Todas estas son ofertas, sin embargo, que no necesariamente traerán contento.
Más bien al contrario, su efecto tiende a incrementar la angustia y la inseguridad.
Jennifer
Niesslein, editora de una revista, se propuso tratar de resolver todos
los problemas de su vida valiéndose exclusivamente de los consejos para
encontrar la plenitud y la felicidad disponibles en un buen surtido de
libros de autoayuda.
El resultado, su libro Practically Perfect in Every Way [Casi perfecta en todos los sentidos]
,
narra el proceso que la condujo —tras dos años asimilando consejos para
bajar de peso, ordenar la casa, ser una mejor madre o una mejor pareja y
llevar su existencia a un plano de total serenidad— a padecer de graves
ataques de pánico.
La lectura de esos libros, en
vez de traerle contento, se lo arrebató. Aquellas guías para la
autorrealización no solo le consumían todo su tiempo, sino que le
fijaban objetivos —tener la cocina impecable, preparar tres platos
caseros al día, adquirir más y mejores herramientas para comunicarse con
los demás— que, una vez logrados, no reportaban el placer prometido.
Incluso el peso que había llegado a perder por medio de un ejercicio
físico riguroso acabó retornando en pocos meses.
Al final de ese
proceso, Niesslein llegó a una conclusión de por qué las personas
prefieren hacer caso a ese tipo de libros antes que plantearse un cambio
por sí mismas y en sus propios términos: “Hijos, trabajo, pareja… son
tantas las responsabilidades a asumir en lo individual que, cuando se
abre la posibilidad de que otro nos diga qué es lo que hay que hacer, la
sensación es de alivio.
¿Por qué sucede entonces
que, en el mundo desarrollado, la apertura individual a un mayor número
de elecciones conlleva, en vez de una satisfacción por una supuesta vida
más personalizada y ajustada de acuerdo con nuestras preferencias, un
sentimiento cada vez más grande de angustia y hasta de culpa e
inadecuación?
¿Y cómo es que, para aliviar esa angustia, las personas
aceptamos seguir los diversos consejos de horóscopos y especialistas en
marketing o los consejos de belleza de los fabricantes de cosméticos,
nos dejamos guiar por los pronósticos de consultores económicos y, en
nuestras relaciones, por los libros de autoayuda?
Dado que cada vez más gente hace caso a todos estos “expertos” que
supuestamente piensan en nuestro bienestar, parecería ser que, en el
fondo, lo que estamos reclamando es que nos quiten cuanto antes la carga
de tener que elegir.
Renata salecl
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