lunes, 2 de marzo de 2026

 Muy diferentes son las cualidades del bario (Ba), un metal con fama de pesado que sin embargo no lo es tanto, por más que algunos de sus compuestos sí que lo sean. 

De hecho, algunos, como el sulfato de bario, lo son hasta el punto de que se utilizan en la perforación de pozos petrolíferos porque su densidad permite que floten encima los trozos de roca y así es posible sacarlos. 

Este sulfato también es opaco bajo la acción de los rayos X, de modo que se utiliza mucho para el examen del aparato digestivo. 

Y el caso es que la relación del elemento con los rayos X empezó justamente al revés, cuando un buen día de 1895 el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen (1845-1923) observó desconcertado como una pantalla impregnada de cianuro de bario emitía un extraño resplandor fantasmal en la vecindad del tubo de rayos catódicos con el que estaba trabajando. 

Röntgen acababa de cubrir el tubo con un cartón negro, por lo que los electrones que se producían dentro del mismo no podían atravesarlo, y tampoco la luz del sol podía ser la responsable. ¿Qué demonios estaba sucediendo? Algún tipo de radiación invisible parecía salir del tubo, de modo que el intrigado físico se dispuso a bloquearla. Cuenta la leyenda que lo intentó primero con un naipe y luego con el mazo entero. Tanto daba. La misteriosa fluorescencia seguía allí. A continuación lo intentó con un libro y casi se cae redondo cuando observó en la pantalla la silueta de la llave que le servía de separador de páginas. Atónito ante lo que estaba sucediendo, intentó ahora bloquear la radiación sujetando una lámina de plomo. Cuando la pantalla le devolvió la imagen de lo que no podía ser otra cosa que los huesos de su mano, Röntgen dejó escapar un grito ahogado. 

En los meses que siguieron, el escrupuloso físico se esforzó en comprobar que no se había vuelto loco, utilizando placas fotográficas para investigar qué objetos o sustancias parecían ser más o menos transparentes a la misteriosa radiación, a la que bautizó como «rayos X», el símbolo matemático de la incógnita. 

Una de las fotografías se ha hecho célebre: es la radiografía de la mano izquierda de su mujer mostrando el nítido contorno del anillo que llevaba en el dedo anular. Cuando publicó sus resultados, muchos creyeron que se trataba de un fraude, pero pronto laboratorios de todo el mundo empezaron a comunicar resultados similares que confirmaban el potencial de los nuevos rayos para atravesar con facilidad un gran número de materiales. 

Röntgen ganó el Premio Nobel y sus rayos espectrales llegaron a revolucionar disciplinas científicas enteras, tales como la cristalografía o la medicina.

Alejandro Navarro 

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