domingo, 28 de agosto de 2022
domingo, 21 de agosto de 2022
Frans de Waal
Cuando me preguntan si creo que un elefante es un ser consciente, a veces respondo: «Si me dice qué es la conciencia, le diré si los elefantes la tienen». Esto suele hacer callar a la gente. Nadie sabe exactamente de qué estamos hablando. Pero reconozco que esta respuesta es injusta y un tanto mezquina, tanto para el que pregunta como para los elefantes, porque lo cierto es que a estos gigantes corpulentos les atribuyo conciencia. Cuando mi equipo trabajó con elefantes asiáticos, fuimos los primeros en demostrar que reconocían su imagen en un espejo, lo que suele contemplarse como un signo de autoconciencia. Probamos sus habilidades cooperativas, como entender que necesitan que un colega les eche una trompa para una tarea que no pueden realizar solos. Los elefantes lo hicieron tan bien como los antropoides y mejor que la mayoría de los animales. Todo su comportamiento me parece deliberado e inteligente. Por ejemplo, cuando en algunos pueblos tailandeses o indios a los elefantes jóvenes les ponen collares de cascabeles para anunciar su presencia (y evitar que pillen desprevenidos a los lugareños en sus jardines o cocinas), a veces meten hierba dentro de los cascabeles para silenciarlos. De esa manera pueden deambular sin ser detectados. Esta solución sugiere imaginación, porque desde luego nadie les enseñó a hacer eso, y no puede pensarse que la hierba se metiera sola dentro de los cascabeles para que ellos descubrieran su efecto. Para encontrar soluciones inteligentes, juntamos causa y efecto conscientemente en nuestras cabezas. Si nosotros lo hacemos así, ¿por qué los elefantes deberían tener un atajo que les permita resolver problemas sin conciencia?
miércoles, 17 de agosto de 2022
Marx es un pensador que, desde un contexto histórico, propugna la superación del capitalismo, precisamente, apuntando hacia la eliminación de la clase opresora. En ese pensamiento marxista subyace un deseo de libertad y felicidad en igualdad de condiciones para toda la humanidad, es decir, Marx tenía “conciencia transpersonal”. El discurso de Marx tenía como finalidad la felicidad de la humanidad y, para ello, es precisamente necesario superar el antagonismo entre la clase opresora y la clase dominada: un loable pensamiento que, hoy en día, sigue siendo una utopía a la vista del depredador neoliberalismo que subsume a la humanidad en miserias, hambrunas, guerras con fines económicos, en definitiva, una maquiavélica manipulación del ego plutocrático a costa del planeta y la humanidad. La filosofía marxista está más viva que nunca, precisamente, porque su filosofía es una denuncia vigente respecto al actual neoliberalismo, en tanto que es la última metamorfosis del capitalismo. En virtud de la deriva suicida de la humanidad, las profecías de Marx están siendo recuperadas: semanarios importantes como el Spiegel alemán le han dedicado portadas; también, una encuesta de opinión de la revista Times, repetida luego con idéntico resultado por la BBC británica, lo declaraba el “mayor filósofo de todos los tiempos”; incluso un economista conservador y serio como Lord Desai lo eleva a la categoría de “profeta de la globalización”. Marx también ha tenido un reconocimiento mediante el prestigioso historiador marxista británico Eric Hobsbawm, quien nos dejó esta última lección tras su fallecimiento: “Es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX.
En los ritos de la China antigua se empleaban perros de paja como ofrenda a los dioses. Durante el ritual eran tratados con la mayor de las reverencias. Pero una vez que éste había aca bado, cuando ya habían dejado de ser necesarios, eran pisotea dos y abandonados: «El cielo y la tierra son implacables. Los se res de la creación son para ellos meros perros de paja». Si los seres humanos perturban el equilibrio de la Tierra, serán pisoteados y abandonados. Los críticos de la teoría Gaia dicen rechazarla por que no es científica. La verdad es que la temen y la odian porque significa que los humanos nunca podrán ser otra cosa que perros de paja.
domingo, 14 de agosto de 2022
El hombre selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone. […] distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo: que aquél es el que se exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada, sino que se contenta con lo que es y está encantado consigo. Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección […] quien vive en esencial servidumbre. No le sabe vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima la necesidad de servir como una opresión. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más diciles, más exigentes, que le opriman. Esto es la vida como disciplina —la vida noble.
—JOSÉ ORTEGA Y GASSET
Cuando la mente no tiene pensamientos, eso es meditación La mente se queda sin pensamientos en dos estados: el sueño profundo y la meditación,. Si te haces consciente y tus pensamientos desaparecen, es meditación; si los pensamientos desaparecen y quedas inconsciente, es sueño profundo. El sueño profundo y la meditación tienen algo en común y algo diferente. Una cosa es similar: En los dos estados, el pensamiento desaparece. Una cosa es diferente: En el sueño profundo, también desaparece la conciencia, mientras que en la meditación permanece. Así pues, la meditación es igual que el sueño profundo, pero con conciencia. Estás relajado, como en el sueño profundo, pero estás consciente, completamente despierto... y eso te lleva hasta la puerta de los misterios. En el sueño profundo pasas a un estado de no-mente, pero sin conciencia. No sabes dónde te están llevando, aunque por la mañana sentirás el impacto y el efecto. Si de verdad Ha sido un sueño profundo y hermoso, sin ensoñaciones que te perturben, por la mañana te sentirás fresco, renovado, vivo, rejuvenecido, otra vez lleno de entusiasmo y energía. Pero no sabes cómo ha ocurrido, adónde has ido. Entraste en una especie de coma profundo, como si te hubieran administrado un anestésico, y fuiste transportado a otro plano, del que regresas fresco, joven, rejuvenecido. En la meditación, eso sucede sin anestesia. Así pues, meditación significa permanecer tan relajado como cuando estás profundamente dormido, pero manteniéndote alerta. Mantén la conciencia... deja que desaparezcan los pensamientos, pero la conciencia debe mantenerse. Y esto no resulta difícil; lo que pasa es que nunca lo has intentado, eso es todo. Es como nadar; si no lo has intentado, parece muy difícil. Incluso parece peligroso, y te parece increíble que la gente pueda nadar, porque tú te ahogarías. Pero cuando lo intentas un poquito, se te hace fácil; es muy natural. Hace poco, un científico japonés ha demostrado experimentalmente que un bebé de seis meses es capaz de nadar; solo hay que darle la oportunidad. Ha enseñado a nadar a muchos niños de seis meses de edad. ¡Ha hecho un milagro! Y dice que lo va a intentar con niños aún más pequeños. Es como si el arte de nadar fuera innato; no hay más que darle una oportunidad y empieza a funcionar. Por eso, cuando has aprendido a nadar, no lo olvidas nunca. Puedes pasarte cuarenta o cincuenta años sin nadar, pero no lo olvidas. No es una cosa accidental, es algo natural; por eso no puedes olvidarlo. La meditación es algo similar: es algo innato. Solo tienes que crear un espacio para que funcione: solo tienes que darle una oportunidad.
La vida es excitante, fascinante, y mágica.
viernes, 12 de agosto de 2022
Bukowski
"...Y soy el que ahuyentó el miedo de la correa de mi padre cuando era azotado en el cuarto de baño; soy Bukowski, el que miró a los ojos y advirtió que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos.
[Entrevistado en 2009]
miércoles, 10 de agosto de 2022
Los asesinos en serie ya no son taxidermistas que viven en hoteles destartalados con el cadáver de su madre ni marginados que coleccionan mariposas. Esos son pobres aficionados. ¿Asesinar a un puñado de personas? Qué desperdicio de tiempo, esfuerzo y talento cuando moviendo números en Wall Street puedes masacrar a cientos de miles, países, continentes enteros. Hoy Norman Bates trabaja en Standard & Poor’s y esnifa coca en el asiento de cuero de un Bentley.
Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas desde afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa.
miércoles, 20 de julio de 2022
En algunas zonas del mundo ni siquiera los pensadores más profundos se han preocupado por el misterio de la creación. En efecto, las preocupaciones cotidianas han ocupado su pensamiento y han constituido el núcleo central de su filosofía. Han prestado, pues, escasa atención a los enigmas del origen y el destino y tampoco les ha perturbado la posibilidad de que existan otros mundos antes o después de éste. ¿Son peores por ello? Su indiferencia ante los misterios de la creación les ha permitido dedicar toda su energía a las tareas de este mundo. Pero esto es también un síntoma de una actitud de recelo ante el cambio, de la resistencia a imaginar lo nuevo.
lunes, 18 de julio de 2022
San Agustín
San Agustín dijo: “La esperanza tiene dos hijas muy hermosas, Ira y Valentía. Ira por la rabia de que las cosas son como son y la valentía para cambiarlas.”.
sábado, 16 de julio de 2022
Epicteto
“Algunas señales del que progresa en el estudio de la sabiduría: a nadie censura, a nadie alaba, no se queja de nadie, y no acusa a nadie, no habla de sí como si él fuera o supiera algo”.
Fue Pauli quien supuestamente declaró sobre la efusión erudita de un colega: «Este artículo no es correcto, ni siquiera es falso». Y luego está su a menudo citada observación tras haber aguantado un seminario de un aspirante a profesor: «Tan joven y ya tan desconocido». Cuando, durante una discusión, Pauli fue interrumpido por un físico menor, Eugene Guth, con una observación pedante, él escuchó durante un momento y luego exclamó: «Guth, cualquier cosa que tú sepas la sé yo». Nada podía parecer más acorde con la extraordinaria carrera de Pauli que el hecho de que terminara su vida en la habitación número 137 de un hospital suizo, pues 137 es un «número mágico» que surge de la teoría cuántica y está relacionado con la estructura fina del espectro del hidrógeno, un tema que había preocupado a Pauli durante gran parte de su vida. (El cosmólogo Arthur Eddington tenía la manía de buscar en los guardarropas una percha con este mismo número donde colgar su sombrero.) La fatídica coincidencia preocupó a Pauli y ensombreció sus últimos días.
Sí. La mujer normal ha muerto. Ha muerto porque en la televisión ha dejado de existir. ¿Qué les pasa a las mujeres que aparecen en ella, que no tienen arrugas, que se ríen abiertamente sin signos de expresión? ¿Por qué tienen los labios y los pechos hinchados... exageradamente? ¿Dónde están las mujeres como yo —como tú? Han muerto. No quieren verlas y las han eliminado de la pantalla, porque... ¿para qué?, ¿para recordarnos que el tiempo pasa y pasa para todos?, ¿para que el público, cómodamente en su salón, opine que los años no pasan por ti, (mujer de la televisión), que cada día estás más joven, que quizá con un poco más de pómulo...?
martes, 12 de julio de 2022
Deja que las cosas se rompan, deja de esforzarte por mantenerlas pegadas.
Cuando Ralph Waldo Emerson tenía veintisiete años, murió su querida esposa, Ellen. Más tarde, tras casarse por segunda vez y ser padre, perdió a su hijo de dos años. Emerson escribió un ensayo titulado Compensación, que es un testamento de su sentido de la vida y de su optimismo. Éste es el último párrafo del ensayo, que esencialmente habla del crecimiento postraumático, y que me dio esperanza cuando no tenía ninguna: Y sin embargo también la compensación de las calamidades resulta clara para el entendimiento después de largos intervalos de tiempo. La fiebre, la mutilación, un desengaño cruel, un revés de la fortuna, la pérdida de un amigo pueden parecer inútiles en el momento de ocurrir e imposibles de superar. Pero es seguro que, con el paso de los años, se pondrá de manifiesto el profundo poder reparador que se oculta bajo los hechos. La muerte de un ser querido, de la esposa, del hermano, de la amante, que al principio sólo parece privación y sufrimiento, más tarde adopta el aspecto de un guía o genio benéfico. Tales acontecimientos suelen determinar una revolución en nuestra vida; cierran el período de la infancia o de la juventud que esperaba su fin; rompen la monotonía de una ocupación habitual; destruyen un hogar; ponen término a una manera de vivir y permiten la formación de otros hábitos más favorables al desenvolvimiento del carácter. Facilitan o dificultan la formación de nuevas relaciones y la recepción de nuevas influencias que resultarán de vital importancia en los años siguientes; y la mujer o el hombre que no habría sido sino una flor de jardín, sin espacio suficiente para extender sus raíces y con sus hojas expuestas a los rayos de un sol demasiado ardiente, se convierte por la caída de los muros y la negligencia del jardinero en el banano de la selva, que da frutos y sombra a toda la población humana
lunes, 11 de julio de 2022
La angustia que siente el culpable , muerde su psiquis de manera dolorosa, y aparece la necesidad inconsciente de ser castigado.
domingo, 10 de julio de 2022
La voz de Natalia Sosa es la voz de la afirmación, del ahínco por descubrirse y no rendirse. Todavía laten sus palabras en la tarde y en las hojas. Se hace igual de imprescindible ahora que en el momento de su publicación, y merece un reconocimiento que traspase su insularidad, por lo bello, por el hambre de sí misma, por hablar desde el silencio.
El desapego duele, duele mucho, duele porque hay que soltar lo que amas, dejarlo ir o eso creemos, ese dolor es mental; no es dolor, es sufrimiento, lo que nos hace sufrir es el miedo alimentado por el ego, por la creencia arraigada de la posible pérdida, de una posesión que no existe, que no es real. Ya que no podemos poseer a alguien que no es nuestro, que nunca lo fue y que nunca lo será.
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
Anthony de Mello
Hay otra ilusión: que es importante ser respetable, ser amado y apreciado, ser importante. Muchos dicen que tenemos una necesidad de ser amados, apreciados, de pertenecer. Eso es falso. Descarte esta ilusión y será feliz. Tenemos una necesidad natural de ser libres, una necesidad natural de amar, pero no de ser amados. A veces, en mis sesiones de sicoterapia encuentro un problema común: Nadie me ama; ¿entonces cómo puedo ser feliz? Le explico a la persona: ¿Quiere decir que nunca tiene momentos en que usted se olvide que no es amado, y se deje ir, y sea feliz?" Por supuesto que los tiene. Por ejemplo, una mujer está embebida en una película. Es una comedia, y ella está riéndose a mandíbula batiente, y en ese bendito momento olvida recordar que alguien la ama, nadie la ama, nadie la ama. ¡Está feliz! Entonces sale del teatro, y la amiga con que había ido a ver la película se va con un novio y queda sola. Entonces empieza a pensar: "Todas mis amigas tienen novio y yo no. Soy tan infeliz. ¡Nadie me ama!". En la India, muchos de los pobres están empezando a conseguir radios de transistores que son un lujo. "Todo el mundo tiene un transistor", se oye decir, "Pero yo no tengo un transistor; soy tan infeliz". Hasta que todo el mundo empezó a conseguir transistores, eran perfectamente felices sin tener uno. Así le pasa a usted. Hasta que alguien le dijo que no sería feliz a menos que fuera amado, usted estaba perfectamente feliz. Usted puede ser feliz sin ser amado, sin ser deseado o atractivo. Usted es feliz en el contacto con la realidad. Eso es lo que trae la felicidad, un contacto con la realidad a cada momento. Allí es en donde encontrará a Dios; allí es en donde encontrará la felicidad. Pero la mayoría de la gente no está preparada para oír eso.
martes, 5 de julio de 2022
Un hombre nada puede desear a menos que antes comprenda que sólo debe contar consigo mismo; que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda, sin más propósito que el que él mismo se fija, sin otro destino que el que él mismo se forja en la tierra.
Te aseguro que me resulta deprimente constatar la extrema degradación moral que ha conseguido ejercer el estado organizado sobre la gente, llegando al extraño delirio de hacerles creer que un sistema artificial y contranatural basado en la mentira y el crimen (el estado) es necesario e imprescindible, mientras que el “sistema” natural es utópico y prescindible. Aún más conmovedor resulta la imbecilidad -porque realmente lo es- de suponer que el establecimiento del orden natural es un proceso lento o imposible, cuando se establece por sí solo con tal de eliminar el crimen institucionalizado -el estado- de nuestras vidas. Lo que sí es casi un conjuro satánico es haber podido llegar a establecer algo tan ponzoñoso, contraético y antieconómico como es el régimen estatal. Igualmente apabullante desde el punto de vista de la irracionalidad es pensar que desmantelar el estado sea un proceso largo y doloroso, cuando se reduce a detener y juzgar a las mafias estatales, cosa que puede hacerse en pocos días y sin mayor problema. La única dificultad es la ignorancia y el lavado de cerebro a que está sometida la población. El problema es de índole cognitiva y psicológica, pero en modo alguno es de tipo práctico. Lo único que necesitamos para conseguir la libertad y la prosperidad es que la verdad haga perecer y esfumarse a las ideologías, que son siempre falsas por definición, pues todas van en contra de las leyes naturales.
miércoles, 29 de junio de 2022
Durante más de trece años, Flannery O’Connor vio que el cañón de la pistola apuntaba hacia ella y se negó a desviar la mirada. Sin duda, su fe la ayudó a mantener su espíritu pero, como ella misma sabía, muchas personas religiosas abrigan meras ilusiones y evasiones respecto a su mortalidad y son tan capaces de complacencia y mezquindad como cualquier otra. Ella decidió de forma expresa usar su fatal enfermedad como medio para vivir lo más intensa y satisfactoriamente posible. Entiende: acostumbramos leer con cierta distancia historias como la de Flannery O’Connor. No podemos menos que sentir cierto alivio al vernos en una posición mucho más cómoda. Pero cometemos un grave error al hacerlo. El destino de ella es el nuestro: todos moriremos algún día, todos enfrentamos hoy y siempre las mismas incertidumbres. De hecho, que para Flannery su mortalidad haya sido tan palpable y presente le dio una ventaja sobre nosotros: la impulsó a afrontar la muerte y a hacer uso de la conciencia de ella. Nosotros, por nuestra parte, podemos eludir esa idea, imaginar múltiples aspectos del tiempo que nos aguarda y abrirnos camino por la vida. Y entonces, cuando la realidad nos alcance, cuando recibamos nuestra bala en el costado en forma de una crisis profesional inesperada, el doloroso rompimiento de una relación, la muerte de alguien cercano o incluso una enfermedad que ponga en peligro nuestra vida, no estaremos preparados para manejarla. Nuestra renuencia a pensar en la muerte ha establecido el patrón con el que manejamos otras desagradables realidades y la adversidad. Nos ponemos histéricos y perdemos el equilibrio, culpamos a otros de nuestro destino, nos enojamos y compadecemos de nosotros mismos u optamos por distracciones y maneras rápidas de acallar el dolor. Esto se vuelve un hábito que no podemos quitarnos, y la evasión hace que nos sintamos ansiosos y vacíos. Antes de que eso se convierta en un patrón de por vida, debemos sacudirnos ese estado semionírico de forma real y duradera. Debemos poder ver nuestra mortalidad sin atemorizarnos ni engañarnos con una efímera y abstracta meditación sobre la muerte. Tenemos que reflexionar de verdad en la incertidumbre que la muerte representa: podría llegar mañana, igual que cualquier otra adversidad o separación. Debemos dejar de posponer nuestra conciencia. Tenemos que dejar de sentirnos superiores o especiales y aceptar que la muerte es un destino que todos compartimos y que debería vincularnos de un modo esencialmente empático con los demás. Todos formamos parte de la fraternidad de la muerte. Le daremos así un curso muy distinto a nuestra vida. Si hacemos de la muerte una presencia familiar, comprenderemos que la vida es muy corta y qué es lo que en verdad debería importarnos. Adquiriremos una sensación de apremio y de más profundo compromiso con nuestro trabajo y relaciones. Cuando enfrentemos una crisis, separación o enfermedad, no nos sentiremos tan aterrados y abrumados. No necesitaremos adoptar la evasión. Podremos aceptar que la vida incluye dolor y sufrimiento, y utilizaremos tales momentos para fortalecernos y aprender. Y como en el caso de Flannery, la conciencia de nuestra mortalidad nos librará de ilusiones absurdas e intensificará cada aspecto de nuestra experiencia.
Robert Greene
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