sábado, 21 de marzo de 2026


 Buñuel decía que el cine debía parecerse más a los sueños que a la lógica cotidiana. Pero no era solo teoría: lo llevaba a la práctica de forma casi ritual. Durante años, cada mañana, al despertar, anotaba meticulosamente sus sueños antes de que se desvanecieran. Los consideraba materia prima más valiosa que cualquier guion “racional”.

Una vez contó que, estando con Salvador Dalí, ambos decidieron crear una película basada exclusivamente en imágenes que les hubieran impactado en sueños. De esa dinámica nació Un chien andalou.

La anécdota clave: Buñuel relató que uno de sus sueños incluía una nube cortando la luna como una navaja… y Dalí mencionó haber soñado con una mano llena de hormigas. No intentaron “entender” nada. Simplemente dijeron: eso es cine.

El resultado fue la famosa escena del ojo siendo cortado —una de las imágenes más perturbadoras de la historia del cine— que no nació de una idea intelectual, sino de la lógica brutal e inexplicable del inconsciente.

Lo interesante aquí es la lección implícita de Buñuel:
no confiaba del todo en la razón. Pensaba que la mente consciente censura, domestica, vuelve todo aceptable. En cambio, el sueño revela lo que realmente somos… sin permiso, sin moral, sin estructura.

En otras palabras:
mientras muchos artistas intentan decir algo, Buñuel prefería dejar que algo se manifestara.

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