Cuando le pidieron a Philip K. Dick, el famoso autor de ciencia ficción, que definiera «realidad», contestó: «La realidad es eso que cuando dejas de creer en ello, no desaparece». Es una frase genial, pero ignora un aspecto muy importante de la realidad: la parte que se sustenta en la creencia y que no por eso es menos real. Frente a los fantasmas que vuelcan velas, es preferible sofocar las llamas antes que discutir sobre la realidad de los fantasmas.
En términos de experiencias místicas, el proceder más sensato es juzgar los resultados en vez de frustrarnos por nuestra incapacidad actual para explicar sus mecanismos de acción.
En una entrevista publicada en Science, preguntaban a David Nichols, uno de los fundadores del Instituto de Investigación Heffter y gran defensor de la investigación psicodélica, acerca de la «realidad» de los enfoques terapéuticos que incorporan sustancias psicodélicas. Contestó: «Si les da paz, si ayuda a la gente a morir en paz, rodeados de amigos y familiares, no me preocupa si es real o una ilusión». En ese contexto, en efecto, la distinción entre lo que es «real» y lo que es «ilusión» comienza a disiparse.
La supuesta cosmovisión científica a menudo se ve limitada por una renuencia a aceptar la realidad de lo inexplicable. Menospreciar los efectos tangibles, cuantificables, predecibles y con capacidad para alterar la vida de las drogas psicodélicas como una especie de «disparate hippy» es dispararnos a nosotros mismos en el pie por no entender cómo funcionan las balas.
En 1977, David Bohm, el gran físico teórico, describió el circuito generado por nuestras creencias y lo que percibimos como realidad:
«La realidad es lo que tomamos como verdad. Lo que tomamos como verdad es lo que creemos. Lo que creemos está basado en nuestras percepciones. Lo que percibimos depende de lo que estamos buscando. Lo que estamos buscando depende de lo que pensamos. Lo que pensamos depende de lo que percibimos. Lo que percibimos determina lo que creemos. Lo que creemos determina lo que tomamos como verdad. Lo que tomamos como verdad es nuestra realidad».
(Merece la pena leerlo varias veces).
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