viernes, 24 de julio de 2026


 No dice que toda persona sea buena. Tampoco afirma que el amor siempre triunfe. Lo que sugiere es algo más modesto: incluso alguien que parece frío, cruel o indiferente puede conservar un resto diminuto de humanidad.

La imagen de "alimentar a los pájaros" es importante. No habla de salvar al mundo ni de convertirse en un santo. Habla de un gesto pequeño, casi insignificante. Es como decir: quizá esa persona no sea capaz de amar profundamente a otros seres humanos, pero todavía le queda suficiente ternura para un acto sencillo y gratuito.

También hay un matiz melancólico. Miller parece reconocer que algunas personas han endurecido tanto su corazón —por sufrimiento, miedo, resentimiento o egoísmo— que apenas queda una "gota o dos" de amor. Sin embargo, incluso esa mínima reserva tiene valor.

Desde una perspectiva psicológica, la frase recuerda que la personalidad rara vez es completamente blanca o negra. Alguien puede comportarse con dureza y, aun así, mostrar compasión en momentos inesperados. Las personas son contradictorias.

Pero la frase tampoco debe romantizarse. En la realidad existen individuos que cometen actos terribles, y reconocer que conservan algún destello de humanidad no elimina su responsabilidad ni el daño que causan. La compasión no sustituye a la justicia.

En el fondo, Miller parece invitarnos a desconfiar de las etiquetas absolutas. Tal vez nadie sea un monstruo completo, del mismo modo que nadie es completamente puro. Incluso en el corazón más árido puede quedar una pequeña semilla de afecto. Quizá no alcance para cambiar el mundo, pero sí, al menos, para que unos pájaros encuentren alimento una mañana.

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