lunes, 12 de enero de 2026

 En un ensayo llamado «The Myth of Mechanism» (El mito del mecanismo), publicado en 2001, T. V. Rajan hablaba de la frustración que le producían las investigaciones médicas que se niegan a reconocer lo inexplicable.[153] Rajan, que es profesor de Inmunología y Patología Experimental en el Centro de Salud de la Universidad de Connecticut, explica que en el campo de la investigación existen dos aspectos diferentes: determinar si un fenómeno existe y si «opera mediante un mecanismo que puede ser comprendido en el contexto de nuestro conocimiento actual acerca de la fisiología y el comportamiento humanos». Rajan observa que muchos de sus colegas se niegan a reconocer la existencia de lo que no pueden explicar, y lo considera un error, porque la cuestión de si entendemos cómo existe algo no debería confundirse con la de si existe. Rajan expone varios ejemplos de importantes avances médicos en los que el mecanismo de acción carece (y, en algunos casos, aún lo hace) de cualquier explicación: digitalis (empleado para tratar diversas afecciones cardíacas), dietilcarbamazina (empleada para tratar trastornos linfáticos), cloroquina (antipalúdico), todos los cuales son, según Rajan, «droga[s] en busca de un mecanismo». También podría haber mencionado la creación, en 1796, de la primera vacuna: Edward Jenner no tenía ni idea de cómo la viruela bovina a la que había expuesto a un niño que no era consciente de lo que estaba pasando le había hecho inmune a la viruela. Había sido una simple intuición. Cien años después, otra corazonada llevó a William Coley a inyectar a los pacientes con cáncer una bacteria estreptococo con resultados sorprendente e inexplicablemente positivos. En una declaración ante un comité del Senado en 1971, el patólogo Sidney Farber explicó: «La historia de la medicina está llena de ejemplos de curaciones obtenidas años, décadas e incluso siglos antes de que se comprendiera el mecanismo de acción para ellas».[154]Rajan considera «un acto de soberbia» desestimar fenómenos porque no podemos explicar cómo suceden. «Parece que entendemos tan poco sobre la biología y la fisiología humanas que simplemente no podemos entender gran parte de lo que nos pasa, por lo menos con la base de conocimientos actual… La humildad dicta que, como mínimo, apreciemos que en el cielo y la tierra hay más cosas de las soñadas en nuestra filosofía».

La ciencia es ciertamente una de las luces más poderosas que han iluminado el universo conocido, pero la luz de la ciencia puede ser oscura y espectral. Los que se empeñan en que no existe nada más allá de lo científicamente demostrable son como los niños que se tapan los ojos e imaginan que el mundo desaparece porque ellos no pueden verlo.
Christopher Ryan 

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