Esa frase de Joseph Conrad despoja a la existencia de cualquier adorno y la reduce a su elemento más crudo: la confrontación directa.
No hay espacio para la evasión, el rodeo o el autoengaño. Para un autor que exploró como pocos los abismos de la condición humana y el aislamiento, el conflicto no es una opción modificable, sino el único terreno donde se define el carácter.
Mirar al problema de frente —ya sea una tormenta en alta mar, una crisis interna o el peso de la realidad— es, en sí mismo, el primer acto de resolución.
La evasión solo dilata el problema y agiganta la sombra de lo que tememos.

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