Durante mucho tiempo la psicología pensó que la inteligencia era una sola cosa.
Una especie de motor general dentro del cerebro que algunos tenían más potente que otros.
A esa idea se le llamó factor g y fue propuesta por el psicólogo Charles Spearman a comienzos del siglo XX.
La teoría decía: si alguien es bueno en matemáticas, memoria, lógica y lenguaje, probablemente hay una capacidad mental general detrás.
Como si la mente tuviera un solo músculo grande.
Durante décadas esa idea dominó la psicología.
Pero luego apareció un profesor con una sospecha incómoda.
La rebelión de las inteligencias múltiples
En los años 80, el psicólogo de Universidad de Harvard, Howard Gardner, propuso algo radical:
Quizás no existe una sola inteligencia.
Quizás existen muchas.
A esta idea la llamó Teoría de las inteligencias múltiples.
Gardner observó algo curioso: personas brillantes en un área podían ser completamente normales en otras.
Un gran matemático podía ser torpe socialmente.
Un músico genial podía tener dificultades con la lógica formal.
Entonces propuso varios tipos de inteligencia.
Algunas de ellas
Inteligencia lógico-matemática
Resolver problemas abstractos, números, patrones.
Inteligencia lingüística
Usar el lenguaje con precisión y belleza.
Aquí entrarían escritores como Gabriel García Márquez.
Inteligencia musical
Percibir ritmo, tono, armonía.
Algo que poseía en exceso Wolfgang Amadeus Mozart.
Inteligencia espacial
Imaginar formas, estructuras y relaciones en el espacio.
Arquitectos o artistas suelen tenerla muy desarrollada.
Inteligencia interpersonal
Entender a otras personas: emociones, intenciones, motivaciones.
Habilidad clave en líderes como Nelson Mandela.
Inteligencia intrapersonal
Comprenderse a uno mismo: emociones, motivaciones, límites.
El golpe a la idea tradicional
Esta teoría cambió la pregunta.
En lugar de preguntar:
“¿Qué tan inteligente es esta persona?”
empezó a preguntarse:
“¿En qué forma es inteligente esta persona?”
Es una diferencia pequeña… pero filosóficamente enorme.
La crítica
Muchos científicos aceptan que hay diferentes habilidades cognitivas, pero también dicen que Gardner amplió demasiado la palabra “inteligencia”.
Aun así, su idea tuvo un impacto enorme en educación porque recordó algo olvidado:
La mente humana no es una sola herramienta.
Es más bien una caja llena de instrumentos distintos.
La imagen final
Imagina una orquesta.
Un violinista brillante no es menos músico que un gran pianista, solo usa otro instrumento.
Con la inteligencia pasa algo parecido.
No hay una sola forma de ser brillante.
Hay muchas melodías posibles dentro del cerebro humano.
Y aquí aparece otra pregunta que intriga a los neurocientíficos:
¿los animales pueden ser inteligentes… o la inteligencia es algo exclusivamente humano?
La respuesta es sorprendente, porque algunos animales han demostrado habilidades que durante siglos creímos únicamente nuestras.
A esa idea se le llamó factor g y fue propuesta por el psicólogo Charles Spearman a comienzos del siglo XX.
La teoría decía: si alguien es bueno en matemáticas, memoria, lógica y lenguaje, probablemente hay una capacidad mental general detrás.
Como si la mente tuviera un solo músculo grande.
Durante décadas esa idea dominó la psicología.
Pero luego apareció un profesor con una sospecha incómoda.
La rebelión de las inteligencias múltiples
En los años 80, el psicólogo de Universidad de Harvard, Howard Gardner, propuso algo radical:
Quizás no existe una sola inteligencia.
Quizás existen muchas.
A esta idea la llamó Teoría de las inteligencias múltiples.
Gardner observó algo curioso: personas brillantes en un área podían ser completamente normales en otras.
Un gran matemático podía ser torpe socialmente.
Un músico genial podía tener dificultades con la lógica formal.
Entonces propuso varios tipos de inteligencia.
Algunas de ellas
Inteligencia lógico-matemática
Resolver problemas abstractos, números, patrones.
Inteligencia lingüística
Usar el lenguaje con precisión y belleza.
Aquí entrarían escritores como Gabriel García Márquez.
Inteligencia musical
Percibir ritmo, tono, armonía.
Algo que poseía en exceso Wolfgang Amadeus Mozart.
Inteligencia espacial
Imaginar formas, estructuras y relaciones en el espacio.
Arquitectos o artistas suelen tenerla muy desarrollada.
Inteligencia interpersonal
Entender a otras personas: emociones, intenciones, motivaciones.
Habilidad clave en líderes como Nelson Mandela.
Inteligencia intrapersonal
Comprenderse a uno mismo: emociones, motivaciones, límites.
El golpe a la idea tradicional
Esta teoría cambió la pregunta.
En lugar de preguntar:
“¿Qué tan inteligente es esta persona?”
empezó a preguntarse:
“¿En qué forma es inteligente esta persona?”
Es una diferencia pequeña… pero filosóficamente enorme.
La crítica
Muchos científicos aceptan que hay diferentes habilidades cognitivas, pero también dicen que Gardner amplió demasiado la palabra “inteligencia”.
Aun así, su idea tuvo un impacto enorme en educación porque recordó algo olvidado:
La mente humana no es una sola herramienta.
Es más bien una caja llena de instrumentos distintos.
La imagen final
Imagina una orquesta.
Un violinista brillante no es menos músico que un gran pianista, solo usa otro instrumento.
Con la inteligencia pasa algo parecido.
No hay una sola forma de ser brillante.
Hay muchas melodías posibles dentro del cerebro humano.
Y aquí aparece otra pregunta que intriga a los neurocientíficos:
¿los animales pueden ser inteligentes… o la inteligencia es algo exclusivamente humano?
La respuesta es sorprendente, porque algunos animales han demostrado habilidades que durante siglos creímos únicamente nuestras.
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