miércoles, 16 de marzo de 2022

 En Just for Today [Solo para hoy], James Keller cuenta esta historia: «Un vendedor de flores ambulante no vendía nada. De pronto se le ocurrió un pensamiento alegre y puso este anuncio: “Esta gardenia lo hará sentirse importante todo el día por 10 centavos”. De inmediato sus ventas aumentaron». Hoy, en nuestra sociedad, la mayoría de las personas se sienten aisladas. El fuerte sentido comunitario que una vez disfrutara la mayoría de los estadounidenses se ha convertido en algo raro. Y muchas personas no tienen el apoyo familiar que fue común hace unos treinta o cuarenta años. Por ejemplo, el evangelista Bill Glass señaló: «Mientras crecían, a más del noventa por ciento de los presos, sus padres les decían: “Te van a meter en la cárcel”». En vez de enseñarles a sus niños a creer en ellos mismos, algunos padres los derrumban. Para muchas personas, hasta los más cercanos no creen en ellos. No tienen a nadie a su lado. No en balde hasta algo pequeño como una flor puede cambiar la manera en la que una persona percibe el día.


   A la edad de ocho años fue bendecido con una curación maravillosa al través de la fotografía de Lahiri Mahasaya. Esta experiencia intensificó grandemente mi amor. Mientras mi familia estaba en Ichapur, en Bengala, fuí atacado de cólera asiático. Me habían desahuciado los doctores, quienes no podían hacer ya nada por mí. Al lado de mi cama, mi madre me aconsejaba frenéticamente que yo me fijara en el retrato de Lahiri Mahasaya, colgado en la pared, a mi cabecera.

    "Reveréncialo mentalmente” —me decía. Mi madre sabía que yo estaba demasiado débil para levantar mis manos en señal de saludo—. "Si realmente muestras tu devoción y te arrodillas internamente, tu vida será salvada”.
    Dirigí mi vista a su fotografía y en seguida contemplé cómo una luz resplandeciente envolvía mi cuerpo y toda la habitación. Mi náusea y todos los demás síntomas incontrolables desaparecieron. Ya estaba bien. Inmediatamente me sentí lo suficientemente fuerte para inclinarme y tocar los pies de mi madre en aprecio y reconocimiento por su inconmensurable fe en su gurú. Mi madre oprimía repetidamente su cabeza contra el retrato de su gurú. "¡Oh, Maestro Omnipresente, yo te agradezco que tu luz haya curado a mi hijo!”
    Entonces me di cuenta de que también ella había presenciado el luminoso reflejo con cuyo auxilio instantáneamente me había recobrado de una enfermedad que es, por lo general, de fatales consecuencias. Uno de mis más preciados tesoros es esa misma fotografía, que le fue dada a mi padre personalmente por Lahiri Mahasaya, y que lleva consigo una fuerte y santa vibración. La fotografía tiene un maravilloso origen; me lo contó un discípulo compañero de mi padre, Kali Kumar Roy.
    Parece ser que el Maestro tenía una gran aversión a ser retratado. No obstante sus protestas, una fotografía de grupo de él y algunos de sus devotos, incluyendo a Kali Kumar Roy, fue tomada.
    El fotógrafo, sorprendido, descubrió que la placa en la cual aparecían las imágenes de todos y cada uno de los del grupo, sólo presentaba un espacio en blanco en el lugar en que debía figurar la imagen del Maestro Lahiri Mahasaya. Este fenómeno fue ampliamente comentado y discutido.
    Cierto estudiante, que a la vez era un experto fotógrafo, Ganga Dhar Babu, alardeó diciendo que la fugitiva imagen del Maestro no se le escaparía a él. Al día siguiente, cuando el gurú estaba sentado en la postura del loto, sobre un taburete de madera con un biombo tras él, llegó Ganga Dhar Babu con todo su equipo y tomó todas las precauciones que el caso requería para tener un buen éxito. Tomó doce exposiciones distintas. En cada una encontró la impresión del taburete de madera y del biombo, pero, una vez más, la fugitiva imagen del maestro había desaparecido.
    Ganga Dhar Babu, con lágrimas en los ojos y su orgullo despedazado, buscó a su gurú. Pasaron muchas horas antes de que Lahiri Mahasaya rompiera su silencio con un punzante comentario:
    "Yo soy Espíritu. ¿Puede tu cámara reflejar al Invisible Omnipotente?”
    "Ya veo que no puedo, santo señor, pero yo deseo ardientemente un retrato del templo físico, donde, a mi corto entender, ese Espíritu parece morar en su totalidad”.
    "Bueno, entonces ven mañana por la mañana y posaré especialmente para ti”.
    Una vez más, el fotógrafo enfocó su cámara. En esta ocasión, la figura sagrada no se cubrió con su misteriosa imperceptibilidad y su figura aparecía claramente en la placa. El maestro nunca volvió a posar para ningún fotógrafo, según sé, y no he visto ninguna otra fotografía de él.

lunes, 14 de marzo de 2022

 


Es la que hace referencia en torno a tan singular mujer que, era tan agradecida con la vida que hasta cuando comíamos de la basura, se arrodillaba para darle las gracias por haber encontrado la comida. De tal modo, Sara, nos obligó a que construyésemos el cajón que tenía que llevarla cuando muriera y, una vez armado, en su parte superior de dicho cajón, a instancias suyas, pusimos ¡¡gracias!! Le daba las gracias al cajón que tenía que llevarla cuando muriera. Un prodigio de mujer que, como gran legado, me regaló su humanidad y, con tan bello tesoro, voy caminando por el mundo. —Su madre, muchas veces, cuando le pedían que le calificara a usted siempre decía lo mismo: Facundo es un baúl. ¿Qué mensaje quería lanzarnos Sara ante tal definición? Ella quería decir que un baúl como tal, por fuera, puede valer muy poco, sin embargo, —y ahí es donde ella enfatizaba— dentro puede haber un tesoro incalculable; lógicamente, para ella, yo era su gran tesoro. Y esa es mi herencia, saberme dentro de ese baúl que ella definía.

   La imaginación poética taoísta, con su creencia en «lo uno» y «el no ser» se interesaba más por la unidad de la experiencia que por cualquier poder concebible de un creador para producir lo nuevo. Como afirmaba Chuang-tsé (que vivió en el siglo  IV a. C.), el gran seguidor de Lao-tsé :

    Una vez soñé que era una mariposa, que revoloteaba aquí y allí; una mariposa en todos los sentidos. Gozaba de mi libertad como una mariposa, sin saber que era Chou. De pronto desperté y me sorprendió comprobar que era yo mismo de nuevo. Pero ¿cómo puedo decir si era un hombre que soñaba ser una mariposa, o si soy una mariposa que sueña que es un hombre?… A esto se llama fusión de las cosas.
    Esta idea de la unidad de los procesos del mundo dio al taoísta Chuang-tsé la capacidad de afrontar con estoicismo sus aflicciones personales. Un amigo que acudió a consolarle tras la muerte de su amada esposa de tantos años, encontró a Chuang-tsé llevando el compás de una música con una escudilla en lugar de estar llorando. Cuando le reprochó su comportamiento insensible, Chuang-tsé replicó:
    Cuando murió no pude evitar sentirme afectado. Pero cuando reflexiono al respecto comprendo que en un principio no tenía vida, y no sólo no tenía vida, sino tampoco forma; no sólo no tenía forma, sino que no tenía fuerza material ( ch’i ). En el limbo de la existencia y de la no existencia, se produjo una transformación y evolucionó la fuerza material. La fuerza material se transformó en forma, la forma se transformó para convertirse en vida y ahora el nacimiento se ha transformado para convertirse en muerte. Esto es como la rotación de las cuatro estaciones, primavera, verano, otoño e invierno. Ahora yace dormida en la gran casa [el universo]. Llorar y lamentarme sería mostrar mi ignorancia del destino. Por consiguiente, desisto de ello.


    ¡Ochenta años! Casi no me lo creo. A menudo tengo la impresión de que la vida está a punto de comenzar, sólo para comprender que casi termina. Mi madre era la número dieciséis de dieciocho hermanos; yo soy el menor de cuatro hijos, y casi el más joven de la interminable caterva de primos por parte de madre. En la secundaria siempre fui el más joven de la clase, y he conservado esta sensación de ser el más joven, aun cuando ahora soy la persona más vieja que conozco.

 


  Hasta la década de 1970, el enemigo público número uno de la economía era la inflación. Muchos países sufrían experiencias desastrosas de hiperinflación, e incluso en los casos en que no se alcanzaban magnitudes hiperinflacionarias, la inestabilidad económica en la que desemboca siempre una inflación elevada y fluctuante disuadía las inversiones, con la consiguiente reducción del crecimiento. Desde los años noventa, por fortuna, se ha abatido al dragón de la inflación, gracias a posturas mucho más duras ante los déficits presupuestarios de los gobiernos y a la creación paulatina de bancos centrales políticamente independientes, con libertad para emplearse a fondo en el control de la inflación. Dado que las inversiones a largo plazo, y por lo tanto el crecimiento, requieren estabilidad económica, haber domado a la fiera inflacionista ha sentado las bases para una mayor prosperidad a largo plazo.
     
     
    Se habrá domado a la inflación, pero la economía mundial es bastante más precaria que antes. Las proclamas entusiastas de que en las últimas tres décadas habíamos conseguido controlar la volatilidad de los precios ignoraban la extraordinaria inestabilidad que han mostrado las economías del mundo en el mismo período. Se han multiplicado las crisis financieras hasta la mundial de 2008, que ha destrozado la vida a muchas personas con deudas enormes, quiebras y desempleo. La atención excesiva a la inflación nos ha distraído de las cuestiones del pleno empleo y el crecimiento económico. En nombre de la «flexibilidad del mercado laboral» se ha desestabilizado el empleo, y con él muchas vidas. Pese a la afirmación de que la estabilidad de los precios es un requisito indispensable para crecer, las políticas que pretendían reducir la inflación no han hecho más que generar un crecimiento anémico desde los años noventa, época en la que supuestamente se domó por fin a la inflación.
     

sábado, 12 de marzo de 2022



 “¿De qué viven esos animales en el desierto? Se trata, sin duda, de ‘fenechs’ o zorros de arenales, pequeños carnívoros gruesos como conejos y con enormes orejas. No resisto mi deseo de seguir las huellas de uno de ellos. Me llevan hasta un estrecho río de arena donde todos los pasos se imprimen claramente. Admiro la linda palma que forman tres dedos en abanico. Imagino a mi amigo trotando suavemente al alba y lamiendo el rocío de las piedras. Aquí las huellas se espacian: mi fenech ha corrido. Aquí un compañero ha venido a juntársele y han trotado juntos. Asisto, así, con extraña alegría a ese paseo matinal. Amo estas señales de vida. Y olvido un poco que tengo sed…”



 Las cuatro nobles verdades del budismo expresan el sendero que marca la transición para alcanzar el Nirvana. Entender estas cuatro nobles verdades puede dar paso a una etapa de iluminación que acabe con el sufrimiento y permita vivir un estado total de liberación.

Dukkah

Es la primera verdad que establece la doctrina, la cual hace alusión a que toda existencia en sí misma es insatisfactoria. A nadie se le escapa que toda persona convive con un grado de sufrimiento. Es como si fuera necesario para que el corazón latiese, pues hasta la persona con menos problemas lo conoce.

Samudaya

La segunda verdad considera que todo sufrimiento proviene del apego, la ignorancia y el deseo. Todo lo que se desea generará, en última instancia, infelicidad o insatisfacción. El ser desea y se apega a bienes materiales y a las personas que ama; sin embargo, debido a la finitud humana, tarde o temprano generará dolor.

Nirodha

En este postulado o verdad noble se establece que, si bien el sufrimiento es inherente a la existencia humana, el mismo puede ser superado. De este modo, se conseguiría vencer el dolor eliminando por completo el deseo y el apego inherente a toda existencia.

Marga

El Marga es la última y cuarta de las nobles verdades del budismo, la cual recibe el nombre de Noble camino óctuple. Estaría representado por los siguientes ocho postulados:

  • Comprensión.
  • Pensamiento.
  • Palabra.
  • Acción.
  • Ocupación.
  • Esfuerzo.
  • Atención.
  • Concentración.

Todas las acciones mencionadas deberán realizarse del modo correcto si se quiere alcanzar el Nirvana. Es la manera de recorrer perfectamente el conocido Noble camino óctuple, para alcanzar la paz interior.

https://lamenteesmaravillosa.com/las-cuatro-nobles-verdades-del-budismo/

viernes, 11 de marzo de 2022

 


Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es enemiga de cualquier infinitud. Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y ello se llama, en un caso, esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone limite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Se oponen a ello las inevitables preocupaciones materiales que, así como emponzoñan cualquier felicidad duradera, de la misma manera apartan nuestra atención continuamente de la desgracia que nos oprime y convierten en fragmentaria, y por lo mismo en soportable, su conciencia.

  Cuando practicas el no sufrir, aceptas los hechos de la vida y las lecciones que han venido a enseñarte. Si estos hechos son dolorosos, naturalmente vas a sentir ese dolor, pero no lo intensificas agravando la historia y diciéndote a ti mismo: «Esto es devastador. No puedo soportar el sufrimiento de vivir sin mi pareja. Es demasiado grande. Me va a destruir».

    Después de haber perdido a un ser querido, es natural que tus sentimientos de tristeza se activen de vez en cuando. Puedes experimentar esa pena y escribir un relato heroico en que el dolor sea una parte importante de tu curación, o una historia que te confirme como víctima y te condene a un sufrimiento aún mayor. Puedes pensar: «Yo lo amaba tanto… Él me dio tantas cosas buenas, y le estoy agradecido por eso. Fue maravilloso tener ese tipo de relación con otro ser humano, y me gustaría tener otra así algún día». O puedes seguir diciéndote a ti mismo: «No puedo creer que haya muerto. Es tan injusto… Nunca lo superaré». Como ya sabes, cada historia es una profecía que se cumple a sí misma. La primera promueve la curación, y la segunda, el sufrimiento. Una vez renuncies a aferrarte al sufrimiento, podrás dejar de aprender tus lecciones a través de traumas, conflictos y mala suerte — y serás capaz de comenzar a aprender directamente del conocimiento en sí.



 “Mi corazón se partió en dos; pero pronto, maldito sea, las dos piezas se volvieron a unir. ¿Conoces unas velas con mil manchas, rojas, amarillas, negras, cosidas con hilo rojo, que ahora resisten las peores tormentas? Mi corazón es así. Tiene mil agujeros y mil parches, es invencible ".



jueves, 10 de marzo de 2022

 


En la India celebran un ritual denominado puja. En él cogen unas imágenes que representan a Dios de muy diversas maneras y las bañan, les dan de comer y les ofrecen su amor. Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en sí. Lo que importa es la forma en que celebran el ritual, el modo en que dicen: “Te amo, Dios”. Dios es vida. Dios es vida en acción. La mejor manera de decir: “Te amo, Dios”, es vivir haciendo lo máximo que puedas. La mejor manera de decir: “Gracias, Dios”, es dejar ir el pasado y vivir el momento presente, aquí y ahora. Sea lo que sea lo que la vida te arrebate, permite que se vaya. Cuando te entregas y dejas ir el pasado, te permites estar plenamente vivo en el momento presente. Dejar ir el pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo. Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento presente, porque siempre deseas que sea distinto. No hay tiempo para que te pierdas nada ni a nadie, porque estás vivo. No disfrutar de lo que sucede ahora mismo es vivir en el pasado, es vivir sólo a medias. Esto conduce a la autocompasión, el sufrimiento y las lágrimas. Naciste con el derecho de ser feliz. Naciste con el derecho de amar, de disfrutar y de compartir tu amor. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala. No te resistas a que la vida pase por ti, porque es Dios que pasa a través de ti. Tu existencia prueba, por sí sola, la existencia de Dios. Tu existencia prueba la existencia de la vida y la energía. No necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuando quieras decir que no, y di que sí cuando quieras decir que sí. Tienes derecho a ser tú mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo máximo que puedes. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo. Esta es una semilla que deberías nutrir en tu mente. No necesitas muchos conocimientos ni grandes conceptos filosóficos. No necesitas que los demás te acepten. Expresas tu propia divinidad mediante tu vida y el amor por ti mismo y por los demás. Decir: “Eh, te amo”, es una expresión de Dios.




 Algunas veces sueño con un árbol


Y ese árbol es mi vida.

Una rama es el hombre con el que me casaré

Y las hojas son mis hijos.


Otra rama es mi futuro como escritora

Y cada hoja es un poema.

Otra rama es una brillante carrera académica.

Pero mientras estoy sentada allí, tratando de escoger,

Las hojas comienzan a secarse y a caer

Hasta que el árbol queda completamente vacío.

  No es realista, y también a la larga nocivo creer que otras personas "deberían" adoptar y vivir bajo las normas personales propias, morales y código de conducta, así como de interpretación de la realidad. La moralidad proyectada se expresa siempre como "debería" y, a menudo conduce al resentimiento, el odio, el rencor, la venganza o la represalia -y, por supuesto, la guerra (como la visión ingenua americana de que todas las demás naciones "deberían" ser democracias). Puedes, por elección, rechazar la tentación de la crítica habitual. El resultado es una gran paz interior.

miércoles, 9 de marzo de 2022

  


Cuando reflexiono sobre la omnipresencia de los conflictos de interés y lo dificilísimo que es reconocerlos en nuestra vida, debo admitir que también yo soy propenso a ellos.

    A los profesores universitarios a veces se nos pide que utilicemos nuestros conocimientos como asesores y peritos. Poco después de conseguir mi primer empleo académico, fui invitado por un importante bufete de abogados a intervenir como testigo pericial. Yo sabía que algunos colegas de reconocido prestigio aportaban testimonios expertos como trabajo extra por el que cobraban un buen pico (aunque ellos siempre decían que no lo hacían por el dinero). Movido por la curiosidad, pedí ver las transcripciones de los viejos casos, y me quedé sorprendido al observar la unilateralidad con que usaban sus hallazgos de investigación. También me impactó lo despectivos que se mostraban con respecto a las opiniones y calificaciones de los peritos de la otra parte —que, en la mayoría de los casos, también eran profesores respetables.
    Aun así, decidí probar yo también (no por el dinero, claro), y percibí una buena suma por dar mi opinión de experto [*] . Enseguida reparé en que los abogados con quienes trabajaba querían meterme en la cabeza ideas que respaldaran su criterio. No lo hacían a lo bruto ni diciendo que ciertas cosas serían buenas para sus clientes, sino que me pedían que describiese todos los estudios pertinentes al caso. Sugerían que algunas de las conclusiones menos favorables para su postura quizá adolecieran de fallos metodológicos y que la investigación acreditativa de su opinión era sólida y estaba bien hecha. También me dedicaban afectuosos cumplidos cada vez que yo interpretaba las cosas de una forma provechosa para ellos. Al cabo de unas semanas, descubrí que había adoptado muy pronto el punto de vista de quienes me pagaban. Aquella experiencia me hizo dudar sobre la posibilidad de ser objetivo cuando a uno le pagan por dar su opinión. (Y ahora que estoy escribiendo sobre mi falta de objetividad, seguro que nadie volverá a llamarme para ser perito —y quizá sea lo mejor).

 


¿Significa enfermedad tener síntomas? Yo sostengo, con respecto a esto, que la enfermedad puede consistir muy bien en no tener síntomas cuando deberían tenerse. ¿Significa salud estar libre de síntomas? Yo lo niego. ¿Que nazis estaban sanos en Auschwitz o Dachau? ¿Aquellos que sentían angustiada su conciencia o los que la poseían lozana, clara y feliz? ¿Era posible que una persona profundamente humana no sintiera en tales circunstancias conflicto, sufrimiento, depresión, cólera, etcétera? En una palabra, si me comunicas que tienes un problema de personalidad, hasta conocerte mejor no podré decirte «¡Bravo!» o «Lo siento». Depende de las razones. Y éstas, por lo que parece, pueden ser buenas o pueden ser malas. Un ejemplo es el cambio de actitud de los psicólogos respecto a la popularidad, la adaptación e incluso la delincuencia. ¿Popular entre quienes? Quizás sea mejor para un joven ser impopular entre los snobs del vecindario o la camarilla del club local. ¿Adaptado a qué? ¿A una mala cultura? ¿A un padre dominante? ¿Qué pensaremos de un esclavo bien adaptado? ¿Un prisionero bien adaptado? Incluso al muchacho que presenta problemas de comportamiento, se le mira con una mayor tolerancia. ¿Por qué es un delincuente? La mayor parte de las veces por razones de enfermedad. Pero algunas veces las razones pueden ser saludables y el muchacho quizás se limite a resistir a que le exploten, de dominen, pase por alto, desprecien y atropellen. Evidentemente lo que se califica como problemas de personalidad dependerá de quién sea el autor del juicio. ¿Un propietario de esclavas? ¿Un dictador? ¿Un padre patriarcal? ¿El esposo desea que su mujer permanezca infantilizada? Parece claro que los problemas de personalidad pueden ser a veces protestas en voz alta contra el quebrantamiento de la estructura ósea del psiquismo propio o de la naturaleza interna del individuo. Y me deprime tener que confesar que tengo la impresión de que la mayor parte de la gente no protesta ante estos tratos. Los aceptan y pagan por ellos años más tarde a través de síntomas neuróticos y psicosomáticos de tipología diversa, o quizás en algunos casos, no adquieran nunca conciencia de la propia enfermedad, de haber perdido la verdadera felicidad, la verdadera realización de una promesa, una vida emocional rica y una vejez serena y fructífera; de no haber conocido jamás lo maravilloso que es crear, reaccionar estéticamente, encontrar la vida apasionante.

 Pero no hay magia en las pesadillas. Siempre me ha resultado difícil enfrentarme a la verdad de mi infancia, porque para hacerlo tendría que comprometerme a explorar los rasgos y configuraciones de una historia que preferiría olvidar. Pasaron los años sin que tuviera que enfrentarme a la demonología de mi juventud; tomé la sencilla resolución de no hacerlo y hallé solaz en la dulce quiromancia del olvido, refugio en las frías y señoriales tinieblas del inconsciente. Pero bastó una llamada telefónica para arrastrarme de nuevo hacia la historia de mi familia y los fracasos de mi vida adulta.

martes, 8 de marzo de 2022

 


Estas ideas abarcan un espectro tan amplio como para constituir, casi por sí solas, una enciclopedia del pensamiento moderno. Es cierto que no todas ellas fueron originales de Rousseau. Sus lecturas fueron amplias: Descartes, Rabelais, Pascal, Leibniz, Bayle, Fontenelle, Coarneille, Tetrarca, Tasso, y en especial se sirvió de Locke y Montaigne. Germaine de Staêl, que creyó que él poseía “las facultades más sublimes jamás conferidas a un hombre” declaró: “No ha inventado nada”. Pero añadió: “ha imbuido todo de fuego”. Era la forma sencilla, directa, poderosa, en verdad apasionada, en que escribía la que hizo que sus concepciones parecieran tan vívidas y frescas y llegaran por eso a hombres y mujeres con el impacto de una revelación.

 


En 1819 se presentó en el Parlamento británico una propuesta de legislación del trabajo infantil, la Ley de Regulación de las Fábricas de Algodón. Vista hoy, era de una timidez increíble: prohibía el empleo de niños pequeños, es decir, de menos de nueve años, mientras que a los mayores (entre diez y dieciséis) se les seguía permitiendo trabajar, pero no más de doce horas al día (qué permisividad con los chavales…). La nueva legislación solo era válida para las fábricas de algodón, reconocidas como excepcionalmente peligrosas para la salud de los trabajadores.

    La polémica fue enorme. Para los detractores de la propuesta, socavaba la santidad de la libertad de contratación y destruía los cimientos del libre mercado. Al debatir la nueva ley, algunos miembros de la Cámara de los Lores se pronunciaron en contra porque «tiene que haber libertad laboral». Su argumentación era la siguiente: los niños quieren (y necesitan) trabajar, y los dueños de las fábricas quieren darles trabajo. ¿Dónde está el problema?
    Hoy en día, ni al más fervoroso defensor de la libertad de mercado en Gran Bretaña u otros países ricos se le ocurriría recuperar el trabajo infantil dentro del paquete de liberalización del mercado que tanto ansía, pero hasta finales del siglo XIX , cuando empezó a regularse seriamente el trabajo infantil en Europa y Norteamérica, muchas personas respetables veían su legislación como algo contrario a los principios del libre mercado.
    Desde esta perspectiva, la «libertad» de un mercado depende del cristal con que se mire. Quien esté convencido de que el derecho de los niños a no tener que trabajar es más importante que el de los dueños de fábricas a emplear a quien les resulte más rentable, no verá la prohibición del trabajo infantil como una infracción de la libertad del mercado laboral. Quien crea lo contrario verá un mercado «no libre», encorsetado por una regulación errónea del gobierno.
    No hace falta retroceder dos siglos para encontrar regulaciones que damos por sentadas (y que aceptamos como «ruido ambiental» dentro del libre mercado), pero que en el momento de su aparición recibieron duras críticas porque minaban la libertad de mercado. Hace unas décadas, cuando se implantaron las primeras legislaciones ambientales (sobre las emisiones de los coches y las fábricas, por ejemplo), hubo muchos que se opusieron a ellas porque vulneraban gravemente nuestra libertad de elección. Se hacían la siguiente pregunta: si la gente quiere conducir coches que contaminen más o si a las fábricas les resultan más rentables los métodos de producción más contaminantes, ¿por qué tiene que impedírselo el gobierno? Hoy en día, la mayoría de la gente acepta esas regulaciones como algo «natural»; consideran necesario restringir las acciones que perjudican a los demás, intencionadamente o no (como la contaminación), y se dan cuenta de que lo más sensato es un uso prudente de los recursos energéticos, muchos de ellos no renovables. Algunos también verán como algo lógico reducir la influencia humana en el cambio climático.
    Si el grado de libertad de un mercado puede ser percibido de maneras distintas por diferentes personas, es que no hay una manera objetiva de definir lo libre que es; en suma, que el mercado libre es una ilusión. Si algunos mercados parecen libres, solo es porque aceptamos tanto las regulaciones en las que se apoya que se vuelven invisibles.

lunes, 7 de marzo de 2022



 Todas las vidas son únicas, y cada una de ellas es difícil. Nos solemos sorprender envidiando la vida de los demás. Lo cierto es que no tendríamos los mismos problemas, al menos no los nuestros. Pero tendríamos otros: los suyos. Marilyn Monroe, la más sexy, célebre y libre de las mujeres, deseada incluso por el presidente de su país, ahogaba su desazón en el alcohol y murió de sobredosis de barbitúricos. Kart Cobain, el cantante del grupo Nirvana, convertido en vedete planetaria de la noche a la mañana, se suicidó antes de haber cumplido los treinta años. También el suicidio apareció en la vida de Hemingway, a quien un premio Nobel y una vida fuera de lo común no evitaron un profundo sentimiento de vacío existencial. En cuanto a Marguerite Duras, talentosa y capaz, conmovedora, y adulada por sus amantes, se destruyó mediante el alcohol. Ni el talento, la gloria, el poder, el dinero o la adulación femenina o masculina hacen que la vida sea fundamentalmente más fácil. Y no obstante, existen personas felices que llevan una vida armoniosa. Por o general, tienen la sensación de que la vida es generosa. Saben apreciar lo que les rodea y los pequeños placeres cotidianos: las comidas, el sueño, la serenidad de la naturaleza, la belleza de la ciudad. Les gusta creer y construir, tanto objetos como proyectos o relaciones. Esas personas no forman parte ni de una secta ni de una religión particular. Se las puede encontrar por las cuatro esquinas del mundo. Algunas son ricas, otras no; algunas están casadas, otras viven solas; algunas cuentan con talentos particulares, mientras que otras son perfectamente normales. Todas han conocido fracasos, decepciones y momentos difíciles. Nadie escapa a todo eso. Pero en conjunto parecen saber sortear mejor los obstáculos: se diría que cuentan con una aptitud particular para crecerse frente a la adversidad, para dar un sentido a su existencia, como si mantuviesen una relación más íntima con ellas mismas, con los demás, y con lo que han elegido hacer de su vida.


 



 Una pústula es algo bello, una moneda que ha acuñado el cuerpo, con un lema invisible: En Dios confiamos. Nuestro cuerpo nos ama y, aunque el espíritu sueñe a la deriva, él se ocupa de reparar el daño que le hacemos... Cierra los ojos, pues sabes que la curación es obra de la oscuridad, y la oscuridad una túnica de la curación, que al bajel de nuestra trémula aventura lo mueven mareas que escapan de nuestro control. La fe es el requisito de la salud: este es el hecho con que contamos a falta de mejor prueba de la existencia de Dios. 


domingo, 6 de marzo de 2022

 


 Cuando desea aquello que no tiene, sufre por esa falta; es lo que Schopenhauer, como cualquiera de nosotros, llama el sufrimiento. Tiene hambre y no tiene nada que comer: sufrimiento. Tiene sed y no tiene nada que beber: sufrimiento. Busca trabajo y no lo encuentra: sufrimiento. Necesita dinero y no lo tiene: sufrimiento. Está enamorado y el otro no le quiere: sufrimiento. ¡Se entiende por qué Schopenhauer apeló tanto a Buda! Que toda vida es sufrimiento, y que la causa del sufrimiento es la falta («la sed», en los textos budistas), son las dos «verdades santas» del sermón de Benarés, y también constituyen el punto de partida del pesimismo schopenhaueriano. Sin embargo, la falta no lo es todo: no siempre se tiene hambre o sed, no siempre se está en paro o en la miseria, no siempre se está enamorado... ¿Qué ocurre cuando ya no existe la falta, cuando se tiene aquello que, desde entonces, ya no nos falta? Ya no hay sufrimiento, pues ya no hay falta. No es felicidad, pues ya no existe el deseo. Este estado no es ni el sufrimiento ni la felicidad, es lo que Schopenhauer llama simple y llanamente el tedio. ¿Qué es el tedio? Es la ausencia de felicidad allí donde se esperaba que ésta existiera. Tenía usted una cita con la felicidad. Pensaba: «Qué feliz seré cuando obtenga ese diploma, ejerza esa profesión, cuando tenga esa mujer o ese hombre, ese trabajo o esa casa». Pues ya está: ya tiene el diploma, la profesión, la mujer o el hombre, el trabajo y la casa; sin embargo, no consigue ser feliz. Tenía una cita con la felicidad. Usted ha llegado puntual. Pero la felicidad no ha venido: la felicidad le ha dejado plantado. ¿Está triste? No. Ya no sufre, porque tiene el diploma que deseaba, el trabajo, el hombre, la mujer, la casa que deseaba... No se siente desdichado. Tampoco se siente feliz. Se aburre. Decía antes que Schopenhauer resume lo esencial en una frase, que para mí es la más triste de toda la historia de la filosofía. Es ésta: «La vida oscila, pues, como un péndulo entre el sufrimiento y el tedio». Sufrimiento cuando deseo lo que no tengo, porque sufro por esa falta; tedio porque tengo lo que entonces ya no deseo. Sufrimiento del aspirante a agregado, tedio del agregado. Sufrimiento del parado, tedio del empleado. Sufrimiento del mal de amores, tedio de la pareja.

 Un monje decidió meditar solo, lejos de su monasterio. Tomó su bote hasta el centro del lago, lo amarró allí, cerró los ojos y empezó a meditar. Después de unas horas de silencio, sintió el repentino golpe de otro bote chocando con el suyo.


Con los ojos aún cerrados sintió que su ira aumentaba. Estaba listo para gritarle al barquero que tan descuidadamente había perturbado su meditación. Pero, cuando abrió los ojos, se sorprendió al descubrir que se trataba de un bote vacío el que había golpeado al suyo. Probablemente se había desatado y flotaba hacia el centro del lago.

En ese momento, el monje tuvo una gran revelación. Comprendió que el enojo estaba dentro de él; sólo necesitaba el golpe de un objeto externo para sacarlo fuera de él. A partir de entonces, cada vez que encontraba a alguien que lo irritaba, se recordaba a sí mismo, que la otra persona no era más que un bote vacío: la ira estaba dentro de él.

 


"Es una derrota honrosa. Lo arriesgué todo —di todo lo que tenía— por primera vez. Si fui tan ingenua como para imaginar que la relación 'debía' funcionar, por la inmensidad y la certidumbre de mis sentimientos, fue una ingenuidad honrosa y no hay de qué avergonzarse". 


sábado, 5 de marzo de 2022


 

 Por lo que conocemos acerca de la vida de Krishnamurti, ésta fue, al parecer, un muestrario de egoísmo fuera de lo habitual. Como muchas otras personas, tuvo relaciones sexuales secretas; pero a diferencia del común de los mortales, fue capaz de utilizar su posición como maestro espiritual para intimidar a los que le rodeaban y forzar su sumisión. Predicó el desinterés personal, pero organizó su vida de tal manera que le fuera posible combinar el éxtasis místico con otros consuelos más mundanos. Pero, por lo que parece, nunca apreció incongruencia alguna en su modo de vida. Esto no tiene nada de sorprendente. Quienes reniegan de su naturaleza animal no dejan de ser humanos: simplemente, se convierten en caricaturas de lo humano. Por fortuna, el grueso de la humanidad venera a sus santos y los desprecia en igual medida.

 A veces dañamos nuestra autoestima generalizando acerca de nuestra "naturaleza esencial" sobre la base de nuestras acciones en situaciones concretas.

    Por ejemplo, Martín me dijo: "Soy un inadaptado social. No sé hablar con la gente. No sé qué decir." Cuando le pregunté: "¿Nunca sabe qué decir?", me respondió: "Bueno, no; cuando estoy con gente Interesada en el arte o la literatura, tengo muchísimo que decir." Parece que Martín no tenía ningún interés particular en los deportes y se sentía marginado cuando los hombres y las mujeres de la oficina conversaban sobre un reciente partido de fútbol, "¿Le importa el fútbol?", le pregunté. Me contestó: "En lo más mínimo." Yo proseguí: "¿Piensa que tendría que importarle el fútbol?" Reflexionó un momento, luego rió y dijo: "No, por supuesto que no." Yo observé: "Cuando usted se llama “un inadaptado social”, lo que parece querer significar es que no tiene nada que decir sobre un tema que no reviste ningún Interés para usted y sobre el cual no siente ningún deseo de aprender nada. Para mí, eso no Indica una deficiencia Innata. Lo que Indica es que usted sería más feliz sí encontrara amigos que compartieran su Interés por el arte y la literatura. En cuanto a sus compañeros de oficina, si usted pudiera permitirse tener intereses diferentes de los de ellos, y permitir que ellos tengan intereses distintos de los suyos, imagino que podría sentirse más relajado en su compañía e incluso descubrir que siguen siendo miembros de la misma especie". Como comentario adicional de esta historia, añadiré que el trabajo que hice con Martín a partir de entonces llevó a que él descubriera que tanto él como sus compañeros de trabajo tendían a moverse en mundos innecesariamente restringidos en sus conversaciones, y que entre ellos existían muchos caminos potenciales de comunicación, pese a sus diferentes intereses.

  


Cuanto mayor es la «masificación» de los seres humanos, tanto más urgente le parece al individuo la necesidad del not to get involved , y por eso mismo hoy día se pueden cometer robos, asesinatos o violaciones a la luz del día en las grandes urbes sin que intervenga ni un solo «transeúnte».

    El confinamiento de muchos seres humanos en espacios muy angostos no sólo acarrea indirectamente una deshumanización incipiente con el agotamiento y entorpecimiento paulatinos de las relaciones interhumanas, sino que también suscita un comportamiento agresivo y definitivamente directo. Se sabe, por muchos experimentos con animales, que la agresividad dentro de una misma especie suele acrecentarse con el confinamiento. Quien no haya sido prisionero de guerra ni haya vivido en una acumulación similar de muchos seres humanos, no puede imaginar siquiera el alto grado de irritabilidad mezquina que puede asaltarle a uno en semejantes circunstancias. Precisamente, cuando uno procura dominarse y se esfuerza por observar un comportamiento cortés o, mejor dicho, amigable, se acentúa esa disposición anímica hasta representar una verdadera tortura. La conducta incivil generalizada que observamos en todos los grandes centros urbanos es claramente proporcional a la densidad de las multitudes aglomeradas en determinados lugares, y alcanza un grado alarmante, por ejemplo, en las grandes estaciones ferroviarias y terminales de autobuses neoyorquinas.
    La superpoblación contribuye directamente a todas las manifestaciones de malestar y decadencia.


jueves, 3 de marzo de 2022

 


En la época del famoso “Boom”, más allá de sus valores literarios, muchos escritores me acusaron de traidor al comunismo, pretendiendo ignorar que yo había vivido aquella entrega, pero también, la desilusión de ver cómo el stalinismo había corrompido los principios que el movimiento pretendía enaltecer. Y algunos de estos comunistas de salón, a los que los franceses llaman la gauche caviar, alejándose del peligro, se manifestaron detrás de sus escritorios en cómodas oficinas de Europa, en innoble, cobarde retaguardia. Y otros, habiendo estado de paseo por el comunismo, se han convertido finalmente en empresarios de la literatura. Sin embargo, se mantuvieron callados ante las atrocidades cometidas por el régimen soviético, torturas y asesinatos que, como suele suceder, se perpetraron en nombre de grandes palabras en favor de la humanidad. Camus tenía razón al decir que “siempre hay una filosofía para la falta de valor”. Ellos guardaron silencio cuando pudieron y debieron decir cosas sin temor a disentir, lo que es legítimo en reuniones pero indefendible en hechos que hacen al honor y a los valores por los que muchos, de manera horrenda y despiadada, perdieron su vida. No hay dictaduras malas y dictaduras buenas, todas son igualmente abominables, como tampoco hay torturas atroces y torturas beneficiosas. Y la lucha contra el capitalismo no debería haberles impedido el repudio de los actos que atentaban contra la dignidad de la criatura humana, cualquiera haya sido el nombre de la ideología que pretendía justificarlos. ¡Qué diferente habría sido la situación si el “socialismo utópico” no hubiera sido destruido por el “socialismo científico” de Marx! Equivocadamente se cree que los anarquistas son espíritus destructivos, hombres con piloto que en su portafolio trasladan una bomba. Desde luego, al igual que en toda empresa que lleva la impronta del ser humano, en aquel movimiento se infiltraban delincuentes y pistoleros —alguno de los cuales conocí en los años treinta—, pero eso no debe hacernos olvidar a esos seres nobles, que ansiaban un mundo mejor, donde el hombre no se convirtiera en ese lobo despiadado que vaticinó Hobbes. Otra falacia frecuente es considerar que estos espíritus rebeldes eran resentidos sociales, ya que han sido anarquistas desde el príncipe Bakunin al conde Tolstoi, pasando por el poeta Shelley, el conde de Saint-Simon, Proudhon, en cierto sentido Nietzsche, el poeta Whitman, Thoreau, Oscar Wilde, Dickens, y en nuestro tiempo sir Herbert Read, el arquitecto Lloyd Wrigth, el poeta T. S. Eliott, Lewis Munford, Denis de Rougemont, Albert Camus, Ibsen, Schweitzer, en buena medida Bernard Shaw, el conde Bertrand Russel, y años atrás, el Campanella de La cittá del solé y el Thomas Moro de Utopía. Al igual que todos aquellos vinculados a grandes pensadores religiosos, como Emmanuel Monuier —cuyo “personalismo” tiene mucho que ver con la concepción anarquista—, y judíos como Martin Buber. Quizá, por mi formación anarquista, he sido siempre una especie de francotirador solitario, perteneciendo a esa clase de escritores que, como señaló Camus: “Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen”. El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad, y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses,  pierde de vista la sacralidad de la persona humana. Debe prepararse para asumir lo que la etimología de la palabra testigo le advierte: para el martirologio. Es arduo el camino que le espera: los poderosos lo calificarán de comunista por reclamar justicia para los desvalidos y los hambrientos; los comunistas lo tildarán de reaccionario por exigir libertad y respeto por la persona. En esta tremenda dualidad vivirá desgarrado y lastimado, pero deberá sostenerse con uñas y dientes. De no ser así, la historia de los tiempos venideros tendrá toda la razón de acusarlo por haber traicionado lo más preciado de la condición humana.

 



¿Me pregunto cuántos no adictos están leyendo este libro? Si usted se parece al grupo promedio, hay muy pocos, muy pocos. No desprecie a los alcohólicos y a los drogadictos: tal vez usted sea tan adicto como ellos. La primera vez que vislumbré este nuevo mundo, fue aterrador. Comprendí lo que significa estar solo, sin un lugar donde apoyar la cabeza, dejar que todos sean libres y ser libre, no ser especial para nadie y amarlos a todos - porque el amor hace eso. Brilla sobre los buenos y los malos por igual; hace que llueva sobre los santos y los pecadores por igual. ¿Es posible que la rosa diga: "Les daré mi perfume a los buenos que quieran olerme, pero no a los malos? ¿O es posible que la lámpara diga: "Iluminaré a los buenos que están en esta sala, pero no iluminaré a los malos"? ¿O puede el árbol decir: "les daré mi sombra a los buenos que descansen junto a mí, pero no a los malos"? estas son imágenes de lo que es el amor. Siempre ha estado allí, directamente frente a nosotros en las escrituras, aunque nunca quisimos verlo porque estábamos sumergidos en lo que nuestra cultura llama el amor, con sus canciones y sus poemas de amor; eso no es amor en absoluto, eso es lo opuesto al amor. Eso es deseo y control y posesión. Eso es manipulación, y temor, y ansiedad; eso no es amor. Nos dijeron que la felicidad es una piel suave, un lugar de vacaciones. No son esas cosas, pero tenemos maneras sutiles de hacer que nuestra felicidad dependa de esas cosas, tanto dentro como fuera de nosotros. Decimos: "Me niego a ser feliz hasta que desaparezca mi neurosis". Le tengo buenas noticias: puede ser feliz ahora mismo, con la neurosis. ¿Quiere noticias todavía mejores? Hay una sola razón por la cual usted no está experimentando lo que en la india llamamos anand: felicidad, felicidad. Hay una sola razón por la cual usted no es feliz en este momento: porque está pensando o concentrándose en lo que no tiene. De otra manera, sería feliz. Usted se está concentrando en lo que no tiene. Pero ahora mismo usted tiene todo lo que necesita para ser feliz.



 “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: “Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él.” Pensé: “No regresará jamás; no volverá nunca."


Pero los caminos de ella eran más largos que todos los caminos que yo había andado en mi vida y hasta se me ocurrió que nunca terminaría de quererla.
Ese sueño que eres tú todavía dura. Durará siempre, porque siento como que estás dentro de mi sangre y pasas por mi corazón a cada rato.

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde… y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río… “


miércoles, 2 de marzo de 2022

 


Por las uñas de un hombre, por las mangas de su abrigo, por sus botas, por las rodillas de sus pantalones, por los callos de su dedo índice y pulgar, por su expresión, por los puños de su camisa, por sus movimientos, por cada una de estas cosas la vocación de un hombre queda claramente revelada.


 Para el hindú, la creación no era el comenzar a existir de la maravilla del mundo. Antes bien era un desmembramiento, una desintegración de la unidad original. Para el hindú la creación no era la expresión de un hacedor racional y benévolo en nuevas y maravillosas formas, sino la fragmentación de la unidad de la naturaleza en innumerables formas limitadas. El hindú veía la creación de nuestro mundo como «la autolimitación de lo trascendente». Nuestro concepto mismo de la creación es totalmente contrario al de los hindúes. En efecto, en lugar de transformar la nada en todo, la creación hindú desintegraba lo que ya existía en innumerables fragmentos imperfectos. El hindú dirigía su mirada a la unidad que existía en el principio y aspiraba a conseguir la reintegración de la naturaleza. Los ciclos del nacimiento y muerte han perpetuado la fuerza desintegradora de la creación.





 «He estado antes aquí,

pero no sabría decir cuándo,
conozco la hierba que hay más allá de la puerta,
el aroma sano y penetrante,
el rumor acompasado, las luces de la costa. Habías sido mía antes,
no puedo decir cuánto tiempo hace de ello; pero justo cuando te giraste
para ver volar la golondrina,
un velo cayó y lo supe todo de los tiempos pasados»


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