayoría nunca abandonará la residencia con vida, excepto quizás por un breve período terminal en un hospital, donde algún joven médico residente rellenará uno de esos certificados de defunción tan pulcros. ¿De qué mueren estos ancianos? Aunque sus médicos registren obedientemente causas diversas, tales como ataque cerebrovascular, o insuficiencia cardíaca, o neumonía, en realidad estos ancianos han muerto porque algo en ellos se ha consumido. Mucho antes del desarrollo de la medicina científica todo el mundo sabía esto. El 5 de julio de 1814, Thomas Jefferson, con setenta y un años, escribía a John Adams, de setenta y ocho: «Nuestras máquinas han estado trabajando setenta u ochenta años, y es de esperar que, con lo gastadas que están, empiecen a fallar, un eje por aquí, un disco por allá, después un piñón o un muelle; y aunque podamos remendarlas por un tiempo, a la larga acabarán parándose».

Rafael Pérez Gay


 

Ha Joon Chang



Medio siglo después de la debacle de Toyota, su marca de lujo, Lexus, se ha convertido en una especie de icono de la globaliza- ción, gracias al libro del periodista estadounidense Thomas Friedman The Lexus and the Olive Tree. Esta obra debe su título a una epifanía que Friedman tuvo en el "tren bala" Shinkansen durante su viaje a Japón en 1992. Había hecho una visita a una fábrica Lexus, la cual le impresionó en grado sumo. 

 Según Friedman, a menos que encajen en una serie concreta de políticas económicas que denomina "el corsé dorado", los países del mundo del olivo no serán capaces de unirse al mundo del Lexus. Al describir el "corse dorado", compendia en buena parte la ortodoxia económica neoliberal de nuestro tiempo: para encajar en él, un país debe privatizar las empresas de propiedad estatal, mantener baja la inflación, reducir el tamaño de la burocracia gubernamental, equilibrar el presupuesto (si no tiene superávit), liberalizar el comercio, desregular la inversión extranjera, desregular los mercados de capitales, hacer convertibles las divisas, reducir la corrupción y privatizar las pensiones.8 Según él, este es el único camino hacia el éxito en la nueva economía global. Su "corsé" es el único equipo adecuado para el duro pero emocionante juego de la globalización. Friedman es categórico: "Desgraciadamente, este corsé dorado es 'de talla única' [...]. No siempre es bonito, suave o cómodo. Pero está ahí y es el único modelo en la percha para esta temporada histórica".9 Sin embargo, la verdad es que si el gobierno japonés hubiera seguido a los economistas del libre comercio a principios de la década de 1960, no habría habido Lexus. En el mejor de los casos, ahora Toyota sería un socio minoritario de algún fabricante de coches occidental, o aun peor, habría desaparecido. Lo mismo habría podido decirse de toda la economía japonesa. Si el país se hubiera puesto el corsé dorado de Friedman antes, Japón habría seguido siendo la fuerza industrial de tercera clase que era en los años sesenta, con su nivel de ingresos en pie de igualdad con Chile, Argentina y Sudáfrica,10 un país cuyo primer ministro fue despachado de un modo insultante como "un vendedor de transistores" por el presidente francés, Charles de Gaulle.; ' En otras palabras, si los japoneses hubieran seguido el consejo de Friedman, ahora no estarían exportando Lexus sino que aún estarían discutiendo sobre quién es el dueño de qué morera (que da de comer a los gusanos de seda).

miércoles, 30 de agosto de 2023

EVA SANDOVAL

 «La mayoría de las visiones que tenemos sobre el peligro no son reales. Muchos jóvenes pasan horas bebiendo alcohol y perdiendo el sentido, pero eso no nos parece tan peligroso como pilotar una moto». De esta conversación en Montevideo quedó una idea clara: nuestros miedos son propios. Dejemos de traspasarlos a los que nos rodean para que puedan vivir sus vidas exactamente como hayan elegido vivirlas. En mi opinión, un verdadero peligro es vivir una vida sin hacer lo que amamos.

 Si un huevo se rompe por una fuerza exterior, la vida se acaba. Si un huevo se rompe por una fuerza interior, entonces la vida empieza. Grandes cosas ocurren en el interior.


Esta frase, que se atribuye comúnmente a Jim Kwik (aunque su esencia resuena en filosofías orientales y corrientes de desarrollo personal), es una metáfora brillante sobre la naturaleza del cambio, la autonomía y la resiliencia.

Si la analizamos a fondo, encierra una verdad psicológica y existencial profunda:

1. La fuerza exterior: La reactividad y la ruptura

Cuando la presión viene de fuera (expectativas sociales, crisis imprevistas, mandatos ajenos o el simple peso de las circunstancias), el individuo actúa como un sujeto puramente pasivo.

  • El cascarón se rompe y lo que hay dentro se dispersa o se destruye.

  • Representa el trauma no procesado o la alienación: permitir que el entorno defina el momento y la forma de nuestra ruptura. Es la vida que se acaba porque se pierde el control sobre el propio destino.

2. La fuerza interior: La maduración y la metamorfosis

Cuando el cascarón se rompe desde dentro, no es un acto de destrucción, sino de liberación.

  • El polluelo rompe el cascarón solo cuando ha alcanzado el nivel de desarrollo necesario para sostener su propia vida en el mundo exterior.

  • Aquí, la ruptura es sinónimo de nacimiento, despertar y soberanía. Representa las crisis que elegimos, los procesos de introspección, el cuestionamiento de nuestras propias creencias limitantes y la decisión consciente de cambiar.

3. "Grandes cosas ocurren en el interior"

El verdadero trabajo es invisible a los ojos del mundo. Antes de que se note cualquier cambio externo (la ruptura del cascarón), ha tenido que ocurrir un proceso biológico, químico y existencial silencioso en la penumbra.

Nadie ve la gestación, solo el nacimiento. En términos humanos, esto nos recuerda que el crecimiento real —el que perdura— no surge de la búsqueda de validación externa o de reaccionar a los golpes de la vida, sino de cultivar la fortaleza, el criterio y la voluntad en nuestra propia intimidad.

En conclusión: La metáfora nos invita a dejar de ser víctimas de las presiones del entorno y a convertirnos en los autores de nuestra propia transformación. El dolor del crecimiento interno es constructivo; la presión externa no gestionada, destructiva.

Ivan Ferreiro

 


Hay algo sobrenatural en tu manera de bailar

Hay veces, no muchas ni tampoco pocas
Que pienso en ti

Hay algo retorcido desde esta alegre impunidad
Hay noches, proclives a las averías
Que pienso en ti

Hay algo delicado, abandonarse a los demás
Hay noches que como muchas chucherías
Y pienso en ti

Son las miradas, lanzadas a la cara
Que me hacen recordar lo que me estoy perdiendo
Son las palabras, cargadas y agitadas
Que tienen el poder de transformar el tiempo
Desde esta cama

En mi manera de bailar desde esta alegre impunidad
Hay veces, no muchas ni tampoco pocas
Que pienso en ti


martes, 29 de agosto de 2023


 

 Claramente, hemos olvidado nuestra conexión con la naturaleza, sin comprender que sin ella, nosotros no podríamos subsistir. Los que ridiculizan la iniciativa de considerar a los árboles seres vivos,  se están ridiculizando así mismos al estar respirando el oxígeno procedente de un ser vivo, no de un objeto sin vida.

Los árboles son nuestros compañeros. Creciendo cerca de los edificios como ya he señalado, gracias a su efecto en el microclima, contribuyen a reducir hasta un 10%  el consumo energético de calentadores y radiadores, además de dar sombra en verano y ser una pantalla para frenar el viento invernal y las olas de frio y de calor.

Los Japoneses, desde hace milenios, siempre han venerado a los árboles y les ha dado la importancia que se merecen, hasta el punto de ser recomendado como terapia a muchos enfermos o personas estresadas, de darse baños de bosque, que significa el pasear entre árboles, oler sus esencias, escuchar el canto de sus moradores y disfrutar de la tranquilidad y belleza que desprende el caminar por sus senderos. Está demostrado científicamente y ya es aconsejable por parte de algunos médicos occidentales, que en estos baños en el bosque,  la tensión arterial disminuye, se potencia el sistema inmunitario, aumenta el nivel de energía, reduce ansiedad, depresión, ira, estrés y propicia un estado de relajación. Es un verdadero hospital verde del que podemos aprovecharnos. Es por ello que en grandes capitales de Japón, existes bosques señalados para esos baños imprescindibles para reforzar la salud de sus habitantes. Un ejemplo de ello está en los jardines del Shinjuku Gyoen que se encuentra justo en el centro de Tokio.

Uno de los programas de medicina forestal más ambicioso del mundo es el de Corea del Sur. El gobierno ha creado el Centro Nacional de Terapia Forestal, con 37 bosques nacionales de recreo y está formando a quinientos instructores de medicina forestal. El Plan Nacional de Bosques pretende con ello crear un estado de bienestar verde, en el que los bosques aporten felicidad a todo el mundo en todas las fases de su vida. Proteger nuestros bosques urbanos es tan importante como cuidar de nuestras selvas tropicales o bosques de montaña. Los árboles son una parte vital e integral de nuestra vida urbana como ya he señalado.

https://www.fronterad.com/los-arboles-seres-vivos/

Ernesto Sabato


 

Schrödinger

 


lunes, 28 de agosto de 2023

Gustavo Adolfo Bécquer




Las ondas tienen vaga armonía,
las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día,
yo algo mejor;
¡yo tengo Amor!

Aura de aplausos, nube radiosa,
ola de envidia que besa el pie.
Isla de sueños donde reposa
el alma ansiosa.
Dulce embriaguez
¡la Gloria es!

Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad.
Todo es mentira: la gloria, el oro,
lo que yo adoro
sólo es verdad:
¡la Libertad!

Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción
y a golpe de remo saltaba la espuma
y heríala el sol.
-¿Te embarcas? gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
Yo ya me he embarcado, por señas que aún tengo
la ropa en la playa tendida a secar.

Cristina Peri Rossi


 

w dyer

 


“Malgastar nuestra preciosa energía vital persiguiendo algo que no queremos, y ¡no tener nunca suficiente de lo que perseguimos sin descanso!”. Por suerte, este es un desequilibrio relativamente fácil de corregir, a pesar de lo que nos hayan dicho sobre las dificultades que supone vencer las adicciones. El concepto de combatir y vencer una adicción ya es un mal planteamiento de la cuestión; creo que debemos empezar por eliminar esas palabras de nuestro vocabulario. Martin Luther King, Jr., observó una vez que la única forma de convertir a un enemigo en un amigo es mediante el amor, no el odio o el combate.

domingo, 27 de agosto de 2023

ISAK DINESEN



“Cuando se hubieron acostumbrado a la idea de la poesía, me pedían: Habla otra vez. Habla como lluvia. Por qué sentían que el verso era como la lluvia es algo que no sé. Quizá sea una expresión de aplauso, porque en África la lluvia siempre es deseada y bienvenida.”


Raymond Carver


 Esa frase de Raymond Carver captura a la perfección una de las verdades más crudas y, al mismo tiempo, más liberadoras del oficio de escribir (y del arte en general). 
Citar a Isak Dinesen (el pseudónimo de Karen Blixen) para definir su propio norte es un testimonio de lo que Carver buscaba en su madurez creativa: el desapego del ego.

Escribir "sin esperanza y sin desesperación" es despojar al acto creativo de una carga emocional que a menudo lo paraliza.

Las dos trampas del creador

Para entender por qué Carver anhelaba ese estado, vale la pena desglosar los dos extremos que Dinesen proponía erradicar:

  • La Esperanza: Puede sonar contradictorio, pero la esperanza en la escritura a menudo se convierte en una trampa de expectativas. Es esperar el aplauso, la obra maestra instantánea, la validación externa o la genialidad en cada línea. La esperanza genera ansiedad por el futuro; te saca del papel y te pone a pensar en el éxito de la página terminada.

  • La Desesperación: Es el reverso de la moneda. El miedo a la página en blanco, la voz autocrítica que dice que nada de lo que haces vale la pena, el peso del fracaso previo o la convicción de que el talento se ha esfumado. La desesperación paraliza el presente.

El refugio del oficio

Al eliminar ambas, ¿qué queda? El oficio puro. Queda el "escribir un poco cada día".

Se convierte en un acto casi monacal, una rutina desprovista de melodrama. Si lo que escribiste hoy es brillante, no te elevas hasta el cielo (sin esperanza); si lo que escribiste es mediocre, no te hundes en la miseria (sin desesperación). Mañana te vas a sentar a escribir otra vez, de todos modos.

Para Carver, un autor que batalló con el alcoholismo, las carencias económicas crónicas y la presión de moldear el realismo sucio americano, esa ecuanimidad no era solo una postura estética, era una estrategia de supervivencia. Era la única manera de mantener la mirada limpia y la mano firme sobre la máquina de escribir.

Es el ideal de ver la escritura no como un arrebato místico ni como un tormento existencial, sino como una práctica diaria, constante y extrañamente pacífica.

 Quiérenos al destino quiérenos

Déjanos antes de acostarnos

Júntanos al camino júntanos

Otra vez antes de matarnos

Miguel Conejo Torres

sábado, 26 de agosto de 2023

Mohammed Ali


 

Jack london



 También llevé el collar de hierro de los siervos alrededor de mi cuello en parajes helados; amé a princesas de casas reales en la cálida y perfumada noche tropical, donde esclavos negros refrescaban el sofocante aire con abanicos de plumas de pavo real, mientras, desde la lejanía, más allá de las fuentes y de las palmeras, llegaban a mis oídos rugidos de leones y aullidos de chacales. Pasé más de una noche en algún desierto helado, acurrucado, calentando mis manos en las fogatas alimentadas con estiércol de camello; y me quedé tumbado bajo la escasa sombra de arbustos resecos de artemisas junto a charcos evaporados, implorando agua con la lengua seca, mientras a mi alrededor, desmembrados y esparcidos sobre la tierra alcalina, se hallaban los huesos de hombres y animales que habían muerto implorando un poco de agua.

    He sido lobo de mar y aventurero, erudito y asceta. Me he inclinado sobre páginas manuscritas de tomos inmensos y mohosos, en la quietud escolástica de monasterios colgados de los acantilados, mientras más abajo, en las laderas, los campesinos seguían trabajando entre las vides y los olivos hasta mucho después de la caída del sol, cuando traían de los pastos a las cabras balando y al resto del ganado; sí, he guiado a muchedumbres que gritaban desaforadas por el empedrado erosionado de antiguas y olvidadas ciudades; y, con voz solemne y grave como la muerte, he enunciado la ley, expresado la gravedad de la infracción y he condenado a muerte a hombres que, como Darrell Standing en la cárcel de Folsom, habían violado la ley.
    Arriba, en lo alto de los mástiles que se balanceaban sobre las cubiertas de los barcos, he contemplado los destellos del sol en el agua, donde el coral resplandecía desde las abismales profundidades de color turquesa, guiando a los barcos hacia la seguridad de albuferas cristalinas, donde las anclas calaban junto a playas de rocas de coral y a frondosas palmeras sacudidas por el oleaje; y he luchado en antiguos campos de batalla, ya olvidados, cuando el sol caía sobre la incesante matanza, que se prolongaba durante las horas de la noche, bajo la luz de las estrellas, mientras un viento frío soplaba desde las cumbres nevadas, incapaz de enjugar el sudor de la batalla; y también he sido el pequeño Darrell Standing, descalzo por la hierba húmeda de rocío en la granja de Minnesota, o con las manos llenas de sabañones, en las mañanas heladas en las que alimentaba al ganado en los establos rezumantes de vaho, sobrecogido y asustado ante el esplendor y el terror de Dios cuando me sentaba los domingos a escuchar el furibundo sermón de la Nueva Jerusalén y las agonías del fuego eterno.

viernes, 25 de agosto de 2023

 El Tao devenga enormes dividendos una vez que asimilamos que la vida y la muerte —la existencia y la no existencia— son sólo una manifestación más del yin y el yang. A muchos occidentales nos cuesta comprender este concepto porque hemos crecido en una cultura materialista que por defecto enfatiza las «cosas». De ahí que las personas se centren demasiado en asuntos de la existencia mundana —casas, coches, escuelas, ropa, profesiones, impuestos, política y escándalos— y que descuiden los usos de la no existencia. Apreciar la no existencia nos permite existir más plenamente. Y debemos enfrentarnos al vacío para alcanzar esa plenitud. Un bebé aparece cuando se vacía el útero. Una mente serena emerge cuando se vacía el ego. Una vida es dichosa cuando se ha vaciado del miedo a la muerte. Centrándonos en el vacío, apreciamos la plenitud. Desde un punto de vista cósmico, incluso la vida humana más larga, pongamos de un siglo, es un mero parpadeo de conciencia, una luciérnaga que brilla durante un ahora en una eterna sucesión de noches de verano. Para abrazar la idea de que la vida tiene un origen (el Tao) al que un día regresará para manifestarse de nuevo en otras formas hay que darse cuenta de que la existencia y la no existencia están vinculadas. Tu ego será disuelto por la muerte, pero tu energía vital será reciclada y transformada. Mientras que los científicos occidentales necesitaron siglos para descubrir las leyes de conservación que gobiernan a las energías no vivas, los antiguos filósofos chinos e hindúes entendieron que las energías vivas también se conservan.

Borges


 

Joseph Conrad


 Esa frase de Joseph Conrad despoja a la existencia de cualquier adorno y la reduce a su elemento más crudo: la confrontación directa. 

No hay espacio para la evasión, el rodeo o el autoengaño. Para un autor que exploró como pocos los abismos de la condición humana y el aislamiento, el conflicto no es una opción modificable, sino el único terreno donde se define el carácter.

Mirar al problema de frente —ya sea una tormenta en alta mar, una crisis interna o el peso de la realidad— es, en sí mismo, el primer acto de resolución. 

La evasión solo dilata el problema y agiganta la sombra de lo que tememos.

jueves, 24 de agosto de 2023

“La tristehistoria de África es que siempre que se encuentra algo de valor, sus habitantes sufren y mueren en la miseria.”


 

Pita Amor



 Le gusta cómo vengo vestida? Hay que tener agallas para salir a la calle vestida así, ¿eh? Me puede servir coca-cola. Nosotros sabemos que en el Olimpo no se bebe alcohol, el alcohol es para la servidumbre, ¿está usted de acuerdo?

-Si usted lo dice...
-Bien, como estamos de acuerdo podemos seguir. Me agrada esta mecedora, una mecedora son todas las sillas en una silla, desde un trono real hasta una silla eléctrica. Claro, esta mecedora va en otro boleto, es divina... ¿me puedo sentar en ella?
-Por supuesto.
-Gracias, esta mecedora en que me he sentado es única. Cada cosa es única, ¿está de acuerdo?
-Sí, estoy de acuerdo.
-Bien, como seguimos de acuerdo podremos ser amigos. Yo siempre he creído que cada cosa es única... este instante, preciso, exacto, en que conversamos, nunca más volverá a repetirse, ¡aunque nos juntemos infinitas veces! No se repetirá porque yo nunca estaré pensando lo mismo, ni usted... nunca se bebe dos veces agua de un mismo río, ¿está de acuerdo?
-Sí.
-Bien, como ya somos amigos me puede llamar "Pita". Así me llaman mis amigos, ¿no le molesta si dibujo mientras conversamos? Vea usted mi bolso dorado, es dorado porque es mágico, aquí traigo mis cartones y mis lápices de colores... óigame, la vida siempre continúa, ¿no le parece? Todo continúa porque todo termina y cambia, ¿está de acuerdo? ¿Le puedo llamar a usted por su nombre?
-Por supuesto.

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