Una utopía necesaria
El mundo es ahora demasiado peligroso para todo lo que no sea utopía.
R. BUCKMINSTER FULLER
Cuando
el periodista Bill Moyers preguntó a Isaac Asimov por la relación entre
el ritmo de crecimiento de la población y «la dignidad de la especie
humana», la respuesta de Asimov fue tajante: «Quedará completamente
destruida —afirmó—.
La dignidad va a desaparecer totalmente en un mundo
superpoblado.
La conveniencia y la decencia no pueden sobrevivir a esto.
Al arrojar más gente al mundo, en síntesis, el valor de cada vida
humana no solo declina, sino que termina por desaparecer».
A veces
parece como si en el mundo hubiera una cantidad limitada de calidad de
vida y, a medida que la población global crece, hay menos para todos.
Con cien millones de personas en el planeta habría abundante agua
fresca, peces, espacio y energía para todos.
Sin embargo, las economías
en las que actualmente estamos atrapados prosperan con el crecimiento,
incluso a costa del bienestar humano.
El crecimiento ilimitado es la
ideología de las economías convencionales y de la célula cancerígena.
Christopher Ryan
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