jueves, 9 de julio de 2026

 Este pasaje es de P. L. Travers. Aunque es conocida por Mary Poppins, gran parte de su obra está impregnada de simbolismo, mitología y espiritualidad.

Ave y bestia, piedra
y estrella: todos somos uno,
todos uno —murmuró el
Hamadriade, recogiendo suavemente
su capucha alrededor de sí
mientras se balanceaba entre
los niños.

Niño y serpiente, estrella y
piedra: todos somos uno.

¿Qué es el Hamadriade?

Aquí conviene aclarar un detalle. El "Hamadryad" de este pasaje probablemente alude al Cobra egipcia (también llamada hamadryad en algunos textos antiguos en inglés), más que a la hamadríade de la mitología griega (la ninfa de los árboles). La referencia a que "pliega su capucha" indica claramente una cobra.

La cobra habla como un sabio, no como un enemigo.

El poema expresa una de las intuiciones más antiguas y profundas de la humanidad: la unidad de toda la existencia.

La enumeración es significativa:

  • ave (el cielo)
  • bestia (la tierra)
  • piedra (lo mineral)
  • estrella (el cosmos)

Luego la segunda enumeración rompe una frontera aún más importante:

  • niño (lo humano)
  • serpiente (lo animal, lo temido)
  • estrella (lo infinito)
  • piedra (lo aparentemente inerte)

La idea es que las diferencias son superficiales. En un nivel más profundo, todo participa del mismo ser.

Es una visión cercana a varias tradiciones:

  • el tat tvam asi ("Tú eres eso") del hinduismo;
  • la interdependencia del budismo;
  • el estoicismo, que veía al universo como un solo organismo;
  • el panteísmo de Baruch Spinoza;
  • incluso la célebre frase atribuida al jefe Seattle: "Todo está conectado."

La serpiente

En la tradición occidental solemos asociar la serpiente con el peligro o el pecado.

Travers hace exactamente lo contrario.

La serpiente se convierte en quien recuerda una verdad olvidada por los humanos: que no estamos separados del resto de la naturaleza.

Es una inversión muy poderosa del símbolo.

El tono

No proclama esta verdad con grandilocuencia.

La cobra la murmura.

Eso sugiere que la unidad del mundo no necesita imponerse; simplemente está ahí para quien quiera escuchar.

Una reflexión final

Hay algo especialmente hermoso en la última frase:

"Niño y serpiente, estrella y piedra: todos somos uno."

No dice que todos seamos iguales. Un niño no es una estrella ni una piedra.

Dice algo más sutil: todos pertenecemos a la misma realidad.

Es una invitación a abandonar la ilusión de que el ser humano está separado o por encima del resto de la creación. Desde esa perspectiva, dañar la naturaleza no es destruir "algo externo", sino lesionar el mismo tejido del que formamos parte.

En apenas unas líneas, Travers condensa una visión del mundo profundamente poética y filosófica: la diversidad de las formas no contradice la unidad del ser; la hace visible.

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