Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible.
JORGE LUIS BORGES
Esta célebre frase de Jorge Luis Borges, perteneciente a su relato El encuentro (o a menudo citada en su obra ensayística y aforística sobre el amor), es una de las definiciones más lúcidas, poéticas y psicológicamente exactas de lo que significa el enamoramiento.
1. La sacralización del otro ("Crear una religión")
Borgues equipara el enamoramiento con el nacimiento de una fe. Cuando nos enamoramos de alguien, no experimentamos un simple afecto; pasamos por un proceso de mitificación.
El ritual: El amor dicta sus propios dogmas, sus fechas sagradas (aniversarios), sus templos (los lugares compartidos) y sus escrituras (los mensajes, las cartas).
La devoción: El enamorado adopta una postura de entrega absoluta, similar a la del creyente. El mundo exterior pierde relevancia y la vida comienza a orbitar en torno a ese nuevo centro de gravedad.
2. La deificación del ser amado ("Cuyo dios...")
Para el que ama, la persona amada deja de ser un mortal común y corriente. Se le atribuyen perfecciones, virtudes excepcionales y un poder absoluto sobre el estado emocional del enamorado. Este "dios" tiene el poder de otorgar la salvación (la felicidad absoluta con su presencia) o el condenar al infierno (el rechazo o la indiferencia). La mirada del amor es, por definición, una mirada que idealiza.
3. La trágica condición humana ("...es falible")
Aquí radica el giro magistral y típicamente borgeano de la frase. A diferencia de las religiones tradicionales, donde Dios es omnipotente, perfecto e incorruptible, el dios del amor es humano.
La vulnerabilidad: Ese ser al que hemos elevado a los altares comete errores, tiene defectos, envejece, cambia de opinión y, en última instancia, puede fallar o dejar de amar.
La paradoja: El enamorado sabe (o descubre eventualmente) que su fe está depositada en un cimiento frágil. Amar, por lo tanto, es un acto de valentía o de hermosa locura: es adorar a sabiendas de que la deidad puede derrumbarse en cualquier momento.
"El amor es una experiencia metafísica condenada a chocar contra la realidad física e imperfecta del ser humano."
En resumen, Borges nos dice que enamorarse es un intento de tocar lo divino a través de lo profundamente humano. Es la paradoja de construir un templo absoluto sobre la arena movediza de la condición mortal.
Gabriel Rolón, desde su perspectiva como psicoanalista y ensayista, abordaría la célebre frase de Jorge Luis Borges con una mezcla de fascinación clínica y poética. Para Rolón, el amor y el desamor son los grandes motores del sufrimiento y de la búsqueda humana, por lo que desglosaría esta frase analizando la tensión entre la ilusión, la neurosis y la crudeza de la realidad.
1. El enamoramiento como "trastorno de la percepción"
Rolón suele explicar que el enamoramiento inicial es, en cierta medida, una alteración de la realidad. Al igual que Borges habla de "crear una religión", Rolón afirmaría que en esa primera etapa no vemos al otro como realmente es, sino que proyectamos en él nuestras propias necesidades, carencias y fantasías infantiles.
Construimos un altar y nombramos "dios" a alguien porque el ser humano tiene un vacío existencial crónico que intenta llenar a toda costa.
Esa "religión" inicial es el refugio donde nos sentimos a salvo de la soledad y del desamparo primordial.
2. El peligro de la incondicionalidad y la idealización
Donde Borges dice "cuyo dios", Rolón encendería una luz de alerta clínica. En sus análisis sobre los vínculos, el psicoanalista advierte constantemente sobre los peligros de deificar a la pareja:
La entrega del poder: Al convertir al otro en un dios, le otorgamos un poder absoluto sobre nuestra felicidad y nuestra autoestima.
El mito del amor incondicional: Rolón es un firme detractor de la idea de que el amor debe serlo todo o aceptarlo todo. Si el "dios" de nuestra religión nos pide que nos humillemos o nos lastimemos para demostrar nuestra fe, caemos en un vínculo patológico. Para Rolón, al amor hay que ponerle condiciones: las de nuestra propia salud mental y dignidad.
3. La caída del dios: El nacimiento del verdadero amor
La palabra clave para Rolón en la frase de Borges es "falible". Es precisamente ahí donde termina la neurosis de la idealización y empieza la oportunidad del amor real.
El fin de la ilusión: Para el psicoanálisis, el enamoramiento (la religión) está destinado a terminar. Tarde o temprano, el velo cae y descubrimos que ese dios tiene fallas, contradicciones, neurosis y arrugas.
La decisión de amar: Rolón sostiene que el amor verdadero no nace cuando todo es perfecto, sino justamente cuando el dios se muestra falible. Amar es lo que queda cuando la ilusión se apaga y, aun viendo los defectos y la vulnerabilidad del otro, decidimos quedarnos a construir un lazo real.
"El amor no es encontrarse con un dios perfecto; es la valentía de aceptar la imperfección del otro sin que eso nos destruya."
En conclusión, Rolón coincidiría plenamente con Borges: enamorarse es fundar una fe sostenida por la fragilidad humana. El desafío neurótico es pretender que ese dios nunca falle; el desafío maduro y analítico es aprender a amar a la deidad caída, aceptando que la contingencia y el error son parte inevitable de cualquier historia compartida.
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