viernes, 3 de julio de 2026

 Esta frase de Mariana Finochietto parece sencilla, pero encierra una tensión muy humana.

"Algunas veces,
quisiera haber nacido
con el don
del equilibrio."

El verso comienza con "Algunas veces", y ese detalle es importante. No dice "siempre". Quien habla no vive permanentemente en el sufrimiento, pero hay momentos en los que siente el peso de ser alguien que vive los extremos: emociones intensas, dudas profundas, entusiasmos desbordados o caídas bruscas.

La palabra "don" también merece atención. No dice "haber aprendido el equilibrio", sino "haber nacido con él". Eso revela la sensación de que algunas personas parecen moverse por la vida con una serenidad casi natural, mientras que otras deben conquistarla a fuerza de tropiezos. Es la envidia silenciosa hacia quienes parecen mantener la calma donde uno siente tormenta.

¿Y qué es el equilibrio? No significa ausencia de emociones. El equilibrio auténtico consiste en no ser arrastrado completamente por ellas. Es poder amar sin perderse, sufrir sin destruirse, tener éxito sin volverse arrogante y fracasar sin dejar de caminar.

La frase también recuerda una idea presente en la filosofía antigua. Para Aristóteles, la virtud consistía en encontrar el justo medio entre los excesos. Para el estoicismo, el equilibrio era la capacidad de conservar la libertad interior aun cuando el mundo exterior cambiara.

Sin embargo, el poema deja abierta otra posibilidad: quizá quienes no nacieron con ese "don" desarrollan algo diferente. Las personas intensas suelen conocer profundidades que los equilibrados rara vez visitan. Sufren más, sí, pero también pueden amar con mayor intensidad, crear con más pasión y comprender mejor el dolor ajeno. El desafío no es apagar esa intensidad, sino aprender a gobernarla.

Hay una paradoja hermosa: muchas veces el equilibrio no es un regalo de nacimiento, sino la cicatriz de muchas batallas interiores. Quien ha aprendido a mantenerse en pie después de innumerables caídas suele poseer un equilibrio más sólido que quien nunca perdió el paso.

En ese sentido, el poema no solo expresa una nostalgia; también habla de una esperanza implícita. Si el equilibrio fuera únicamente un don con el que se nace, no habría nada que hacer. Pero la experiencia humana muestra que, aunque algunos parten con ventaja, el equilibrio también puede construirse, lentamente, con autoconocimiento, práctica y tiempo. Y ese equilibrio conquistado suele tener un valor especial: no es inocencia, sino sabiduría.

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