martes, 5 de marzo de 2024

  Escribió Bertrand Russell que un optimista es un idiota simpático, mientras que un pesimista no pasa de ser un idiota antipático. Son tiempos, sin duda, para el pesimismo, porque toda una civilización está cayendo y los escombros suelen ir a parar a las espaldas de los mismos. Pero regodearse en el pesimismo es asumir la derrota. El momento histórico reclama oponer al «pesimismo de la inteligencia» el, en palabras de Gramsci, «optimismo de la voluntad». Ser «pesimistas esperanzados» y también «optimistas trágicos» para, con Boaventura de Sousa Santos, «dejar de esperar sin esperanza». Ahí regresa con fuerza la utopía, ese almacén de cosquillas intelectuales de la gente decente.

Juan Carlos Monedero

lunes, 4 de marzo de 2024

Vicente Garrido

 Escribe el insigne filósofo Spinoza que los organismos se esfuerzan, necesariamente, en perseverar en su propio ser; tal esfuerzo necesario constituye su esencia real, y como producto de alcanzar una mayor perfección en su ser sienten la alegría. Esta misma idea de que todo organismo busca profundizar en lo que constituye su esencia, es la misma que plantea Ortega y Gasset cuando emplea la expresión «moral» aplicada a las personas. Ortega nos pide que nos olvidemos del sentido habitual de moral, consistente en el conjunto de normas que han de ser compartidas en una sociedad para lograr una convivencia regulada y feliz. Para Ortega, la moral es «el ser mismo del hombre cuando está en su propio quicio y eficacia vital. Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad, y por ello no vive su vida y por ello no crea, ni fecunda, ni fomenta su destino». Por ello, el doctor González de Rivera señala que la función del acosador es «privar a la víctima de la posesión de sí mismo», y que desmoralizar es «sacar a alguien de su línea de vida, interferir en sus más esenciales dinámicas psicológicas, apartarle de su destino». Y cita al terapeuta Jerome Frank, en ese mismo sentido: «La persona desmoralizada se siente, en grado variable, desesperanzada, indefensa y aislada. No puede hacer frente a algunos aspectos de su vida, y se culpa a sí misma por su fracaso. Se siente alienada de los demás, incierta sobre su futuro, desanimada…». De ahí que González de Rivera entienda la moral como «la capacidad consistente y permanente de persistir en un propósito»

Pedro Salinas


 Y nunca te equivocaste, más que una vez, una noche que te encaprichó una sombra, la única que te ha gustado. Una sombra parecía. Y la quisiste abrazar. Y era yo.

Ramon Gener

 Humanos, para bien o para mal, es lo que somos. Por lo tanto, solo nos queda una alternativa posible: vivir. Aprovechar la vida. Vivir de verdad. Vivir con intensidad. Vivir cada día. Amar cada momento y embriagarse de vida, tal como dice Charles Baudelaire en su famoso Enivrez-vous (Embriagaos) escrito el año 1864:

    Siempre hay que estar ebrio. Es lo importante: la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que destroza el hombro y os doblega hacia el suelo, os tenéis que embriagar siempre.
    Pero ¿con qué? Con vino, con poesía o virtud, como queráis. Pero embriagaos.
    Y si a veces, en la escalinata de un palacio, en la verde hierba de un foso, en la triste soledad de vuestra habitación os despertáis, la embriaguez amainada ya o desaparecida, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo cuanto huye, a todo cuanto solloza y da vueltas, a todo cuanto canta y habla, preguntad qué hora es; y el viento, las olas, la estrellas, los pájaros, el reloj os contestarán: ¡es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; ¡embriagaos sin parar!
    ¡Con vino, poesía o virtud, como queráis!
    A Fausto le costó toda su primera vida entender que la existencia solo se puede vivir si se está embriagado. Cuando se dio cuenta de su error, ya era demasiado tarde. No tuvo otra alternativa que entregar su alma al diablo para tener una segunda oportunidad con la que poder aprender a embriagarse. Fausto es el ejemplo perfecto de centenares de personas que nos rodean y que dedican su tiempo a echar de menos un pasado que no volverá, o a suspirar por un mañana incierto que tal vez nunca llegue. ¿Cuántos de nosotros perdemos el tiempo intentando adivinar un futuro que nadie puede conocer? Nadie, como le dice Horacio a Leucónoe en su oda, puede saber si nuestra vida futura (en caso de que la tengamos) nos será favorable o adversa. Según Horacio, solo los dioses lo saben y nosotros no podemos hacer nada al respecto. Finalmente, Fausto, cansado de esperar, entiende que la vida es ahora, es hoy y que es necesario evitar vivir en el pasado o en el futuro. Decide embriagarse de amor y deseo por Margarita y también por Helena. Correcto. Pero ¿por qué limitarse a embriagarse solo de una cosa o de un par de cosas? ¿Por qué no hacer como Chopin y embriagarse de todo? ¿Por qué no embriagarse de la vida? ¡De toda la vida! Decidí seguir el consejo de Baudelaire y el ejemplo de Chopin y embriagarme de todo aquello que me ofreciera la vida en cada momento: embriagarme de personas, de vidas, de historias, de cuentos, de música, de sonidos, de notas, de sonrisas, de alegrías, de palabras, de poesía… pero también embriagarme de despedidas, de nostalgias, de tristeza y de llanto. Decidí sentirme vivo en cada instante. Decidí vivir hasta el final todo lo que me ofreciera la vida e intentar estar en el lugar adecuado en cada momento, porque como decía el poeta y escritor de cuentos infantiles Hans Christian Andersen, «Aprovecha la vida, tienes toda la eternidad para estar muerto.» Así lo hice, y a partir de aquel momento me metí entre ceja y ceja aprovechar todas las horas del día, consciente de que nunca más volverán ni podré volver a recuperarlas porque irremediablemente a las doce de la noche habrán desaparecido como el vestido y la carroza de Cenicienta.

domingo, 3 de marzo de 2024

 «En un mundo realmente invertido —decía Debord en La sociedad del espectáculo —, lo verdadero es un momento de lo falso.» Son las trazas de verdad que se cuelan en el escaparate de la mentira. En los tiempos confusos que habitamos, los autores más audaces recuerdan que antes de aprender hay que desaprender. Ahora que la crisis económica golpea con su selectivo látigo, se escucha que la solución es crecer, cuando la única salida con un mínimo de futuro es decrecer. O que hay que progresar, como si pudiera seguir midiéndose el progreso con el PIB. Tiempos de promesas muy diferidas, a ese futuro en el que la ciencia nos llevará de vacaciones a Marte. La misma ciencia que hoy, ahora mismo —no en el futuro— desertiza lo que toca. ¿O no es una fuerte intuición que nos pertenece entender que si la ciencia entrara en la Amazonía sería el fin de la variedad de la vida en ese pulmón del mundo? Desaprender para entender que hacer el indio no debe ser algo tan malo cuando solo donde están los indígenas al cargo aún queda biodiversidad, agua, naturaleza. Si el mundo está al revés, solo invirtiendo la caja negra podrá entenderse algo. Los salvajes son los civilizados y los civilizados, dueños de los mayores arsenales del mundo, unos salvajes patanes.

    Cuando se es decente, un manual es lugar conveniente para aprender; un antimanual, la forma conveniente de desaprender. Desaprender que no pueden ser los bancos los que financien o empleen a los políticos si queremos que después estos controlen a aquellos. Desaprender que la libertad no se logra desregulando al poder sino, muy al contrario, regulándolo. Desaprender que los derechos y libertades no pertenecen a las empresas que los ofrecen mercantilmente, sino a los ciudadanos que los reclaman y los convirtieron en tales derechos y libertades (derecho a la información, a la sanidad, a la cultura, libertad de expresión, de participar en los asuntos públicos, a una vivienda digna, a un trabajo digno). Desaprender que se puede patentar la vida y que las grandes farmacéuticas tienen algún tipo de privilegio para declarar como propiedad privada el conocimiento científico. Desaprender que los jueces son seres especiales y quitarnos de la cabeza que realmente son independientes del poder político y económico. Desaprender que el medio ambiente —el Ártico, los casquetes polares, el agua, los mares, los campos, el aire— son mercancías que se salvaguardan mejor en el mercado, y desaprender que los científicos han sido mejores gestores de la naturaleza que los ciudadanos. Desaprender qué es lo natural para entender que tan natural es una cesárea como la investigación con células madre, tan natural cortarnos el pelo y las uñas, cocinar alimentos, aprender idiomas o tocar el violín, como el amor homosexual. Desaprender que sea verdad que haya razones biológicas que puedan ser más fuertes que las cuestiones culturales y desaprender que somos diferentes por el color de nuestra piel o por el dinero que tengamos. Desaprender, en suma, que todo lo que alguien nos diga como «palabra de Dios» —o de la ciencia o del derecho o de la historia o de la economía— ya no pueda cuestionarse.

Juan Carlos Monedero


 Neruda

Arthur Schopenhauer

 Conforme maduraba fui volviéndome sistemáticamente insociable y me propuse pasar el resto de esta efímera existencia dedicado por entero a mi mismo, así como desperdiciarla lo menos posible con esas criaturas a las que sólo la circunstancia de que caminan con dos piernas les da derecho a creerse mis iguales».

viernes, 1 de marzo de 2024

Ha Joon Chang

 La mayor parte de lo que ocurre en la economía mundial está determinada por los países ricos, sin siquiera pretenderlo. Ostentan el 80% de la producción mundial, llevan a cabo el 70% del comercio internacional y efectúan entre el 70% y el 90% (dependiendo del año) de todas las inversiones extranjeras directas. Esto significa que sus políticas nacionales pueden influir muchísimo en la economía mundial. Pero más importante que su peso es el interés de los países ricos por utilizar ese peso en el trazado de las reglas de la economía mundial. Por ejemplo, las naciones desarrolladas inducen a las más pobres a adoptar políticas concretas imponiéndolas como condición para su ayuda extranjera u ofreciéndoles acuerdos comerciales preferentes a cambio de "buen comportamiento" (adopción de medidas neoliberales). Incluso más importantes a la hora de trazar opciones para los países subdesarrollados son, sin embargo, lo que yo llamo la "Impía Trinidad" de organizaciones multilaterales, a saber, el FMI, el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio). Si bien no son títeres de los países ricos, la Impía Trinidad está básicamente controlada por estos, por lo que conciben y ponen en práctica políticas de mal samaritano que esos países quieren.

Y por si todo esto fuera poco, las naciones ricas malas samaritanas suelen exigir, como condición para su contribución financiera a los paquetes del FMI, que el país prestatario sea obligado a adoptar políticas que tienen poco que ver con arreglar su economía pero que sirven los intereses de los países ricos que prestan el dinero. Por ejemplo, al ver el acuerdo de 1997 que Corea suscribió con el FMI, un observador indignado comentó: "Varios puntos del plan del FMI son repeticiones de las políticas que Japón y Estados Unidos han tratado de hacer adoptar a Corea desde hace tiempo. Entre ellos figuran acelerar las [...] reducciones de barreras arancelarias a productos japoneses concretos y abrir los mercados de capitales para que los inversores extranjeros puedan tener la propiedad mayoritaria de empresas coreanas, meterse en adquisiciones hostiles [...] y ampliar la participación directa en banca y otros servicios financieros. Aunque la mayor competencia de importaciones manufactureras y más propiedad extranjera podrían [...] ayudar a la economía coreana, los coreanos y otros lo consideraron [...] como un abuso de poder del FMI forzar a Corea en una época de debilidad a aceptar políticas comerciales y de inversión que había rechazado anteriormente".19 Quien dijo esto no era un anarquista anticapitalista sino Martin Feldstein, el economista conservador de Harvard que fue el principal asesor económico de Ronald Reagan en la década de 1980.

Jung



La vida del hombre es un intento arriesgado. Sólo cuantitativamente se le puede considerar como un fenómeno prodigioso. Es tan efímero, tan insuficiente, que es un milagro que pueda existir algo y desarrollarse. Esto me impresionó ya cuando era estudiante de medicina, y me pareció que sería un milagro no morir prematuramente. La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece.


 Kundera

jueves, 29 de febrero de 2024

Pureza Canelo



 -¿Qué ves?

Tu mar
El mar tendido como un libro de versos
-¿Color?
Elegir es barcaza lentísima de amante
-Pero dime ¿color?
El tiempo que ahora mismo sale de tu boca
El calor dulce que nos ata en la tarde
Eolo escuchando detrás de la puerta
-¿Y la palabra?
Amor
-Otra más
Mío
-Demasiado deprisa, empecemos
¿Qué ves?...



 

 Lo intenté por tercera vez

Me enfundé en mi traje beige
Miré hacia el suelo y me santigüé
Te encontré entre los escombros
Y aún quedaba un muro en pie
Te vi apoyada en él y creo que, eh, eh
Lo hacías para no perder la fe
El cristo en la pared se encogió de hombros
Y tú con tu voz
Esa voz y tu pálida piel
Con el brillo en tu pelo del trigo
Con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo
Pasaste estos últimos inviernos
Al calor de un infierno construido en el amor
Para acabar en demolición
Me dices: "Ahora ya estás advertido"
"No te fíes de un animal herido"
Y ¿qué te iba diciendo yo?
Me he perdido
Lo intenté siete veces más
Quería ver lo que hay detrás
De tu imperturbabilidad
Y abrir tu puerta de cuarenta y tres candados
Te adiviné en tu balcón
Silbando una larguísima canción
Pensando "¿es esto lo correcto o no?"
Así que hice chas y aparecí a tu lado
Lo sabes
Ahora ya estás advertido
No te fíes de un animal herido
Y ¡oh! Descuida, le mentí
Soy un experto cazador
Lo has visto
Es mi mundo derruido
Lo que hoy es puro mañana está podrido
Y ¿qué te iba diciendo yo?
Me he perdido
Mátame si ya no te soy de utilidad
Mátame tras leer el mensaje
Pero ahora me desnudaré sin quitarme el traje
Lo he visto
Este mundo al derrumbarse
Que lo natural es odiarse
Me dijiste "He de reconocer", con cierta convicción
Y entonces
Entonaste dulces gritos
Comenzó el más viejo de los ritos
¿Fuiste tú, fui yo? Sencillamente fue algo superior
Y añadiste
"Si lo hacemos, tonto mío, pues hagámoslo como es debido"
¿Y cómo es eso?" pregunté y tú me dijiste "justamente así no"
Y paraste
Me lo tengo prohibido y yo protesté empapado y más que aturdido
Y ahora sí que sí que yo...
Me he perdido
Que ahora sí, que sí, que sí, que sé que me he perdido
Porque sólo es pensar en ti acabar perdido
Porque sólo con pensar en ti me pongo perdido

Ignacio Gonzalez Vegas / Christina Rosenvinge

miércoles, 28 de febrero de 2024

 Alejandro Dumas (padre), tras publicar el libro titulado El vacío doloroso, fue visitado por un amigo que le dijo:

- Es un título sin sentido. El vacío no puede ser doloroso.

- ¿Que no? ¡Cómo se ve que nunca os ha dolido la cabeza, amigo mío!

Pessoa

Si te quieres matar… ¿por qué no has de quererlo?

¡Ah, aprovecha, que yo, que amo tanto la vida y la muerte,

Si me atreviera a matarme también me mataría…

Ah, si te atrevieras, ¡atrévete!

¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes exteriores al que llamamos mundo,

El cuadro cinematográfico de las horas que son representadas

Por actores convencionales en poses predeterminadas,

El circo policromo de nuestro dinamismo sin fin?

¿De qué te sirve tu mundo interior, que desconoces?

Tal vez matándote lo conozcas al fin…

Tal vez al acabar comiences…


Y de todas maneras, si estás cansado de ser,

Ah, ¡cánsate noblemente

Y no cantes, como yo, la vida por borrachera,

No saludes, como yo, a la muerte en la literatura!


¿Haces falta? ¡Oh sombra fútil llamada nosotros!

Nadie hace falta; a nadie le haces falta tú…

Sin ti todo marcha bien, sin ti.

Tal vez para los demás sea peor que existas a que dejes de existir…

Tal vez peses más durando que dejando de durar…


¿La pena de los demás…? ¿Tienes anticipados remordimientos de que te lloren?

Cálmate; pocos te llorarán…

El impulso vital extingue las lágrimas poco a poco

Cuando no son por cosas propias,

Cuando son por lo que sucede a los demás, sobre todo la muerte,

Que es algo después de lo que nada sucede a los demás…


Primero es la angustia, la sorpresa de que haya llegado

El misterio y la ausencia de tu vida comentada…

Después el horror del cajón visible y material,

Y de los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.

Después la familia que vela, inconsolablemente contando anécdotas,

Lamentando la pena de que te hayas muerto,

Y tú, mera causa ocasional de aquellos lloros,

Tú, verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que te imaginas,

Mucho más muerto aquí de lo que te imaginas

Aunque te encuentres mucho más vivo más allá.

Después, la trágica retirada hacia el panteón o la fosa,

Y después el principio de la muerte de tu recuerdo.

Primero se da en todos un alivio

De la tragedia un poco aburridora de que te hayas muerto…

Después, la conversación se aliviana cotidianamente

Y la vida de cada día recupera su ritmo


Después, lentamente, se te olvida.

Sólo en dos fechas se te recuerda, cada aniversario:

Cuando se cumplen años de tu nacimiento y cuando se cumplen años de tu muerte.


Nada más, nada más, absolutamente nada más.

Piensan en ti dos veces, cada año.

Suspiran por ti dos veces cada año aquellos que te amaron.

Y alguna que otra vez suspiran, si por azar se habla de ti.


Enfrenta en frío, enfrenta en frío lo que somos…

Si te quieres matar, mátate…

¡No tengas escrúpulos morales, recelos de la inteligencia!

¿Qué escrúpulos, qué recelos crees que tiene la mecánica de la vida?


¿Qué escrúpulos químicos crees que tiene el impulso que engendra

Las savias, la circulación de la sangre, el amor?

¿Qué memoria de los demás tiene el ritmo alegre de la vida?

Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,

¿No ves que no tienes importancia alguna?


Eres importante para ti, porque es a ti a quien tú sientes,

Eres todo para ti porque eres el universo para ti,

El mismo universo y los otros

Satélites de tu subjetividad objetiva.

Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.

Y si eres así, oh mito ¿por qué los demás no han de ser así?

¿Tienes, como Hamlet, pavor a lo desconocido?

Pero, ¿qué es lo conocido? ¿Qué es lo que conoces

Para que llames desconocido a algo en especial?

¿Tienes, como Falstaff, el amor grasoso por la vida?


Si la amas así de materialmente, ámala todavía más materialmente:

¡Vuélvete parte carnal de la tierra y de las cosas!

Dispérsate, sistema físico químico

De células nocturnamente conscientes,

En la nocturna conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,

En el gran cobertor que no-cubre-nada de las apariencias,

En la hierba y en el césped de la proliferación de los seres,

En la niebla atómica de las cosas,

En las paredes en vórtice

Del vacío dinámico del mundo…


 

martes, 27 de febrero de 2024

 Hellen Keller recordaba una conversación con una amiga que acababa de regresar de un paseo por el bosque. Cuando le preguntó a su amiga qué había observado, ésta respondió: «Nada en particular.»

«Me pregunto cómo es posible —dijo Helen— caminar

durante una hora por el bosque y no ver nada notable. Yo,

que no puedo ver, encuentro cientos de cosas: la delicada

simetría de una hoja, la piel lisa de un abedul plateado, la

corteza áspera de un pino. Yo, que soy ciega, puedo dar un

consejo a los que ven: usad vuestros ojos como si mañana

fueran a quedar ciegos.

*Oíd la música de las voces, la canción de un pájaro, las

poderosas melodías de una orquesta como si mañana fuerais

a quedaros sordos.

'Tocad cada objeto como si mañana fuerais a perder el tacto

'Oled el perfume de las flores, saboread con deleite cada

bocado, como si a partir de mañana ya no pudierais volver a

saborear u oler.

Aprovechad al máximo cada sentido.

Gozad la gloria de todas las facetas y placeres y belleza que el mundo os revela.»

Alex Rovira

 No puede haber aprendizaje sin entusiasmo. Se habla mucho en el aprendizaje de la cultura del esfuerzo, pero creo que es un grave error, porque el esfuerzo, en sí mismo, solo el esfuerzo, no es un valor final, el un valor instrumental. El esfuerzo es un instrumento, por lo tanto, creo que, como clave de aprendizaje, estaría el entusiasmo, la pasión, el esfuerzo, pero el esfuerzo combinado con algo fundamental, que es la alegría y el reconocimiento. Pensemos de nuevo en aquellas maestras y maestros que han sido los mejores que hemos tenido en nuestra vida, y veréis que, invariablemente, nos invitaban seguramente al esfuerzo, pero ¿desde dónde? Desde el contagio de la alegría, desde el contagio de la pasión, desde el reconocimiento. Bonita palabra reconocimiento, porque no implica solo valorización del otro, sino reconocer, volvernos a conocer continuamente liberándonos de prejuicios, imágenes proyectadas. Y creo que esa combinación de entusiasmo, pasión, esfuerzo, alegría, reconocimiento, son claves del aprendizaje. Para Celso, el químico, el sabio alquimista, decía que cuanto mayor es el conocimiento, más grande es el amor, pero que cuanto más grande es el amor, más queremos saber. Hay una dialéctica maravillosa entre el amor y el conocimiento: yo te amo, te quiero conocer más, y cuanto más te conozco, en principio, más te voy a amar, y eso es válido siempre que se mueva en una dialéctica de respeto, de reconocimiento… 

domingo, 25 de febrero de 2024


 Marie Curie

Victor Hugo



— Discutíamos sobre filosofía.

 — ¿Y bien?

 — ¿A quién prefieres tú, a Descartes o a Spinoza?

 — A Désaugiers — respondió Tholomyès. Dictada esta sentencia, bebió y continuó — : Consiento en vivir. No todo ha concluido en la tierra, puesto que todavía se puede disparatar. Doy por ello gracias a los dioses inmortales. Se miente, pero se ríe. Se afirma, pero se duda. Lo inesperado brota del silogismo. Es hermoso. Hay también, aquí abajo, seres humanos que saben alegremente abrir y cerrar la caja de sorpresas de la paradoja. Esto que bebéis tan tranquilamente, señoras, es vino de Madeira, sabedlo, de la cosecha del Coural das Freiras , que se halla a trescientas diecisiete toesas sobre el nivel del mar. ¡Atención al beber! ¡Trescientas diecisiete toesas! ¡Y el señor Bombarda, el magnífico fondista, os da estas trescientas diecisiete toesas por cuatro francos cincuenta céntimos!

 Fameuil interrumpió de nuevo:

 — Tholomyès, tus opiniones son ley. ¿Cuál es tu autor favorito?

— Ber…
 — ¿Quin?
 — No, Choux.
 Y Tholomyès prosiguió:
 — ¡Honor a Bombarda! ¡Igualaría a Munofis de Elefanta, si pudiera cogerme una almeja, y a Tigelión de Queronea, si pudiera traerme una hetaira! Pues, ¡oh!, señoras mías, ha habido Bombardas en Grecia y en Egipto. Es Apuleyo quien nos lo dice. ¡Ay!, siempre las mismas cosas y nada nuevo. ¡Nada inédito en la creación del creador! Nihil sub sole novum , dijo Salomón; amor omnibus idem  , dijo Virgilio; y Carabina se embarca con Carabin en la goleta de Saint - Cloud, como Aspasia se embarcaba con Pericles en la escuadra de Samos. Una última palabra. ¿Sabéis lo que era Aspasia, señoras? Aunque vivió en un tiempo en que las mujeres todavía no tenían alma, era un alma; un alma de color de rosa y púrpura, más abrasada que el fuego, más fresca que la aurora. Aspasia era una criatura en la que se tocaban los dos extremos de la mujer; era la prostituta diosa. Sócrates, y además Manon Lescaut. Aspasia fue creada para el caso de que a Prometeo le hiciese falta un crisol.


sábado, 24 de febrero de 2024

Leonard Cohen



 You use a glass mirror

to see your face;

you use works of art to

see your soul.

George Bernard Shaw

Nos ataviamos, nos enriquecemos

con flores, con cantos:

ésas son las flores de la primavera:

¡con ellas nos adornamos aquí en la tierra!

Hasta ahora es feliz mi corazón:

oigo ese canto, veo una flor:

¡ que jamás se marchiten en la tierra!

Nezahualcóyotl


 Pessoa

jueves, 22 de febrero de 2024

Stefano Mancuso

 Es para mí un honor presentarles al único hombre en Estados Unidos que conoce los recovecos del África más oscura: el mayor Frederick R. Burnham». La historia de Burnham roza lo increíble, y el número de hazañas en las que participó a lo largo de su vida es literalmente incalculable.

Era capaz de soportar privaciones y heridas que para otros habrían supuesto la muerte. Se decía que tenía siete vidas, como los gatos, las mismas que habría necesitado un héroe de los nuestros para presenciar -⁠ya no digamos protagonizar⁠- las innumerables aventuras que marcaron la vida del mayor Burnham. Trataré de enumerar solo las principales. Nació en una reserva de los indios dakota, de padres misioneros. Cuando todavía iba en pañales, sobrevivió a un ataque de los sioux del jefe Pequeño Cuervo durante la guerra dakota de 1862. A los doce años, llegó solo a California, donde trabajó como mensajero a caballo para la Western Union Telegraph Company. A los catorce años, era ya un rastreador experto en seguir la pista de los indios en las guerras apaches. Participó en una expedición cuyo fin era capturar o asesinar a Gerónimo. Participó en la guerra de Pleasant Valley. Aprendió a disparar con ambas manos y a lomos de un caballo al galope. Fue ayudante del sheriff del condado de Pinal. En 1893, convencido de que el Oeste americano se había convertido en un lugar demasiado apacible, partió con su esposa y su hijo hacia África del sur con la intención de unirse a los pioneros británicos de Matabelelandia (más tarde conocida como Rodesia). Mientras recorría a pie, con su mujer y su hijo, los mil seiscientos kilómetros que separan Durban de Matabelelandia, estalló la guerra entre los británicos y los matabeles del rey Lobengula. Se enroló y se convirtió en héroe nacional de Inglaterra. En 1895, guio a una expedición británica por el norte de Rodesia. Participó en el descubrimiento de numerosas minas de cobre y fue elegido miembro de la Real Sociedad Geográfica. En 1896, participó en la segunda guerra matabele, durante la cual conoció a Robert Baden-Powell, con quien proyectó una organización que vería la luz una década más tarde: los boy scouts. Regresó a Estados Unidos al enterarse de la guerra de Cuba, pero llegó tarde, cuando los combates ya habían concluido. En 1900, estaba explorando la región del Klondike cuando recibió un telegrama en el que se le pedía que participase como jefe de exploradores de los británicos en la segunda guerra bóer; Burnham no se hizo de rogar y salió disparado del Klondike a Ciudad del Cabo, en el otro extremo del globo. Durante el conflicto, pasó la mayor parte del tiempo tras las líneas enemigas saboteando puentes y vías férreas. En dos ocasiones lo capturaron y las dos veces escapó. Lo hirieron de gravedad, pero sobrevivió. Fue invitado a cenar con la reina Victoria, cuyo hijo, Eduardo VII, lo nombró mayor del ejército británico. Entre 1902 y 1904, trabajó como guía para expediciones mineras. Después de eso, combatió en la Primera Guerra Mundial. Realizó tareas de contraespionaje. Encontró petróleo en California. Se hizo rico… Y podría seguir, pero voy a detenerme aquí.

Tú y yo un ramo de imágenes
Tú y yo una simple formula
Tú y yo caminan las hadas de aquí para allá
Tú y yo un nido de pájaros
Tú y yo llegando el silencio
Tú y yo se forma una pagina
Tú y yo haciendo una fabula
Tú y yo jugamos un verso sin comas si reglas
Sin tiempos ni acentos
Dejamos la noche crecer
Comienzan los besos
Hacer un intento la luna es mas grande que ayer
Se hunden mis manos a cada momento
Encuentro una flor eres tú
Me siento tan cerca te siento tan dentro
Te miro en un rayo de luz
Tú y yo la flor y la fabula
Tú y yo el nido de un águila
Tú y yo una simple formula
Tú y yo la luz ha nacido ya
Tú y yo el sol viene entrando
Deslizas tus pasos y el día se queda
Testigo de lo que paso
Después tu sonrisa mirando el espejo
Recuerdas tu primer amor
Es una aventura rozar tu rodilla
Estoy acercándome a ti
Te entregas y olvidas tirado en el suelo
Un verso que hiciste de mi
Tú solamente el amor solo tu


Paolo Barabani · Enzo Ghinazzi · Donatella Milani
Adapt: al español: Emmanuel

Pascal Mercier

 


Cuando hablamos sobre nosotros mismos, sobre otros, o simplemente sobre cosas diversas, podría decirse que queremos hacer una revelación con nuestras palabras: queremos dar a conocer lo que pensamos y lo que sentimos. Queremos permitirles a los otros que vean algo del interior de nuestra alma. (We give them a piece of our mind18 , como dicen en inglés. Me lo dijo un inglés, parados ante la baranda de un barco. Fue el único bien de algún valor que traje de vuelta de ese país tan absurdo. Quizás también el recuerdo del irlandés de la pelota roja en All Souls). En ese dar a conocer nuestra mente, esa revelación de nuestro propio ser, somos los únicos directores de escena, los dramaturgos de la autodeterminación. ¿Y esto no será acaso una total falsedad? Pues no sólo nos revelamos con nuestras palabras. También nos traicionamos. Dejamos entrever más de lo que queríamos revelar y a veces lo que se revela es lo contrario de lo que queríamos comunicar. Y los otros pueden interpretar nuestras palabras como síntomas de algo que quizás nosotros ignorábamos. Como síntomas de la enfermedad de ser nosotros mismos. Puede ser divertido mirar así a los otros, puede hacemos más tolerantes, pero también puede ponernos un arma en la mano. Además, si en el instante mismo en que comenzamos a hablar pensamos que los otros hacen exactamente lo mismo con nosotros, se nos pueden quedar las palabras atravesadas en la garganta y el miedo puede hacernos enmudecer para siempre.

miércoles, 21 de febrero de 2024


 Sabato

Cristina Peri Rossi

 Ahora que todas las regiones

quieren ser naciones

yo busco la tierra de nadie

un lugar sin nombre

que nadie reclame

un lugar de paso

transitorio como la vida misma

sin patria

sin banderas

sin fronteras

sin lengua identitaria

más que la lengua de la poesía.


Territorio de los sueños

donde todo está por empezar

donde todo está por explorar.



 

Iris Murdoch

lunes, 19 de febrero de 2024

Jacques Alain Miller
 

Italo Calvino

 "Me doy cuenta de que hasta ahora he hablado poco de la diversión que se puede sentir al escribir: si uno no se divierte al menos un poco, no puede salir nada bueno. Para mí hacer cosas que me diviertan quiere decir hacer cosas nuevas. Escribir es en sí misma una ocupación monótona y solitaria: si uno se repite, es presa de un desaliento infinito. Claro, hay que decir también que la página que parece haberme salido más espontánea me cuesta una fatiga enorme; la satisfacción, el alivio suelen llegar después, a obra terminada. Pero lo que importa es que se diviertan los que leen, no que me divierta yo".



Jorge Luis Borges



 "Yo pensé que uno tiene el deber de ser feliz, no por uno sino por las personas que lo quieren a uno. Uno debe ser o simular ser feliz para no apenar a quienes lo quieren. 

Yo estaba siguiendo un tratamiento para la vista. Mi madre, que estaba muriéndose, había cumplido ya 99 años y tenía terror de llegar a los cien, me decía: “Ahora ves un poco mejor”. Y yo, con toda crueldad, con toda pedantería, le dije: “No, sigo no viendo”. Nada me hubiera costado mentirle, decirle: “Sí, estoy viendo un poco más, ahora percibo tal color…” ¿Por qué no lo hice? Es imposible que haya obrado de un modo tan terrible, pero me acuerdo de haberlo hecho delante de todos ustedes. 

Entonces yo pensé, claro, he cometido el peor de los pecados, no ser feliz. No por uno; si hay otros que lo quieren a uno, uno tiene por lo menos que fingir, simular la felicidad.”


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sábado, 17 de febrero de 2024

 Yo te di, de mi vida completa

Mi tiempo mejor
Un lugar en mi alma mi fe y mi valor
Sin poner para amarte una condición

Sin mirar, te entregué de mis flores
Siempre la mejor
Y lo que no tenía lo invente por amor
Para que no te fueras y hoy dices adiós

Sin tu amor
Se desgarra mi alma y se rompe mi voz
Se me va por los suelos la vieja ilusión
De llegar al sendero final tú y yo

Sin tu amor
Ya no tiene sentido mi vida es mejor
Que me vaya en silencio con esta canción
Porque no tiene objeto vivir, sin tu amor

José Napoleón Ruiz



 ¿Pero qué no ves que toda vida, toda creación en el campo que sea, todo acto de amor, no es más que una rebeldía contra la extinción, no importa que sea falsa o verdadera, que dé resultados o no?

[...]
Lo que te faltó para enamorarte verdaderamente de una mujer fue lo mismo que te faltó para enamorarte de una actividad, o de algún vicio, por último. Te faltó abandono, fe, ese entusiasmo generoso, esa facultad de admiración emocionada que concede a la otra persona la importancia de ser única, necesaria.

José Donoso

David Foster Wallace





 "Tuve un profesor que me gustaba que solía decir que la tarea de la mejor narrativa era relajar al inquieto e inquietar al relajado. Supongo que buena parte del propósito de la narrativa seria es proporcionar al lector, quien como todos nosotros es una especie de náufrago en su propio cráneo, proporcionarle acceso imaginativo a otros yos. Dado que sufrir forma parte ineludible de tener un yo humano, los humanos se acercan al arte en alguna medida para experimentar sufrimiento, necesariamente como experiencia vicaria, más bien como una especie de generalización del sufrimiento. ¿Me explico? En el mundo real, todos sufrimos en soledad; la empatía verdadera es imposible. Pero si una obra de ficción nos permite de forma imaginaria identificarnos con el dolor de los personajes, entonces también podríamos concebir que otros se identificaran con el nuestro. Esto es reconfortante, liberador; hace que nos sintamos menos solos", 

viernes, 16 de febrero de 2024

Charles Baudelaire


Hay que estar siempre ebrio. Eso es todo: la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del
tiempo quebrando la espalda y doblándonos hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua.

¿Pero con qué? Con vino, poesía, o virtud, como
gustéis. 

Pero emborráchense.

Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio,
sobre la hierba verde de un parque, en la taciturna
soledad del cuarto, despiertan ya disminuida o desaparecida la borrachera, pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a lo que gime y rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregunten qué hora es y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, responderán: "¡Es hora de emborracharse! ¡Para no ser mártires esclavos del tiempo, emborráchense; emborracharse sin cesar!

Con vino, poesía o virtud, como gustéis."

Hermann Hesse

 -Porque yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mi misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza de ambiente. -¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar? -No desespero, Harry. Pero sufrir por la vida, oh, sí; en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me arreglo tan perfectamente en la superficie de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a no estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo? -Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío. Pero ahora se me ocurre una cosa: en el tratado del lobo estepario, del que te he hablado, hay algo acerca de que es sólo una fantasía de Harry el creer que tiene una o dos almas, que consiste en una o dos personalidades. Todo hombre, dice, consta de diez, de cien, de mil almas. -Eso me gusta mucho -exclamó Armanda-. En ti, por ejemplo, lo espiritual está altamente desarrollado, y a cambio de eso te has quedado muy atrás en toda clase de pequeñas artes de la vida

jueves, 15 de febrero de 2024

 Conversación entre el poeta Coleridge y un admirador que lo fue a visitar:

Admirador: Creo que debe dejarse a los niños total libertad para que piensen y actúen desde que son muy pequeños y puedan tomar sus propias decisiones sin que nosotros intervengamos. Sólo así podrán desarrollar al máximo toda su potencialidad.

Coleridge: Ven a ver mi jardín…

Acompañó a su visitante al jardín y al verlo exclamó:

Visitante: ¡Pero esto no es un jardín… esto es un patio lleno de maleza!

Coleridge: Solía estar lleno de rosas, pero este año decidí dejar a las plantas de mi jardín en total libertad de crecer a sus anchas sin atenderla. Y éste es el resultado.

Maquiavelo


 

Anne Michaels

 Durante la Segunda Guerra Mundial innumerables manuscritos — diarios, memorias, testimonios oculares — se perdieron o fueron destruidos. Quienes no vivieron para recuperarlas ocultaron deliberadamente algunas de estas narraciones — enterrándolas en jardines traseros, metiéndolas en las paredes y debajo de los suelos.

 Otras historias permanecen ocultas en el recuerdo, ni escritas ni relatadas. Y otras se recuperan, sólo por un azar de las circunstancias.

 El poeta Jakob Beer, que fue también traductor de escritos póstumos de la guerra, murió arrollado por un automóvil en Atenas en la primavera de 1993, a la edad de sesenta años. Su mujer estaba junto a él en la acera; sobrevivió a su marido dos días. No tenían hijos.

 Poco antes de su muerte, Beer había empezado a escribir sus memorias. «La experiencia que un hombre tiene de la guerra», escribió en una ocasión, «nunca termina con la guerra. El trabajo de un hombre, como su vida, nunca concluye».


miércoles, 14 de febrero de 2024

Marco Aurelio

 Siempre que tropieces con la desvergüenza de alguien, de inmediato pregúntate: «¿Puede realmente dejar de haber desvergonzados en el mundo?» No es posible. No pidas, pues, imposibles, porque ése es uno de aquellos desvergonzados que necesariamente debe existir en el mundo. Ten a mano también esta consideración respecto a un malvado, a una persona desleal y respecto a todo tipo de delincuente. Pues, en el preciso momento que recuerdes que la estirpe de gente así es imposible que no exista, serás más benévolo con cada uno en particular. Muy útil es también pensar en seguida qué virtud concedió la naturaleza al hombre para remediar esos fallos. Porque le concedió, como antídoto, contra el hombre ignorante, la mansedumbre, y contra otro defecto, otro remedio posible. Y, en suma, tienes posibilidad de encauzar con tus enseñanzas al descarriado, porque todo pecador se desvía y falla su objetivo y anda sin rumbo. ¿Y en qué has sido perjudicado? Porque a ninguno de esos con los que te exasperas, encontrarás, a ninguno que te haya hecho un daño tal que, por su culpa, tu inteligencia se haya deteriorado. Y tu mal y tu perjuicio tienen aquí toda su base. ¿Y qué tiene de malo o extraño que la persona sin educación haga cosas propias de un ineducado? Procura que no debas inculparte más a ti mismo por no haber previsto que ése cometería ese fallo, porque tú disponías de recursos suministrados por la razón para cerciorarte de que es natural que ése cometiera ese fallo; y a pesar de tu olvido, te sorprendes de su error. Y sobre todo, siempre que censures a alguien como desleal o ingrato, recógete en ti mismo. Porque obviamente tuyo es el fallo si has confiado que tenía tal disposición, que iba a guardarte fidelidad, o si, al otorgarle un favor, no se lo concediste de buena gana, ni de manera que pudiese obtener al punto de tu acción misma todo el fruto. Pues, ¿qué más quieres al beneficiar a un hombre? ¿No te basta con haber obrado conforme a tu naturaleza, sino que buscas una recompensa? Como si el ojo reclamase alguna recompensa porque ve, o los pies porque caminan. Porque, al igual que estos miembros han sido hechos para una función concreta, y al ejecutar ésta de acuerdo con su particular constitución, cumplen su misión peculiar, así también el hombre, bienhechor por naturaleza, siempre que haga una acción benéfica o simplemente coopere en cosas indiferentes, también obtiene su propio fin.

Guillaume Apollinaire

 


"Acérquense al borde, les dijo. No podemos, tenemos miedo, contestaron. Acérquense al borde, repitió. Y se acercaron. Él los empujó...Y levantaron vuelo".



José Antonio Fernández Bravo

 Era el primer día que pisaban un cole, recuerdo a uno que se pasó toda la mañana llorando porque se quería ir a su casa para jugar con un camión mediano. Yo no sabía qué hacer, porque mira qué experiencia tenía, salido de Magisterio, te acordabas de Vigotsky, de Piaget. Pero no recordabas qué decía Piaget cuando jugaban con un camión mediano. Entonces haces lo que puedes. Recuerdo que ya cuando yo tenía más miedo que ellos, se sentaron y yo les veía muy pequeñitos. Muy pequeños. Yo decía: “Dios mío”. Yo les hablaba muy tranquilamente y les dije: “Mirad, me llamo Antonio”. ¿Cómo les iba a decir José Antonio? Eran tan pequeños. Estuve a punto de decir Toñín. No vamos a… Pero vamos a dejar las cosas… Eso para otro día. Pues yo les dije: “Mirad, me llamo Antonio. Este es un colegio de religiosas”. Y los niños se me quedaban mirando así y no parpadeaban. Y yo dije: “No han entendido lo de religiosas”. Y entonces les dije: “Me llamo Antonio, y este es un colegio de monjas, pero yo no soy monja”. Todos rieron a carcajadas. Yo me asusté porque lo había hecho como explicación aclaratoria, eran tan pequeños que dije: “Oye, esto no puede ser”. Yo me asusté, ellos se rieron mucho y, ¿qué pasa? Pues mira, que ahí anoté una cosa grande en el cuaderno. La casualidad se convirtió en causalidad. Una casual circunstancia se convierte en algo causal y los niños se acercan más a ti cuando les haces sonreír. Entonces noté que es verdad que habrá que respetar a quienes creen que se puede aprender del llorar. Pero, creo que merece la pena dedicar la vida a hacerles sonreír.

lunes, 12 de febrero de 2024

Alex Rovira

 Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, tiene una maravillosa que dice: «Si queremos un mundo de paz y de justicia, debemos poner la inteligencia al servicio del amor», esa me parece una frase brillante, poner la inteligencia al servicio del amor. Creo que era Marcel Proust que tenía un aforismo maravilloso que decía: «Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia», y eso tiene mucho que ver con la educación, con la transformación. Cómo la realidad es la que es, pero tu cambio te lleva a percibirla de otra manera, a ver nuevas posibilidades, a crear nuevos vínculos. Hay tantas frases… pero te diría que estas dos. Y, luego, me gusta mucho una frase de Virgilio, el poeta latino, que reza: «Pueden porque creen que pueden». No dice: «Pueden porque saben que pueden», y creo que este es un matiz importante. Hay mucha gente que sabe que puede, pero no hace. En cambio, hay gente que le han hecho creer que quizás no podía, pero con un ejercicio de transformación interior, han cultivado una enorme confianza en sí mismos, han experimentado, se han arriesgado y han podido. Yo creo que hay una diferencia enorme entre saber y creer. Todo el mundo sabemos que nos tenemos que morir, pero casi nadie se lo cree. Quien se lo cree porque le ha tocado la muerte cuando no toca y como no toca, vive la vida de una manera muy distinta. El saber es fundamental, pero el creer puesto al servicio de la inteligencia, de la confianza de crear un vínculo potente hace una trenza poderosísima con el saber. Por eso me gusta mucho esta frase de Virgilio: «Pueden porque creen que pueden». Y, luego, hay una de Edison que dice: «Los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que lo estamos haciendo», y me parece genial. Es decir, para los cínicos, los que intentan cargárselo todo, los que dicen que no hay nada a hacer, que siempre lo ha sabido y siempre lo sabrá. Creo que es una muy buena frase, y eso también implica necesariamente al universo de la educación. Podemos mejorar la educación, podemos hacer un universo mejor.

 Existencialismo, Sartre



Peter Watson

Nacido en 1491 en el castillo de Loyola, en el País Vasco, Ignacio habría podido convertirse fácilmente en uno de los muchos conquistadores españoles que entonces viajaban al otro lado del Atlántico. Según su propia confesión, se había entregado a «las vanidades de este mundo». Y de hecho se hizo soldado, pero su carrera se truncó cuando durante un asedio fue alcanzado en una pierna por una bala de cañón. Mientras se recuperaba en su castillo, cuenta la historia, Ignacio descubrió que ninguno de los libros que tenía a su alcance era de su agrado, así que tuvo que conformarse con leer vidas de santos. La experiencia cambió por completo su vida. «Todo indica que decidió allí mismo convertirse en santo él mismo, una nueva especie de héroe romántico. “Santo Domingo hizo esto, por tanto tengo que hacer aquello; san Francisco hizo esto otro, por tanto también tengo que hacerlo” ». El método de entrenamiento que se impuso «para alcanzar la santidad» evidenciaba la disciplina y atención al detalle propias de un militar, y de hecho, sus Ejercicios espirituales continúan siendo el curso de autodisciplina básico en la orden que fundó: los jesuitas. «Se trata de un programa de ejercicios de cuatro semanas, un verdadero curso de asalto espiritual para los soldados de Jesús, con el objetivo de que alejen su mente del mundo para concentrarse en los horrores del infierno, la verdad salvadora de la historia evangélica y el ejemplo de Cristo». Un ejercicio, destinado a provocar el desprecio del propio cuerpo, reza: «mirar toda mi corrupción y fealdad corpórea; mirarme como una llaga y postema, de donde han salido tantos pecados y tantas maldades y ponzoña tan turpísima». 


domingo, 11 de febrero de 2024

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