viernes, 15 de octubre de 2021

 Cuando el elocuente Adlai Stevenson se presentaba como presidente contra Dwight Eisenhower, una mujer le dijo entusiasmada al candidato demócrata tras una reunión: «Todas las personas inteligentes le votarán». Se dice que Stevenson le replicó: «Señora, no es suficiente. 

Necesito una mayoría» (Marcus, Tbe sentimental citizen).



 "Toda alma es una melodía que se trata de volver a ensamblar".


 Cuando un hombre decide hacer algo, debe ir hasta el fin —dijo—, pero debe aceptar responsabili­ad por lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones sin' tener dudas ni remordimientos acerca de ellas. Me examinó. No supe qué decir. Finalmente aventuré una opinión, casi una protesta. —|Eso es una imposibilidad! —dije. Me preguntó por qué y dije que acaso, idealmente, eso era lo que todos pensaban que debían hacer. En la práctica, sin embargo, no había manera de evitar la duda y el remordimiento. —Claro que hay manera —repuso con convicción. —Mírame a mí —dijo—. Yo no tengo duda ni re­ mordimiento. Todo cuanto hago es mi decisión y mi responsabilidad. La cosa más simple que haga, llevarte a caminar en el desierto, por ejemplo, puede muy bien significar mi muerte. La muerte me acecha. Por eso, no tengo lugar para dudas ni remordimien­tos. Si tengo que morir como resultado de sacarte a caminar, entonces debo morir. “Tú, en cambio, te sientes inmortal, y las decisio­nes de un inmortal pueden cancelarse o lamentarse o dudarse. En un mundo donde la muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas, amigo mío. Sólo hay tiempo para decisiones.”

jueves, 14 de octubre de 2021

 La vida es un dolor de parto, que vale la pena si podemos darnos a luz a nosotros mismos. Pero yo veo a personas que, en cierto sentido, han muerto para mantenerse vivas. Estoy hablando de convertirse en alguien que no se quiere ser, a causa de la presión de los padres o de otras figuras de autoridad, de convertirse en médico, maestro, fontanero o ama de casa, aunque ni el trabajo ni el papel tengan significado para uno. Y entonces, un día, nos dicen que sólo nos queda un año de vida. A algunas personas, descubrir que son mortales les da, finalmente, permiso para vivir su vida. Entonces es cuando el maestro deja su trabajo y se muda a la orilla del mar, cuando el médico se compra una flauta, el ama de casa vuelve a la universidad y el fontanero se hace escultor. Dejan que muera su falso yo para dar nacimiento a lo que verdaderamente son. Uno puede suicidarse sin dañar su cuerpo. No se necesita ningún permiso para hacer eso. Todos somos mortales. No esperes a que alguien te diga que tienes cáncer o sida. Empieza a vivir ahora. Bríndate una nueva fecha de nacimiento. Entonces el proceso de sanación psicológica y espiritual se podrá producir, y además puede ir acompañado de una curación física. El cambio físico es una consecuencia del hecho de haberse dado a luz a uno mismo, libre de las enfermedades del pasado. No te enfades contigo ni te culpes por la forma en que has sobrevivido y satisfecho tus necesidades. Todos los síntomas son honorables: te reencaminan, te llevan hacia delante. Lo pasado, ya pasó.


 

 En las tardes azules de verano, iré por los senderos,

arañado por el trigo, pisando la hierba fina.
Soñador, sentiré el frescor en mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.

No hablaré, no pensaré en nada:
pero el amor infinito me subirá hasta el alma,
y me iré lejos, muy lejos, como un bohemio,
por la Naturaleza —feliz, como con una mujer.

 Los hábitos te obligan a hacer ciertas cosas; eres una víctima. Los hindúes llaman a esto la teoría del karma. Cada acción que repites, o cada pensamiento -porque el pensamiento es también un sutil acto de la mente-, adquiere más y más poder cada vez. Y entonces estás en sus garras. Eres prisionero del hábito. Entonces vives como un preso, como un esclavo. Y la prisión es muy sutil; la prisión está constituida con tus hábitos y condicionamientos y con los actos que has realizado. Rodea todo tu cuerpo y estás atrapado en ella, pero tú sigues pensando que eres tú quien actúa, y engañándote a ti mismo. Cuando te enfureces, crees que lo estás haciendo tú. Lo racionalizas y dices que la situación lo exigía: “Tuve que enfadarme, de lo contrario el niño se habría escapado”. Si no me enfadara, las cosas irían mal, y la oficina sería un caos. Los criados no hacen caso; tuve que echarles una bronca para que se hicieran las cosas. Tuve que ponerme furioso para poner a mi mujer en su sitio. Esto son racionalizaciones. Así es como tu ego sigue pensando que todavía eres tú quien manda. Pero no eres tú. La ira surge de antiguas pautas que vienen del pasado. Y cuando surge la ira, tú procuras encontrar una excusa. Los psicólogos han experimentado con esto y han llegado a una misma conclusión que la sicología esotérica oriental: el hombre es una víctima, no es el que manda. Los psicólogos han colocado a personas en total aislamiento, con todas las comodidades posibles. Se les proporcionaba cualquier cosa que necesitaran, pero no se les permitía establecer ningún contacto con otros seres humanos. Vivían en aislamiento en una celda con aire acondicionado. Sin trabajar, sin preocupaciones, sin problemas... pero los viejos hábitos persistían. Una mañana, sin ninguna razón aparente -porque se le proporcionaban todas las comodidades, no había preocupaciones, no había excusas para irritarse-, el sujeto sufría un repentino ataque de ira. Está dentro de ti. A veces, de pronto te sientes triste sin razón aparente. Otras veces, te sientes feliz, o te sientes eufórico, extático. Un hombre privado de relaciones sociales, aislado a todo confort, con todas las necesidades satisfechas, pasa por todos los estados de ánimo por los que pasaría si se relacionara. Eso significa que algo sale de dentro, y tú lo achacas a otro. Eso no es más que una, racionalización. Te sientes bien, te sientes mal, y esas sensaciones burbujean desde tu propio subconsciente, desde tu propio pasado. Nadie es responsable, excepto tú. Nadie puede ponerte furioso y nadie puede ponerte contento. Te pones contento tú solo, te pones furioso tú solo y te pones triste tú solo. Si no te das cuenta de esto, seguirás siempre siendo un esclavo.. El dominio de uno mismo se adquiere cuando uno se da cuenta: «Soy absolutamente responsable de todo lo que me ocurre. Ocurra lo que ocurra, sin condiciones, el responsable absoluto soy yo.» Al principio, esto te pondrá muy triste y te deprimirá, porque si puedes cargar a otro con la responsabilidad, te sentirás bien porque no has actuado mal ¿Qué puede uno hacer cuando su esposa se comporta de un modo tan desagradable? Tienes que enfadarte. Pero recuérdalo bien: tu esposa se porta de manera desagradable por sus propios mecanismos internos. No está siendo desagradable contigo. Si tú no estuvieras, sería desagradable con los niños. Si los niños no estuvieran, sería desagradable con la vajilla; tiraría los platos al suelo. Habría roto la radio. Algo tendría que hacer, porque le venía el mal humor. Fue pura casualidad que te encontrara a ti leyendo el periódico y se pusiera desagradable contigo. Fue pura coincidencia que tú estuvieras a mano en un mal momento. Tú estás enfadado, pero no porque tu mujer estuviera desagradable; ella proporcionó la situación, eso es todo. Ella te dio la oportunidad de ponerte furioso, una excusa para ponerte furioso, pero la ira estaba burbujeando ya. Si tu mujer no hubiera estado ahí, tú te habrías enfadado de todos modos... con algún otro, con alguna idea, pero la ira tenía que hacerse presente: Era algo que venía de tu propio subconsciente.

miércoles, 13 de octubre de 2021

 El Emigrante, Luis Felipe Lornelí

-¿Olvida usted algo? – Ojalá.

El destino
, Franz Kafka
Una jaula salió en busca de un pájaro.

 Freud supone que tu superego o tu conciencia son en primer lugar la interiorización de los deseos, exigencias e ideales de padre y madre, quienquiera que sean. ¿Y si fueran unos criminales? ¿Qué clase de conciencia tendrías? ¿Y si tuvieras un padre de moral extremadamente rígida, que odia toda diversión? ¿Y si fuera un psicópata? Esta conciencia existe; Freud tenía razón. En gran parte nuestros ideales proceden de estas imágenes tempranas y no de los libros de la Escuela Dominical leídos con posterioridad. Pero hay también otro elemento en la conciencia, o si queréis, otro tipo de conciencia que todos poseemos en grado fuerte o débil. Se trata de la «conciencia intrínseca». Se basa en la percepción inconsciente o preconsciente de nuestra propia naturaleza, de nuestra propia «vocación» en la vida. Insiste en que seamos fieles a nuestra propia naturaleza y no la neguemos por debilidad, conveniencia o por cualquier otra razón. Quien traiciona su talento, quien ha nacido pintor y en su lugar vende medias, el hombre inteligente que vive una vida estúpida, el que contempla la verdad y mantiene cerrada la boca, el cobarde que rinde sus fuerzas, todos ellos perciben en el fondo que se han hecho una injusticia a sí mismos y se desprecian por este motivo. De este auto-castigo sólo puede resultar neurosis, pero hay también una posibilidad de que salga de él un coraje renovado, una justa indignación, un mayor respeto hacia sí mismo, debido a que después se ha cumplido con lo justo; en una palabra, por el camino del sufrimiento y el conflicto puede llegarse al desarrollo y perfeccionamiento.

 Lo que es urgente y apremiante que reconozcamos, cada uno de nosotros en particular, es que cada vez que nos desviamos de nuestra naturaleza específica, cada atentado contra nuestra propia naturaleza individual, cada acto malo, se graban sin excepción en nuestro inconsciente y hacen que nos despreciemos a nosotros mismos. Karen Horney utilizaba un término acertado para designar esta función perceptora y recordatoria del inconsciente: decía ella que el inconsciente lo «registra» para nuestro descrédito; y, si hacemos algo honesto, notable o bueno, el inconsciente lo «registra» para honra nuestra. El resultado final del proceso es de signo positivo o negativo: o bien nos respetamos y aceptamos a nosotros mismos o bien nos despreciamos y nos sentimos miserables, indignos y repulsivos. Los teólogos acostumbraban a emplear la palabra acidia para describir el pecado de quien no hace con su vida aquello que sabe que podría realizar

martes, 12 de octubre de 2021

 Una de las versiones de la regla de oro, que dice que no hagamos a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros, encuentra su camino en muchos códigos morales, tanto seculares como religiosos. Debemos aplicar la regla de oro con los que tenemos más cerca. Pero ¿qué pasa con nosotros? La regla de oro da por supuesto el amor por uno mismo y lo utiliza como referencia del amor que hay que dar a los demás, el trato que nos damos a nosotros mismos como referencia del trato que hay que dar a los demás. Los sabios, sin embargo, suelen ignorar el hecho de que no todos nos queremos a nosotros mismos, o más bien que muchos dejamos de querernos cuando somos lo suficientemente mayores como para dirigir nuestro impulso crítico hacia nuestro interior. Raramente condenamos a los demás por su falibilidad, pero, normalmente, nos negamos a aceptar nuestra propia humanidad. Como dice Diane Ackerman: «Nadie puede estar a la altura del perfeccionismo, y muchos no pretendemos que los demás lo estén, pero somos más exigentes con nosotros mismos». ¿Por qué esta doble referencia: la generosidad con nuestros vecinos y la mezquindad con nosotros? Propongo que añadamos una nueva regla a nuestro código moral, que podemos llamar regla de platino: no te hagas a ti lo que no harías a los demás. Tomar como referencia nuestra forma de comportarnos con los demás puede ayudarnos a reconocer actitudes irracionales, destructivas hacia nosotros. ¿Criticaría a su pareja si hiciera un discurso que no fuera perfecto? ¿Menospreciaría a su mejor amigo si no aprobara un examen? Si su hija o su padre no quedaran en primer lugar en una competición, ¿haría su registro imperfecto que disminuyera su amor por ellos? Seguramente no. Y, sin embargo, cuando somos nosotros los que no estamos a la altura, nos consideramos inadecuados, fracasados. Cuando el Dalai Lama y algunos de sus seguidores empezaron a trabajar con científicos occidentales, descubrieron, para su sorpresa, que sufrían un problema de autoestima —que muchos occidentales no sólo no se amaban a sí mismos, sino que incluso se odiaban—. En la filosofía tibetana no existe la discrepancia entre el amor a uno mismo y a los demás —entre la mezquindad con nosotros y la generosidad con los demás—. En palabras del Dalai Lama: «Compasión o tsewa, según la tradición tibetana, es el estado mental o la actitud en la que extiendes la relación que tienes contigo mismo a los demás». Cuando preguntaron al Dalai Lama si se podía sentir compasión por uno mismo, respondió: «Primero eres tú, y luego de una forma más avanzada, la aspiración incluirá a los demás. En cierta forma, unos niveles altos de compasión no son más que un estado avanzado del egoísmo o interés personal. Por eso es tan difícil que los que se odian profundamente a sí mismos puedan sentir compasión por los demás. No tienen ninguna referencia, ninguna base a partir de la cual empezar». Numerosas investigaciones apuntan a la importancia de la autoestima para poder hacer frente a situaciones difíciles. Sin embargo, recientemente, los psicólogos Mark Leary y sus colegas han demostrado que, sobre todo en momentos difíciles, resulta más útil tener autocompasión que autoestima.3 Leary explica: «La autocompasión ayuda a la gente a no culparse de todas las cosas malas que le suceden. Si una persona aprende a sentirse mejor consigo misma, pero sigue castigándose cada vez que fracasa o comete un error, será incapaz de superar sus dificultades sin ponerse a la defensiva». La autocompasión implica ser comprensivo y amable con uno mismo, aceptando los pensamientos y los sentimientos negativos y reconociendo que las experiencias difíciles son propias del ser humano. También entraña ser capaz de perdonarse si un examen no va bien, si se comete un error en el trabajo, o si nos disgustamos cuando no deberíamos hacerlo. Leary afirma que «la sociedad norteamericana ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a intentar promover la autoestima cuando un ingrediente mucho más importante del bienestar puede ser la autocompasión». Si bien el énfasis de Leary en la autocompasión es importante, la distinción que él y otros realizan entre autocompasión y autoestima puede ser innecesaria. Nathaniel Branden se refiere a la autoaceptación (muy similar a la autocompasión de Leary) como uno de los pilares de la autoestima. La autocompasión y la autoestima se encuentran íntimamente conectadas. ¿Es compasivo consigo mismo? ¿Podría serlo más? Desde que el altruismo —el desinterés, la falta de egoísmo— se convirtió en lo más importante y en el ideal del mundo occidental, el amor por uno mismo pasó a ser el enemigo; se han emprendido todo tipo de acciones para erradicarlo. Este asalto a la naturaleza humana —al amor por uno mismo y al egoísmo— ha causado terribles consecuencias, tanto a nivel político (en las sociedades comunistas, por ejemplo) como individual (con la epidemia de la baja autoestima). El llamamiento al altruismo cogió la regla de oro y la distorsionó, sacando el amor a los demás fuera de contexto, fuera de su raíz emocional, que es el amor por uno mismo. Intentar reducir el amor por uno mismo con el objetivo de aumentar el amor por los demás produce el resultado contrario. Amar a los demás presupone amarse a sí mismo; como afirma el autor y filósofo Ayn Rand: «Para que una persona pueda decir “te quiero”, primero tiene que ser capaz de quererse a sí misma».

 Me gusta el verbo “resistir”. Resistir a lo que nos aprisiona, a los prejuicios, a los juicios precipitados, a las ganas de juzgar, a todo lo que es malvado en nosotros y que sólo quiere expresarse, a las ganas de abandonar, a la necesidad de quejarse, a la necesidad de hablar de uno mismo en detrimento del otro, a las modas, a las ambiciones malsanas, al desconcierto ambiente. Resistir, y… sonreír.


 

Uno de los puntos más importantes del vivir conscientemente es la independencia intelectual. Una persona no puede pensar a través de la mente de otra. Podemos aprender de los demás, pero el verdadero conocimiento implica comprensión, y no se trata de la mera repetición o imitación. Tenemos dos alternativas: ejercitar nuestra propia mente, o delegar en otros la responsabilidad del conocimiento y la evaluación y aceptar sus veredictos de manera más o menos incondicional.
    Por supuesto, a veces los demás influyen en nosotros de modos que no reconocemos; pero esto no altera el hecho de que existe una distinción entre los que tratan de comprender las cosas por sí mismos, y los que no lo hacen. Lo decisivo a este respecto es nuestra intención, nuestra meta. Como política general, ¿intenta usted pensar por sí mismo? ¿Es ésa su orientación básica?
    Hablar de "pensar de forma independiente" es útil porque la redundancia tiene valor en términos de énfasis. A menudo la gente llama "pensar" al mero reciclaje de las opiniones ajenas, no al verdadero pensamiento. Pensar con independencia —sobre nuestro trabajo, nuestras relaciones, los valores que guiarán nuestra vida— es parte de lo que se quiere decir con "vivir conscientemente".
    La independencia es una virtud de la autoestima.

lunes, 11 de octubre de 2021

 


Este ser humano es una casa de huéspedes. Cada mañana llega alguien nuevo. Una alegría, un desaliento, una mezquindad, llega alguna percepción fugaz como visita inesperada. ¡Recíbelas y atiéndelas a todas!… A los malos pensamientos, a la vergüenza, a la malicia, recíbelos en la puerta con una sonrisa, e invítalos a entrar. Agradece la visita de quien quiera que venga, porque todos fueron enviados como guías del más allá. 

RUMI

 Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 


Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 A comienzos del siglo xix, Thomas De Quincey escribió que el dolor de muelas suponía una cuarta parte del sufrimiento humano. Es posible que tuviera razón. La odontología con anestesia es una bendición sin paliativos, como también lo son el agua limpia y los inodoros con cisterna. El progreso es un hecho. Ahora bien, la fe en el progreso es una superstición. La ciencia hace posible que los seres humanos satisfagan sus necesidades, pero no hace nada por que éstas cambien. Hoy en día no difieren en absoluto de lo que siempre han sido. Existe un progreso del conocimiento, pero no de la ética. Tal es el veredicto tanto de la ciencia como de la historia, y el punto de vista de todas y cada una de las religiones del mundo. El crecimiento del saber es real y además — de no mediar una catástrofe mundial— actualmente irreversible. Las mejoras en el gobierno y en la sociedad no son menos reales, aunque, en este caso, no son irreversibles, sino temporales. No sólo pueden perderse: se perderán con toda seguridad. El avance del conocimiento nos hace creer que somos diferentes del resto de animales; ahora bien, nuestra historia nos enseña que no lo somos.

sábado, 9 de octubre de 2021

 


 Me interesó la lectura desde muy pronto, por una historia que me leyeron, de Hans Christian Andersen, que fue La Sirenita, y no sé si lo recuerdan pero La Sirenita es muy triste. La sirenita se enamora del príncipe, pero no puede casarse con él, porque ella es sirena. Y es tan triste que no puedo contarte los detalles. Pero bueno, tan pronto como terminé la historia me fui afuera y caminé dando vueltas y vueltas a la casa donde vivíamos, en la casa de ladrillos, e hice una historia con mi propio final feliz, porque pensé que se lo debía a la sirenita, y por alguna razón se metió en mi cabeza que sólo había sido hecha para que yo encontrara una historia diferente para mí; no iba a ir para todo el mundo, pero sentí que lo había hecho mejor, y de ahora en adelante, la sirenita se casaría con el príncipe y viviría por siempre feliz, lo que era como su postre, porque ella había hecho cosas terribles para ganarse al príncipe, su favor. Ella tuvo que renunciar a su cola. Tuvo que conseguir piernas que las personas ordinarias tienen y caminan, pero para ella cada paso que daba era doloroso. Estuvo dispuesta a hacer esto para ganar al príncipe. Así que pensé que merecía más que la muerte en el agua. Y no me preocupé de que a lo mejor el resto del mundo no conociera esta nueva historia, porque sentí que se había publicado tan pronto como la pensé. Así que, ahí tienes, fue un principio temprano en la escritura. Dinos, ¿cómo aprendiste a contar una historia, y a escribirla? Inventaba historias todo el tiempo, hacía grandes caminatas a la escuela, y durante esas caminatas generalmente inventaba historias. Conforme crecí las historias eran más y más sobre mí misma, como heroína en una situación u otra, y no me molestaba que esas historias no fueran a ser publicadas al mundo inmediatamente, y ni siquiera sé si pensaba que otras personas las conocerían o leerían. Era la historia misma, generalmente una historia muy satisfactoria desde mi punto de vista, con la idea general de la valentía de la sirenita, de que ella era sagaz, que en general era capaz de hacer un mundo mejor, porque ella saltaba para estar ahí, y tenía poderes mágicos y cosas así. ¿Era importante que la historia se contara desde la perspectiva de una mujer? Nunca pensé que eso fuera importante, pero nunca pensé en mi misma como siendo otra cosa que mujer, y hay muchas buenas historias de niñas pequeñas y mujeres. Después de que llegué quizás a la adolescencia, era más sobre ayudar al hombre a que consiguiera satisfacer sus necesidades y demás, pero cuando era una niña pequeña no me sentía inferior por el hecho de ser mujer. Y esto puede haber sido porque viví en una parte de Ontario donde las mujeres son las que más leen, las que más cuentan historias, los hombres estaban afuera haciendo cosas más importantes, no les interesaban las historias. Así que me sentía a mis anchas en casa. ¿Cómo te inspiró ese ambiente? Sabes, creo que no necesitaba inspiración, yo pensaba que las historias eran tan importantes en el mundo, y quería crear algunas de estas historias, y quería seguir haciéndolo, y no tenía que ver con otros; y no necesitaba decirle a nadie, y no fue hasta mucho después que me di cuenta de que sería interesante si una de ellas llegara a auditorio más grande. ¿Qué es importante para ti cuando cuentas una historia? Bueno, obviamente, en esos días lo importante era un final feliz. Yo no toleraba los finales infelices, cuando menos para mis heroínas. Y después que comencé a leer cosas como Cumbres Borrascosas, y tenían lugar finales muy pero muy infelices, cambié mis ideas por completo y me fui por los finales trágicos que podía disfrutar. ¿Qué puede ser tan interesante al describir la vida en una pequeña ciudad canadiense? Tú tienes que estar ahí. Pienso que cualquier vida puede ser interesante, cualquier ambiente puede ser interesante. No creo que pudiera haber sido tan valiente si hubiera vivido en una ciudad, compitiendo con personas que puede ser que tengan un nivel cultural más elevado. Yo no tuve que tratar con eso. Era la única persona que conocía que estaba escribiendo historias, aunque no se las contaba a nadie, y hasta donde yo sabía, cuando menos durante un tiempo, era la única persona que podía hacer esto en el mundo. ¿Siempre tuviste confianza en lo que escribías? Por mucho tiempo, estuve con poca confianza mientras crecía y conocí a otras pocas personas que escribían. Entonces me di cuenta de que el trabajo era más difícil de lo que había esperado. Pero nunca renuncié a ello, era simplemente algo que hacía. ¿Cuándo comienzas una historia, tienes ya todo el argumento? Si, pero muchas veces cambia. Comienzo una trama, y trabajo en ella, y entonces veo que va hacia otro lado y que pasan cosas conforme voy escribiendo, pero al menos tengo que tener para comenzar una noción bastante clara de la idea que tratará la historia. ¿Qué tanto te consume la historia cuando comienzas a escribir? Oh, mucho. Pero sabes, siempre tuve el almuerzo para mis hijos ¿no? Era un ama de casa, así que aprendí a escribir en los tiempos muertos, y no creo que jamás renunciara a ello, aunque hubo ocasiones en que me descorazoné, porque comencé a ver que las historias que escribía no eran tan buenas, y que tenía mucho que aprender y que era un trabajo mucho más duro que lo que me había imaginado. Pero no me detuve. No creo que lo haya hecho jamás. ¿Cuál es la parte más difícil cuando quieres contar una historia? Creo que probablemente sea esa parte en donde tienes que ir revisando la historia y te das cuenta de que es mala. La primera parte, la excitación, la segunda, muy bien, pero entonces te levantas un día y piensas “qué tontería” y es cuando realmente tienes que ponerte a trabajar en ella. Y para mí, siempre sentí que eso era lo correcto, era mi culpa que la historia fuera mala, no era culpa de la historia. ¿Cómo la cambias si no estás satisfecha? Trabajando mucho. Trato de buscar una mejor manera de explicarlo. Tienes a los personajes a los que no les has dado una oportunidad, y tienes que pensar en ellos o hacer algo diferente con ellos. En mis primeros tiempos, tenía a una prosa floreada, y gradualmente aprendí a quitarlo del camino. Así que tienes que pensar en ella, y encontrar más y más de qué trata la historia, lo que tu creías entender al principio, pero que en realidad, tenías mucho que aprender de ella. ¿Cuántas historias has tirado? ¡Ja!, cuando era joven tiraba todas. No tengo idea, pero no he hecho eso en años recientes. Generalmente sabía que era lo que tenía que hacer para darles vida. Pero puede haber todavía lo que yo creo que es un error y simplemente tienes que olvidarte de ello. ¿Alguna vez has lamentaste tirar una historia? No lo creo, porque para entonces ya he entrado en agonía a causa de ella, sabiendo que no funcionó desde un principio. Pero como digo, no sucede con frecuencia. El envejecer ¿Cambia tu escritura? Oh, bueno, de manera muy predecible. Comienzas escribiendo de estas princesas jóvenes y después escribes de amas de casa con niños y después de mujeres ancianas, y así sigue; sin que necesariamente quieras hacer algo para cambiar esto. Tu visión cambia. ¿Crees que has sido importante para otras escritoras, siendo un ama de casa, pudiendo compaginar la escritura con las labores del hogar? No lo sé, de hecho, esperaría que sí. Creo que fui hacia otras escritoras cuando fui joven, y que eso fue un gran estímulo para mí, pero si he sido importante para otras no lo sé. Creo que las mujeres de este tiempo lo tienen, no diría que más fácil, pero si es más aceptable hoy en día que la mujer haga algo importante, no solo jugar con algo mientras todos los demás salen de casa, sino que realmente puede ser seria con respecto a escribir, como escribiría un hombre. ¿Qué impacto crees que puedas tener en quien lea tus historias, especialmente las mujeres? Bueno, quiero que mis historias emocionen a las personas, no me importa si son mujeres, hombres o niños. Quiero que mis historias sean algo que lleve a los demás a decir no sólo “oh, eso es verdad” sino que sientan una recompensa de mi escritura, y eso no quiere decir que tenga que haber un final feliz ni mucho menos, sino que todo en la historia mueva al lector de tal manera que sientas que eres diferente cuando termines de leerla. ¿Quién piensas que eres? ¿Qué ha significado esa expresión para ti? Bueno, crecí en el campo y crecí con personas que eran escocesas-irlandesas, y era una idea común no tratar mucho, nunca pensar que eras inteligente. Había otra imagen que era popular: “Ah, tú crees que eres inteligente”. Y para hacer algo como escribir, tenías que pensar que eras inteligente, por un tiempo, pero yo fui una persona peculiar. ¿Fuiste feminista temprana? Nunca supe de la palabra “feminista”, pero si que lo era, porque de hecho crecí en una parte de Canada donde las mujeres podían escribir con más facilidad que los hombres. Los escritores grandes, importantes serían varones, pero saber que las mujeres escribían historias no las perjudicaba, como si lo hacía con los hombres. Bueno, eso fue muy allá en mi juventud, no es la manera en que se dan las cosas ahora. ¿Habría cambiado tu escritura si hubieras acabado tus estudios universitarios? Ciertamente que si, me podrían haber hecho más cautelosa y mucho más temerosa de ser una escritora, porque mientras más sabía de lo que las personas habían hecho, naturalmente me acobardaba. Quizás hubiera pensado que no podía hacerlo, pero no creo que hubiera pasado, en verdad, quizás por un tiempo, pero entonces, yo tenía tantas ganas de escribir que simplemente hubiera ido hacia adelante para tratar de cualquier manera. ¿Es el escribir un don que te ha sido dado? No creo que las personas alrededor de mí hubieran pensado eso, pero nunca pensé en él como un don, sino simplemente algo que podía hacer, si trataba con la suficiente insistencia. Así que si fue un don, no fue uno fácil, no después de La Sirenita. ¿Alguna vez dudaste, alguna vez pensaste que no eras lo suficientemente buena? ¡Todo el tiempo, todo el tiempo! Tiré más cosas de las que mandé o terminé, y todo eso continuó hasta mis veintitantos. Pero aún estaba aprendiendo a escribir como quería hacerlo. Así que no, no fue algo fácil. ¿Qué significó tu madre para ti? Oh, mis sentimientos acerca de mi madre son muy complicados, porque ella estaba enferma, tenía la enfermedad de Parkinson, necesitaba mucha ayuda y su habla era difícil, las personas no entendían lo que estaba diciendo, y aún así era una persona muy gregaria, que quería ser parte de la vida social, y esto no era posible para ella precisamente por los problemas de lenguaje. Así que me avergonzaba de ella, y la amaba pero de cierto modo no quería que me identificaran con ella, ni quería sobresalir y decirle a la gente las cosas que ella quería que les dijera. Era difícil de la misma manera en que cualquier adolescente pensaría de su padre que ha sido lisiado de algún modo. Te gustaría verte totalmente libre de estas cosas. ¿Ella te inspiró de alguna manera? Pienso que si pero probablemente no de maneras que yo pudiera notar o entender. No puedo recordar un momento en el que no estuviera escribiendo mis historias; por ejemplo, no las escribía, pero las contaba; no a ella, o a nadie. Pero mi madre leía, y mi padre también…Mi madre, pienso, hubiera apoyado más a alguien que quisiera ser escritor. Ella hubiera pensado que era una vocación admirable, pero las personas alrededor de mí no sabían que yo quería ser una escritora, porque no dejé que lo descubrieran porque me parecía que para la mayoría de las personas hubiera sido ridículo. Porque la mayor parte de las personas que conocía no leían, tomaban la vida de manera práctica y mi idea era que mi vida debía estar apartada de las personas que conocía. ¿Ha sido difícil contar una historia verdadera desde la perspectiva de una mujer? No, para nada, porque es la manera en que pienso, y ser mujer es algo que nunca me molestó. Sabes, es algo especial crecer como yo lo hice, donde si alguien leía, eran las mujeres. Si alguien tenía una educación, con frecuencia eran las mujeres; hubiera sido una maestra o algo así, y en vez de ser más algo cerrado para las mujeres, el mundo de la lectura y escritura estaba más abierto a las mujeres que a los hombres, pues los hombres eran campesinos o estaban haciendo otro tipo de trabajo. ¿Y fuiste educada en un hogar de la clase trabajadora? Si. ¿Y es así donde tus historias comienzan también? Si. No me di cuenta de que era un hogar de clase trabajadora, simplemente miré donde estaba y escribí sobre ello. ¿Y algunas veces sentiste que tenías que escribir en un tiempo determinado, viendo una agenda, atendiendo a los niños, cocinando la comida? Bueno, escribía cuando podía, y mi primer marido me ayudó mucho, para él la escritura era algo admirable. El no pensaba que fuera algo que las mujeres no podían hacer, como muchos de los hombres que conocí después, y lo tomaba como algo que quería que yo hiciera y nunca me alejó de ello. Fue muy divertido tener una librería, porque cuando nos mudamos aquí, determinados a tener una librería, todo mundo creyó que estábamos locos y que moriríamos de hambre, pero no fue así. Trabajamos muy duro. ¿Qué tan importante fue para ustedes la librería, cuándo comenzó todo? Fue nuestro medio de vida. Era todo lo que teníamos. No teníamos ninguna otra forma de ingreso. El primer día que abrimos ganamos 75 dólares. Lo que pensarías que era mucho, y lo era, pero nos tomó un largo tiempo volver a ganar esa cantidad. Yo solía sentarme detrás del escritorio y buscaba los libros para los clientes, y hacía todo lo que haces en una librería. Generalmente lo hacía todo yo, y las personas venían y hablábamos mucho de libros. Era un lugar donde las personas solían reunirse más que llegar a comprar de inmediato algo, y esto sucedía sobre todo de noche, donde yo estaría ahí sentada sola, y todas estas personas venían en la noche, hablándome de algo, y era grandioso. Fue muy divertido. Hasta este punto, yo sólo había sido un ama de casa, estuve en casa todo el tempo, y era también una escritora, pero esta fue una maravillosa oportunidad de entrar en el mundo. No creo que hiciéramos mucho dinero, posiblemente platicaba demasiado con la gente, sabes, en vez de hacer que compraran libros, pero fue un tiempo fantástico en mi vida. Los visitantes me decían: sus libros me recuerdan a mi casa. Si, vivo justo en el sur de Amsterdan. Muchas gracias, hasta luego. ¡Piensa en esto! Bueno, amo cuando alguien se te acerca así, cuando no es sólo conseguir el autógrafo, sino que te dicen por qué. ¿Quieres que las mujeres jóvenes sean inspiradas por tus libros y se inspiren también para escribir? No me importa lo que sientan tanto como que disfruten lo que están leyendo. Quiero que las personas encuentren más disfrute y no tanto inspiración. Eso es lo que quiero: que las personas disfruten mis libros, que piensen que se relacionan con sus propias vidas de distintas maneras. Pero eso no es lo principal. Lo que estoy tratando de decir, creo, es que no soy una persona política. ¿Eres una persona culta? Probablemente. No estoy segura de que significa, pero pienso que lo soy. Parece que tienes un punto de vista muy simple de las cosas. ¿Lo tengo? Bueno, si. Leí en algún lado que quieras que las cosas se expliquen de manera sencilla. Si. Pero no pienso que quiera explicar las cosas de manera más sencilla; es sólo la manera como escribo. Pienso que de manera natural pienso de manera sencilla, sin pensar que quiero hacerlo más sencillo. ¿Alguna vez has tenido periodos donde no has sido capaz de escribir? Si, los he tenido. Dejé la escritura, ¿cuándo fue?, probablemente hace un año, pero esa fue una decisión, no fue tanto que quisiera escribir y no pudiera, fue una decisión que quería comportarme como el resto del mundo. Porque cuando estás escribiendo estás haciendo algo que las demás personas no saben que estás haciendo, y no puedes hablar de ello, y siempre te encuentras en este mundo secreto, y después estás haciendo otra cosa en el mundo normal. I me estoy cansando un poco de esto. He hecho esto toda mi vida, absolutamente toda mi vida. Cuando estoy en compañía de escritores que son más académicos, entonces yo me sonrojaba un poco porque no podría escribir así. No tengo ese don. ¿Es como tener una manera diferente de contar una historia? Si, y nunca trabajé en eso, ¿cómo lo diré?, de manera consciente. Bueno, sin duda era consciente y trabajé de manera que me era confortable y me gustaba lo que así, más que seguir algún tipo de idea. ¿Alguna vez te viste ganando el Premio Nobel? ¡Oh,no! ¡Yo era una mujer! Pero hay mujeres que lo han ganado, lo se. Es solo que amo el honor, lo amo, pero no pienso de esa manera, quizás porque la mayoría de los escritores probablemente desestiman su trabajo, especialmente después de que lo han hecho. No vas diciéndole a tus amigos “probablemente gane el premio Nobel”. ¡No es una manera común de llegar a saludar a alguien! ¿Alguna vez miras hacia atrás y lees alguno de tus primeros libros? ¡No, me temo que no! Porque probablemente me entraría una urgencia terrible para cambiar un poco aquí y un poco allá, e incluso lo he hecho en algunos ejemplares de mis libros, pero me doy cuenta de que no importa porque no han cambiado afuera. ¿Hay algo que le quieras decir a las personas en Estocolmo? Oh, quiero decirles que estoy tan agradecida por este honor, que nada, nada en el mundo me podría hacer tan feliz como esto. ¡Gracias!




 «A pesar de todo, seguimos amando, y ese "a pesar de todo" cubre un infinito».

Emil Cioran



 "Estoy leyendo veinte libros a la vez, masas de libros, y me siento como una morsa cerca del mar, tan vasto, tan calmo, tan indiferente, con todo el Atlántico para regodearse."


- Virginia Woolf


 

 Un hombre noble se compara y estima a sí mismo por una idea que es superior a él; un hombre mezquino, por una inferior a sí mismo. El primero produce aspiración; el otro ambición, que es a lo que un hombre vulgar aspira.

viernes, 8 de octubre de 2021



 "La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora. Si no es ahora, ¿cuándo? Tu vida estará siempre llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases: «Por largo tiempo me parecía que la vida estaba a punto de comenzar. La vida de verdad. Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar. Sólo entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta que esos obstáculos eran mi vida». Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad".

-Eduardo Galeano

 Para quienes creemos que los seres humanos son animales, no puede haber una historia de la humanidad, sino sólo las vidas de humanos específicos. Hablamos de la historia de la especie sólo para denotar la incognoscible suma de esas vidas. Como ocurre con otros animales, algunas vidas son felices, otras desgraciadas. Ninguna tiene un sentido que vaya más allá de sí misma. Buscar un significado a la historia es como buscar formas reconocibles en las nubes. Nietzsche lo sabía, pero no podía aceptarlo. Se vio atrapado en el círculo delimitado por las esperanzas cristianas. Creyente hasta el final, nunca abandonó la fe absurda en la posibilidad de darle un sentido al animal humano. Así que se inventó la ridicula figura del superhombre para conferir a la historia un sentido del que carecía. Esperaba que, a partir de ahí, la humanidad despertara de su largo sopor. Como era de prever, sólo consiguió añadir nuevas pesadillas a ese confuso sueño.


 

«¡Mamá, Papá! ¡Je suis grand, je suis de nouveau un homme!» Cria-til

«¡Madre y padre!» gritó. «Soy un niño grande, ¡soy un ser humano otra vez!»

Me fascinó la frase «je suis de nouveau un homme». en particular. A medida que crecí, seguía sufriendo dificultades en diferentes ámbitos de la vida: en mi familia, en mi relación con la sociedad japonesa y en mi forma de vivir en general en la segunda mitad del siglo XX. He sobrevivido representando estos sufrimientos míos en la forma de la novela. En ese proceso me he encontrado repitiendo, casi suspirando, ‘je suis de nouveau un homme!’ Hablar así en lo que a mí respecta es quizá inapropiado para este lugar y para esta ocasión. Sin embargo, permítanme decir que el estilo fundamental de mi escritura ha sido partir de mis asuntos personales y luego vincularlo con la sociedad, el Estado y el mundo.

Hace medio siglo, mientras vivía en la profundidad de ese bosque, leía Las Aventuras de Nils y sentía dentro de ella dos profecías. Una de ellas era que algún día llegaría a ser capaz de entender el lenguaje de las aves. La otra era que un día podría volar con mis queridos gansos salvajes – preferiblemente a Escandinavia.

Después de casarme, el primer hijo que nacimos era mentalmente discapacitado. Lo llamamos Hikari, que significa «Luz» en japonés. Como un bebé, sólo respondió a los chirridos de las aves silvestres y nunca a las voces humanas. Un verano, cuando tenía seis años, estábamos en nuestra casa de campo. Oyó un par de rieles de agua (Rallus aquaticus)Chirriando desde el lago más allá de una arboleda, y dijo con la voz de un comentarista sobre una grabación de aves silvestres: «Son rieles de agua». Este fue el primer momento en que mi hijo pronunció palabras humanas. Fue a partir de entonces que mi esposa y yo comenzamos a tener comunicación verbal con nuestro hijo.

Hikari ahora trabaja en un centro de formación profesional para discapacitados, una institución basada en ideas que aprendimos de Suecia. Mientras tanto, ha estado componiendo obras de música. Los pájaros fueron los originadores que ocasionaron y mediaron su composición de la música humana. En mi nombre HikariHa cumplido así la profecía de que algún día podría entender el lenguaje de los pájaros. Debo decir también que mi vida habría sido imposible, pero para mi esposa con su abundante fuerza femenina y sabiduría. Ella ha sido la encarnación misma de Akka, el líder de los gansos salvajes de Nils. Junto con ella he vuelto a Estocolmo y la segunda de las profecías también se ha realizado, para mi mayor deleite.

jueves, 7 de octubre de 2021


 

Yo soy uno de los escritores que desean crear obras serias de literatura que se disocian de aquellas novelas que son meros reflejos de las vastas culturas consumistas de Tokio y las subculturas del mundo en general. ¿Qué tipo de identidad de japonés debería buscar? WH Auden definió una vez al novelista como sigue:

…, entre el polvo
Sea justo, entre los sucios también Suciedad,
Y en su propia persona débil, si puede,
Debe sufrir debidamente todos los errores del Hombre.
(«El novelista», 11-14)

Esto es lo que se ha convertido en mi «hábito de la vida» (en palabras de Flannery O’Connor) a través de ser un escritor como mi profesión.

Para definir una identidad japonesa deseable quisiera escoger la palabra «decente» que está entre los adjetivos que George Orwell usó a menudo, junto con palabras como «humano», «sano» y «conely», para los tipos de carácter que él favorecido. Este epíteto engañosamente simple puede comenzar y contrastar con la palabra «ambigua» usada para mi identificación en «Japón, el ambiguo y yo mismo». Hay una amplia e irónica discrepancia entre lo que los japoneses parecen cuando se ven desde afuera y lo que desean que parezca.

Espero que Orwell no plantee una objeción si utilizo la palabra «decente» como sinónimo de «humanista» o «humanista» en francés, porque ambas palabras comparten cualidades comunes como la tolerancia y la humanidad. Entre nuestros antepasados ​​estaban algunos pioneros que hicieron esfuerzos minuciosos para construir la identidad japonesa como «decente» o «humanista».

Una de esas personas fue el fallecido profesor Kazuo Watanabe, un estudioso de la literatura y el pensamiento del Renacimiento francés. Rodeado por el ardor insano del patriotismo en la víspera y en medio de la Segunda Guerra Mundial, Watanabe tuvo el sueño solitario de injertar la visión humanista del hombre sobre el sentido tradicional japonés de la belleza y la sensibilidad a la Naturaleza, que afortunadamente no había sido Totalmente erradicada. Debo apresurarme a añadir que el profesor Watanabe tenía una concepción de la belleza y de la naturaleza diferente de la concebida por Kawabata en su «Japón, el bello y yo mismo». ‘

La manera en que Japón había intentado construir un estado moderno modelado en Occidente era cataclísmica. De manera diferente, pero en parte correspondiente, a ese proceso, los intelectuales japoneses habían intentado salvar la brecha entre Occidente y su propio país en su nivel más profundo. Debe haber sido una laborosa tarea o esfuerzo, pero también fue una de ellas que llenó de alegría. El estudio del profesor Watanabe sobre François Rabelais fue, pues, uno de los logros académicos más destacados y gratificantes del mundo intelectual japonés.

Watanabe estudió en París antes de la Segunda Guerra Mundial. Cuando le habló a su supervisor académico de su ambición de traducir Rabelais al japonés, el eminente experto francés respondió al aspirante a joven estudiante japonés con la frase: «L’entreprise inouie de traduction de l’intraduisible Rabelais» (la empresa sin precedentes de traducir En el japonés intraducible Rabelais). Otro erudito francés respondió con asombro franco: «Belle entreprise pantagruélique» (una empresa admirablemente pantagruélica). A pesar de todo esto Watanabe no sólo logró su gran empresa en un ambiente de pobreza durante la Guerra y la ocupación americana,

Tanto en mi vida como en la escritura he sido alumno de la profesora Watanabe. Yo estaba influenciado por él de dos maneras cruciales. Uno estaba en mi método de escribir novelas. Aprendí concretamente de su traducción de Rabelais a lo que Mikhail Bakhtin formuló como «el sistema de imágenes del realismo grotesco o la cultura de la risa popular»; La importancia de los principios materiales y físicos; La correspondencia entre los elementos cósmicos, sociales y físicos; La superposición de la muerte y las pasiones para el renacimiento; Y la risa que subvierte las relaciones jerárquicas.

El sistema de imágenes hizo posible buscar métodos literarios de alcanzar lo universal para alguien como yo nacido y educado en una región periférica, marginal, descentrada del país periférico, marginal, descentrado, Japón. Partiendo de un telón de fondo, no represento a Asia como una nueva potencia económica, sino un Asia impregnada de una pobreza duradera y de una fertilidad mixta. Al compartir metáforas viejas, familiares y vivas, me alineo con escritores como Kim Ji-ha de Corea, Chon I y Mu Jen, ambos de China. Para mí la hermandad de la literatura mundial consiste en tales relaciones en términos concretos. Una vez participé en una huelga de hambre por la libertad política de un talentoso poeta coreano.

Otra forma en que el profesor Watanabe me ha influenciado es en su idea del humanismo. Considero que es la quintaesencia de Europa como una totalidad viviente. Es una idea que también es perceptible en la definición de Milan Kundera del espíritu de la novela. Basándose en su exacta lectura de fuentes históricas Watanabe escribió biografías críticas, con Rabelais en su centro, de personas de Erasmus a Sébastien Castellion, y de mujeres conectadas con Henri IV de la reina Marguerite a Gabrielle Destré. Al hacerlo Watanabe pretendía enseñar a los japoneses sobre el humanismo, sobre la importancia de la tolerancia, sobre la vulnerabilidad del hombre a sus preconcepciones o máquinas de su propia creación. Su sinceridad lo llevó a citar la observación del filólogo danés Kristoffer Nyrop: «

Como alguien influenciado por el humanismo de Watanabe, deseo que mi tarea como novelista permita que tanto los que se expresan con palabras como sus lectores se recuperen de sus propios sufrimientos y los sufrimientos de su tiempo y curen sus almas de las heridas. He dicho que estoy dividido entre los polos opuestos de ambigüedad propios de los japoneses. He estado haciendo esfuerzos para ser curado y restaurado de esos dolores y heridas por medio de la literatura. He hecho mis esfuerzos también para orar por la cura y recuperación de mis compañeros japoneses.

Si me permites mencionarlo de nuevo, mi hijo mentalmente incapacitado Hikari fue despertado por las voces de los pájaros a la música de Bach y Mozart, eventualmente componiendo sus propias obras. Las pequeñas piezas que compuso por primera vez estaban llenas de nuevo esplendor y deleite. Parecían rocío brillando en las hojas de hierba. La palabra inocencia se compone de en – ‘no’ y nocere – ‘herido’, es decir, ‘no hacer daño a’. La música de Hikari fue en este sentido una efusión natural de la propia inocencia del compositor.

Como Hikari pasó a componer más obras, no podía dejar de oír en su música también «la voz de un llanto y alma oscura». Mentalmente incapacitado como era, su intenso esfuerzo proporcionó su acto de componer o su «hábito de vida» con el crecimiento de las técnicas de composición y una profundización de su concepción. Eso a su vez le permitió descubrir en el fondo de su corazón una masa de tristeza oscura que hasta entonces no había podido identificar con palabras.

«La voz de un alma llorosa y oscura» es hermosa, y su acto de expresarla en la música le cura de su tristeza oscura en un acto de recuperación. Además, su música ha sido aceptada como una que cura y restaura a sus oyentes contemporáneos también. Aquí encuentro los motivos para creer en el exquisito poder curativo del arte.

Esta creencia no ha sido plenamente probada. «Persona débil», aunque soy, con la ayuda de esta creencia inviable, me gustaría «sufrir todos los males» acumulados a lo largo del siglo XX como resultado del monstruoso desarrollo de la tecnología y el transporte. Como alguien con una existencia periférica, marginal y descentrada en el mundo, me gustaría buscar cómo – con lo que espero sea una modesta contribución humanista y decente – puedo ser útil para curar y reconciliar a la humanidad».

 


Julián empezó a notar que se sentía sexualmente atraído por su vecina. Se consideraba un hombre feliz en su matrimonio, y su primera reacción fue reprocharse esa atracción. Pero pronto advirtió que era mejor comprenderse a sí mismo que practicar un autorreproche ciego. Se permitió experimentar (en su vida interior) dicha atracción sexual. Prestó atención a los sentimientos que su vecina despertaba en él, y dio rienda suelta a sus fantasías. Cobró conciencia de que lo que ansiaba no era tanto poseer a su vecina como obtener nuevos estímulos, y no porque estuviera aburrido de su mujer sino porque estaba aburrido de su trabajo. Vio que una mujer nueva ofrecía la promesa de una momentánea experiencia de eficacia, que su trabajo ya no le proporcionaba. No se sintió culpable; consideró su reacción frente a su vecina como una valiosa fuente de información sobre las frustraciones que albergaba en su interior. Sabía que no iba a traicionar a su esposa, pero se permitió imaginar cómo podía llegar a ser una aventura con su vecina. Esa noche, en la cena, le dijo a su esposa: "Esta tarde, durante la hora que estuve sentado en el patio, a solas, tuve una aventura de ocho meses con la señora de al lado". Su serenidad y su tono divertido indicaron a su esposa que no tenía nada que temer, así que le preguntó: "¿Y qué tal te fue?" Julián tomó a su esposa de la mano y respondió: "Fue frustrante. Sin sentido. No era eso lo que yo buscaba. Pero creo que me vendría bien cambiar de trabajo".

    Práctica de la autodesestimación. Lo que Julián no sabía era que su vecina, Marta, albergaba sentimientos eróticos hacia él, pero como los consideraba pecaminosos, los reprimía. Se volvió cada vez más tensa con su esposo y sus hijos. Tenía ataques de llanto que no podía explicar. Cuando alguna vez se cruzaba en el camino con Julián, se mostraba a veces brusca y otras seductora, como una niña que aún no sabe bien lo que está haciendo. Hacía mucho tiempo que Marta se sentía desdichada en su matrimonio, pero no se permitía enfrentarse a eso, ya que para ella el divorcio significaba humillación y fracaso. Si se hubiera permitido aceptar y analizar sus sentimientos hacia Julián, y quizás discutirlos con su marido, habría obtenido una valiosa visión interior de su situación. Pero de niña le habían enseñado que desear íntimamente a otro hombre era tan malo como cometer adulterio; y ella no quería ser mala, de modo que la única solución era la inconsciencia. Por último, después de varios años de sufrimiento e incomunicación, su marido le pidió el divorcio. Marta, que se sintió traicionada, abandonada y perdida, se preguntaba: "¿Por qué en este mundo la gente buena siempre tiene que sufrir?".



 "Ninguno de los libros de este mundo

te aportará la felicidad,
pero secretamente te devuelven
a ti mismo.
Allí está todo lo que necesitas,
sol, luna y estrellas,
pues la luz que reclamas
habita en tu interior".

Hermann Hesse


 

Sí, es un mundo y en este mundo del sí viven (hábilmente imbricados) todos los mundos. 

E. E. CUMMINGS

miércoles, 6 de octubre de 2021

 Porque una casa sin ti es una oficina

Un teléfono ardiendo en la cabina
Una palmera en el museo de cera
Un exódo de oscuras golondrinas
Y si te vas me voy por los tejados
Como un gato sin dueño
Perdido en el pañuelo de amargura
Que empaña sin mancharla, tu hermosura

Porque una casa sin ti es una oficina
Un teléfono ardiendo en la cabina
Una palmera en el museo de cera
Un exódo de oscuras golondrinas

 Casi todas las filosofías, la mayoría de las religiones y buena parte de la ciencia evidencian una preocupación desesperada e incansable por la salvación de la humanidad. Si renunciamos al solipsismo, estaremos menos preocupados por la suerte del animal humano. La salud física y mental no radica en un amor introvertido hacia todo lo humano, sino en recurrir a lo que Robinson Jeffers llama, en su poema «Meditation on Saviors», «la orilla al otro lado de la humanidad». El Homo rapiens es sólo una de entre una multitud de especies y no es obvio que valga especialmente la pena preservarla. Tarde o temprano, se extinguirá. Cuando se haya ido, la Tierra se recuperará. Mucho después de que haya desaparecido todo rastro del animal humano, muchas de las especies que éste se ha propuesto destruir seguirán ahí, junto a otras que todavía están por surgir. La Tierra olvidará a la humanidad. El juego de la vida continuará.




 Bolero, Julio Cortázar


Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

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