domingo, 28 de agosto de 2022




A un estudiante que quería saber qué pensaba del autor de Zaratustra, le dije que había dejado de leerlo desde hacía tiempo.¿Por qué?, me preguntó. Porque lo encuentro demasiado ingenuo... Le reprocho sus arrebatos y hasta sus fervores. Demolió ídolos para reemplazarlos por otros. Un falso iconoclasta con visos de adolescente, y no sé qué virginidad, qué inocencia inherentes a su carrera de solitario. Sólo observó a los hombres desde lejos. Si los hubiese visto de cerca, nunca hubiese podido concebir ni ponderar al superhombre, visión extravagante, si no grotesca, quimera o antojo que sólo podía surgir en la mente de quien no tuvo tiempo de envejecer, de conocer el desasimiento, el largo hastío sereno. Mucho más cercano encuentro a un Marco Aurelio. No vaciló entre el lirismo del frenesí y la prosa de la aceptación: encuentro mucho más consuelo, e incluso más esperanza, en un emperador fatigado que en un profeta fulgurante.

Emil M. Cioran | Del inconveniente de haber nacido

 


“Sécate las lágrimas y mira el fin con serenidad. Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad, pero es demasiado tarde. En este último instante goza al menos del prodigio de vivir en la verdad tangible antes de caer en la nada.”


🎬 El séptimo sello

domingo, 21 de agosto de 2022

Frans de Waal

 


Cuando me preguntan si creo que un elefante es un ser consciente, a veces respondo: «Si me dice qué es la conciencia, le diré si los elefantes la tienen». Esto suele hacer callar a la gente. Nadie sabe exactamente de qué estamos hablando. Pero reconozco que esta respuesta es injusta y un tanto mezquina, tanto para el que pregunta como para los elefantes, porque lo cierto es que a estos gigantes corpulentos les atribuyo conciencia. Cuando mi equipo trabajó con elefantes asiáticos, fuimos los primeros en demostrar que reconocían su imagen en un espejo, lo que suele contemplarse como un signo de autoconciencia. Probamos sus habilidades cooperativas, como entender que necesitan que un colega les eche una trompa para una tarea que no pueden realizar solos. Los elefantes lo hicieron tan bien como los antropoides y mejor que la mayoría de los animales. Todo su comportamiento me parece deliberado e inteligente. Por ejemplo, cuando en algunos pueblos tailandeses o indios a los elefantes jóvenes les ponen collares de cascabeles para anunciar su presencia (y evitar que pillen desprevenidos a los lugareños en sus jardines o cocinas), a veces meten hierba dentro de los cascabeles para silenciarlos. De esa manera pueden deambular sin ser detectados. Esta solución sugiere imaginación, porque desde luego nadie les enseñó a hacer eso, y no puede pensarse que la hierba se metiera sola dentro de los cascabeles para que ellos descubrieran su efecto. Para encontrar soluciones inteligentes, juntamos causa y efecto conscientemente en nuestras cabezas. Si nosotros lo hacemos así, ¿por qué los elefantes deberían tener un atajo que les permita resolver problemas sin conciencia?


miércoles, 17 de agosto de 2022


 

 Marx es un pensador que, desde un contexto histórico, propugna la superación del capitalismo, precisamente, apuntando hacia la eliminación de la clase opresora. En ese pensamiento marxista subyace un deseo de libertad y felicidad en igualdad de condiciones para toda la humanidad, es decir, Marx tenía “conciencia transpersonal”. El discurso de Marx tenía como finalidad la felicidad de la humanidad y, para ello, es precisamente necesario superar el antagonismo entre la clase opresora y la clase dominada: un loable pensamiento que, hoy en día, sigue siendo una utopía a la vista del depredador neoliberalismo que subsume a la humanidad en miserias, hambrunas, guerras con fines económicos, en definitiva, una maquiavélica manipulación del ego plutocrático a costa del planeta y la humanidad. La filosofía marxista está más viva que nunca, precisamente, porque su filosofía es una denuncia vigente respecto al actual neoliberalismo, en tanto que es la última metamorfosis del capitalismo. En virtud de la deriva suicida de la humanidad, las profecías de Marx están siendo recuperadas: semanarios importantes como el Spiegel alemán le han dedicado portadas; también, una encuesta de opinión de la revista Times, repetida luego con idéntico resultado por la BBC británica, lo declaraba el “mayor filósofo de todos los tiempos”; incluso un economista conservador y serio como Lord Desai lo eleva a la categoría de “profeta de la globalización”. Marx también ha tenido un reconocimiento mediante el prestigioso historiador marxista británico Eric Hobsbawm, quien nos dejó esta última lección tras su fallecimiento: “Es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. 

Debería ser leído porque, como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente” (Martos, 2012b).

 En los ritos de la China antigua se empleaban perros de paja como ofrenda a los dioses. Durante el ritual eran tratados con la mayor de las reverencias. Pero una vez que éste había aca­ bado, cuando ya habían dejado de ser necesarios, eran pisotea­ dos y abandonados: «El cielo y la tierra son implacables. Los se­ res de la creación son para ellos meros perros de paja». Si los seres humanos perturban el equilibrio de la Tierra, serán pisoteados y abandonados. Los críticos de la teoría Gaia dicen rechazarla por­ que no es científica. La verdad es que la temen y la odian porque significa que los humanos nunca podrán ser otra cosa que perros de paja.


 

domingo, 14 de agosto de 2022

 El hombre selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone. […] distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo: que aquél es el que se exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada, sino que se contenta con lo que es y está encantado consigo. Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección […] quien vive en esencial servidumbre. No le sabe vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima la necesidad de servir como una opresión. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más diciles, más exigentes, que le opriman. Esto es la vida como disciplina —la vida noble. 

—JOSÉ ORTEGA Y GASSET

 


 Cuando la mente no tiene pensamientos, eso es meditación La mente se queda sin pensamientos en dos estados: el sueño profundo y la meditación,. Si te haces consciente y tus pensamientos desaparecen, es meditación; si los pensamientos desaparecen y quedas inconsciente, es sueño profundo. El sueño profundo y la meditación tienen algo en común y algo diferente. Una cosa es similar: En los dos estados, el pensamiento desaparece. Una cosa es diferente: En el sueño profundo, también desaparece la conciencia, mientras que en la meditación permanece. Así pues, la meditación es igual que el sueño profundo, pero con conciencia. Estás relajado, como en el sueño profundo, pero estás consciente, completamente despierto... y eso te lleva hasta la puerta de los misterios. En el sueño profundo pasas a un estado de no-mente, pero sin conciencia. No sabes dónde te están llevando, aunque por la mañana sentirás el impacto y el efecto. Si de verdad Ha sido un sueño profundo y hermoso, sin ensoñaciones que te perturben, por la mañana te sentirás fresco, renovado, vivo, rejuvenecido, otra vez lleno de entusiasmo y energía. Pero no sabes cómo ha ocurrido, adónde has ido. Entraste en una especie de coma profundo, como si te hubieran administrado un anestésico, y fuiste transportado a otro plano, del que regresas fresco, joven, rejuvenecido. En la meditación, eso sucede sin anestesia. Así pues, meditación significa permanecer tan relajado como cuando estás profundamente dormido, pero manteniéndote alerta. Mantén la conciencia... deja que desaparezcan los pensamientos, pero la conciencia debe mantenerse. Y esto no resulta difícil; lo que pasa es que nunca lo has intentado, eso es todo. Es como nadar; si no lo has intentado, parece muy difícil. Incluso parece peligroso, y te parece increíble que la gente pueda nadar, porque tú te ahogarías. Pero cuando lo intentas un poquito, se te hace fácil; es muy natural. Hace poco, un científico japonés ha demostrado experimentalmente que un bebé de seis meses es capaz de nadar; solo hay que darle la oportunidad. Ha enseñado a nadar a muchos niños de seis meses de edad. ¡Ha hecho un milagro! Y dice que lo va a intentar con niños aún más pequeños. Es como si el arte de nadar fuera innato; no hay más que darle una oportunidad y empieza a funcionar. Por eso, cuando has aprendido a nadar, no lo olvidas nunca. Puedes pasarte cuarenta o cincuenta años sin nadar, pero no lo olvidas. No es una cosa accidental, es algo natural; por eso no puedes olvidarlo. La meditación es algo similar: es algo innato. Solo tienes que crear un espacio para que funcione: solo tienes que darle una oportunidad.

Gabriel Rolón


 

 La vida es excitante, fascinante, y mágica.

    Si usted toma un camino que lo aparta de ver esto, usted querrá reconsiderar lo que está haciendo. Nunca habrá otro como usted. Nadie más verá el mundo como usted, o hará exactamente lo que usted hace. Realice que algunos de los genios más grandes tenían abundante energía interior. Era necesario tener esta energía para poder trabajar tanto como lo hicieron, y para alcanzar los niveles de comprensión y de éxito que ellos lograron. El mundo que nos rodea, y la vida que está justo frente a nosotros, pueden actuar como inspiración para hacer una verdadera diferencia.
    Algunos genios aman tanto la vida que piensan que su misión es protegerla, y por eso trabajan como biólogos o activistas políticos. Otros genios como Leonardo da Vinci están tan inspirados por la vida que ellos crean algunas de las obras de arte más grandes de todos los tiempos. Aproveche la vida para inspirarse, para hacer conexiones, para entender, y para relacionarse con todo de una manera más profunda. Y no olvide que usted también es parte de esta experiencia que llamamos vida.

viernes, 12 de agosto de 2022

Bukowski



 "...Y soy el que ahuyentó el miedo de la correa de mi padre cuando era azotado en el cuarto de baño; soy Bukowski, el que miró a los ojos y advirtió que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos. 


Soy quien bebió Whisky a su antojo en los céntricos bares de Los Ángeles, el escritor que inyecta sangre y bellez, soy la bestia, soy un hombre de palabras, soy la humedad de la noche; la caída vertiginosa del mundo, el rebelde que rió de su padre cuando le decía que debía ser ingeniero para ganar mucho dinero.

Soy quien junto a Hemingway exploró las corrientes subterráneas  del corazón del hombre. Soy Bestiabuk, el poeta que pasó toda la noche mirando la fiesta de graduación a través de la malla metálica de la ventana, soy el de la barra que mira a esa joven hermosa con un trago en la mano susurrando a la oreja de su acompañante.

Soy quien ve a muchos hombre muertos, recibiendo órdenes con una sonrisa imbécil, serviles y encantado de serlo. Soy Charles Bukowski, soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre".

~Charles Bukowski, Alemania (1920-1994)


 

 

[Entrevistado en 2009]

JOSÉ EMILIO PACHECO: "LOS POEMAS NO MIENTEN, YO SÍ"

El Cultural / España

Autor de culto para los amantes de la poesía hispanoamericana del siglo XX, un José Emilio Pacheco agobiado por cien mil compromisos, nos sorprende con su divertido escepticismo. Por una parte, reconoce haber encontrado, “por suerte y desde hace muchos años, la mayor generosidad por parte de los poetas españoles”, pero tampoco deja de apuntar que “no es culpa de ellos que el público lector de España no me conozca. ¿Cómo me va a conocer si somos tantos en tantos países de la misma lengua?”. Con una confesión así, la primera pregunta parece obligada:

—Si no le conocemos aún, ¿cuál sería su autorretrato?
—Es imposible trazar un autorretrato sin photoshop verbal. El único autorretrato posible, porque es involuntario, es el que está en los poemas. Los poemas no mienten, yo sí.

—En sus poemas late cierta tensión de fondo entre el compromiso político, la responsabilidad cívica, y la tensión poética: ¿cómo logra mantener el equilibrio?
—Sólo puedo escribir sobre lo que me afecta y me preocupa. No me digo: “Voy a hacer unos versos en que se manifieste mi responsabilidad cívica”. Es algo menos voluntario de lo que suponemos.

—Sin duda, pero, ¿cuál debería ser la relación entre la poesía y la realidad / actualidad?
—No creo en el debe. No impondría a nadie la obligación de escribir poemas “sociales” o lírica abstracta. Me limito a juzgar los resultados. Hay miles de poemas políticos abominables, pero no tantos como pésimos poemas de amor.

—Fue amigo de Octavio Paz, pero no quiso conocer a Pablo Neruda por timidez. También trató mucho a Luis Cernuda y se carteó con Aleixandre…
—Sí, tuve una relación de cuarenta años con Paz, a veces, como era inevitable, muy difícil y en otras muy cercana, como sucedió por fortuna en el último año de su vida. Debo mucho a las enseñanza de Paz y aún me sé de memoria partes enteras de "Piedra de Sol". Pero no sólo fui tímido con Neruda, también con Aleixandre: jamás me atreví a importunarlo en Velintonia 8, aunque él nos escribió a todos los autores de esa época. Esta función de Aleixandre me parece que no se reconoce como se debe. Otro tanto puedo decir de Max Aub. En cambio, con Cernuda me ocurrió algo siniestro. Por el desorden aludido guardé la única carta suya que me envió en la edición 1958 de 'La realidad y el deseo'. Alguien se llevó de mi casa el ejemplar y la carta. De modo que en la 'Correspondencia de Cernuda', tan bien editada por James Valender para la Residencia de Estudiantes, figuran no sus líneas sino las mías, por desgracia.

Ahora, sin embargo, José Emilio Pacheco prefiere no hablar de los poetas españoles contemporáneos que lee y admira, porque “han sido tantos y durante tantos años los que me han ayudado que su enumeración parecería un intento servil de congraciarse”.

—De todas formas, ¿cómo ve a los poetas de su generación?
—Los veo a la luz de un epigrama anónimo:“Bajo el tiempo inclemente / Llegué a los días extraños / De ver vieja a la gente / Que es de mi edad y mis años.” No sé cuál es mi generación: nací el 30 de junio de 1939, muy tarde para ser de la generación de los treinta y muy temprano para formar parte de la generación de los cuarenta. Pero de mis más o menos contemporáneos y amigos puedo afirmar que tienen sin duda las cualidades que yo no poseo.

—¿Y cuál es su relación con los poetas jóvenes de su país, esos que aprenden en la escuela sus versos?
—Son tantos que sólo me es posible conocer a unos cuantos, o unas cuantas, porque el número de mujeres es abrumador en la nueva poesía mexicana. Con ellas y ellos mi relación es magnífica ya que no tengo ínfulas de magisterio ni busco crear un discipulado. Cuando alguien me pide consejos respondo que se los doy con mucho gusto, sólo que a cambio de que ellos me aconsejen también, porque en éste ya no tan nuevo siglo las muchachas y los jóvenes son los nativos y nosotros los inmigrantes que llegan de otra época y de otro mundo.

—Tras varios años de silencio, ahora coinciden en España y México 'Como la lluvia', 'La edad de las tinieblas' y 'Contraelegía', el libro del Premio que editó en la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol. ¿A qué se debe esa coincidencia?
—A no saber planificar una carrera literaria. Trabajé mucho en la década que termina. Para no inflar mi bibliografía no quise publicar cuadernos aislados. Preferí reunirlos en un libro, 'Como la lluvia', tal vez demasiado extenso y variado e imposible de comentar. Chus Visor en España y Marcelo Uribe, el editor de Era, en México, me hicieron ver que la última sección, los poemas en prosa, formaban un volumen aparte y lo publicamos como 'La edad de las tinieblas'. La antología del Premio tiene un excelente estudio de Paqui Noguerol. Con su inteligencia y su sabiduría me ha enseñado muchas cosas acerca de mí mismo.

Lo que no ha tenido que aprender, desde luego, es que al escribir un poema sólo pretende eso, porque al terminarlo “él me dirá qué buscaba yo”. Y que no hay fórmulas secretas ni “regla general”: “Hay unos poemas, muy pocos, que han salido de primera intención tal como están y otros que son producto de incontables versiones” .

—¿Cuál es su rutina de trabajo? ¿Es de verdad tan desorganizado como presume?
—No presumo: me avergüenzo y sufro mucho por mi desorden. Quisiera ser organizado y metódico pero tuve una reacción neurótica contra la disciplina militar de mi padre. Lo que sí intento es no dejar de trabajar nunca. Ya que es imposible e indeseable hacer poemas todos los días, he hallado un camino intermedio en las versiones poéticas que saldrán el año próximo. Tal vez serán el último libro en la historia que se ha llevado cincuenta años de trabajo. Comencé en la escuela con los epigramas griegos y termino ahora con los haikus japoneses y la versión de los 'Cuatro cuartetos' de Eliot que publicará Alianza después de 25 años de prometerlos para la semana próxima.

—¿Y cómo se lleva con el ordenador, internet, el e-book y demás inventos?
—No pretendo ser lo que no soy. Pienso en la décima de Moratín sobre los niños que en Francia hablan el francés con la fluidez y la perfección que nunca alcanzará un anciano en ningún otro lado. El mundo electrónico es para quienes nacieron en él. Empleo con gusto el ordenador. Es la máquina de cantar con la que soñó Antonio Machado porque resulta ideal para ver los poemas que son objetos sonoros pero también visuales. Encuentro muchas cosas valiosas en internet pero si pasan de tres páginas necesito imprimirlas para leerlas. Respecto de la correspondencia, es un motivo de angustia. En tres meses de ir y venir porque el Reina Sofía coincidió con la generosísima celebración de mis 70 años, he acumulado 2,400 correos. ¿A qué horas, con qué fuerzas voy a responderlos? Cada persona espera la contestación a la que tiene derecho y yo no puedo dársela. Es terrible. ~

***

Entrevista publicada en 'El Cultural' el 15 de noviembre de 2009.

miércoles, 10 de agosto de 2022


 

 Los asesinos en serie ya no son taxidermistas que viven en hoteles destartalados con el cadáver de su madre ni marginados que coleccionan mariposas. Esos son pobres aficionados. ¿Asesinar a un puñado de personas? Qué desperdicio de tiempo, esfuerzo y talento cuando moviendo números en Wall Street puedes masacrar a cientos de miles, países, continentes enteros. Hoy Norman Bates trabaja en Standard & Poor’s y esnifa coca en el asiento de cuero de un Bentley.

    A ellos les entregamos el poder… y la gloria. No solo dejamos que controlaran el mundo personas que mantenían una relación patológica con la realidad social. Hicimos lo imposible por vivir como ellos. El consumo de masas es una pálida imitación aspiracional del estilo de vida de los ricos tal y como lo imaginan para nosotros los suplementos dominicales de los diarios.
    Los impulsores teóricos de la globalización neoliberal, Milton Friedman o Friedrich Hayek, recobraron protagonismo político en los años setenta tras un larguísimo periodo de hibernación: treinta años en los que fueron considerados auténticos freaks universitarios. En el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el recuerdo de las terribles consecuencias del caos económico capitalista aún estaba fresco, sus propuestas de desregulación radical parecían delirios propios de personas con la empatía de una garrapata e incapaces de percibir el peligro de sus conductas de riesgo. Clínicamente psicópatas.
    Patrick Bateman es aterrador por la misma razón que Adrian Mole es tierno y divertido: resulta demasiado coherente con su posición social, asume con demasiado entusiasmo su papel. Si el sistema te premia con lujos babilónicos cuando creas las condiciones económicas que matan de hambre a cientos de miles de niños, ¿qué puede haber de malo en el apuñalamiento ritual de una prostituta? Lo mismo le pasa a Carlos Wieder, el piloto-poeta del ejército chileno que aparece en Estrella distante , la novela de Roberto Bolaño. Tras el golpe de Estado del general Pinochet, en 1973, Wieder organiza una exposición artística con fotografías de los detenidos a los que ha asesinado. Los militares a los que invita a la muestra se escandalizan. Pero si un orden social monstruoso te anima a torturar, matar y hacer desaparecer a miles de jóvenes, ¿a qué tanto alboroto por ponderar los aspectos estéticos de la represión extrema?
    La globalización neoliberal es la historia de cómo el noventa y nueve por ciento entregamos voluntariamente el control de nuestras vidas a fanáticos con una percepción delirante de la realidad social. Dimos carteras de economía, sueldos principescos, privilegios fiscales y un alto reconocimiento social a gente cuyo lugar natural es un rancho en Waco rodeado por el FBI .
César Rendueles

 Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas desde afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa. 


-Mario Benedetti 
La tregua


 

La mayor parte de la humanidad está predispuesta a la sumisión.
Gente inconsciente, completamente administrada.
Quien ha entendido, ha entendido, no necesita consejos.
Quien no ha entendido nunca entenderá.
No culpo a estas personas porque están estructuradas para vivir.
¿Hogar significa simplemente vivir?
Comer, beber, respirar, dar a luz, trabajar, mirar televisión, comer pizza los sábados por la noche, ir al juego.
Su mundo termina ahí. No puedo percibir nada más.
En cambio, hay un grupo muy pequeño de seres humanos que son "defectos de fabricación": han escapado del control de calidad de la línea de producción.
Son pocos, son herejes, son guerreros.

- Carlos Castañeda

miércoles, 20 de julio de 2022

 En algunas zonas del mundo ni siquiera los pensadores más profundos se han preocupado por el misterio de la creación. En efecto, las preocupaciones cotidianas han ocupado su pensamiento y han constituido el núcleo central de su filosofía. Han prestado, pues, escasa atención a los enigmas del origen y el destino y tampoco les ha perturbado la posibilidad de que existan otros mundos antes o después de éste. ¿Son peores por ello? Su indiferencia ante los misterios de la creación les ha permitido dedicar toda su energía a las tareas de este mundo. Pero esto es también un síntoma de una actitud de recelo ante el cambio, de la resistencia a imaginar lo nuevo.

    «Si aún no sabemos cómo servir al hombre —advertía Confucio (c. 551-479 a. C. )—, ¿cómo podemos saber servir a los espíritus?». Y cuando se le preguntaba respecto a la muerte, contestaba: «Si todavía no sabemos acerca de la vida, ¿cómo podemos saber acerca de la muerte?». ¿Acaso hay que sorprenderse de que los chinos nos hayan dejado un escaso repertorio de mitos sobre la creación? El único mito sobre la creación que ha pervivido en la tradición popular china parece haber sido tomado en época tardía de Sumer o del Rig-Veda .

lunes, 18 de julio de 2022


 

San Agustín



 San Agustín dijo: “La esperanza tiene dos hijas muy hermosas, Ira y Valentía. Ira por la rabia de que las cosas son como son y la valentía para cambiarlas.”.


 

 It is most perilous to be a speaker of Truth. Sometimes one must choose to be silent, or be silenced. But if a truth cannot be spoken, it must at least be known. Even if you dare not speak truth to others, never lie to yourself. 

—FRANCES HARDINGE

sábado, 16 de julio de 2022

Epicteto

 


“Algunas señales del que progresa en el estudio de la sabiduría: a nadie censura, a nadie alaba, no se queja de nadie, y no acusa a nadie, no habla de sí como si él fuera o supiera algo”.


 Fue Pauli quien supuestamente declaró sobre la efusión erudita de un colega: «Este artículo no es correcto, ni siquiera es falso». Y luego está su a menudo citada observación tras haber aguantado un seminario de un aspirante a profesor: «Tan joven y ya tan desconocido». Cuando, durante una discusión, Pauli fue interrumpido por un físico menor, Eugene Guth, con una observación pedante, él escuchó durante un momento y luego exclamó: «Guth, cualquier cosa que tú sepas la sé yo». Nada podía parecer más acorde con la extraordinaria carrera de Pauli que el hecho de que terminara su vida en la habitación número 137 de un hospital suizo, pues 137 es un «número mágico» que surge de la teoría cuántica y está relacionado con la estructura fina del espectro del hidrógeno, un tema que había preocupado a Pauli durante gran parte de su vida. (El cosmólogo Arthur Eddington tenía la manía de buscar en los guardarropas una percha con este mismo número donde colgar su sombrero.) La fatídica coincidencia preocupó a Pauli y ensombreció sus últimos días.

 Sí. La mujer normal ha muerto. Ha muerto porque en la televisión ha dejado de existir. ¿Qué les pasa a las mujeres que aparecen en ella, que no tienen arrugas, que se ríen abiertamente sin signos de expresión? ¿Por qué tienen los labios y los pechos hinchados... exageradamente? ¿Dónde están las mujeres como yo —como tú? Han muerto. No quieren verlas y las han eliminado de la pantalla, porque... ¿para qué?, ¿para recordarnos que el tiempo pasa y pasa para todos?, ¿para que el público, cómodamente en su salón, opine que los años no pasan por ti, (mujer de la televisión), que cada día estás más joven, que quizá con un poco más de pómulo...?

Anna Magniani, antes de que el maquillaje le cubriera todo el rostro, pidió que no le quitaran las arrugas, que le habían costado toda una vida procurárselas. Pero ¿qué presentadora, actriz o modelo está dispuesta a ello? ¿Qué nos ocurre a las mujeres normales para querer pasar por el quirófano, obedeciendo a un supuesto deseo o cánon o perfección o visión masculina? ¿Quién nos ha engañado y nos ha hecho creer que estamos más guapas así, desfiguradas completamente?
¿Qué pasa en la televisión, que parece una caricatura de la sociedad? La mujer deformada se pasea por nuestro salón y nosotras, mujeres del otro lado de la pantalla, nos miramos en ellas y vemos que no coincide la silueta, que no hay semejanza alguna. La mujer normal de la televisión ha muerto y la mujer normal de fuera de la televisión se esconde, imita, compara. No hay manera, no hay rastro de la mujer con arrugas o con flaccidez, no hayestrías que brillen bajo el foco de la luz, ni barrigas. No hay sobrepeso —ni siquiera hay gafas. El cuerpo de las mujeres, un documental de apenas veinticinco minutos, desenmascara a esa mujer muerta que se ha quedado dentro de la televisión y que no sale, por más que la echemos no sale de nuestra vida, de nuestras expectativas.
¿Hemos perdido la capacidad de esperar de nosotras la normalidad? ¿Nos miramos a través de un supuesto deseo masculino? ¿Por qué la televisión está llena de mujeres cuyo talento se basa en la belleza y la juventud? ¿Cuántas veces tendremos que leer que a tal o cual actriz se le nota demasiado la cirugía o, peor, necesitaría unos retoques?
Preguntas y más preguntas que nos hacemos, nos hacemos a este lado de la pantalla, y del otro lado hay un vacío, una laguna: del otro lado hay mujeres que acompañan a hombres en los programas, hay un florero con cuerpo de mujer, o una pata de la mesa; al otro lado una mujer ríe las gracias, da paso a la publicidad, es humillada, es un objeto sexual. No, no es una exageración: veinticinco minutos de documental y todo está ahí, ahí, donde la mujer normal no tiene cabida, todo está ahí: en lo mediocre, en lo soez, en la sexualidad de las presentadoras que no presentan. Las cualidades de las mujeres vivas de la televisión son puramente físicas: son rubias, son guapas, son simpáticas. Y cuando una mujer con talento se cuela entre bastidores, no vale —no vende.
No cabemos las mujeres normales en la televisión: estamos demasiado vivas, demasiado arrugadas, demasiado fláccidas. No se cabe en la televisión, es tan pequeña. La mujer normal necesita estar a este lado de la pantalla, porque sin nosotras no saben a quién dirigirse. ¿Cómo? El reclamo que utilizan para el hombre es una trampa, es sólo una manera de llegar hasta nosotras: sí, porque nos miramos con los ojos equivocados —los ojos sin tiempo, los ojos perfectos. Medimos a las mujeres de la televisión, las medimos y tampoco caben ahí dentro, es tan pequeña, somos tan pequeñas: insignificantes, al margen.
Veinticinco minutos y lo veréis: la nada que puede llegar a ser la televisión, que no hay manera de entrar y salir de ella sin quedar ileso. La televisión afea, deforma, provoca. La televisión insulta, decora, nos vomita encima. La máscara de la televisión, la tristeza de las mujeres, la altura de la belleza —inalcanzable, tan pequeña es. ¿Qué les pasa a las caras de las mujeres? ¿Qué esconden bajo la máscara?

Fuente: http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/01/la-mujer-normal-ha-muerto.html

martes, 12 de julio de 2022


 

Los universos paralelos se denominan justamente así porque no se cruzan unos con otros. Sobre el papel, no tenemos forma de intervenir ni llegar hasta ellos. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si determinados condicionantes desencadenaran una suerte de «agujero de gusano» que permitiera interconectar esas múltiples realidades? ¿Acaso las sincronicidades no forman un puente entre la materia y la mente?
    Al igual que los niveles más profundos de la materia están irremediablemente conectados a niveles superiores, es posible que se descubra que las regiones más profundas del inconsciente colectivo dependen hasta cierto punto de la actividad consciente y están condicionados por ella. Parece una explicación adecuada para el caso de las dos Wanda Marie Johnson. Sí, has leído bien: dos mujeres con el mismo nombre.
    Vidas paralelas
    La primera era encargada de equipajes en Adelphi, en el estado norteamericano de Maryland.
    La otra, enfermera en el hospital de Suitland, en el mismo estado. Lo curioso es que la estación de trenes se llama Union Washington y el hospital, DC General Washington. Ambas habían nacido el 15 de junio de 1953, habían vivido en el mismo distrito de Columbia y ambas se habían mudado al distrito Prince Georges. Las dos conducían el mismo modelo de vehículo, un Ford Granada con matrícula de 1977. De los once dígitos de su matrícula, por cierto, sólo los tres últimos eran distintos. Como en EE. UU. se asigna el número de carné de conducir según el nombre y la fecha de nacimiento del titular, la Wanda Marie Johnson de Adelphi descubrió que algo extraño sucedía cuando el departamento de tráfico del estado contactó con ella para comunicarle que precisaba llevar gafas para conducir. ¡Si la miope era la Wanda Marie de Suitland! Entonces descubrió que su historial médico contenía informaciones contradictorias porque cuando ambas mujeres todavía residían en Columbia dieron a luz a sus hijos en el mismo hospital: el Howard University.
    Intentó localizar en vano a su álter ego. Mientras, empezaron a acosarla por el pago de deudas que ella no había contraído o recibía llamadas de desconocidos, hasta que un reportero del Washington Post logró reunirlas en 1978 y contar su historia. Se hicieron amigas, pero ninguna quiso cambiar de nombre.

 


Deja que las cosas se rompan, deja de esforzarte por mantenerlas pegadas.


Deja que la gente se enoje. 
Deja que te critiquen, su reacción no es tu problema.

Deja que todo se derrumbe, y no te preocupes por el después.
A dónde iré?... Qué voy a hacer?.... Dónde viviré? 
Nadie se ha perdido nunca por el camino, nadie ha dejado de comer.... nadie se quedó sin refugio.

Lo que está destinado a irse se irá de todos modos. 
Lo que tenga que quedarse, seguirá siendo.

Demasiado esfuerzo, nunca es buena señal, demasiado esfuerzo es signo de conflicto con el universo.

Relaciones
Trabajos
Casa
Amigos y grandes amores... 
Entrega todo al creador, riega cuando puedas, ora y baila pero luego, deja que florezca lo que debe y que las hojas secas se arranquen solas.

Lo que se va, siempre deja espacio para algo nuevo: son las leyes universales.

Y nunca pienses que ya no hay nada bueno para ti, solo que tienes que dejar de contener lo que hay que dejar ir.
Solo cuando tu viaje termine, entonces terminarán las posibilidades, pero hasta ese momento, deja que todo se derrumbe, deja ir, déjalo ser."

Autor desconocido.

 


 Cuando Ralph Waldo Emerson tenía veintisiete años, murió su querida esposa, Ellen. Más tarde, tras casarse por segunda vez y ser padre, perdió a su hijo de dos años. Emerson escribió un ensayo titulado Compensación, que es un testamento de su sentido de la vida y de su optimismo. Éste es el último párrafo del ensayo, que esencialmente habla del crecimiento postraumático, y que me dio esperanza cuando no tenía ninguna: Y sin embargo también la compensación de las calamidades resulta clara para el entendimiento después de largos intervalos de tiempo. La fiebre, la mutilación, un desengaño cruel, un revés de la fortuna, la pérdida de un amigo pueden parecer inútiles en el momento de ocurrir e imposibles de superar. Pero es seguro que, con el paso de los años, se pondrá de manifiesto el profundo poder reparador que se oculta bajo los hechos. La muerte de un ser querido, de la esposa, del hermano, de la amante, que al principio sólo parece privación y sufrimiento, más tarde adopta el aspecto de un guía o genio benéfico. Tales acontecimientos suelen determinar una revolución en nuestra vida; cierran el período de la infancia o de la juventud que esperaba su fin; rompen la monotonía de una ocupación habitual; destruyen un hogar; ponen término a una manera de vivir y permiten la formación de otros hábitos más favorables al desenvolvimiento del carácter. Facilitan o dificultan la formación de nuevas relaciones y la recepción de nuevas influencias que resultarán de vital importancia en los años siguientes; y la mujer o el hombre que no habría sido sino una flor de jardín, sin espacio suficiente para extender sus raíces y con sus hojas expuestas a los rayos de un sol demasiado ardiente, se convierte por la caída de los muros y la negligencia del jardinero en el banano de la selva, que da frutos y sombra a toda la población humana

lunes, 11 de julio de 2022


 

  La angustia que siente el culpable , muerde su psiquis de manera dolorosa, y aparece la necesidad inconsciente de ser castigado.

    ¿Cómo podrías definir a alguien que no siente culpa por nada?
    Es estructuralmente un perverso. Eso lo caracteriza: la ausencia de culpa. No le importa el dolor ni lo frena la angustia del otro. Sigue adelante, de un modo caprichoso, en busca de la obtención de su disfrute. El neurótico, en cambio, siente culpa, y eso habla, incluso, de una cierta sanidad, da cuenta de la represión de esos deseos y lo instaura en la cultura.

domingo, 10 de julio de 2022



 

 La voz de Natalia Sosa es la voz de la afirmación, del ahínco por descubrirse y no rendirse. Todavía laten sus palabras en la tarde y en las hojas. Se hace igual de imprescindible ahora que en el momento de su publicación, y merece un reconocimiento que traspase su insularidad, por lo bello, por el hambre de sí misma, por hablar desde el silencio.


Yo era una cosa breve (…)
Yo era una cosa leve (…)
Yo era una cosa sola (…)
Oh, muchacha pequeña,
¿qué te han hecho?,
¿qué te ha dado y quitado la vida
que, ahora,
igual que aquella niña
-con los ojos más tristes
y el alma cansada-,
sufriendo estás
la tarde,
a través de los pinos?

 El desapego duele, duele mucho, duele porque hay que soltar lo que amas, dejarlo ir o eso creemos, ese dolor es mental; no es dolor, es sufrimiento, lo que nos hace sufrir es el miedo alimentado por el ego, por la creencia arraigada de la posible pérdida, de una posesión que no existe, que no es real. Ya que no podemos poseer a alguien que no es nuestro, que nunca lo fue y que nunca lo será.

No nos pertenecen nuestros padres, ni nuestros amigos, ni nuestra pareja, ni siquiera nos pertenecen nuestros hijos, son seres libres e independientes, con su propio camino por recorrer, al igual que nosotros, por eso no hay que subyugar la felicidad de unos hacía los otros.

Si no eres feliz tú sólo, no lo serás con nadie.
El apego es el controlador de todos los tiempos, el
que te ancla en un presente ausente. Sin embargo, el desapego te mantiene en el aquí y el ahora, es soltar
al otro sabiendo que pase lo que pase
"TODO ES PERFECTO."

Y sí, puede que eso "nos duela mucho", porque hasta ahora sólo nos enseñaron que éramos alguien sí teníamos posesiones de todo tipo, se olvidaron de decirnos que cuanto más poseemos, más esclavos nos volvemos.

"De nada sirve que la imaginación tenga alas, si el corazón es una jaula"

Por eso creo con firmeza que la independencia afectiva, es el mayor regalo que puedes hacerte a ti y a tus seres amados, y cuando lo logras, entonces y sólo entonces puedes gritar al Universo que por fin has alcanzado la verdadera y plena libertad.

"Una vez que empiezas a avanzar hacía el desapego ya no existe camino de retorno."

El Desapego es desprenderme de las cosas con facilidad, sabiendo que nada sale de mí vida si no es sustituido por algo mejor, y eso genera abundancia.

 Desmayarse, atreverse, estar furioso, 

áspero, tierno, liberal, esquivo, 
alentado, mortal, difunto, vivo, 
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo, 
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, 
enojado, valiente, fugitivo, 
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño, 
beber veneno por licor suave, 
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe, 
dar la vida y el alma a un desengaño; 
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Felix Lope de Vega

Anthony de Mello

 


Hay otra ilusión: que es importante ser respetable, ser amado y apreciado, ser importante. Muchos dicen que tenemos una necesidad de ser amados, apreciados, de pertenecer. Eso es falso. Descarte esta ilusión y será feliz. Tenemos una necesidad natural de ser libres, una necesidad natural de amar, pero no de ser amados. A veces, en mis sesiones de sicoterapia encuentro un problema común: Nadie me ama; ¿entonces cómo puedo ser feliz? Le explico a la persona: ¿Quiere decir que nunca tiene momentos en que usted se olvide que no es amado, y se deje ir, y sea feliz?" Por supuesto que los tiene. Por ejemplo, una mujer está embebida en una película. Es una comedia, y ella está riéndose a mandíbula batiente, y en ese bendito momento olvida recordar que alguien la ama, nadie la ama, nadie la ama. ¡Está feliz! Entonces sale del teatro, y la amiga con que había ido a ver la película se va con un novio y queda sola. Entonces empieza a pensar: "Todas mis amigas tienen novio y yo no. Soy tan infeliz. ¡Nadie me ama!". En la India, muchos de los pobres están empezando a conseguir radios de transistores que son un lujo. "Todo el mundo tiene un transistor", se oye decir, "Pero yo no tengo un transistor; soy tan infeliz". Hasta que todo el mundo empezó a conseguir transistores, eran perfectamente felices sin tener uno. Así le pasa a usted. Hasta que alguien le dijo que no sería feliz a menos que fuera amado, usted estaba perfectamente feliz. Usted puede ser feliz sin ser amado, sin ser deseado o atractivo. Usted es feliz en el contacto con la realidad. Eso es lo que trae la felicidad, un contacto con la realidad a cada momento. Allí es en donde encontrará a Dios; allí es en donde encontrará la felicidad. Pero la mayoría de la gente no está preparada para oír eso.

martes, 5 de julio de 2022

 El neoliberalismo posmoderno es un lugar frío y oscuro donde ser bueno y cuidar de los demás te convierte en un fracasado. La lógica del precariado no es solo la de la explotación y la alienación, como en el capitalismo clásico. Es la destrucción social a gran escala.
    Los Westcott ya no necesitarían una radio para escuchar atrocidades obscenas, les bastaría con ir a una entrevista de trabajo, abrir un libro de autoayuda, escuchar hablar al consejero delegado de un banco.
    El ángel de Pasolini en Teorema suplicaría a la familia burguesa que preserven su falsa sociabilidad basada en las convenciones. Pues incluso un simulacro represivo de amor filial parece preferible a este erial de sincero y auténtico egoísmo racional.


 

 Un hombre nada puede desear a menos que antes comprenda que sólo debe contar consigo mismo; que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda, sin más propósito que el que él mismo se fija, sin otro destino que el que él mismo se forja en la tierra.

    J EAN -P AUL S ARTRE

 Te aseguro que me resulta deprimente constatar la extrema degradación moral que ha conseguido ejercer el estado organizado sobre la gente, llegando al extraño delirio de hacerles creer que un sistema artificial y contranatural basado en la mentira y el crimen (el estado) es necesario e imprescindible, mientras que el “sistema” natural es utópico y prescindible. Aún más conmovedor resulta la imbecilidad -porque realmente lo es- de suponer  que el establecimiento del orden natural es un proceso lento o imposible, cuando se establece por sí solo con tal de eliminar el crimen institucionalizado -el estado- de nuestras vidas. Lo que sí es casi un conjuro satánico es haber podido llegar a establecer algo tan ponzoñoso, contraético y antieconómico como es el régimen estatal. Igualmente apabullante desde el punto de vista de la irracionalidad es pensar que desmantelar el estado sea un proceso largo y doloroso, cuando se reduce a detener y juzgar a las mafias estatales, cosa que puede hacerse en pocos días y sin mayor problema. La única dificultad es la ignorancia y el lavado de cerebro a que está sometida la población. El problema es de índole cognitiva y psicológica, pero en modo alguno es de tipo práctico. Lo único que necesitamos para conseguir la libertad y la prosperidad es que la verdad haga perecer y esfumarse a las ideologías, que son siempre falsas por definición, pues todas van en contra de las leyes naturales. 


- Sydney d'Agvilo

 "Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege".


Antonio Porchia, Voces

miércoles, 29 de junio de 2022

 


Durante más de trece años, Flannery O’Connor vio que el cañón de la pistola apuntaba hacia ella y se negó a desviar la mirada. Sin duda, su fe la ayudó a mantener su espíritu pero, como ella misma sabía, muchas personas religiosas abrigan meras ilusiones y evasiones respecto a su mortalidad y son tan capaces de complacencia y mezquindad como cualquier otra. Ella decidió de forma expresa usar su fatal enfermedad como medio para vivir lo más intensa y satisfactoriamente posible. Entiende: acostumbramos leer con cierta distancia historias como la de Flannery O’Connor. No podemos menos que sentir cierto alivio al vernos en una posición mucho más cómoda. Pero cometemos un grave error al hacerlo. El destino de ella es el nuestro: todos moriremos algún día, todos enfrentamos hoy y siempre las mismas incertidumbres. De hecho, que para Flannery su mortalidad haya sido tan palpable y presente le dio una ventaja sobre nosotros: la impulsó a afrontar la muerte y a hacer uso de la conciencia de ella. Nosotros, por nuestra parte, podemos eludir esa idea, imaginar múltiples aspectos del tiempo que nos aguarda y abrirnos camino por la vida. Y entonces, cuando la realidad nos alcance, cuando recibamos nuestra bala en el costado en forma de una crisis profesional inesperada, el doloroso rompimiento de una relación, la muerte de alguien cercano o incluso una enfermedad que ponga en peligro nuestra vida, no estaremos preparados para manejarla. Nuestra renuencia a pensar en la muerte ha establecido el patrón con el que manejamos otras desagradables realidades y la adversidad. Nos ponemos histéricos y perdemos el equilibrio, culpamos a otros de nuestro destino, nos enojamos y compadecemos de nosotros mismos u optamos por distracciones y maneras rápidas de acallar el dolor. Esto se vuelve un hábito que no podemos quitarnos, y la evasión hace que nos sintamos ansiosos y vacíos. Antes de que eso se convierta en un patrón de por vida, debemos sacudirnos ese estado semionírico de forma real y duradera. Debemos poder ver nuestra mortalidad sin atemorizarnos ni engañarnos con una efímera y abstracta meditación sobre la muerte. Tenemos que reflexionar de verdad en la incertidumbre que la muerte representa: podría llegar mañana, igual que cualquier otra adversidad o separación. Debemos dejar de posponer nuestra conciencia. Tenemos que dejar de sentirnos superiores o especiales y aceptar que la muerte es un destino que todos compartimos y que debería vincularnos de un modo esencialmente empático con los demás. Todos formamos parte de la fraternidad de la muerte. Le daremos así un curso muy distinto a nuestra vida. Si hacemos de la muerte una presencia familiar, comprenderemos que la vida es muy corta y qué es lo que en verdad debería importarnos. Adquiriremos una sensación de apremio y de más profundo compromiso con nuestro trabajo y relaciones. Cuando enfrentemos una crisis, separación o enfermedad, no nos sentiremos tan aterrados y abrumados. No necesitaremos adoptar la evasión. Podremos aceptar que la vida incluye dolor y sufrimiento, y utilizaremos tales momentos para fortalecernos y aprender. Y como en el caso de Flannery, la conciencia de nuestra mortalidad nos librará de ilusiones absurdas e intensificará cada aspecto de nuestra experiencia.

Robert Greene

Archivo del blog

Buscar este blog