jueves, 15 de enero de 2015

El enigmático mal de Constance, la mujer de Oscar Wilde

La correspondencia privada de la esposa del escritor revela que sufría esclerosis múltiple

Murió tras operarla un médico que pretendía curar en el útero problemas neurológicos


Constance Lloyd, fotografiada durante su estancia en Heidelberg en 1896, dos años antes de morir. / MERLIN HOLLAND (THE LANCET)
En aquellos días, el mundo no hablaba de otra cosa que de Cuba, los barcos de guerra de EE UU y la decadencia española como actor protagonista en el mundo. Era abril de 1898 y una mujer dolorida, mermada, casi derrotada, ponía sus últimas esperanzas de recuperación en un quirófano genovés, después de casi una década de combate contra una cruel y misteriosa enfermedad. Días después, moría Constance Holland incapaz de recuperarse de esa equivocada intervención. Nacida Constance Lloyd, fue con el apellido Wilde de su marido con el que comenzaron parte de sus desdichas, en un tiempo en el que algunos médicos trataban con recelo a la mujer solo por serlo.
Constance conoció a Oscar en una fiesta londinense en 1879. Los dos eran dublineses, inteligentes, audaces. Se casaron y tuvieron dos niños. Después de escribir obras de la calidad de El retrato de Dorian Gray, y mientras La importancia de llamarse Ernesto seguía en cartel en Londres, Óscar Wilde fue encarcelado por "grave indecencia" —homosexual— tras un humillante proceso. Constance, que ya se había hecho un nombre como escritora y feminista combativa, cambió su apellido y huyó del escándalo hasta Génova, llevando con ella a sus hijos y esa enfermedad que la vencía poco a poco. Las causas de su muerte se desconocían hasta ahora: se culpó a una caída por las escaleras y —mucho mejor para las malas lenguas— una sífilis que le hubiera contagiado su marido.

Estoy cansada de los médicos y de que ninguno descubra qué hacer conmigo", confesaba
Ahora, la memoria de Constance se recupera y todas esas leyendas quedan aparcadas gracias al trabajo de su nieto Merlin Holland, dedicado a limpiar con verdades (incluso científicas) la sombra de escándalo y oprobio que todavía persigue a sus abuelos. Sin embargo, entristece todavía más si cabe ese final al conocer su desdichado historial médico, reconstruido por Holland y la doctora Ashley Robins a partir de 130 cartas que ella se cruzó con su hermano Otho. Robins ya descifró las causas de la muerte de Óscaren un artículo en la revista The Lancet en 2000 —desmintiendo también que hubiera muerto por culpa de la sífilis— y ahora, en esta misma revista, desentraña síntoma a síntoma los males de Constance. Esclerosis múltiple fue su enfermedad, pero no la causa de su muerte.
Los primeros problemas empezaron en 1889, con un episodio de cojera en la pierna izquierda que la obligó a usar un bastón. Tras dos años tranquilos, unos intensos dolores (sobre todo en los brazos) la postraron en la cama. Ya en 1893, volvía el severo malestar, con dolores de cabeza y espalda. Un año después, sus problemas de movilidad se agravaban y, coincidiendo con el proceso a Óscar, caminar ya era un suplicio. Es 1895, está en Génova y se pone en manos de un ginecólogo llamado Luigi Maria Bossi, que logra recuperarla momentáneamente gracias a un procedimiento que no se detalla en la correspondencia que sirve de base para este estudio. Ella hablaba de "reumatismo" y "neuralgia", ¿y se deja intervenir por un ginecólogo para remediarlo? Saltan las alarmas.

Desesperada, se puso en manos de un ginecólogo especializado en extirpar ovarios para luchar contra enfermedades mentales
Durante una estancia en Heidelberg se somete a unas extrañas curas —pero en boga—, que incluyen baños y electricidad, pero los especialistas siguen sin dar con el origen de sus males. "Estoy cansada de los médicos y de que ninguno descubra qué hacer conmigo", escribe Constance a su hermano a finales de 1896. De vuelta a Génova, el dolor es intenso, tiene temblor en los brazos, dolores de cabeza, fatiga extrema, episodios de parálisis facial... "Durante los primeros siete años, el cuadro clínico fue dominado por episodios agudos intermitentes seguidos por largos períodos de recuperación; en los últimos dos años se convirtió en una discapacidad permanente con deterioro gradual", escribe Robins en The Lancet. "Un diagnóstico probable es la esclerosis múltiple", resuelve la especialista.
Todo indica que padecía esta enfermedad con la que hoy cargan más de dos millones de personas en todo el mundo. La esclerosis múltiple ya estaba descrita desde 1868 pero, sin duda, su diagnóstico no estaba tan extendido como hubiera necesitado Constance. Porque todavía le esperaba lo peor. Agotada, recuperó el contacto con Bossi, médico de gran reputación que, al margen de otros logros, estaba convencido junto a otros muchos colegas de que el sistema reproductor femenino podía inducir locura —"locura pélvica", histeria—, cuyo remedio era la extirpación de ambos ovarios. Bien entrado el siglo XX, Bossi seguía curando enfermedades neurológicas y mentales con operaciones ginecológicas. Algunos síntomas de la señora Holland le hicieron pensar a Bossi que un tumor uterino provocaba la debilidad de sus piernas.

Los síntomas que Constance describe en las cartas a su hermano encajan con la esclerosis múltiple, que ya se conocía en la época
Desesperada, se dejó operar el 2 de abril de 1898, casi un año después de la excarcelación de Óscar. El resultado de la intervención, desastroso, dejó a Constance sufriendo vómitos intratables. Deshidratada y sin suero intravenoso, fue debilitándose hasta morir el día 7 de abril. Una feminista pionera moría víctima de las malas artes de un médico que buscaba el origen de los males en el sexo de las mujeres.
Otho Holland, golpeado y hundido por la muerte repentina de su hermana, contempla un litigio contra el cirujano "pero fue disuadido porque Constance había aceptado voluntariamente la operación, después de que Bossi le convenciera de que la cirugía aliviaría sus discapacidades", escriben Holland y Robins. El ginecólogo italiano, que siguió con sus prácticas a pesar del rechazo de sus colegas, sería suspendido por mala praxis 20 años después de la muerte de Constance. En 1919, el marido celoso de una paciente mataba a Bossi en su consulta, tras hacer lo mismo con ella y justo antes de suicidarse.

martes, 13 de enero de 2015

La Gran Contradicción de La Medicina

La Gran Contradicción de La Medicina, que nadie quiere afrontar…


Este es un asunto controvertido, que provoca reacciones airadas y muchas veces irreflexivas. Podríamos considerarlo casi como un tema tabú en nuestra sociedad, pues nos enfrenta con una de esas “verdades inviolables” y comúnmente aceptadas que sostienen el Sistema en pie. Y todo arranca de una pregunta bien simple… ¿Cómo gana dinero un médico o un farmacéutico?


Y es que responder a esta pregunta nos lleva de cabeza a una de las paradojas más absurdas del mundo actual. Pues resulta que tu médico o tu farmacéutico solo ganan dinero cuando estás enfermo. De hecho, toda la industria de la medicina y la farmacia ganan dinero gracias a la enfermedad.
Llegados a este punto, una mente con una mínima capacidad de raciocinio debería preguntarse: si la medicina y la farmacia ganan dinero con la enfermedad ¿qué interés pueden tener estas grandes industrias en que estemos sanos?
Es un argumento tan lógico y obvio que resulta indignante y incluso descorazonador que nadie quiera aceptarlo como una realidad.
Para comprender mejor las implicaciones de este razonamiento, profundicemos un poco más, utilizando la lógica más simple.
Si relacionamos el negocio de la medicina y la farmacia con el estado de sus pacientes, veremos que sus ganancias se dirimen a través de 3 ecuaciones básicas:
ENFERMO = DINERO
SANO = POSIBLE GANANCIA FUTURA
MUERTO = GANANCIA NULA
Eso dibuja 2 esquemas de negocio básicos:
A-En el primero, se gana dinero gracias a la alternancia cíclica en el estado Sano-Enfermo de los pacientes. A mayor frecuencia en la aparición del estado “enfermo”, mayores oportunidades de ingreso cíclicas.

B-En el segundo
, aún más óptimo, se gana dinero gracias a la enfermedad continuada en el tiempo, es decir, a la enfermedad crónica.
En ambos casos, es esencial ofrecer la suficiente calidad de vida al paciente para que siga sufragando el tratamiento y ante todo, evitar o posponer su muerte, pues ésta significaría el fin de los ingresos.
Queda claro pues, que la salud completa, en ningún caso implica ganancias.
En cambio, la enfermedad, siempre las garantiza.
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Sabemos que éste es un argumento chocante, pero por más vueltas que le demos, es la pura realidad.
Quizás deberíamos dejar de calificar a la medicina y a la farmacia como “ciencias de la salud” y empezar a llamarlas “ciencias de la enfermedad”, ¿no?
Evidentemente, no estamos diciendo que los médicos no se interesen por la salud de sus pacientes o que promuevan la proliferación de enfermedades.
Los médicos, como personas y como profesionales quieren lo mejor para sus pacientes y aplican todos sus conocimientos, procedentes de la educación recibida, en devolver la salud a las personas enfermas.
Pero la clave reside precisamente aquí. En la educación recibida por parte de los médicos. Es decir, en cómo se les han transmitido los conocimientos.
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Porque lo cierto es que desde que acceden a la facultad de medicina, son entrenados y educados para formar parte de la industria médico-farmacéutica y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento, de la misma forma que un soldado es entrenado y educado para formar parte de un ejército y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento.
Siguiendo estas mismas lógicas, la industria farmacéutica gana inmensas cantidades de dinero gracias a la enfermedad, de la misma manera que la industria armamentística gana inmensas cantidades de dinero gracias a la guerra.
Y llegados hasta aquí, ¿no resultaría muy ingenuo pensar que la industria farmacéutica promueve la salud? ¿O es que acaso alguien imagina a un fabricante de armas promoviendo la paz en el mundo?
Como vemos, la relación y la influencia que ejerce la industria armamentística sobre el mundo militar, es análoga a la que ejerce la industria farmacéutica sobre el mundo de la medicina. Ambas industrias instrumentalizan a aquellos que “usan sus productos” en el ejercicio de su desempeño profesional.
No es disparatado pensar que utilizarán parte de su inmenso poder económico en influir en la educación o programación de los médicos y los farmacéuticos, aquellos que el día de mañana deberán seguir garantizando que el esquema de negocio continúe.
Así pues, es lógico pensar que todo el conocimiento relativo a la medicina y a la farmacia está orientado para adaptarse a la lógica de negocio “enfermedad=dinero”.
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Sin duda habrá lectores que se estarán tirando de los pelos de la cabeza.
Para empezar, porque aceptar esta realidad choca con sus concepciones más profundamente arraigadas.
Sería tanto como admitir que la ciencia puede pervertirse por amor al dinero. Algo inconcebible en la mente inocente de muchas personas, que creen que el mundo de la ciencia es algo puro e incólume, poblado por hombres sabios e íntegros que como ángeles ataviados con batas blancas, ponen su intelecto al servicio del bienestar humano de forma desinteresada.
A estas personas, deberíamos recordarles que TODAS las armas del mundo, tanto convencionales como de destrucción masiva han sido creadas por científicos. TODOS los desastres ambientales, desde los vertidos petrolíferos hasta la contaminación química o radiactiva, habrían sido imposibles sin la implicación directa del mundo científico, al servicio de la codicia más desenfrenada.
El mundo de la ciencia no está formado por seres superiores, sino por personas normales, tan corruptas, codiciosas e inconscientes como lo pueda ser cualquier otro colectivo humano.
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Pero volvamos a centrarnos de nuevo en el mundo de la medicina y en la perversa lógica “enfermedad=dinero” y a los argumentos que pueden esgrimirse en contra de ésta afirmación.
Sin duda, habrá muchas personas que afirmarán que: “la enfermedad es consustancial a la vida humana y a la naturaleza y que la actividad de la medicina consiste, precisamente, en luchar contra la enfermedad”
Es decir, concluirán que el cometido de las industrias médica y farmacéutica es luchar contra las enfermedades y que por lo tanto, de forma lógica y natural, la inevitable aparición de la enfermedad reporta beneficios a ambas industrias, sin que ellas tengan la culpa de ello.
¿Pero sería posible que la medicina y la farmacia centraran sus esfuerzos y su negocio en lasalud y no en la enfermedad?
Vamos a razonarlo.
Para que este modelo fuera factible, el médico solo debería ganar dinero mientras el paciente estuviera sano.
Y dejar de ganarlo mientras estuviera enfermo.
Las 3 anteriores ecuaciones del negocio médico-farmacéutico se transformarían en las siguientes:
ENFERMO = GANANCIA NULA
SANO = DINERO
MUERTO = GANANCIA NULA
Así, el médico centraría sus esfuerzos en que sus pacientes mantuvieran la salud todo el tiempo, previniendo la enfermedad antes de que ésta apareciera y por lo tanto estudiando y atacando suscausas y no sus consecuencias.
Y en el caso de que el paciente cayera enfermo, el médico se esforzaría en devolverlo lo más pronto posible a su estado saludable, para volver a ganar dinero con él y mantener su prestigio profesional.
El papel del farmacéutico sería complementario y consistiría, básicamente, en suministrar aquellos productos necesarios para fortalecer y prolongar la salud del paciente, y en su caso, los necesarios para combatir la enfermedad cuando ésta apareciera.
Como podemos deducir, según este modelo, el farmacéutico estaría más relacionado con el mundo de la nutrición que con el de la química.
Esta forma de funcionar, que a mucha gente le puede parecer fantasiosa, ya ha funcionado con anterioridad.
Recordemos que en la antigua China, los médicos cobraban un salario por mantener sanos a sus pacientes y dejaban de percibirlo cuando éstos enfermaban, hecho que repercutía negativamente en su prestigio profesional y por lo tanto, en sus ganancias.
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¿Te parece, pues, un modelo absurdo?
¿Más absurdo que una industria médico-farmacéutica que sólo gana dinero cuando estás enfermo?
Evidentemente, tal y como está estructurada nuestra sociedad actual, este modelo resulta muy difícil de aplicar, a pesar de resultar mucho más lógico y potencialmente beneficioso para el paciente.
Y llegados aquí, quizás deberíamos preguntarnos: ¿porqué desde sus inicios la medicina optó por un modelo en el que la ganancia se asocia a la enfermedad y no a la salud?
Y la respuesta no puede ser más triste: todo gira alrededor del poder.
La enfermedad es un período excepcional de crisis en la vida de una persona, en la que el enfermo, desesperado, se muestra dispuesto a ceder o pagar lo que sea necesario para salvar su vida y el médico se erige en la única figura con capacidad para conseguirlo.
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Por esa razón la medicina centra su actividad en la enfermedad, porque es la situación crítica que implica mayor acaparamiento de poder y autoridad, fluyendo desde el paciente hacia el medico.
Lo hemos visto a lo largo de la historia, donde incluso reyes y emperadores se han inclinado ante sus galenos.
En cambio, si la medicina centrara sus esfuerzos en mantener la salud del paciente, la situación de crisis asociada a la enfermedad correría en contra del médico, pues durante su transcurso perdería prestigio social y desaprovecharía esa oportunidad única en la que el enfermo está dispuesto a conceder mayor dinero, poder y autoridad a su médico.
Por lo tanto, la medicina no ha evolucionado alrededor del concepto de salud; lo ha hecho alrededor de la autoridad y el prestigio social.
Y de las ganancias que éstos acarrean.
Y estos beneficios solo se pueden obtener a través de la enfermedad.
Un funcionamiento completamente opuesto al que debería ser.
Ésta es la gran contradicción de la medicina.
Se basa en mecanismos tan simples que cualquier persona puede entenderlos.
Sin embargo y a pesar de tenerlo enfrente de nuestras narices, el mundo sigue cerrando los ojos a ésta realidad tan obvia.
Y es que el mundo no está lleno de ciegos, sino de personas que no quieren abrir los ojos…
(Periodismo Alternativo)

domingo, 4 de enero de 2015

Sandra La orangutana en libertad


Alfonsina Storni


Las cosas que mueren jamás resucitan, 
las cosas que mueren no tornan jamás. 
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda 
es polvo por siempre y por siempre será! 


Cuando los capullos caen de la rama 
dos veces seguidas no florecerán... 
¡Las flores tronchadas por el viento impío 
se agotan por siempre, por siempre jamás! 



¡Los días que fueron, los días perdidos, 
los días inertes ya no volverán! 
¡Qué tristes las horas que se desgranaron 
bajo el aletazo de la soledad! 



¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, 
las sombras creadas por nuestra maldad! 
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que así se nos van! 



¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... 
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... 
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, 
corazón maldito que inquietas mi afán! 



¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! 
¡Adiós mi alegría llena de bondad! 
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que no vuelven más! ...

ArturpPérez-Reverte


martes, 30 de diciembre de 2014

William Butler Yeats


    ¿Por qué no habrían de rabiar los viejos?
    Algunos vieron a un muchacho de futuro
    Que buen pulso tenía en la pesca con anzuelo
    Convertirse en un periodista borracho;
    A una muchacha que supo todo Dante de memoria
    Vivir para parir hijos de un necio;
    A una Helena de sueño benéfico y social
    Subir a gritar a una vagoneta.

    Algunos piensan que es cosa natural que el destino
    Deba matar de hambre a los buenos
    Y a los malos hacerles progresar;
    Que si sus vecinos imaginaran claramente,
    Como en una pantalla iluminada,
    Ni una sola historia encontrarían
    De una mente feliz que no quebrara
    O de un final digno del comienzo.

    Los jóvenes no saben nada sobre esto,
    Los viejos, que todo observan, bien lo conocen;
    Y cuando sepan lo que dicen los libros de antes
    Y que nada mejor podemos esperar,
    Entonces sabrán por qué habría de rabiar un viejo.

Robert G Ingersol

jueves, 18 de diciembre de 2014

Gabriela Mistral




Es la noche desamparo 

de las sierras hasta el mar. 
Pero yo, la que te mece, 
¡yo no tengo soledad! 



Es el cielo desamparo 
si la Luna cae al mar. 
Pero yo, la que te estrecha, 
¡yo no tengo soledad! 



Es el mundo desamparo 
y la carne triste va. 
Pero yo, la que te oprime, 
¡yo no tengo soledad!

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