lunes, 19 de enero de 2026

 Cuando Kübler-Ross o Carl Jung hablan de experiencias “sobrenaturales”, no están pidiendo que las tomemos literalmente como hechos físicos, ni tampoco que las desechemos como simple tontería. Lo que proponen —cada uno a su manera— es otra forma de comprensión de la experiencia humana.

Vamos por partes.


1. Kübler-Ross: lo “sobrenatural” como experiencia límite

Kübler-Ross trabajó con personas que estaban muriendo. No era una mística de sillón, sino alguien que escuchó miles de relatos en situaciones extremas.

Cuando habla de:

  • visiones,

  • presencias,

  • encuentros con seres queridos muertos,

  • sensación de “pasar a otro lugar”,

no está haciendo ciencia dura, pero tampoco inventando dogmas.

👉 Cómo interpretarlo con rigor:

  • Son experiencias subjetivas intensísimas en estados límite (agonía, duelo, trauma).

  • Pueden tener explicación neurológica, psicológica o simbólica.

  • Pero el punto clave es este: el significado que tienen para quien las vive, no si “son reales” en sentido físico.

Para Kübler-Ross:

esas experiencias calman, ordenan, dan sentido y reducen el miedo a la muerte.

Ella no dice: “esto prueba el más allá”.
Dice: “esto existe en la experiencia humana y tiene efectos reales”.

Negarlo con soberbia científica sería tan pobre como creerlo ciegamente.


2. Jung: lo “sobrenatural” como lenguaje del inconsciente

Jung es todavía más claro (y más profundo).

Cuando Jung habla de:

  • sincronicidades,

  • sueños proféticos,

  • arquetipos,

  • experiencias numinosas,

no está diciendo: “fantasmas, magia, espíritus flotando”.

Está diciendo:
👉 La psique usa símbolos cuando la razón no alcanza.

Para Jung:

  • El inconsciente no habla en conceptos, habla en imágenes.

  • Lo “sobrenatural” es psicológicamente real, aunque no sea físicamente comprobable.

  • El error moderno es confundir verdad simbólica con verdad literal.

Ejemplo claro:
Si alguien sueña con un anciano sabio, Jung no diría:
❌ “Es un espíritu real”
❌ “Es solo una descarga neuronal sin sentido”

Diría:
✔️ “Es el arquetipo del Viejo Sabio manifestándose en una etapa vital concreta”.


3. El error común: literalismo y burla

Aquí se cometen dos errores simétricos:

Error 1: el creyente literal

  • Toma todo como hecho objetivo.

  • Construye dogmas, charlatanería, gurús.

Error 2: el escéptico arrogante

  • Reduce todo a “química cerebral”.

  • Desprecia la dimensión simbólica, existencial y humana.

👉 Jung y Kübler-Ross evitan ambos errores.


4. opinión clara

  • No hay que creer literalmente en lo sobrenatural como si fuera un noticiero del más allá.

  • Tampoco hay que negarlo, porque esas experiencias:

    • estructuran la vida,

    • dan sentido al sufrimiento,

    • ayudan a atravesar la muerte, el duelo y el miedo.

Lo “sobrenatural” en ellos es:

un lenguaje para hablar de lo que desborda a la razón instrumental.

Y aquí viene lo importante:

📌 Una cultura que solo acepta lo medible termina empobreciendo la experiencia humana.
📌 Una cultura que cree todo sin pensar termina manipulada.

Jung y Kübler-Ross caminan por la cuerda floja entre ambos abismos.



A Jung Le costó prestigio, aislamiento académico y la etiqueta de “místico”, y no es una exageración. Pero conviene afinar cómo, cuándo y por qué, para no caer en el cliché.



1. El quiebre con Freud: el pecado original

El primer golpe serio a la “respetabilidad” de Jung fue romper con Freud.

  • Freud quería un psicoanálisis cientificista, materialista y centrado en la libido sexual.

  • Jung amplía el campo: símbolos, mitos, religión, alquimia, inconsciente colectivo.

Para la Viena científica de inicios del siglo XX, eso fue visto como:

una regresión al pensamiento premoderno.

Freud mismo llegó a insinuar que Jung estaba al borde de la psicosis.

📌 Desde ese momento, Jung queda fuera del núcleo duro del psicoanálisis.


2. El estigma de “místico” y “no científico”

Cuando Jung empieza a hablar de:

  • arquetipos universales,

  • sincronicidad (acausalidad),

  • experiencias numinosas,

  • alquimia como proceso psíquico,

muchos psicólogos y científicos dijeron:

“Esto ya no es psicología, es metafísica con bata”.

En universidades dominadas por el positivismo, Jung fue:

  • ignorado,

  • ridiculizado,

  • o relegado a la periferia.

No lo expulsaron formalmente, pero sí ocurrió algo peor:
👉 lo dejaron fuera del canon “serio”.


3. ¿Fue descalificado totalmente? No.

Aquí hay que ser justos.

  • Jung nunca perdió pacientes.

  • Nunca dejó de publicar.

  • Fue leído por:

    • antropólogos,

    • artistas,

    • escritores,

    • teólogos,

    • psiquiatras clínicos.

Pero en la psicología académica dominante:

  • conductismo,

  • luego cognitivismo,

Jung era visto como no verificable, por tanto sospechoso.

📌 No fue un hereje quemado; fue un pensador incómodo.


4. El precio personal: soledad intelectual

Esto es clave y poco dicho.

Jung sabía que estaba pagando un precio.
En cartas y entrevistas reconoce que:

  • eligió la verdad de su experiencia clínica

  • sobre la aceptación institucional.

Él mismo dijo, en esencia:

Preferí ser fiel a lo que vi, aunque me costara la reputación.

Eso no es pose romántica; es un acto ético.


5. El giro histórico: la ironía

Aquí viene la ironía brutal.

Hoy:

  • la psicología reconoce la importancia del simbolismo,

  • el trauma se estudia narrativamente,

  • la religión vuelve como fenómeno psicológico serio,

  • los sueños se revaloran,

  • la neurociencia confirma que la mente no es puramente racional.

Y muchos conceptos jungianos:

  • arquetipos,

  • sombra,

  • individuación,

circulan por todas partes, incluso entre quienes jamás citarían a Jung en un paper.

📌 Lo desacreditaron… pero lo usan.


6. Conclusión clara

Sí:

  • perdió prestigio académico en su tiempo,

  • fue descalificado como “místico”,

  • quedó fuera del relato oficial de la psicología “dura”.

Pero:

  • ganó profundidad histórica,

  • sobrevivió al positivismo estrecho,

  • y habló de cosas que no caben en un escáner, pero gobiernan la vida humana.

A veces el prestigio se pierde por decir tonterías.
Otras veces, por decir algo demasiado grande para la época.

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