lunes, 7 de septiembre de 2026


 Esta frase de Kierkegaard tiene una trampa interesante: no está hablando simplemente de “ser auténtico”, como solemos entenderlo hoy. Está hablando de una forma mucho más profunda de desesperación: la incapacidad —o la negativa— de aceptar quién somos.

La frase pertenece a La enfermedad mortal (1849), donde Kierkegaard desarrolla su concepto de desesperación.

«La forma más profunda de desesperación es elegir no ser uno mismo.»

1. ¿Qué significa “no ser uno mismo”?

Para Kierkegaard, el yo no es simplemente nuestra personalidad, nuestros gustos o nuestra manera de vestir.

El yo es una relación consigo mismo. Somos seres que podemos preguntarnos:

¿Quién soy? ¿Qué quiero ser? ¿Qué hago con mi existencia?

Y ahí aparece el problema.

Podemos intentar convertirnos en otra cosa porque no soportamos lo que somos.

El individuo puede pensar:

  • «Quisiera ser como él.»
  • «Si tuviera dinero, sería feliz.»
  • «Si todos me admiraran, tendría valor.»
  • «Si tuviera otra vida, sería yo mismo.»
  • «Lo que soy no es suficiente.»

La desesperación comienza cuando nuestra existencia real entra en conflicto con la existencia que creemos que deberíamos tener.

2. Pero Kierkegaard va todavía más lejos

Hay una paradoja:

también podemos desesperarnos intentando ser nosotros mismos.

Es decir, existen dos movimientos aparentemente contrarios.

Uno sería:

«No quiero ser quien soy.»

Y el otro:

«Voy a convertirme en quien yo quiero ser, sin aceptar ningún límite.»

Para Kierkegaard, ambos pueden ser formas de desesperación porque el problema fundamental es nuestra relación con nuestro propio yo.

Por eso la cuestión no es simplemente:

«Sé tú mismo.»

Es mucho más incómoda:

«¿Eres capaz de aceptar y asumir responsablemente el yo que eres?»

3. Aquí aparece algo muy moderno

Y esto es lo que hace que Kierkegaard siga siendo tremendamente actual.

Vivimos rodeados de mecanismos que nos dicen quién deberíamos ser.

La publicidad:

Compra esto y serás alguien.

Las redes sociales:

Muéstrate así y los demás te aprobarán.

La cultura del éxito:

Gana más y serás alguien.

La política:

Pertenece a este grupo y encontrarás identidad.

Incluso ciertas versiones de la autoayuda:

Construye la mejor versión de ti mismo.

El problema es que podemos pasar toda la vida fabricando un personaje.

Y entonces ocurre algo bastante kierkegaardiano:

terminamos siendo muy buenos interpretando a alguien que no somos.

Tenemos una imagen pública, una profesión, una ideología, una cuenta de Instagram, opiniones políticas, gustos culturales, títulos, posesiones... y aun así podemos no saber quién está detrás de todo eso.

4. La parte más brutal de la frase

Kierkegaard dice “elegir”.

No simplemente:

«No ser uno mismo.»

Sino:

«Elegir no ser uno mismo.»

Eso implica que existe cierta responsabilidad.

No siempre escogemos las circunstancias que nos forman. No elegimos nuestra familia, nuestro cuerpo, nuestra época, muchas de nuestras limitaciones ni buena parte de nuestras experiencias.

Pero sí podemos terminar colaborando con nuestra propia desaparición.

Aceptamos el papel que otros escribieron para nosotros.

Y llega un momento en que ya ni siquiera sabemos si estamos viviendo nuestra vida o cumpliendo un guion.

5. La paradoja final

Y aquí está lo más poderoso:

la desesperación no necesariamente parece desesperación.

Una persona puede tener trabajo, dinero, pareja, reconocimiento, amigos y éxito y, sin embargo, estar profundamente desesperada.

Porque puede estar viviendo una vida perfectamente funcional...

pero que no siente como propia.

Kierkegaard anticipa así una pregunta que después aparecerá en muchos filósofos existencialistas:

¿Qué significa realmente existir como individuo?

Y quizá por eso esta frase tiene tanta fuerza.

No nos está diciendo:

«Sé especial.»

Nos está diciendo algo bastante más difícil:

«No huyas de ti mismo convirtiéndote en alguien que los demás puedan aceptar.»

Porque quizá la peor forma de perder la vida no sea fracasar en ser aquello que soñábamos.

Quizá sea tener éxito siendo alguien que nunca quisimos ser.

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