lunes, 9 de marzo de 2026

 En una célebre carta remitida al editor Von Ficker, a quien quería convencer del interés de su libro Tractatus Logico-Philosophicus para que se lo publicara, le decía:

 «Mi trabajo consta de dos partes: la que aquí aparece y todo aquello que no he escrito». 

Y remataba afirmando, se diría que con cierta retranca: «Es esa segunda parte precisamente la más importante.

esa frase de Wittgenstein es una bomba filosófica envuelta en ironía seca.

1. El Tractatus y su ambición

El Tractatus Logico-Philosophicus intenta algo brutalmente ambicioso: marcar los límites de lo que puede decirse con sentido.
No explicar el mundo, sino mostrar qué tipo de proposiciones tienen sentido lógico y cuáles no.

Su tesis central podría resumirse así:

De lo que se puede hablar, se puede hablar claramente; de lo que no, hay que callar.

Es decir: el lenguaje tiene fronteras. Y la filosofía, según el Wittgenstein joven, no debe cruzarlas con palabrería.


2. “La parte que no he escrito”

Cuando le dice a Von Ficker que su libro tiene dos partes —la escrita y la no escrita— está diciendo algo radical:

  • Lo escrito: lógica, lenguaje, proposiciones, estructura del mundo.

  • Lo no escrito: ética, estética, sentido de la vida, valor, Dios, lo verdaderamente importante para vivir.

Y aquí viene la paradoja deliciosa:
todo eso que más importa no puede decirse sin traicionarlo.

No es que no exista. Es que no cabe en proposiciones.


3. Lo importante no se dice, se muestra

Para Wittgenstein:

  • La ciencia describe hechos.

  • El lenguaje lógico ordena esos hechos.

  • Pero el valor, el sentido, lo ético, lo místico… no son hechos.

No son cosas “en el mundo” como una mesa o una guerra.
Son el marco desde el cual el mundo tiene sentido.

Por eso no se explican:
👉 se viven, se muestran en la manera de estar en el mundo.


4. La retranca (muy wittgensteiniana)

Cuando dice que la parte no escrita es la más importante, hay un guiño casi socrático:

  • El libro entero es una escalera.

  • Te subes por ella.

  • Y cuando entiendes, la tiras.

Él mismo lo dice al final del Tractatus:

Quien me entiende reconoce que mis proposiciones son sinsentidos.

No porque sean tontas, sino porque ya cumplieron su función: llevarte hasta el límite del lenguaje.


5. Lo que está en juego (y por qué sigue siendo actual)

Wittgenstein está lanzando una advertencia feroz:

  • La modernidad cree que todo se puede explicar.

  • Que más palabras = más verdad.

  • Que lo importante es lo que se mide, se define, se cuantifica.

Y él dice: no.
Lo más decisivo para una vida humana empieza justo donde el lenguaje se queda corto.

La ética no es un manual.
El sentido no es una teoría.
La vida buena no es una proposición verdadera.


6. En el fondo…

Esa carta es casi una confesión:

He escrito un libro para mostrarte que lo que importa no cabe en libros.

Y ahí está la incomodidad que todavía duele:
podemos hablar horas de política, economía o lógica…
pero lo que hace que todo eso valga la pena no se deja atrapar por discursos.

Eso se vive.
O se pierde.

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