miércoles, 26 de agosto de 2020

 Omnia sunt communia? - Whose

Omnia sunt communia! o «Todo es común» fue el grito colectivista de los campesinos anabaptistas, alzados de igual modo contra los príncipes protestantes y el emperador católico. Barridos de la faz de la tierra por sus enemigos, su historia fue la de un posible truncado, la de una alternativa a su tiempo que quedó encallada en la guerra y la derrota, pero que en el principio de su exigencias permanece profundamente actual. 


Ese fragmento alude a uno de los episodios más radicales y fascinantes de la Europa del siglo XVI: la Guerra de los Campesinos Alemanes (1524-1525) y, dentro de ella, al movimiento anabaptista y a su ideal de comunidad de bienes.

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¿Qué significa Omnia sunt communia?

La expresión latina significa literalmente «Todo es común». No era simplemente una frase religiosa: condensaba una concepción radical de la sociedad.

La idea era que la tierra y los bienes necesarios para vivir no debían estar monopolizados por unos pocos, mientras la mayoría soportaba impuestos, rentas, servidumbres y hambre. Para ciertos grupos radicales de la Reforma, la comunidad cristiana primitiva —descrita en los Hechos de los Apóstoles— ofrecía un modelo alternativo:

«Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común».

Por tanto, había una crítica simultánea a la desigualdad económica, al poder político y a una Iglesia que había acumulado enormes riquezas.

Pero hay que hacer una precisión histórica importante

El fragmento mezcla movimientos que estaban relacionados, pero no eran exactamente lo mismo.

Los anabaptistas fueron una corriente radical de la Reforma que defendía, entre otras cosas, el bautismo de creyentes adultos, el rechazo del bautismo infantil y, en muchos grupos, comunidades religiosas separadas del poder estatal.

La Guerra de los Campesinos Alemanes, en cambio, fue un levantamiento social mucho más amplio. Participaron campesinos, artesanos y sectores urbanos que reclamaban derechos económicos, políticos y religiosos.

Una figura fundamental fue Thomas Müntzer, predicador revolucionario que defendía una transformación radical del orden social. No todos los anabaptistas eran seguidores de Müntzer ni todos los campesinos rebeldes eran anabaptistas.

¿Contra quién se rebelaron?

Y aquí aparece la parte verdaderamente interesante de tu fragmento.

La rebelión atravesó las divisiones religiosas de la época.

Los campesinos no estaban simplemente enfrentándose a los católicos en nombre de los protestantes. También se enfrentaron a príncipes protestantes.

Porque una cosa era cuestionar la autoridad de Roma y otra muy distinta cuestionar el poder económico y político de los propios príncipes.

La Reforma de Lutero había abierto una grieta enorme en el viejo orden religioso. Pero cuando algunos campesinos utilizaron esa grieta para cuestionar también el orden social, muchos dirigentes protestantes dijeron, en esencia:

Hasta aquí.

Lutero terminó condenando violentamente la rebelión campesina y llamó a los príncipes a aplastarla.

Ahí aparece una de las grandes paradojas de la Reforma: una revolución religiosa podía convertirse en una restauración del orden social.

La derrota

En 1525, los ejércitos de los príncipes derrotaron a los campesinos.

La represión fue brutal. Murieron decenas de miles de personas; las estimaciones varían considerablemente, pero se suele hablar de aproximadamente 70.000-100.000 muertos en el conjunto de las revueltas.

Müntzer fue capturado, torturado y ejecutado.

Y los movimientos radicales sufrieron una persecución durísima.

Pero la historia no terminó ahí.

Los anabaptistas continuaron existiendo y desarrollaron comunidades en distintas partes de Europa. Algunos grupos defendieron el pacifismo y la separación de la Iglesia y el Estado; otros experimentaron formas comunitarias de propiedad.

Y aquí está lo que hace potente al fragmento

Cuando el texto dice:

«la historia de un posible truncado»

está haciendo algo más que contar historia.

Está planteando una historia contrafactual:

¿Qué habría ocurrido si aquellas demandas hubieran vencido?

No necesariamente habría surgido el comunismo moderno —sería anacrónico afirmarlo—, pero sí podemos imaginar un camino histórico diferente: comunidades campesinas con mayor autonomía, límites a la propiedad señorial, bienes comunales, participación política desde abajo y una sociedad menos jerárquica.

Por eso Omnia sunt communia puede resultar tan contemporáneo.

No porque los campesinos del XVI fueran simplemente «comunistas antes de Marx». No lo eran. Su lenguaje era fundamentalmente cristiano, y sus reivindicaciones surgían de las condiciones sociales de su tiempo.

Lo interesante es otra cosa:

la idea de que una sociedad puede organizarse alrededor de lo común y no exclusivamente alrededor de la propiedad privada aparece mucho antes del marxismo.

Y eso cambia bastante la perspectiva.

La historia de Omnia sunt communia es, en cierto sentido, la historia de una pregunta que reaparece una y otra vez:

¿Por qué aquello que necesitamos todos para vivir puede pertenecer exclusivamente a unos pocos?

Esa pregunta, más que la consigna en sí, es lo que hace que aquellos campesinos del siglo XVI sigan siendo incómodamente actuales.

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