Alfred Nobel nació en 1833, en Estocolmo, en una familia marcada por los explosivos y la quiebra. Su padre era ingeniero e inventor, obsesionado con la nitroglicerina, una sustancia tan poderosa como inestable. Desde niño, Alfred vivió entre laboratorios improvisados, accidentes, deudas y mudanzas. Aprendió idiomas como otros aprenden a caminar: sueco, ruso, francés, inglés, alemán. Era químico, sí, pero también poeta. Admiraba a Shelley y escribía versos melancólicos. Ese detalle suele olvidarse.
domingo, 1 de febrero de 2026
Decir “los humanos somos egoístas por naturaleza” es una frase potente, pero conceptualmente floja si se deja así, sin matices. Funciona más como provocación retórica que como verdad científica o filosófica sólida.
Vamos por partes.
1. ¿Existe evidencia de un egoísmo “natural”?
Depende de qué entiendas por naturaleza.
-
Biología evolutiva:
Sí, los humanos tenemos impulsos de autopreservación. Comer, sobrevivir, protegernos. Eso no es egoísmo moral, es instinto. Un león no es egoísta por cazar. -
Pero: la misma biología muestra cooperación, altruismo, empatía, incluso sacrificio. La especie humana sobrevive por cooperación, no por individuos aislados.
👉 Si el egoísmo fuera nuestra esencia dominante, no habría sociedades, ni lenguaje, ni cuidado prolongado de las crías, ni cultura.
2. El truco conceptual: confundir interés propio con egoísmo
Aquí muchos autores hacen trampa.
-
Interés propio ≠ egoísmo
-
Querer vivir bien, ser reconocido, amar, proteger a los tuyos no es egoísmo, es condición humana.
El egoísmo, en sentido fuerte, es:
Buscar el propio beneficio a costa del daño o la negación del otro.
Eso no es universal ni constante en los humanos. Es situacional, cultural, histórico.
3. Psicología: el humano es ambivalente, no egoísta
Desde la psicología profunda:
-
Freud: pulsión de vida y pulsión de muerte. Amor y agresión conviven.
-
Rogers / Yalom :
El ser humano tiende al vínculo, al reconocimiento mutuo, a la autenticidad, si las condiciones no lo deforman.
No nacemos egoístas: nos defendemos cuando somos heridos, humillados o precarizados.
4. Sociología: el egoísmo como producto, no como esencia
Aquí está el punto político.
Sociedades competitivas, neoliberales, jerárquicas:
-
Premian el “sálvese quien pueda”
-
Castigan la solidaridad
-
Normalizan la indiferencia
Luego dicen:
“Ves, el humano es egoísta por naturaleza”.
No.
👉 Es una profecía autocumplida.
Como diría Bourdieu: el sistema produce sujetos acordes a su lógica y luego la presenta como “naturaleza humana”.
5. ¿Por qué esta frase gusta tanto?
Porque absuelve:
-
Al poderoso: “no es mi culpa, así somos”
-
Al cínico: “no esperes nada de nadie”
-
Al sistema: “no hay alternativa”
Es una frase ideológica, no inocente.
6. Una formulación más honesta
Si el autor fuera riguroso diría algo así:
“Los seres humanos tenemos capacidad tanto para el egoísmo como para la cooperación; qué predomina depende de las condiciones materiales, culturales y afectivas.”
Eso es menos provocador, pero mucho más verdadero.
Cierre
No: no somos egoístas por naturaleza.
Somos vulnerables, relacionales, capaces de cuidado y de daño.
Decir que el egoísmo es nuestra esencia dice más del mundo que habitamos que de lo que somos.
Fleischmann y Pons: la herejía de la energía imposible
En marzo de 1989, dos electroquímicos respetados —Martin Fleischmann y Stanley Pons— anunciaron algo que sonaba a milagro moderno: habían logrado fusión nuclear a temperatura ambiente, la llamada fusión fría. Si era cierto, el mundo cambiaría para siempre. Energía limpia, barata, prácticamente infinita. El Santo Grial científico.
Y sin embargo, lo que siguió fue una de las cacerías intelectuales más violentas del siglo XX.
I. No eran charlatanes
Este punto es crucial y suele borrarse.
Fleischmann no era un excéntrico marginal:
era uno de los electroquímicos más importantes del mundo, miembro de la Royal Society. Pons, su colaborador, tampoco era un improvisado. No eran vendedores de humo ni gurús new age. Eran científicos formados dentro del corazón de la ciencia institucional.
Esto vuelve el caso perturbador:
no era un ataque desde fuera del sistema, sino una grieta dentro de él.
II. El pecado original: anunciar antes de tiempo
Su error —y fue grave— no fue investigar algo “imposible”, sino anunciarlo públicamente antes de una validación sólida y reproducible.
¿Por qué lo hicieron?
Aquí entra la política de la ciencia:
-
Temían que otros grupos les robaran la primicia.
-
Había presión institucional (la Universidad de Utah quería prestigio y patentes).
-
La lógica mediática ya estaba colonizando la ciencia: publica o muere, pero ahora en horario estelar.
En vez de pasar primero por la comunidad científica, pasaron por la prensa. Y eso, en ciencia es como declarar una revolución por televisión antes de tomar el palacio.
III. La reacción: no solo escepticismo, sino humillación
Lo que vino después no fue un debate sereno.
Fue:
-
Ridiculización pública
-
Experimentos apresurados diseñados para refutarlos
-
Titulares crueles
-
Cancelación académica antes de que existiera la palabra
La fusión fría se convirtió en objeto de burla, no de investigación. Y aquí aparece algo muy humano:
la ciencia, que presume racionalidad, también defiende dogmas.
La física nuclear dominante decía:
eso no puede pasar, y si no puede pasar, entonces no pasó.
El principio de imposibilidad teórica pesó más que la observación experimental.
IV. ¿Tenían razón? La pregunta prohibida
La respuesta honesta —y esta es la parte incómoda— es:
No demostraron de forma concluyente lo que afirmaban.
Pero tampoco se demostró con claridad que todo fuera fraude o error trivial.
Décadas después:
-
Se han observado anomalías térmicas similares en otros laboratorios.
-
Se habla ahora de LENR (Low Energy Nuclear Reactions) para evitar el estigma de “fusión fría”.
-
Incluso agencias gubernamentales han financiado discretamente investigaciones relacionadas.
Lo que murió no fue la pregunta, sino la legitimidad de hacerla.
V. Ciencia y poder: una lección incómoda
Este caso revela algo profundo:
La ciencia no es solo un método,
es una institución con jerarquías, intereses y fronteras ideológicas.
Fleischmann y Pons no solo desafiaron una teoría física,
desafiaron:
-
Inversiones multimillonarias en fusión caliente
-
El prestigio de físicos teóricos dominantes
-
La idea de que solo ciertos campos “tienen derecho” a hacer descubrimientos fundamentales
Un electroquímico no debía resolver el problema energético del mundo.
Eso le correspondía al templo correcto.
VI. El miedo al milagro
Hay algo casi teológico aquí.
La fusión fría no daba miedo por imposible,
sino por demasiado posible y demasiado transformadora.
Energía abundante implica:
-
Menos control
-
Menos dependencia
-
Menos poder concentrado
No afirmo conspiraciones simplistas, pero sí resistencias estructurales.
Los sistemas no aman las disrupciones que no controlan.
VII. Epílogo trágico
Fleischmann murió sin ver rehabilitado su nombre.
Pons se exilió científicamente.
No como mártires heroicos sin culpa,
sino como figuras trágicas:
científicos que se atrevieron a decir “y si…”, y pagaron el precio máximo.
Conclusión
El caso Fleischmann–Pons no trata solo de fusión fría.
Trata de los límites invisibles del pensamiento aceptable.
Nos recuerda que:
-
La ciencia avanza cuestionando, pero castiga duramente al que se equivoca en público.
-
No todo lo rechazado es falso; a veces es simplemente intolerable para el orden vigente.
-
El escepticismo es sano, pero el escarnio es ideológico.
Como diría alguien más cercano
La herejía no siempre es verdad,
pero toda verdad nueva empieza siendo herejía.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
Archivo del blog
-
►
2025
(1457)
- ► septiembre (155)
-
►
2024
(1083)
- ► septiembre (107)
-
►
2023
(855)
- ► septiembre (72)
-
►
2022
(630)
- ► septiembre (27)
-
►
2021
(1053)
- ► septiembre (59)
-
►
2020
(1232)
- ► septiembre (75)
-
►
2017
(271)
- ► septiembre (27)
-
►
2016
(153)
- ► septiembre (29)
-
►
2015
(385)
- ► septiembre (4)
-
►
2014
(561)
- ► septiembre (15)
-
►
2013
(1053)
- ► septiembre (68)
-
►
2012
(717)
- ► septiembre (108)