jueves, 22 de enero de 2026

 

El peso como condena social: cuando el cine convierte el cuerpo en culpa

En el cine contemporáneo, el peso corporal rara vez es un dato neutro. Cuando un personaje es gordo, casi siempre significa algo: es torpe, gracioso, desordenado, poco deseable o está “en proceso” de convertirse en alguien mejor. La gordura no aparece como una forma legítima de estar en el mundo, sino como una falla narrativa que debe corregirse, ocultarse o ridiculizarse.

Así, el cine no solo refleja la gordofobia social: la organiza, la estetiza y la legitima.

El cuerpo como moral

Uno de los mecanismos más persistentes es la moralización del cuerpo. En muchas películas, el peso no es simplemente una característica física, sino una prueba visible de pereza, falta de autocontrol o debilidad de carácter. El mensaje implícito es brutal: si estás gordo, es porque moralmente fallaste.

Susan Bordo (1993) explica que en la cultura contemporánea el cuerpo se convierte en un texto moral: delgadez significa disciplina, éxito, autocontrol; gordura significa exceso, fracaso, desorden. El cine traduce esta lógica en imágenes simples y repetidas hasta el cansancio.

El gordo como alivio cómico

Otro patrón recurrente es el personaje gordo como chiste. No es gracioso por lo que dice, sino por cómo se mueve, come, suda o ocupa espacio. Su cuerpo es el gag.

Esto no es inocente. Al convertir un cuerpo en objeto de risa, el cine enseña al espectador a reírse de ese cuerpo en la vida real. La risa funciona como pedagogía social: señala qué cuerpos son legítimos y cuáles pueden ser humillados sin culpa.

Erving Goffman (1963) hablaba del estigma como una marca visible que autoriza la discriminación. El cine toma ese estigma y lo convierte en entretenimiento.

La narrativa de la redención: adelgazar para ser humano

Quizá la forma más perversa de este discurso es la llamada narrativa de transformación. El personaje gordo solo accede al amor, al respeto o al éxito después de adelgazar. Antes de eso, su vida está en pausa.

Aquí el mensaje es claro:

No mereces una historia hasta que tu cuerpo sea aceptable.

Naomi Wolf (1991) ya advertía que los ideales corporales funcionan como una tecnología de control social. El cine refuerza esa idea al presentar la delgadez no como una opción, sino como un requisito para la dignidad narrativa.

Capitalismo, salud y culpa

En tiempos recientes, la gordofobia se disfraza de preocupación por la salud. El cine —y la cultura en general— mezcla deliberadamente peso con enfermedad, delgadez con virtud. Pero esta asociación ignora deliberadamente factores estructurales: clase social, acceso a alimentos, estrés laboral, genética, condiciones médicas.

Eva Illouz (2007) ayuda a entender este punto: en el capitalismo emocional, los problemas estructurales se reinterpretan como fallas individuales. Si estás gordo, no es el sistema: eres tú. No necesitas derechos, necesitas dieta.

El cine como normalizador de la violencia simbólica

Pierre Bourdieu llamaría a todo esto violencia simbólica: una dominación que no necesita golpes porque se ejerce a través de significados. El cine no obliga a nadie a odiar su cuerpo; simplemente presenta ese odio como normal, lógico, incluso necesario.

Así, millones de personas crecen viendo que su cuerpo:

  • nunca es deseado,

  • nunca es héroe,

  • nunca es protagonista sin antes ser corregido.

Conclusión: cuerpos castigados, mentes domesticadas

El problema no es el peso. El problema es una cultura que convierte el cuerpo en tribunal moral. Una cultura donde engordar es un pecado, adelgazar una redención, y existir cómodamente en tu cuerpo una provocación.

Si antes el cine decía: “sé rico para valer”, ahora dice:
“sé delgado o desaparece”.

Y como diría George Carlin, con esa lucidez cruel que tanto incomoda:

No es que la gente esté gorda. Es que el sistema está enfermo… y necesita que alguien cargue con la culpa.


Referencias

  • Bordo, S. (1993). Unbearable Weight: Feminism, Western Culture, and the Body. University of California Press.

  • Goffman, E. (1963). Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity. Prentice-Hall.

  • Wolf, N. (1991). The Beauty Myth. HarperCollins.

  • Illouz, E. (2007). Consuming the Romantic Utopia. University of California Press.

  • Bourdieu, P. (1991). Language and Symbolic Power. Harvard University Press.

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