jueves, 12 de mayo de 2022

 Efectivamente, los prejuicios son revelaciones involuntarias de la fecha de una pieza escrita. En su propio tiempo, un respetado teólogo de Cambridge, A. C. Bouquet, fue capaz de comenzar el capítulo sobre el islam en su Religión comparada con estas palabras: «El semita no es un monoteísta natural, como se suponía a mediados del siglo XIX . Es un animista». La obsesión por la raza (como algo opuesto a la cultura) y el revelador uso del singular («El semita... Es un animista») para reducir una pluralidad entera de personas a un único «tipo» no es algo atroz bajo ningún estándar. Pero hay otro diminuto indicador del cambiante Zeitgeist . Ningún profesor de teología de Cambridge ni ningún otro sujeto utilizarían hoy día esas palabras. Tales sutiles pistas de las cambiantes mores nos dicen que Bouquet lo escribió no más tarde de la mitad del siglo XX . De hecho, lo escribió en 1941.

    Retrocedamos otras cuatro décadas y los estándares cambiantes se vuelven inequívocos. En un libro anterior cité la utópica Nueva República de H. G. Wells, y volveré a hacerlo porque es una fantástica ilustración del tema del que estoy hablando.
     
    Y ¿cómo tratará la Nueva República a las razas inferiores? ¿Cómo se las arreglará con los negros?... ¿Con los amarillos?... ¿Con los judíos?... ¿con todos esos enjambres de negros y marrones, de sucios blancos y personas amarillas, que no entran en las nuevas necesidades de eficiencia? Bien, el mundo es el mundo y no una institución de caridad, y es necesario que se vayan... Y el sistema ético de esos hombres de la Nueva República, el sistema ético que dominará el estado mundial, se definirá en primer lugar para favorecer la procreación de lo que es bello, eficiente y hermoso en la humanidad —bellos y fuertes cuerpos, claras y poderosas mentes...—. Y el método que la naturaleza ha utilizado hasta la fecha para conformar el mundo, por el que se previene la propagación de la debilidad... es la muerte... Los hombres de la Nueva República... tendrán un ideal que hará que la muerte merezca la pena.
     
    Esto fue escrito en 1902 y a Wells se le consideraba un progresista en su tiempo. En ese año tales sentimientos, aunque no se estuviera generalmente de acuerdo con ellos, habrían podido formar parte de una argumentación en una fiesta nocturna. Los lectores modernos, por el contrario, se quedarían literalmente boquiabiertos de horror cuando vieran esas palabras.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Idea Vilariño

 


Todo es muy simple mucho

más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.



 «Todo lo sólido se desvanece en el aire»

En lo que los seres humanos difieren de otros animales, es, en parte, en lo contradictorio de sus instintos. Ansian seguridad, pero se aburren con facilidad; son animales amantes de la paz, pero les corroe el gusanillo de la violencia; se ven arrastrados a pensar, pero, al mismo tiempo, aborrecen y temen el desasosiego que les produce la reflexión. No hay un solo modo de vida en el que puedan ser satisfechas todas esas necesidades. Por fortuna, como la propia historia de la filosofía atestigua, los seres humanos tienen el don del autoengaño y siguen adelante desconocedores de su propia naturaleza.

martes, 10 de mayo de 2022

 Me gustó ver que Joseph Campbell describe el matrimonio como «una difícil prueba». Creo que sus palabras son válidas para todas las relaciones: con el marido, la esposa, el o la amante, el médico, el paciente... Tratamos de crear una tercera entidad, algo mayor que los individuos que participan en la relación. En una entrevista con Michael Toms, en el ya citado libro Una vida abierta, Campbell dice: Ya veis que, en el matrimonio, la relación y la flexibilidad lo son todo. Hay que conocer las funciones, saber que cada uno está desempeñando un papel en un organismo. Una de las cosas que he comprendido, y que comprende la gente que lleva mucho tiempo casada, es que el matrimonio no es un idilio. Un idilio tiene que ver con la satisfacción personal inmediata, pero el matrimonio es una difícil prueba. Significa ceder, una y otra vez. Por eso es un sacramento. Renuncias a tu simplicidad personal para participar en una relación. Y cuando das algo, no se lo das a la otra persona, sino a la relación. Y si te das cuenta de que participas en la relación, al igual que la otra persona, entonces se convierte en el elemento esencial de la vida, en una experiencia que nutre y enriquece la vida. No es un empobrecimiento, porque te das a otra persona. ¿Ves a qué me refiero? Ese es el desafío de un matrimonio. Qué hermoso es vivir juntos como personalidades que evolucionan, cada una de las cuales ayuda a florecer a la otra en vez de limitarse a seguir el arquetipo estándar. Es un momento maravilloso cuando las personas toman la decisión de ser totalmente sorprendentes e imprevisibles, en lugar de productos hechos con molde, como galletas.


 

 La leyenda del béisbol, Jackie Robinson, señaló: «Una vida no es significativa excepto por su impacto en otras vidas». El impacto de Robinson en las personas en los EE.UU. fue increíble. A mediados de los cuarenta, se convirtió en el primer atleta afroestadounidense en jugar en el béisbol de las grandes ligas a pesar del prejuicio, las burlas raciales, el abuso, y las amenazas de muerte. Y lo hizo con carácter y dignidad. Brad Herzog, autor de The Sports 100 [Los 100 del deporte], identificó a Robinson como la persona más influyente en la historia deportiva estadounidense: Primero, están los que cambiaron la manera en que se jugaba … Luego están los hombres y mujeres cuya presencia y trayectoria alteraron fundamental y permanentemente el escenario deportivo … Y, por último, el puñado de figuras deportivas cuya influencia transcendió los campos de juego e impactó la cultura estadounidense … Robinson, más que nadie, era los tres tipos en uno.2 Martin Luther King, uno de los estadounidenses más influyentes del siglo veinte, reconoció el impacto positivo que hizo Jackie Robinson en su vida y la causa por la que luchó. King le dijo al pionero del béisbol, Don Newcombe: «Jamás sabrán lo que usted, Jackie y Roy [Campanella] hicieron para facilitar mi trabajo». La mayoría del tiempo reconocemos la influencia que tenemos en los seres más cercanos a nuestras vidas, para bien o para mal. Pero a veces ignoramos el impacto que podemos tener en otras personas a nuestro alrededor. El autor anónimo de este poema tal vez pensaba en eso al escribir: 

Mi vida tocará docenas de vidas antes de que termine este día, Dejará innumerables señas para bien o para mal antes que se ponga el sol, Este es el deseo que siempre anhelé, la oración que siempre oré; Señor, que mi vida ayude a otras vidas que toque por el camino.

lunes, 9 de mayo de 2022

 


"Si de verdad quieren fastidiar a sus padres, lo mínimo que pueden hacer es dedicarse al arte. No es broma. El arte no es una forma de ganarse la vida. Es una forma muy humana de hacer la vida más soportable. Practicar un arte, bien o mal, es una forma de hacer crecer el alma. Por el amor de Dios, canten en la ducha. Bailen con la música de la radio. Cuenten cuentos. Escriban un poema para un amigo o amiga, aunque sea pésimo. Háganlo tan bien como puedan. Obtendrán una enorme recompensa. Habrán creado algo."





Antonio Machado



 La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

-recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy en mitad de la vida,

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!



 Lo importante no es saber quién es "yo" o qué es "yo". Usted nunca lo logrará. Lo importante es descartar los rótulos. Como dicen los maestros Zen japoneses, "No busquen la verdad; sencillamente descarten sus opiniones". descarten sus teorías; no busquen la verdad, la verdad no es algo que se busca. Si dejaran de apegarse a sus opiniones, lo sabrían. ¿Qué quiero decir por rótulos? Todos los rótulos son imaginables excepto quizás el de ser humano. Soy un ser humano. Suficiente; no dice mucho. Pero cuando alguien dice"Yo tengo éxito" eso es demencial. El éxito no es parte del "yo". El éxito es algo que va y viene; podría estar presente hoy y ausente mañana. eso no es "yo". Cuando alguien dice: "Tuve éxito", está en un error, está a obscuras. Se identificó con el éxito. Lo mismo sucede cuando dice: "Fracasé"; yo soy abogado, yo soy un hombre de negocios. Ustedes saben lo que va a suceder si se identifican con estas cosas. Se van a apegar a ellas y se van a preocupar porque se acaben. Y entonces es cuando aparee el sufrimiento. Eso es lo que quería decir antes cuando les dije: "Si ustedes sufren, están dormidos". ¿Quieren un signo de que están dormidos? Aquí lo tienen: ustedes sufren. El sufrimiento es un signo de que ustedes no están en contacto con la verdad. El sufrimiento les da para que puedan abrir los ojos a la verdad, para que puedan comprender que en alguna parte hay falsedad, así como el dolor físico les da para que comprendan que en alguna parte hay enfermedad. El sufrimiento indica que en alguna parte hay falsedad. El sufrimiento se produce cuando ustedes se estrellan contra la realidad. Cuando sus falsedades se estrellan con la verdad, entonces hay sufrimiento. De otra manera no hay sufrimiento.

domingo, 8 de mayo de 2022

 No pude sentir, así que intenté tocar... LEONARD COHEN , «Hallelujah»

 




Anne, mi mujer, era un ser irreal, de una luminosa belleza, casi imposible. Demasiado hermosa para ser feliz, pero eso lo supe cuando ya era demasiado tarde. Me pasaba horas mirándola. A veces ella se daba cuenta y me lo reprochaba: «Deja ya de mirarme», exclamaba, «me molestas.» Pero observarla vivir se había convertido en mi espectáculo favorito. En general, a los chicos como yo, que se consideraban feos cuando eran niños, les parece tan increíble el hecho de seducir a una chica guapa que las piden en matrimonio con cierta premura. Lo que sucede después no es muy original: para no entrar en detalles, digamos que nos fuimos a vivir juntos a un apartamento demasiado pequeño para un amor tan grande. A causa de eso, salíamos demasiado a menudo de nuestra casa, y nos vimos arrastrados por un remolino bastante corrompido. La gente decía de nosotros: —Estos dos salen mucho. —Sí, pobrecitos… ¡Qué mal les debe de ir! Y no estaban del todo equivocados, aunque estuvieran encantados de, por una vez, contar con una hermosa mujer en sus desangeladas veladas. La vida funciona de tal manera que, justo cuando empiezas a ser un poquitín feliz, te llama al orden. Nos fuimos infieles por turnos. Nos separamos igual que nos habíamos casado: sin saber por qué. El matrimonio es una gigantesca maquinación, una estafa infernal, una mentira organizada en la que naufragamos como dos niños.

  Warren Buffett es uno de los hombres más ricos del mundo. En su juventud fue a inscribirse a la Universidad de Harvard; como no reunía todos los requisitos, lo rechazaron y no pudo inscribirse. Decidió entonces probar en la Universidad de Columbia, se inscribió y se hizo amigo de uno de los profesores, que luego fue su mentor. Le enseñó cómo invertir dinero en bolsa, y Buffett terminó haciéndose multimillonario. Por eso dice: «Descubrí los millones gracias a que me rechazaron en Harvard».

    Un muchacho australiano que nunca había hecho una película —nadie lo había llamado— decide presentarse a un casting y el día anterior tres ladrones lo asaltan, le pegan y le desfiguran la cara. Cuando se presenta al productor, lo ve y dice: «Justo lo que estaba buscando… ¡un tipo rudo!». Gracias a que le robaron y le lastimaron la cara, Mel Gibson empezó su carrera como actor.
    Joseph Pulitzer, un hombre en sus comienzos sumamente pobre, al llegar a Estados Unidos no tenía ni para comer. Se dedicó a hacer lo que sabía, que era jugar al ajedrez. Jugaba con uno, jugaba con otro, y en una partida se hizo amigo del contrincante. Éste le preguntó: «¿Usted a qué se dedica?». «No tengo trabajo…», respondió Pulitzer. «Bueno, le voy a dar trabajo de aprendiz, soy dueño de un diario».



«Las formas que vienen y van —y de las cuales tu cuerpo no es sino un ejemplo— son los destellos de mis danzantes miembros. Si en todo me conoces, ¿qué puedes temer?»  Discurso imaginario del dios hindú Shiva, extraído del libro El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell  «Por más imposibles que puedan parecer todos estos acontecimientos, es muy probable que tuvieran las mismas perspectivas de verificación que aquellos que pudieron haberse materializado y que aquellos otros que jamás ocurrieron y que nadie juzgó nunca factibles.»  

viernes, 6 de mayo de 2022

 Un Deseo


Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus defectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

(Poema atribuído a Víctor Hugo)

  De Chile a Irak, la tortura ha sido el socio silencioso de la cruzada por la libertad de mercado global. Pero la tortura es más que una herramienta empleada para imponer reglas no deseadas a una población rebelde. También es una metáfora de la lógica subyacente en la doctrina del shock La tortura, o por utilizar el lenguaje de la CIA, los «interrogatorios coercitivos», es un conjunto de técnicas diseñado para colocar al prisionero en un estado de profunda desorientación y shock, con el fin de obligarle a hacer concesiones contra su voluntad. La lógica que anima el método se describe en dos manuales de la CIA que fueron desclasificados a finales de los años noventa. En ellos se explica que la forma adecuada para quebrar «las fuentes que se resisten a cooperar» consiste en crear una ruptura violenta entre los prisioneros y su capacidad para explicarse y entender el mundo que les rodea. [36] Primero, se priva de cualquier alimentación de los sentidos (con capuchas, tapones para los oídos, cadenas y aislamiento total), luego el cuerpo es bombardeado con una estimulación arrolladora (luces estroboscópicas, música a toda potencia, palizas y descargas eléctricas). En esta etapa, se «prepara el terreno» y el objetivo es provocar una especie de huracán mental: los prisioneros caen en un estado de regresión y de terror tal que no pueden pensar racionalmente ni proteger sus intereses. En ese estado de shock, la mayoría de los prisioneros entregan a sus interrogadores todo lo que éstos desean: información, confesiones de culpabilidad, la renuncia a sus anteriores creencias. Uno de los manuales de la CIA ofrece una explicación particularmente sucinta: «Se produce un intervalo, que puede ser extremadamente breve, de animación suspendida, una especie de shock o parálisis psicológica. Esto se debe a una experiencia traumática o subtraumática que hace estallar, por así decirlo, el mundo que al individuo le es familiar, así como su propia imagen dentro de ese mundo. Los interrogadores experimentados saben reconocer ese momento de ruptura y saben también que en ese intervalo la fuente se mostrará más abierta a las sugerencias, y es más probable que coopere, que durante la etapa anterior al shock.

 "No es venganza lo que quiero,

sino dejar una flor donde escondieron los huesos
de un héroe de El Salvador."

- Silvio Rodríguez

jueves, 5 de mayo de 2022



 En muy resumidas cuentas, lo que el extenso estudio de Piketty viene a decir es lo siguiente: el capitalismo no debe consumirse en crudo . El capitalismo, como las salchichas, tiene que ser cocinado antes, en su caso concreto, por la sociedad democrática y sus instituciones, pues, si no, en crudo, el capitalismo es antisocial. Como bien nos advierte Piketty, «una economía de mercado [...] abandonada a sí misma contiene en su seno [...] poderosas fuerzas de divergencia, potencialmente amenazadoras para nuestras sociedades democráticas y para los valores de justicia social en que están basadas». Muchos estudiosos de la cuestión han optado por describir estas nuevas condiciones englobándolas dentro de la etiqueta del neofeudalismo , un estado de cosas que se caracteriza por una consolidación de la riqueza y del poder de la élite que quedan así muy fuera del alcance de la gente corriente y de los mecanismos del consentimiento democrático.  Piketty prefiere hablar más concretamente de un retorno al capitalismo patrimonial , una reversión a una sociedad premoderna en la que las oportunidades vitales de una persona dependen de su riqueza heredada, más que de sus logros meritocráticos.  Ahora disponemos de las herramientas para captar bien la destructiva complejidad de la colisión a la que aquí me estoy refiriendo: lo que nos resulta insoportable es que las desigualdades económicas y sociales han vuelto a las antiguas pautas «feudales» preindustriales, pero nosotros, las personas, no . No somos campesinos analfabetos, siervos de la gleba, ni esclavos. Tanto si pertenecemos a la «clase media» como a sectores «marginados», compartimos una misma condición histórica colectiva como personas individualizadas caracterizadas por experiencias sociales y opiniones complejas. Somos cientos (o incluso miles) de millones de personas de la segunda modernidad a quienes la historia ha liberado tanto de la realidad (antaño inmutable) de un destino escrito al nacer como de las condiciones de la sociedad de masas. Nos sabemos merecedores de una dignidad y de la oportunidad de vivir una vida eficaz. Esas son las condiciones de nuestra existencia actual que, como el dentífrico, no pueden volver a ser introducidas en el tubo en el que estaban contenidas una vez que han salido ya de él. Como la destructiva onda expansiva de una detonación, las reverberaciones de dolor y rabia que tan definitorias son ya de nuestra era actual surgen de esa venenosa colisión entre los hechos de la desigualdad y las sensaciones de la desigualdad.



 



«Tengo un solo enemigo. Nunca sabré de qué manera pudo entrar en mi casa, la noche del 14 de abril de 1977. Fueron dos las puertas que abrió: la pesada puerta de calle y la de mi breve departamento. Prendió la luz y me despertó de una pesadilla que no recuerdo, pero en la que había un jardín. Sin alzar la voz me ordenó que me levantara y vistiera inmediatamente. Se había decidido mi muerte y el sitio destinado a la ejecución quedaba un poco lejos. Mudo de asombro, obedecí. Era menos alto que yo pero más robusto y el odio le había dado su fuerza. Al cabo de los años no había cambiado; sólo unas pocas hebras de plata en el pelo oscuro. Lo animaba una suerte de negra felicidad. Siempre me había detestado y ahora iba a matarme. El gato Beppo nos mirabas desde su eternidad, pero nada hizo para salvarme. Tampoco el tigre de cerámica azul que hay en mi dormitorio, ni los hechiceros y genios de los volúmenes de Las mil y una noches. Quise que algo me acompañara. Le pedí que me dejara llevar un libro. Elegir una Biblia hubiera sido demasiado evidente. De los doce tomos de Emerson mi mano sacó uno, al azar. Para no hacer ruido bajamos por la escalera. Conté cada peldaño. Noté que se cuidaba de tocarme, como si el contacto pudiera contaminarlo.

En la esquina de Charcas y Maipú, frente al conventillo, aguardaba un cupé. Con un ceremonioso ademán que significaba una orden hizo que yo subiera primero. El cochero ya sabía nuestro destino y fustigó al caballo. El viaje fue muy lento y, como es de suponer, silencioso. Temí (o esperé) que fuera interminable también. La noche era de luna serena y sin un soplo de aire. No había un alma en las calles. A cada lado del carruaje las casas bajas, que eran todas iguales, trazaban una guarda. Pensé: Ya estamos en el Sur. Alto en la sombra vi el reloj de una torre; en el gran disco luminoso no había guarismos ni agujas. No atravesamos, que yo sepa, una sola avenida. Yo no tenía miedo, ni siquiera miedo de tener miedo, ni siquiera miedo de tener miedo de tener miedo, a la infinita manera de los eleatas, pero cuando la portezuela se abrió y tuve que bajar, casi me caí. Subimos por unas gradas de piedra. Había canteros singularmente lisos y eran muchos los árboles. Me condujo al pie de un de ellos y me ordenó que me tendiera en el pasto, de espaldas, con los brazos en cruz. Desde esa posición divisé una loba romana y supe dónde estábamos. El árbol de mi muerte era un ciprés. Sin proponérmelo repetí la línea famosa: Quantum lenta solent inter viburna cupressi.

Recordé que lenta, en ese contexto, quiere decir flexible, pero nada tenían flexibles las hojas de mi árbol. Eran iguales, rígidas y lustrosas y de materia muerta. En cada una había un monograma. Sentí asco y alivio. Supe que un gran esfuerzo podía salvarme. Salvarme y acaso perderlo, ya que, habitado por el odio, no se había fijado en el reloj ni en las monstruosas ramas. Solté mi talismán y apreté el pasto con las dos manos. Vi por primera y última vez el fulgor del acero. Me desperté; mi mano izquierda tocaba la pared de mi cuarto.
Qué pesadilla rara, pensé, y no tardé en hundirme en el sueño.

Al día siguiente descubrí que en el anaquel había un hueco; faltaba el libro de Emerson, que se había quedado en el sueño. A los diez días me dijeron que mi enemigo había salido de su casa una noche y que no había regresado. Nunca regresará. Encerrado en mi pesadilla, seguirá descubriendo con horror, bajo la luna que no vi, la ciudad de relojes en blanco, de árboles falsos que no pueden crecer y nadie sabe qué otras cosas».


 Jim creció en Niagara Falls, Nueva York. Hoy la población son unos 60,000, pero cuando Jim vivió allí, eran unas 100,000 personas. Era un pujante centro industrial, con compañías como DuPont Chemical. Contaba con medios culturales, una centenaria universidad consolidada, y otras atracciones, pero entonces el foco principal del pueblo era la increíble maravilla natural de las cascadas, como lo es aún hoy. Los Iroquois la llamaban Niagara, que significa «trueno de aguas». Es una vista asombrosa. Cada minuto más de 12 millones de pies cúbicos de agua caen desde unos 54 metros de altura sobre la orilla de las cascadas. Y su anchura total, incluyendo la porción estadounidense y la canadiense, mide unos 945 metros. Se le llama, correctamente, una de las maravillas del mundo. Jim dice: Cuando crecíamos, escuchamos muchas historias acerca de las cascadas y las atrevidas peripecias que la gente hacía, como cuando Annie Edson Taylor se lanzó en un barril, y así por el estilo. Una de las grandes leyendas del pueblo era un acróbata francés llamado Charles Blondin que vivió entre 1824 y 1897. Cruzó la extensión de las cascadas sobre una cuerda en 1859. Eso debió requerir nervios de acero ya que una caída ciertamente lo habría matado. Es más, cruzó las cascadas varias veces. Una vez lo hizo en un barril, otra lo hizo vendado, y otra sobre zancos. Dicen que era muy destacado. Continuó presentándose hasta entrado en sus setenta. Una de las hazañas más increíbles que realizó fue cruzar las cascadas sobre una cuerda cargando a un hombre en su espalda. ¿Se lo imagina? ¡Me parece que cruzar solo no era tan difícil para él! Pero pese a lo difícil que esta hazaña pudiera ser para Blondin, no dejo de preguntarme cómo hizo que alguien fuera con él. Eso es lo que uno llama confianza: subirse a la espalda de un hombre que va a caminar más de medio kilómetro sobre una cuerda atravesando las cascadas más poderosas del mundo. Acostumbraba pensar en eso cuando niño. ¿Cómo sería ver las cascadas desde esa cuerda? Y más importante, ¿qué persona confiaría en mí para cargarlo a través de las cascadas de la manera en que aquel hombre confió en Blondin?

miércoles, 4 de mayo de 2022


 

 Schopenhauer menospreciaba las ideas de emancipación universal que habían empezado a difundirse por toda Europa a mediados del siglo xix. En términos políticos, era un liberal reaccionario que sólo esperaba del Estado protección para su vida y su propiedad. Veía los movimientos revolucionarios de su época con una mezcla de horror y desprecio — llegó incluso a ofrecer a los guardias que disparaban sobre una multitud durante las manifestaciones populares de 1848 los binóculos que utilizaba en la ópera para que los usaran como mira telescópica para sus rifles— . Pero también desdeñaba la filosofía oficial del momento y consideraba a Hegel, el filósofo mejor visto de Europa (de una gran influencia en pensadores posteriores, como, por ejemplo, Marx), poco más que un apologista del poder estatal. En su vida personal, Schopenhauer era cauteloso y sereno. Tenía un sentido muy desarrollado de los peligros de la vida humana. Dormía con pistolas cargadas junto a su cama y se negaba a dejar que su barbero le afeitara el cuello. Le gustaba la compañía, pero a menudo no prefería otra que la suya propia. Nunca se casó, pero parece haber sido muy activo sexualmente. El diario erótico que se encontró entre sus papeles a su muerte fue quemado por su albacea, pero su célebre ensayo Sobre las mujeres le valió una reputación de misógino que no le ha abandonado desde entonces. Era un amante de la costumbre. Durante la etapa final de su vida, en Fráncfort, siguió una rutina diaria invariable. Se levantaba a eso de las siete, escribía hasta el mediodía, tocaba la flauta durante media hora y luego salía a almorzar (siempre en el mismo sitio). Acto seguido, volvía a sus aposentos, leía hasta las cuatro e, inmediatamente después, salía a caminar durante dos horas, caminata que acababa siempre en una biblioteca en la que leía el Times de Londres. Por la noche iba al teatro o a algún concierto, tras lo cual tomaba una cena ligera en un hotel: el Englischer Hof. Se ciñó a este régimen durante casi treinta años. Uno de los pocos episodios memorables en una vida como la suya, tan vacía de acontecimientos dignos de mención, fue consecuencia de su odio a los ruidos. Enfurecido por una costurera que hablaba cerca de sus aposentos, la empujó escaleras abajo. La mujer resultó herida y se querelló contra él. Él perdió el juicio y, de resultas de ello, tuvo que pasarle una cantidad trimestral de dinero durante el, resto de su vida. Cuando ella murió, él escribió en latín sobre su certificado de defunción: Obit anus, abit onus («La vieja ha muerto, me libré de la carga»). A pesar de ser un incrédulo en lo referido a la realidad del yo, Schopenhauer se pasó la vida dedicado a sí mismo.

 


“En lo más profundo del hombre habitan esos poderes adormecidos; poderes que le asombrarían, que él jamás soñó poseer; fuerzas que revolucionarían su vida si despertaran y entraran en acción” 



martes, 3 de mayo de 2022





 Quizá podamos ahora empezar a entender por qué la vida, cuando se la considera como un mundo de opuestos separados, es hasta tal punto frustrante, y por qué el progreso ha llegado a convertirse en la actualidad, no en un crecimiento, sino en un cáncer. Al intentar separar los opuestos para aferrarnos a aquéllos que consideramos positivos, tal como el placer sin dolor, la vida sin la muerte, el bien sin el mal, en realidad nos empeñamos en atrapar fantasmas sin realidad alguna. Lo mismo daría que quisiéramos concretar un mundo de crestas sin senos, de compradores sin vendedores, de izquierdas sin derechas, de dentros sin fueras. Ya señaló Wittgenstein que, como nuestros objetivos no son elevados, sino ilusorios, nuestros problemas no son difíciles sino absurdos.

    Que todos los opuestos —por ejemplo, masa y energía, sujeto y objeto, vida y muerte— sean cada uno el otro en una medida tal que son perfectamente inseparables, es cosa que a la mayoría de nosotros sigue pareciéndonos difícil de creer. Pero esto se debe únicamente a que aceptamos como real la demarcación entre los opuestos. Recuérdese que son las demarcaciones como tales las que crean la existencia aparente de opuestos separados. En una palabra, decir que «la realidad fundamental es una unidad de opuestos» es tanto como decir que en la realidad fundamental no hay fronteras , en ninguna parte.
    El hecho es que las fronteras nos tienen tan fascinados, hasta tal punto estamos bajo el hechizo del pecado de Adán, que hemos olvidado por completo la verdadera naturaleza de las demarcaciones. Porque éstas, del tipo que sean, no se encuentran nunca en el mundo real, sino sólo en la imaginación de los cartógrafos. Cierto que hay muchas clases de líneas en el mundo natural, como la línea de la costa, situada entre los continentes y los océanos que los rodean. De hecho, en la naturaleza hay toda clase de líneas y superficies: los contornos de las hojas y la piel de los organismos, horizontes y líneas de árboles y de lagos, superficies de luz y de sombra, y líneas que delimitan los objetos y el medio en que están. Es obvio que todas esas superficies y líneas están efectivamente ahí, pero son líneas que —como la línea de la costa entre la tierra y el agua— no representan, como generalmente se supone, una mera separación entre tierra y agua. Como tan a menudo ha señalado Alan Watts, las llamadas «líneas divisorias» también representan, precisamente, los lugares en que la tierra y el agua se tocan . Es decir, son líneas que unen y aproximan tanto como dividen y distinguen. Dicho de otra manera, ¡esas líneas no son fronteras! Como pronto veremos, hay una gran diferencia entre una línea y una frontera.

 


Leer a Quiroga sin conocer su historia de vida es perderse totalmente el contexto artístico de su obra, es perderse parte de lo que las constituye como obras extraordinarias. Y puede que me digan: Darwin, no importa el contexto, lo importante es la obra. Y ciertamente, con muchos autores no es necesario saber el contexto con el que escribieron, pero en este caso es sumamente importante. Por eso, si están leyendo a Quiroga o lo piensan leer, deben poner atención a lo que estoy por contar.


La historia de vida de Quiroga, y lo digo sin exagerar, pareciera ser una ficción trágica y amarga nunca jamás escrita, nunca jamás pensada por ningún escritor, quizá debido a lo inverosímil de la consecutividad de tragedias que le acontecieron. 

Horacio nace un 31 de diciembre de 1878, y la vida, como una señal cósmica de los sucesos que vendrían, ya a pocos meses de su nacimiento, quedaría huérfano de padre, el cual, por accidente en una jornada de cacería se habría disparado a sí mismo con su escopeta y acabado por error con su vida. Horacio, al recibir esta tragedia tan pequeño, creció tranquilo, sin que el no tener padre le afectara demasiado. Ya, en su niñez, mostraba habilidad y cercanía con las letras y por el querer expresarse mediante ellas. 

Su madre se volvió a casar tiempo luego y él pudo encontrar esa figura paterna que le faltó en sus primeros años, y apreció mucho de encontrarla. No obstante, un día a sus 17 años de edad, al regresar del colegio y abrir la puerta de la habitación de su padrastro, lo pudo ver dispararse al rostro con una escopeta. Horacio lo presenció todo, y dichas imágenes siempre le atormentáron. 

Quiroga encontró un buen refugio en las letras, estas  le salían con gran naturalidad, expresando un talento incuestionable para quien le leyera. Inspirado en el escritor estadounidense Edgar Allan Poe, Quiroga empezó a desarrollar sus propios cuentos cortos a la edad de 19 años. 

La vida, o más bien la muerte, le hizo otra visita cuando Quiroga tenía 24 años de edad. Para ese momento la escena fue confusa e inminente. Quiroga limpiaba el arma de su mejor amigo y, por accidente, el arma se accionó, disparándose a toda velocidad un proyectil que terminó matando a Federico Ferrando, su mejor amigo. Fue a prisión pocos días, pero al demostrarse la naturaleza accidental del hecho lo terminan liberando. 

Quiroga desarrolló su talento como escritor y empezó a irle bien, incluso llega a ser profesor del Colegio Británico de buenos Aires. Como profesor conoció a quien sería su esposa, Ana María, quien era una de sus estudiantes. El fruto de ese matrimonio le daría a Quiroga 2 hijos. 

Lamentablemente, Ana María pasaría por una fuerte depresión, la cual la llevó a tomarse un químico para revelar fotografías, acabando así con su vida y dejando a Horacio viudo y a merced de otra tragedia. La pobre sufriría una muerte lenta que duraría días, en su mal estado decía arrepentirse, todo en medio de delirios. Quiroga vio a su esposa lentamente apagarse junto con sus hijitos. 

A Horacio cada tragedia lo llevaba a la soledad y la soledad a escribir. Un alma tan rota y llena de tragedias encontraba en la palabra escrita un desahogo, un grito profundo del cual nacerían sus obras. Y sí, obras inquietantes, terrorífica, que tratarían la muerte, pero magníficas en todos los aspectos. Por ello, no fue raro que para 1920 el escritor publicara lo que se consideran sus mejores obras, las mismas que lo harían inmortal. 

Luego de la muerte de Ana María, Quiroga vuelve a casarse y tiene una hija, pero su nueva esposa lo termina dejando al enterarse de que Quiroga tenía cáncer de próstata, el cual era terminal. El pobre Horacio decide acabar con su vida en el hospital al ingerir cianuro. Horacio Quiroga muere un 19 de febrero de 1937, dejando para la posteridad una obra inmortal.

Darwin Carballo Velásquez

 Pacho Villa hablaba como si supiera que durante un centenar de años sería sujeto de apasionados amores populares, de enconados odios burgueses y material magistral para novelas que nunca se escribieron. Pero no, lo suyo no es conciencia histórica predatada, lo suyo es simple pasión de magistral narrador oral que sabe que en el detalle está la credibilidad y que toda historia contada se mejora y se empeora, pero las versiones no tienen por qué parecerse absolutamente, obligatoriamente. No existe la historia, existen las historias.

Taibo II

lunes, 2 de mayo de 2022

  


Por fin tengo lo que quería. ¿Soy feliz? No. ¿Qué me falta? Mi alma ya no tiene la picante actividad que el deseo confiere. […] No nos engañemos: el placer no está en la satisfacción sino en la búsqueda. —


 Un sultán soñó que había perdido todos los dientes; cuando despertó mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. «¡Qué desgracia mi señor!», exclamó el sabio. «Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad». «¡Qué insolencia!», gritó el sultán enfurecido. «¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? Fuera de aquí». Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde pidió que trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al sultán con atención, le dijo: «Excelso señor, gran felicidad os ha sido reservada; el sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes». El semblante del sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando el segundo sabio salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: «No es posible, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio, no entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro». «Recuerda bien, amigo mío», respondió el segundo sabio, «que en el decir todo depende de la forma: uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse; de la comunicación depende muchas veces la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra».



 La gran científica de fines del siglo XIX y principios del XX Marie Curie recordaba con nitidez el momento en que, a sus cuatro años, entró en el despacho de su padre y la paralizó súbitamente la visión de todo tipo de tubos e instrumentos de medición para diversos experimentos químicos, dispuestos detrás de una vitrina de cristal pulido. Toda su vida sintió una emoción visceral cada vez que entraba a un laboratorio. El gran momento de Antón Chéjov fue cuando asistió por primera vez al teatro siendo niño, en su pequeña ciudad natal; toda la atmósfera de la ficción lo hipnotizó. Para Steve Jobs, fue pasar de chico por una tienda de dispositivos electrónicos y ver los prodigiosos artefactos en el aparador, maravillado por su diseño y complejidad. Para Tiger Woods, fue mirar a los dos años a su padre mientras lanzaba pelotas de golf contra una red en la cochera sin ser capaz de contener su emoción y deseo de imitarlo. Para Jean-Paul Sartre, fue una fascinación infantil por las palabras impresas en una página y los posibles significados mágicos que cada palabra poseía. Esos momentos de atracción visceral ocurren de repente y sin ningún estímulo de padres o amigos. Sería difícil poner con palabras por qué sucedieron; son señales de algo que escapa a nuestro control personal. La actriz Ingrid Bergman lo expresó mejor, cuando habló de la fascinación que sintió al actuar frente a la cámara de cine de su padre a muy temprana edad: “No elegí la actuación; ella me eligió a mí”. En ocasiones, esos momentos pueden llegar cuando se es mayor, como cuando Martin Luther King Jr. se dio cuenta de su misión en la vida cuando lo convocaron al boicot de autobuses en Montgomery. Y a veces pueden presentarse mientras se observa a individuos expertos en su campo. De joven, el futuro director japonés de cine Akira Kurosawa se sentía particularmente a la deriva. Intentó pintar y después fue asistente de director de películas, un trabajo que aborreció. Se disponía a abandonarlo cuando fue asignado a trabajar con el director Kajiro Yamamoto, en 1936. Al ver trabajar a este gran maestro, se le abrieron de pronto los ojos a las mágicas posibilidades del cine y se percató de su llamado. Como lo describió más tarde: “Fue como si en mi rostro soplara el viento en un paso de montaña. Con esto me refiero a la refrescante sensación que experimenté después de un ascenso muy penoso. Esa bocanada de aire fresco te indica que has llegado al paso. Entonces te detienes en él y miras el vasto paisaje a tus pies. Mientras me encontraba detrás de Yam-san en su silla de director junto a la cámara, experimenté esa sensación en mi corazón: ‘Por fin llegué’”.


domingo, 1 de mayo de 2022

 Trate de tomar mentalmente el lugar de alguien que tiene otro punto de vista, o que vive en el campo opuesto al suyo. Nada más con pensar con mayor profundidad acerca de sus vidas cotidianas y por qué tienen ciertas creencias, puede darnos la apertura mental necesaria. Otra forma importante de ampliar sus horizontes es leer sobre cómo piensan las personas en el campo opuesto acerca del tema. ¿De qué tipo de libros, sitios, y canales de televisión obtienen su información? Usted puede empezar por allí para estar más cerca de comprender como piensan. Haga un esfuerzo por comprender más profundamente, en lugar de descartar sus creencias y preocupaciones. Tome en cuenta que usted no puede estar realmente en desacuerdo con el punto de vista de alguien hasta que entienda completamente lo que creen y por qué creen en ello. Tenga presente también que si siempre obtiene su información de las personas que tienen su mismo punto de vista, entonces está dejando de obtener una mayor comprensión del panorama completo.


 

 Hace muchos años, en los tiempos de Buda, vivía una pobre mujer viuda llamada Kisa Gotami, que tenía un hijo al que adoraba. Un día su hijo enfermó y murió, y ella, loca de dolor, se negó a enterrarlo y lo llevaba consigo a todas partes sin hacer caso de las palabras de consuelo y resignación que la gente le dirigía. Se aferró al cuerpo del bebé y no dejaba que nadie se lo quitara. Sujetándolo con toda su fuerza recorrió la aldea entera, rogando a la gente que le diera una medicina para curarlo. 


Algunos se burlaban de ella, mientras que otros se asombraban o se quedaban perplejos. Lo único que quería era una medicina que devolviera la vida a su hijo. Por fin, alguien le sugirió que fuera a ver al Buda, quien tenía la fama de estar dotado de toda clase de poderes, era considerado un gran santo capaz de hacer los mayores milagros y muy posiblemente él podría ayudarle.

Con nuevas esperanzas corrió a buscarlo. La pobre mujer llegó con el cadáver de su hijo ante el Maestro y echándose a sus pies le rogó, entre sollozos, que le diera una medicina para su hijo. Buda miró con dulzura a Kisa Gotami y al difunto hijo que traía en sus brazos. “Sí”, le dijo, “puedo ayudarte, pero para hacer la medicina necesito que me traigas una semilla de mostaza”.

Fascinada, Kisa Gotami estaba a punto de correr a buscarla. En cualquier casa de la India había una vasija en la cocina donde se guardaban semillas de mostaza. Pronto tendría la medicina para su hijo.

“Sólo que hay una condición”, siguió diciendo Buda. “La semilla debe venir de un hogar donde nadie haya muerto”.

Sin pensarlo más, la viuda, llena de esperanzas, partió para la ciudad y empezó su búsqueda.
Kisa Gotami anduvo de casa en casa y en todas partes encontró a personas que querían ayudarla con la mejor voluntad, pero siempre escuchó la misma historia. Aquí una esposa, allá un marido, un hermano o una hermana, una madre o un padre, un hijo o una hija. No había una casa en donde no lamentaran la muerte de algún ser querido. “Pocos son los que quedan vivos; muchos los que ya se han ido. No reavive nuestros tristes recuerdos”. Así le dijeron una y otra vez.

Lentamente, Kisa Gotami se fue dando cuenta que a todos los había visitado la muerte y que ella no era la única que lamentaba una pérdida. Calmada y sobria, miró a la criatura que traía en los brazos y terminó por aceptar que la vida había abandonado su cuerpo. Llevó a su hijo al cementerio y se despidió de él por última vez, y a continuación regresó a buscar al Buda.

Buda le dio la bienvenida y le preguntó si había conseguido la semilla de mostaza. - No – respondió ella -. Pero empiezo a comprender la lección que intentas enseñarme... Mi hijo ya no existe. Ha muerto y lo he enterrado junto a su padre.

Buda le dijo con gran compasión: - Creíste que sólo tú habías perdido un hijo. La ley natural es que todo cambia y nada es permanente entre los seres vivos.
Kisa Gotami le dijo al maestro que quería seguir aprendiendo sobre sus enseñanzas, y desde entonces hasta su muerte fue su discípula.

La búsqueda de Kisa Gotami le enseñó que nadie se libra del sufrimiento y la pérdida. Ella no era una excepción. Esa comprensión no eliminó el sufrimiento inevitable que comporta toda pérdida, pero redujo el sufrimiento que se deriva de luchar y resistirse a aceptar ese hecho.


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