«Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada de valor con él.»
M. Scott Peck
Esta frase encaja muy bien con una de las preocupaciones centrales de Peck: hacernos responsables de nuestra propia vida.
No podemos controlar completamente lo que nos sucede.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Qué hago con el tiempo que tengo?
Y esa pregunta es mucho más seria de lo que parece.
Porque finalmente no estamos administrando horas.
Estamos administrando nuestra existencia.
Quizá por eso la frase podría condensarse todavía más:
Quien no siente que su vida vale, entrega su tiempo sin demasiadas preguntas. Quien descubre que su vida vale, empieza a elegir cuidadosamente dónde poner sus horas.
Y ahí está lo verdaderamente provocador de Peck: valorar nuestro tiempo no es convertirnos en máquinas de productividad; es reconocer que nuestra vida es demasiado limitada como para vivirla enteramente según las prioridades de otros.
Cuando empiezas a valorar tu tiempo, inevitablemente empiezas a decir no.
No a determinadas personas.
No a determinadas obligaciones.
No a discusiones inútiles.
No a trabajos que consumen toda tu vida.
No a la necesidad permanente de agradar.
Y eso puede resultar incómodo porque muchas veces nuestra relación con el tiempo está determinada por las expectativas ajenas.
Vivimos como si nuestro tiempo fuera un recurso público:
"¿Puedes hacerme este favor?"
"¿Puedes venir?"
"¿Puedes encargarte de esto?"
"¿Por qué no contestaste?"
Y poco a poco podemos terminar entregando nuestra vida en pequeñas porciones.
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