miércoles, 22 de julio de 2026

La frase:

“The woman is wild, a she-cat tamed by the purr of a Jaguar…
Ooh, the beauty is there but a beast is in the heart.”

de la canción Maneater de Hall & Oates podría traducirse así:

“La mujer es salvaje, una gata domada por el ronroneo de un Jaguar…
La belleza está ahí, pero hay una bestia en el corazón.”

Y aquí la canción hace algo muy ochentero y muy eterno al mismo tiempo: convertir el deseo en una jungla elegante.

La imagen de la “she-cat” no habla solo de sensualidad; habla de depredación. 
No es una mujer tierna ni romántica: es felina. Observa, acecha, calcula. 
Y el “purr of a Jaguar” juega con doble sentido: el jaguar animal y el auto de lujo Jaguar. 
La idea es brutalmente simple: el lujo domestica lo salvaje. Dinero, poder, estatus. “Money’s the matter”. 
El motor ronronea y la fiera se acerca. 

Luego viene la línea más fuerte:

“Beauty is there but a beast is in the heart.”
Ahí la canción abandona el glamour y entra al territorio de la tragedia erótica clásica: la belleza como máscara de algo devorador. 
Casi una femme fatale noir. 
Como si detrás del perfume hubiera dientes.

Rolón probablemente diría que la canción habla del deseo narcisista: enamorarse de una imagen y descubrir tarde que detrás había hambre, vacío o poder.

Yalom quizá lo leería desde la fascinación humana por aquello que puede destruirnos. Porque el peligro seduce. La mente dice “huye”; el deseo responde “acércate un poco más”.

La canción también tiene algo curioso: parece hablar de una mujer, pero John Oates comentó después que originalmente la idea representaba al Nueva York de los 80: una ciudad hermosa, ambiciosa y capaz de “masticarte y escupirte”.

Es decir: no solo habla de una persona. 
Habla de cualquier cosa brillante que promete placer mientras te consume lentamente.
Una amante. 
Una ciudad. 
El dinero. 
El ego. 
El éxito.
La canción sonríe… pero tiene colmillos. 

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