martes, 8 de septiembre de 2026

 

«Si ha de haber alguna paz, llegará a través del ser, no del tener.»
— Henry Miller


La frase de Henry Miller parece sencilla, pero contiene una crítica bastante profunda a una de las obsesiones centrales de la vida moderna: confundir lo que tenemos con lo que somos.

Miller establece una oposición entre ser y tener. El tener pertenece al mundo de la acumulación: dinero, propiedades, objetos, prestigio, títulos, reconocimiento, poder e incluso relaciones. El problema es que el tener nunca parece decirnos «ya es suficiente». Cuando conseguimos algo, inmediatamente aparece otra cosa que deseamos. La satisfacción queda siempre unos metros más adelante.

El ser, en cambio, apunta hacia la experiencia interior: vivir, conocer, sentir, crear, amar, contemplar, pensar. No significa necesariamente renunciar a las cosas materiales, sino dejar de convertirlas en la medida de nuestro valor.

Y aquí aparece la palabra decisiva: paz.

Miller no dice que la paz venga de tener poco, sino de no hacer depender nuestra existencia de lo que poseemos. Porque cuando nuestra identidad está construida alrededor del tener, también queda expuesta a la pérdida. Si tengo dinero, puedo perderlo; si tengo prestigio, puedo perderlo; si tengo poder, alguien puede quitármelo. Y entonces aparece el miedo.

El ser ofrece otra posibilidad: si mi valor no depende completamente de mis posesiones, perder algo no significa perderme a mí mismo.

Hay además una paradoja interesante. La sociedad suele enseñarnos exactamente lo contrario:

«Ten más y estarás mejor.»

Más dinero.
Más seguidores.
Más reconocimiento.
Más productividad.
Más cosas.
Más experiencias que mostrar.

Y Miller respondería, probablemente, con una pregunta bastante incómoda:

¿Y después de tener todo eso, quién eres?

Porque podemos pasar décadas construyendo una enorme colección de cosas y descubrir finalmente que hemos descuidado a la persona que las estaba acumulando.

La frase también puede leerse como una crítica al consumismo, aunque reducirla únicamente a eso sería quedarse corto. El problema no es poseer una casa, un automóvil o un buen libro. El problema comienza cuando el objeto deja de ser algo que tenemos y se convierte en algo que necesitamos para sentir que somos alguien.

Ahí el tener se transforma en una prisión.

Y quizá la frase podría resumirse de una manera todavía más incómoda:

Cuando necesitas tener mucho para sentir que eres alguien, probablemente todavía no has descubierto quién eres.

La paz de la que habla Miller no sería entonces una vida sin deseos ni posesiones, sino una vida en la que las cosas ocupan su lugar: podemos tenerlas sin permitir que ellas nos tengan a nosotros.

Y eso conecta muy bien con aquella otra idea  sobre la humildad: cuanto más necesitamos construir una imagen exterior de nosotros mismos, más dependemos de la mirada ajena. El ser necesita mucho menos escaparate que el tener.

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