Cuando Kübler-Ross o Carl Jung hablan de experiencias “sobrenaturales”, no están pidiendo que las tomemos literalmente como hechos físicos, ni tampoco que las desechemos como simple tontería. Lo que proponen —cada uno a su manera— es otra forma de comprensión de la experiencia humana.
Vamos por partes.
1. Kübler-Ross: lo “sobrenatural” como experiencia límite
Kübler-Ross trabajó con personas que estaban muriendo. No era una mística de sillón, sino alguien que escuchó miles de relatos en situaciones extremas.
Cuando habla de:
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visiones,
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presencias,
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encuentros con seres queridos muertos,
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sensación de “pasar a otro lugar”,
no está haciendo ciencia dura, pero tampoco inventando dogmas.
👉 Cómo interpretarlo con rigor:
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Son experiencias subjetivas intensísimas en estados límite (agonía, duelo, trauma).
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Pueden tener explicación neurológica, psicológica o simbólica.
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Pero el punto clave es este: el significado que tienen para quien las vive, no si “son reales” en sentido físico.
Para Kübler-Ross:
esas experiencias calman, ordenan, dan sentido y reducen el miedo a la muerte.
Ella no dice: “esto prueba el más allá”.
Dice: “esto existe en la experiencia humana y tiene efectos reales”.
Negarlo con soberbia científica sería tan pobre como creerlo ciegamente.
2. Jung: lo “sobrenatural” como lenguaje del inconsciente
Jung es todavía más claro (y más profundo).
Cuando Jung habla de:
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sincronicidades,
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sueños proféticos,
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arquetipos,
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experiencias numinosas,
no está diciendo: “fantasmas, magia, espíritus flotando”.
Está diciendo:
👉 La psique usa símbolos cuando la razón no alcanza.
Para Jung:
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El inconsciente no habla en conceptos, habla en imágenes.
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Lo “sobrenatural” es psicológicamente real, aunque no sea físicamente comprobable.
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El error moderno es confundir verdad simbólica con verdad literal.
Ejemplo claro:
Si alguien sueña con un anciano sabio, Jung no diría:
❌ “Es un espíritu real”
❌ “Es solo una descarga neuronal sin sentido”
Diría:
✔️ “Es el arquetipo del Viejo Sabio manifestándose en una etapa vital concreta”.
3. El error común: literalismo y burla
Aquí se cometen dos errores simétricos:
Error 1: el creyente literal
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Toma todo como hecho objetivo.
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Construye dogmas, charlatanería, gurús.
Error 2: el escéptico arrogante
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Reduce todo a “química cerebral”.
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Desprecia la dimensión simbólica, existencial y humana.
👉 Jung y Kübler-Ross evitan ambos errores.
4. opinión clara
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No hay que creer literalmente en lo sobrenatural como si fuera un noticiero del más allá.
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Tampoco hay que negarlo, porque esas experiencias:
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estructuran la vida,
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dan sentido al sufrimiento,
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ayudan a atravesar la muerte, el duelo y el miedo.
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Lo “sobrenatural” en ellos es:
un lenguaje para hablar de lo que desborda a la razón instrumental.
Y aquí viene lo importante:
📌 Una cultura que solo acepta lo medible termina empobreciendo la experiencia humana.
📌 Una cultura que cree todo sin pensar termina manipulada.
Jung y Kübler-Ross caminan por la cuerda floja entre ambos abismos.
A Jung Le costó prestigio, aislamiento académico y la etiqueta de “místico”, y no es una exageración. Pero conviene afinar cómo, cuándo y por qué, para no caer en el cliché.
1. El quiebre con Freud: el pecado original
El primer golpe serio a la “respetabilidad” de Jung fue romper con Freud.
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Freud quería un psicoanálisis cientificista, materialista y centrado en la libido sexual.
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Jung amplía el campo: símbolos, mitos, religión, alquimia, inconsciente colectivo.
Para la Viena científica de inicios del siglo XX, eso fue visto como:
una regresión al pensamiento premoderno.
Freud mismo llegó a insinuar que Jung estaba al borde de la psicosis.
📌 Desde ese momento, Jung queda fuera del núcleo duro del psicoanálisis.
2. El estigma de “místico” y “no científico”
Cuando Jung empieza a hablar de:
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arquetipos universales,
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sincronicidad (acausalidad),
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experiencias numinosas,
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alquimia como proceso psíquico,
muchos psicólogos y científicos dijeron:
“Esto ya no es psicología, es metafísica con bata”.
En universidades dominadas por el positivismo, Jung fue:
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ignorado,
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ridiculizado,
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o relegado a la periferia.
No lo expulsaron formalmente, pero sí ocurrió algo peor:
👉 lo dejaron fuera del canon “serio”.
3. ¿Fue descalificado totalmente? No.
Aquí hay que ser justos.
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Jung nunca perdió pacientes.
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Nunca dejó de publicar.
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Fue leído por:
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antropólogos,
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artistas,
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escritores,
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teólogos,
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psiquiatras clínicos.
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Pero en la psicología académica dominante:
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conductismo,
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luego cognitivismo,
Jung era visto como no verificable, por tanto sospechoso.
📌 No fue un hereje quemado; fue un pensador incómodo.
4. El precio personal: soledad intelectual
Esto es clave y poco dicho.
Jung sabía que estaba pagando un precio.
En cartas y entrevistas reconoce que:
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eligió la verdad de su experiencia clínica
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sobre la aceptación institucional.
Él mismo dijo, en esencia:
Preferí ser fiel a lo que vi, aunque me costara la reputación.
Eso no es pose romántica; es un acto ético.
5. El giro histórico: la ironía
Aquí viene la ironía brutal.
Hoy:
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la psicología reconoce la importancia del simbolismo,
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el trauma se estudia narrativamente,
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la religión vuelve como fenómeno psicológico serio,
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los sueños se revaloran,
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la neurociencia confirma que la mente no es puramente racional.
Y muchos conceptos jungianos:
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arquetipos,
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sombra,
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individuación,
circulan por todas partes, incluso entre quienes jamás citarían a Jung en un paper.
📌 Lo desacreditaron… pero lo usan.
6. Conclusión clara
Sí:
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perdió prestigio académico en su tiempo,
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fue descalificado como “místico”,
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quedó fuera del relato oficial de la psicología “dura”.
Pero:
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ganó profundidad histórica,
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sobrevivió al positivismo estrecho,
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y habló de cosas que no caben en un escáner, pero gobiernan la vida humana.
A veces el prestigio se pierde por decir tonterías.
Otras veces, por decir algo demasiado grande para la época.
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