jueves, 14 de mayo de 2026

 “Nunca subestimes la mezquindad en el alma de las personas… incluso cuando están siendo amables… especialmente cuando están siendo amables.”


La frase es incómoda porque rompe una ilusión que nos gusta conservar: que la amabilidad es siempre pura. Alice Munro sugiere lo contrario: que dentro de la bondad puede esconderse algo más turbio.

No está diciendo que toda amabilidad sea falsa, sino que el ser humano es ambiguo. Podemos ser generosos y, al mismo tiempo, estar motivados por cosas menos nobles: necesidad de aprobación, manipulación sutil, culpa, deseo de control o incluso superioridad moral. Esa es la “mezquindad” a la que apunta: no necesariamente maldad abierta, sino pequeñas sombras en la intención.

El giro más potente es “especialmente cuando están siendo amables”. 

Ahí hay casi una advertencia: la bondad puede ser un disfraz. No en todos los casos, pero sí en suficientes como para no ser ingenuos. Es una invitación a mirar más allá del gesto y preguntarse por el fondo.

Dicho eso, hay que tener cuidado de no caer en el extremo paranoico: si interpretas toda amabilidad como sospechosa, te aíslas del mundo. 

La frase funciona mejor como una brújula crítica, no como una sentencia absoluta. Te pide lucidez, no cinismo.

En el fondo, es una observación muy humana: somos capaces de lo mejor y lo peor al mismo tiempo, y a veces ambas cosas vienen mezcladas en el mismo acto.

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