Imagina un hormiguero. Una hormiga puede pasar toda su vida caminando alrededor de una estructura construida por humanos sin tener la menor posibilidad de comprender que existe una ciudad, una economía o una persona que la está observando.
Ahora invierte la situación.
Nosotros somos capaces de estudiar galaxias, detectar planetas a miles de años luz y construir modelos del universo. Pero nuestra inteligencia sigue siendo la de una especie que evolucionó para sobrevivir en un planeta, no para comprender cualquier fenómeno posible.
Podría existir una inteligencia muchísimo más avanzada que nosotros y la diferencia podría ser tan grande que:
- No reconoceríamos sus actividades como actividades.
- No tendríamos los sentidos adecuados para detectarla.
- Sus escalas de tiempo podrían ser incomprensibles para nosotros.
- Podría comunicarse mediante fenómenos que interpretamos como naturales.
- Quizá ni siquiera tuviera una forma física semejante a la nuestra.
Es parecido a lo que ocurre con los insectos. Una hormiga no necesita que un humano se esconda deliberadamente para no ser detectado por ella. Simplemente carece del aparato conceptual y sensorial para comprender lo que tiene delante.
Y aquí aparece una idea todavía más inquietante:
Que no hayamos encontrado una inteligencia extraterrestre no significa necesariamente que no exista; podría significar que todavía no sabemos qué sería exactamente "encontrarla".
Incluso podríamos estar buscando algo demasiado parecido a nosotros: señales de radio, naves, estructuras, mensajes, tecnología... cuando una civilización mucho más avanzada quizá no tendría ninguna razón para utilizar algo de eso.
Hay además una vuelta filosófica preciosa: nosotros mismos ya somos prueba de que puede existir una inteligencia que otro organismo no comprende. Una bacteria vive en nuestro cuerpo sin tener la menor representación de que existe un ser humano. Para ella, nosotros no somos "un misterio": simplemente somos parte del entorno.
Entonces quizá la pregunta más profunda no sea:
"¿Dónde están los extraterrestres?"
sino:
"¿Qué cosas existen a nuestro alrededor que nuestra inteligencia todavía no tiene capacidad para reconocer como inteligencia?"
Y eso conecta muy bien con aquella idea de que nuestra percepción del mundo no es el mundo, sino solamente la porción del mundo que nuestros sentidos y nuestro cerebro son capaces de convertir en experiencia.
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