domingo, 23 de enero de 2022

 



“El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad”.

Ana María Matute

P.-También dice que escribir es una forma de llamar la atención sobre la tristeza.
R.-Sobre el dolor, las lágrimas. Mientras haya alguien que llore en el mundo, no somos lo que deberíamos ser, no habremos progresado. Ahora vamos a Marte, muy bien, y por qué no nos miramos a nosotros. Es como si hubiéramos desarrollado muchísimo un brazo y el otro se nos hubiera quedado muy corto, atrofiado.

P.-¿Y eso sería ser de izquierdas, estar del lado de quienes lloran, como usted ha dicho?
R.-Yo no soy de nada. Ahora, si estar con los que sufren y los que son tratados con injusticia es ser de izquierdas, desde luego que lo soy. Los cartelitos me parecen ridículos, más ahora que se han resquebrajado. En principio siempre se ha pensado que estar con los débiles era propio de la izquierda, pero ahora ya no se sabe.

P.-Ana María, a usted que pudo tener una infancia feliz, ¿qué le abrió los ojos a la injusticia?
R.-Nadie es feliz del todo, los niños tampoco lo son, hay unos dramas tremendos a los seis, siete años, diez. Hay infancias de una pobreza tremenda y mucha alegría, y niños muy cuidados y tristes. Pero lo que es una injusticia terrible es que los niños tengan que trabajar, peor aún el abuso; y eso ha ocurrido siempre, aunque antes no se sabía. Ese abuso del débil por el fuerte, sexual, social, laboral, es lo que más me impulsa a escribir. Y luego la falta de comunicación, la falta de interés por comprender al otro, que cada vez se agudiza más. Y el odio entre hermanos, el cainismo, que está en todos mis libros, que no sé si vendrá de la guerra civil. Creo que la revelación mayor fueron esos veranos en la finca de mi madre en Mansilla y el contacto con estos niños, y luego el choque brutal de la guerra.

P.-Hay quien dice que hablar del dolor de la escritura es impúdico, ¿a usted qué le parece?
R.-Que también se pasa muy bien, fenomenal, yo disfruto enormemente escribiendo. A veces cuesta mucho y duele, y eso nos sucede a todos los escritores y a todo el que desea hacer algo bien, a conciencia, con toda su potencia; entonces sufre. Puede parecer que soy una mujer tenebrosa porque llamo la atención sobre el dolor, pero qué va, soy muy alegre, y también hablo de otras cosas.

https://www.elmundo.es/larevista/num113/textos/entrevista.html

Neutrinos Quotes: top 16 famous quotes about Neutrinos
Son partículas elementales extremadamente abundantes en el Universo. Elementales significa que, al igual que los quarks del núcleo de los átomos o que los electrones, no están formadas por partículas más pequeñas. Dentro de las partículas elementales, los neutrinos son de las más asombrosas. A diferencia de quarks y electrones, no tienen carga eléctrica y apenas tienen masa. Al no interactuar eléctricamente con los átomos, pueden cruzar la materia sin perturbarse. Por eso se las conoce como partículas fantasma. Cada segundo, alrededor de cien billones de neutrinos procedentes del Sol pasan a través de nuestro cuerpo sin llegar a tocarnos. Lo hacen tanto de día, cuando llegan desde el cielo, como de noche, cuando llegan desde el suelo tras haber cruzado la Tierra sin chocar.

¿Cómo es posible que pasen a través de nosotros sin tocarnos?
Los átomos de nuestro cuerpo están formados sobre todo de vacío. Si se equipara un átomo de hidrógeno con el sistema solar, el electrón tendría el tamaño de una canica en la órbita de Júpiter y los tres quarks del protón serían otras tres canicas situadas en el centro del Sol. Para nosotros, los átomos parecen llenar nuestro cuerpo porque los percibimos a través del electromagnetismo, que tiene un rango de acción largo. Pero para un neutrino, que es insensible al electromagnetismo, estamos hechos de vacío.

¿Cómo se pueden detectar si no interactúan con la materia?
La gran mayoría de neutrinos pasan a través de la gran mayoría de átomos sin interacción. Pero muy raramente algún neutrino colisiona con alguna de las partículas de un átomo. A partir de la colisión se libera energía y, a partir de esta energía, se crean nuevas partículas. Si se capta la colisión en un detector, se puede deducir si un neutrino ha estado involucrado a partir del rastro de partículas que nacen. Los detectores de neutrinos se construyen alrededor de un kilómetro bajo tierra para garantizar que allí sólo lleguen neutrinos. Y suelen ser de gran tamaño para aumentar la probabilidad de que se produzcan colisiones.

sábado, 22 de enero de 2022

 El frío ahí afuera, el frío que asciende cuando desciende el calor del amor, el frío que corre por los pasillos del cuerpo que unen o desunen al corazón con el cerebro (o viceversa), el frío que hace danzar al mercurio rojo sangre la danza del termómetro, el frío que se siente en los huesos cuando comienzan a cerrarse las puertas de la juventud, el frío que no se puede aislar con abrigos o calefactores, el frío que es todavía más frío cuando pensamos en qué frío que hace, el frío del pasado que es también el frío del futuro y los fríos que no podemos dejar de pensar y sentir junto a este frío del presente.


 

 


 En los últimos días he sido capaz de ver mi vida desde una gran altura, como si fuera un paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de que todas sus partes están conectadas. Aunque eso no significa que ya no quiera saber nada de la vida. Por el contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de aquellos que amo, escribir más, viajar si tengo fuerzas y ser capaz de comprender y conocer más y mejor.

    Para ello hará falta audacia, claridad y llamar a las cosas por su nombre; intentaré saldar cuentas con el mundo. Pero también habrá tiempo para divertirse (e incluso para hacer un poco el tonto).
    De repente veo las cosas con claridad y perspectiva. No queda tiempo para lo superfluo. Debo concentrarme en mí mismo, en mi trabajo y mis amigos. Ya no veré cada noche el noticiario en televisión. Ya no prestaré atención a los políticos ni a los debates sobre el calentamiento global.
    No se trata de indiferencia, sino de distancia. Todavía me preocupa mucho Oriente Medio, el calentamiento global, la creciente desigualdad, pero ya no son asunto mío; pertenecen al futuro. Me llena de alegría conocer a jóvenes con talento, incluso al que me hizo una biopsia y me diagnosticó las metástasis. Siento que el futuro está en buenas manos.

jueves, 20 de enero de 2022

 


La muerte, el “horror de la naturaleza” según Pascal, expande la vida, provocando con sus ausencias una ebriedad amarga, pero con la nitidez de lo inequívoco y definitivo. ¿Verdaderamente se hallan bien los muertos bajo la tierra? ¿Su descanso es el Mediodía de la vida, el equilibrio necesario para que se renueve el flujo de ser, aportando nuevas perspectivas? ¿Qué es el poeta, sino la conciencia del devenir, una efímera diadema de claridad que se extingue después de un fogonazo? En El cementerio marino, Valéry describe la muerte como “un seno maternal, un piadoso ardid”, pero al mismo tiempo exalta el Amor, que nos vivifica y nos hace volar como la flecha de Zenón de Elea, dejándonos suspendidos en la eternidad. La “carne azul” del mar es un túmulo de silencio, pero nos anima a alzar el vuelo e “intentar vivir”, como esas olas que agitan el lecho del océano e hinchan los foques. No todo es polvo, no todo es muerte, no todo es silencio.

https://www.elespanol.com/el-cultural/blogs/entreclasicos/20211029/paul-valery-filosofo-alba/623307673_12.html


 

 He explicado cómo hace muchos años tuve un sueño en el cual una voz me decía que leyera el libro de Carlos Castaneda Journey to Ixtlán. Cuando fui a la librería a comprarlo, descubrí que en él había muchas cosas que necesitaba aprender. Siempre me deja asombrado la forma en que parece que el inconsciente se diera cuenta de lo que necesitamos saber y nos fuera guiando para encontrarlo. Las partes de Viaje a Ixtlán que sentí que iban dirigidas a mí se referían a la muerte. Carlos recibe la enseñanza de Don Juan, y cuando dice que no tiene sentido ocuparse de la' muerte, porque es una idea que sólo produce desazón y miedo, Don Juan responde: ¡Eso es pura idiotez! La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas, que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: «Todavía no te he tocado». [...] Mírame a mí. Yo no tengo duda ni remordimiento. Todo cuanto hago es mi decisión y mi responsabilidad. La cosa más simple que haga, llevarte a caminar en el desierto, por ejemplo, puede muy bien significar mi muerte. La muerte me acecha. Por eso, no tengo lugar para dudas ni remordimientos. Si tengo que morir como resultado de sacarte a caminar, entonces debo morir. Tú, en cambio, te sientes inmortal, y las decisiones de un inmortal pueden cancelarse o lamentarse o dudarse. En un mundo donde la muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas, amigo mío. Sólo hay tiempo para decisiones. En otro momento, Carlos pregunta: «¿Es tan terrible ser tímido?». Don Juan responde: No. No lo es si vas a ser inmortal, pero si vas a morir no hay tiempo para la timidez, sencillamente porque la timidez te hace agarrarte a algo que sólo existe en tus pensamientos. Te apacigua mientras todo está en calma, pero luego el mundo de pavor y misterio abre la boca para ti, como la abrirá para cada uno de nosotros, y entonces te das cuenta de que tus caminos seguros nada tenían de seguro. La timidez nos impide examinar y aprovechar nuestra suerte como hombres. Disfruta, que es más tarde de lo que piensas.

 En la actualidad nos sigue costando imaginar una sociedad futura en la que el trabajo remunerado no sea el principio y fin de nuestra existencia. Pero la incapacidad de imaginar un mundo en el que las cosas son diferentes sólo demuestra nuestra falta de imaginación, no la imposibilidad de cambio. En los años cincuenta no podíamos concebir que la llegada de neveras, aspiradoras y sobre todo lavadoras ayudaría a las mujeres a acceder al mercado laboral de forma masiva, y sin embargo así fue. No obstante, no es la tecnología en sí lo que determina el curso de la historia. Al final, somos los humanos quienes decidimos cómo queremos moldear nuestro destino. El escenario de desigualdad radical que está configurándose en Estados Unidos no es nuestra única opción. La alternativa es que, en algún momento de este siglo, descartemos el dogma de que hay que trabajar para vivir. Cuanto más rica sea nuestra sociedad, menos eficaz será el mercado laboral en la distribución de la riqueza. Si queremos aferrarnos a las virtudes de la tecnología, en última instancia sólo queda una opción, y es la redistribución. Una redistribución masiva. Redistribución de dinero (renta básica), de tiempo (una semana laboral más corta), de impuestos (sobre el capital en lugar de sobre el trabajo) y, por supuesto, de robots. Ya en el siglo XIX, Oscar Wilde deseaba que llegara el día en que todo el mundo se beneficiara de máquinas inteligentes que serían «propiedad de todos». 320 El progreso tecnológico puede hacer que una sociedad sea más próspera en conjunto, pero no hay ley económica que diga que todos se beneficiarán de ello. No hace mucho, el economista francés Thomas Piketty causó un gran revuelo al plantear que, si seguimos avanzando por este mismo camino, no tardaremos en encontrarnos de nuevo ante una sociedad rentista como la de la Edad Chapada en Oro (Gilded Age). La gente que poseía el capital (valores, casas, máquinas) disfrutaba de un nivel de vida mucho más alto que la gente que sólo trabajaba. Durante cientos de años, los réditos del capital fueron del 4-5%, mientras que el crecimiento económico anual quedaba atrás, por debajo del 2%. A menos que resurgiera un crecimiento fuerte e inclusivo (cosa bastante improbable), se aplicaran impuestos altos al capital (igualmente improbable) o estallara la tercera guerra mundial (esperemos que no), la desigualdad podría aumentar hasta proporciones aterradoras una vez más. Todas las opciones estereotipadas (más educación, más regulación, más austeridad) serán una gota en el océano. Según el profesor Piketty, al final la única solución es un impuesto mundial progresivo sobre la riqueza, aunque reconoce que eso no es más que una «utopía útil». Y aun así, el futuro no está escrito. A lo largo de la historia, el camino hacia la igualdad siempre ha estado ligado a la política. Si una ley de progreso común no logra manifestarse por sí misma, no hay nada que nos impida instaurarla nosotros. De hecho, la ausencia de una ley semejante podría poner en peligro el propio mercado libre. «Debemos salvar al capitalismo de los capitalistas», concluye Piketty. 321 Una anécdota de los años sesenta resume bien esta paradoja. Cuando el nieto de Henry Ford invitó al líder sindical Walter Reuther a visitar la nueva fábrica automatizada de la compañía, le preguntó en broma: «Walter, ¿cómo va a conseguir que esos robots paguen sus cuotas sindicales?» Sin perder la compostura, Reuther respondió: «Henry, ¿cómo va a conseguir que los robots compren sus coches?»

miércoles, 19 de enero de 2022

 ¿Qué causa es la que voy a defender? Ante todo, mi causa es la buena causa, luego la causa de Dios, de la Verdad, de la Libertad, de la Humanidad, de la Justicia; después, la de mi Príncipe, la de mi Pueblo, la de mi Patria; finalmente, será la del Espíritu, y otras mil causas ... ¡Pero la causa que yo defiendo no es mi causa! ¡Abomino del egoísta que no piensa más que en sí!

martes, 18 de enero de 2022


 

 Ya he dicho que Dios nos envía señales cuando vamos por el buen camino. En La comedia humana, de William Saroyan, hay una escena en que dos hermanos van por la calle. Uno de ellos tironea al otro por la manga y le señala un centavo que brilla en el suelo: «Un centavo -dijo Homer-. Recógelo, Ulysses, que trae buena suerte. Y guárdalo siempre.» Y Ulysses recogió el centavo, y al mirar a su alrededor vio que todos le sonreían por su buena suerte.

 Cuando el fascismo llegó al poder la mayoría de la gente se hallaba desprevenida tanto desde el punto de vista práctico como teórico. Era incapaz de creer que el hombre llegara a mostrar tamaña propensión al mal, un apetito tal de poder, semejante desprecio por los derechos de los débiles o parecido anhelo de sumisión. Tan sólo unos pocos se habían percatado de ese sordo retumbar del volcán que precede a la erupción. Nietzsche había perturbado el complaciente optimismo del siglo XIX; lo mismo había hecho Marx, aun cuando de una manera distinta. Otra advertencia había llegado, algo más tarde, por obra de Freud. Por cierto que éste y la mayoría de sus discípulos sólo tenían una concepción muy ingenua de lo que ocurre en la sociedad, y la mayor parte de las aplicaciones de su psicología a los problemas sociales eran construcciones erróneas; y, sin embargo, al dedicar su interés a los fenómenos de los trastornos emocionales y mentales del individuo, ellos nos condujeron hasta la cima del volcán y nos hicieron mirar dentro del hirviente cráter. Freud avanzó más allá de todos al tender hacia la observación y el análisis de las fuerzas irracionales e inconscientes que determinan parte de la conducta humana. Junto con sus discípulos, dentro de la psicología moderna, no solamente puso en descubierto el sector irracional e inconsciente de la naturaleza humana, cuya existencia había sido desdeñada por el racionalismo moderno, sino que también mostró cómo estos fenómenos irracionales se hallan sujetos a ciertas leyes y, por tanto, pueden ser comprendidos racionalmente. Nos enseñó a comprender el lenguaje de los sueños y de los síntomas somáticos, así como las irracionalidades de la conducta humana, Descubríó que tales irracionalidades y del mismo modo toda la estructura del carácter de un individuo, constituían reacciones frente a las influencias ejercidas por el mundo exterior y, en modo especial, frente a las experimentadas durante la primera infancia. Pero Freud estaba tan imbuido del espíritu de la cultura a que pertenecía, que no podía ir más allá de los límites impuestos por esa cultura misma. Esos límites se convirtieron en vallas que llegaban hasta a impedirle la comprensión del individuo normal y de los fenómenos irracionales que operan en la vida social.

jueves, 13 de enero de 2022



 Carlos, de cincuenta años, banquero de gran éxito, vino a verme a causa de una profunda infelicidad en sus relaciones personales y un miedo muy arraigado, oculto tras una máscara de aparente calma y seguridad. "Es increíblemente fácil engañar a la gente con respecto a mi autoconfianza —dijo—. Y es porque ellos también se sienten inseguros". Divorciado después de quince años de matrimonio, hacía tres años que estaba con una misma mujer, separándose, reconciliándose y volviendo a separarse. "La verdad es que no tengo mucha consideración por ella. Pero ella me adora, se aferra a mí, quiere estar conmigo todo el tiempo. Es una relación segura y simple. Peleamos porque yo no quiero casarme. Yo la humillo, le reprocho sus aventuras anteriores. Ella me echa en cara que yo tengo miedo a comprometerme. Pero, ¿por qué tendría que comprometerme con una mujer que, en realidad, en el fondo, no me interesa? ¿Qué estoy haciendo, pues, con ella?".

 Lo que yo vi cuando miré el rostro de este hombre de mediana edad, cuyos cabellos comenzaban a escasear, fue un chico asustado, confundido, angustiado, que parecía salir a pedir ayuda desde las profundidades de alguna pesadilla de su pasado. Yo sabía perfectamente que no era así como lo veían sus socios, pero me pregunté cómo hacían para no verlo de ese modo. Y pensé que su sensación de invisibilidad debía de aumentar aun más sus sufrimientos.

 Le expliqué a Carlos que le daría el principio de una oración, una oración incompleta, y que él repetiría ese principio y terminaría la oración cada vez con un final diferente, sin preocuparse de que cada final fuera literalmente cierto, o de que alguno de los finales pareciera oponerse a otro. Lo que sigue son unos extractos de nuestras primeras sesiones.
    Le di el principio Si el niño que tengo dentro pudiera hablar, diría..., y éstos son los finales que él añadió:
    Tengo miedo.
    No entiendo.
    ¿Por qué mamá siempre me grita?
    ¿Por qué papá me pega?
    ¿Por qué nada tiene sentido?
    ¿Por qué nade juega conmigo?
    No sé cómo hablar con la gente.
    Siempre tengo pesadillas, y cuando lloro papá me grita.
    ¿Por qué, cuando me estoy bañando, papá entra y se burla de mí?  ¿Por qué nadie me protege?

Mediante la imaginación y la fantasía, Carlos retrocedió en el tiempo para rescatar a su sí-mismo niño, calmar su dolor y darle un consuelo, un apoyo y una firmeza que no había conocido nunca. Al hacerlo, Carlos empezó a "perdonar" a ese niño, a "perdonar" a su sí-mismo niño —a comprender que no era necesario ningún perdón— por el hecho de que no hubiera sabido apañárselas mejor; el niño había luchado por sobrevivir de la única forma que conocía... A medida que Carlos fue asimilando e integrando esta perspectiva, su autoestima comenzó a aumentar.
    Y a medida que su autoestima se fortalecía, empezó de inmediato a parecer más adulto y más masculino. Su si-mismo niño daba vida a su rostro, y no dolor. En las semanas siguientes realizó más cambios, enteramente por iniciativa propia. Empezó a vestirse mejor, ya sin avergonzarse de poder comprar ropa cara. Dejó su modesto apartamento y se mudó a una hermosa casa. Terminó su insatisfactoria relación amorosa de tres años y comenzó a salir con mujeres más inteligentes, realizadas e independientes. Proyectaba más energía y decisión. Parecía más vital.
    Al recuperar e integrar una parte importante pero rechazada de sí mismo, creció en estatura ante sus propios ojos. Al transformar su autoestima, transformó su vida.
    Sugiero que se tome usted un momento para explorar sus sentimientos hacia el niño que fue una vez, para preguntarse sobre el papel que su sí-mismo niño podría ocupar en su vida actual..

 Recuerdo que hace muchos años vi una película llamada: 

Y mañana serán hombres

. En ella se cuenta la historia de unos chicos que están encerrados en un reformatorio y que han sido alojados allí «porque no servían para nada». Y lo que se les decía era que ellos iban a estar allí hasta que fueran mayores de edad, pero que al salir seguramente iban a delinquir e iban a terminar sus días en una cárcel, porque ése era su destino.
    En un momento llega a la institución un nuevo director que no cree que esto tenga que ser así, que no es cierto que esos chicos no sirvan para nada, y comienza a estimularlos, a establecer con ellos un vínculo diferente, atravesado por el respeto y el aliento. En contraposición con los dichos anteriores, él les dice que tienen que prepararse para cuando salgan, les pregunta qué es lo que quieren ser, cuál es su deseo y los incentiva a que recorran el camino hacia él. Y, sobre todo, les transmite la idea de que confía en ellos.
    Cierto día se presenta en su despacho un chico al que apodaban «El Gallo». Este muchacho era reconocido por ser el más rebelde, el de peor carácter, el líder violento del grupo e incluso había tratado de escapar del reformatorio en varias ocasiones.
    En esa escena, El Gallo mira al director y el diálogo es más o menos el siguiente:
    —Señor, usted siempre nos dice que confía en nosotros. Pero ¿de verdad confía en mí?
    El hombre lo mira sin entender bien a qué viene todo esto y le responde que sí.
    —Entonces yo quiero pedirle un favor —le dice el joven—. Necesito que me deje salir un día de aquí.
    El director le explica que eso es imposible, que está prohibido y que además él ha intentado escapar varias veces, lo cual vuelve a su pedido aún más difícil de complacer. Pero le pregunta por qué le está pidiendo algo que él sabe que no es lícito hacer y El Gallo le responde que su madre se está muriendo, y que a él le gustaría acompañarla y que ella pueda verlo antes de partir.
    El hombre se ve en una encrucijada de la que sale apostando a la confianza. Acepta el pedido que el chico le hace con una condición, de que al otro día, con el primer tren que llega al pueblo, él debe estar de vuelta, y le ruega que por favor cumpla, que no lo defraude, porque si lo hace, eso significaría que tenían razón los que decían que no se podía confiar en ellos.
    El Gallo se va. A la mañana siguiente, a la hora pautada, el joven no ha llegado al reformatorio y el director envía a su asistente a la estación de tren a ver qué ocurrió. A los minutos el hombre regresa con la información de que ese día, en el primer tren de la mañana, no vino nadie.
    Apesadumbrado, el director se dirige a su cuarto y prepara su valija y su renuncia. Enterados de esto los chicos van a pedirle que no se vaya:
    —Señor —le suplican— por favor, no se vaya. Porque si usted se va nos van a mandar a otro como los de antes… esos que piensan que nosotros no servimos para nada. Por favor, no nos deje.
    Pero el director les dice que jamás les ha mentido y que siempre confió en ellos y que ahora no sabe si podrá volver a hacerlo.
    Mientras hablan sobre esto, desde la puerta el asistente lo llama a los gritos. El se dirige rápidamente y al llegar ve a El Gallo que viene corriendo, como alma que lleva el diablo, por el camino de tierra que llevaba al pueblo. Cuando está frente a él, el joven cae de rodillas extenuado y con lágrimas en los ojos le dice:
    —Señor, perdóneme. Yo quería cumplir, pero mi madre tardó un poco más en morir y no pude dejarla sola. Y cuando llegué a la estación el tren ya se había ido. Vine corriendo desde allí, pero aun así no llegué a tiempo. Sé que le fallé, pero por favor, no se vaya, no nos deje.
    El hombre lo toma de los hombros conmovido, lo ayuda a levantarse y lo abraza. Y el chico duro y rebelde llora. Llora por la madre que ha muerto, pero también llora por gratitud a ese hombre que con su confianza le ha abierto la puerta de un destino diferente, y por haber podido cambiar un mandato siniestro que lo condenaba a la marginalidad y el delito por otro que le habilita un camino a lo largo del cual pueda llegar a ser alguien de quien él mismo se sienta orgulloso.
    La palabra posibilita la educación, la transmisión del afecto y la comunicación, y eso es algo maravilloso.
Gabriel Rolón

miércoles, 12 de enero de 2022


 

Las bandas sonoras del cine provocan en nosotros lo que se conoce como el efecto Château Lafite. Este efecto describe cómo la música que oímos de fondo (como en las películas) condiciona nuestros sentimientos y comportamientos. El estudio es obra del doctor en psicología Adrian North. Este eminente psicólogo analizó nuestro comportamiento en un restaurante de lujo en función de la música que sonaba de fondo. Hizo el experimento durante varios días. Primero, con música o sin música, y después con diferentes tipos de música. El resultado es sorprendente. Cuando suena música clásica de fondo en un restaurante de lujo, los clientes escogen los platos más caros de la carta. Pero Adrian North aún hiló más fino y, al parecer, el compositor que más afecta a nuestro bolsillo es Mozart. Según el experimento, la música de Mozart era la que impulsaba a los clientes no solo a escoger los platos más caros, sino también a elegir el vino más caro y a tirar la casa por la ventana con el postre. Parece que cuando Mozart suena de fondo nos sentimos más refinados y, para estar en sintonía con esta sensación, podemos gastarnos hasta lo que no tenemos. Lo mismo ocurre cuando estamos en una sala de espera, en un ascensor, a punto de despegar en un avión o en un hospital. Nos ponen una música de fondo muy tranquila para que nos relajemos y no causemos problemas. La música flota en el ambiente. Nadie la escucha pero todos la oyen. Incluso los médicos van tarareando la melodía que suena por los altavoces del techo del quirófano mientras operan en un ambiente happy . También es extraño cómo, en el mundo de la ópera, el papel o la importancia de la música ha ido cambiando. Para Mozart, «el libreto debía ser siempre el hijo obediente de la música», mientras que para Wagner la música daba sentido al texto. De este modo, durante el periodo del clasicismo de Mozart, la música es quien lleva la voz cantante y es la que cuenta la historia, mientras que con la llegada del Romanticismo y su exaltación de los sentimientos, la música pasa a reforzar los sentimientos expresados en el libreto. En este sentido, Wagner y todos los románticos concordaban más con la concepción cinematográfica de la música.


 No prosperan las malas acciones y el más tardo alcanza al más ágil, como ahora Hefesto, que es cojo y lento, aprisionó con su artificio a Ares, el más veloz de los dioses que posee el Olimpo.

    HOMERO

martes, 11 de enero de 2022


 

 


Ocurre que para Keats la muerte nunca fue una abstracción sino una presencia, una amenaza y un reto constantes desde su infancia. No puede decirse que su breve existencia fuera –como es para todos– sólo un curso hacia la muerte. En todo caso, se realizó en y con la muerte, haciendo de ella «fuente eterna de una linfa inmortal que cae sobre nosotros desde la orilla del cielo». Por eso su poesía, por eso el epitafio que dejó escrito para su sepultura:

Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua

 Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño:

esto es amor: quien lo probó lo sabe.

lunes, 10 de enero de 2022



 Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,

el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.


 


Si realmente dejamos las ideas ilusorias acerca de algo que podría darnos o quitarnos, estaríamos alertas, La consecuencia de no hacerlo es terrible e ineludible. Perdemos nuestra capacidad de amar. Si usted quiere amar, debe aprender a ver de nuevo, Y si quiere ver, debe aprender a renunciar a su droga. Así es de sencillo. Renuncie a su dependencia. Rompa los tentáculos de la sociedad que lo hayan rodeado y que han sofocado su ser. Renuncie a ellos. Externamente, todo seguirá como antes, pero aunque usted continuará estando en el mundo, ya no será del mundo. En su corazón, ahora será finalmente libre, aunque estará completamente solo. Su dependencia de la droga morirá. No tiene que irse para el desierto; está en medio de las personas, disfruta de ellas enormemente. Pero ya no tienen el poder de hacerlo feliz o desdichado. Eso es lo que significa estar solo. En esta soledad muere su dependencia. Nace la capacidad de amar, Ya no ve a los demás como un medio de satisfacer la adicción. Solamente quien lo ha intentado conoce los terrores del proceso. Es como invitarse a sí mismo a morir. Es como pedirle al pobre drogadicto que renuncie a la única felicidad que ha conocido ¿Cómo cambiará por el sabor del pan y de la fruta y el sabor limpio del aire de la mañana, la dulzura del agua de la fuente en la montaña? Mientras luche con los síntomas de la abstinencia y el vacío que siente en su interior ahora que la droga se ha acabado, nada puede llenar el vacío excepto la droga. ¿Puede usted imaginar una vida en la cual usted se niega a disfrutar o a gozar con una sola palabra de aprecio, o a reclinar la cabeza en el hombro de alguien buscando apoyo? Piense en una vida en la cual usted no dependa de nadie emocionalmente, de manera que nadie tenga el poder de hacerlo feliz o desgraciado. Usted se niega a necesitar a una persona particular o a ser especial para alguien o a sentir que alguien le pertenece. Las aves del cielo tienen sus nidos y los zorros tienen sus madrigueras, pero usted no tendrá en dónde apoyar su cabeza en su viaje por la vida. Si alguna vez llega a este estado, sabrá finalmente lo que significa ver con una visión clara y sin nubes de temor o deseo. Allí cada palabra se mide. Ver finalmente con una visión que es clara, y sin nubes de temor o de deseo. sabrá lo que significa amar. Pero para llegar a la tierra del amor, tiene que pasar por los dolores de la muerte, porque amar a las personas significa morir a la necesidad de las personas, y estar completamente solo. ¿Cómo podría usted llegar allá algún día? Por medio de una consciencia incesante, por medio de una paciencia y una compasión infinitas como las que tendría por el drogadicto. Desarrollando el gusto por las cosas buenas de la vida para contrarrestar la necesidad de la droga. ¿Cuáles cosas buenas? El amor al trabajo que a usted le gusta hacer por el trabajo mismo; el amor a la risa y a la intimidad con las personas a las cuales usted no se aferra y de las cuales no depende emocionalmente pero cuya compañía usted disfruta. También ayudará que usted realice actividades que pueda hacer con todo su ser, actividades que a usted le gusten tanto que cuando se dedique a ellas, el éxito, el reconocimiento y la aprobación sencillamente no signifiquen nada. También ayudará que regrese a la naturaleza. Despida a las multitudes, suba a las montañas, y comulgue en silencio con los árboles y las flores y los animales y las aves, con el mar y las nubes y el cielo y las estrellas. Ya le dije que mirar las cosas , ser consciente de las cosas que nos rodean es un gran ejercicio espiritual. Confiemos en que las palabras desaparecerán, los conceptos desaparecerán, y usted, ya lo verá, entrará en contacto con la realidad. Ésa es la cura para la soledad. Generalmente, tratamos de curar nuestra soledad dependiendo emocionalmente de la gente, y por medio de la sociabilidad y el ruido. Eso no es una cura. Regrese a las cosas, regrese a la naturaleza, suba a las montañas. Entonces sabrá que su corazón lo ha llevado al vasto desierto de la soledad, allí no hay nadie a su lado, absolutamente nadie. Al principio esto parecerá insoportable. Pero es porque usted no está acostumbrado a estar solo. Si logra permanecer allí por un tiempo, el desierto florecerá de pronto en el amor. Su corazón estallará en cantos. Y siempre será primavera; la droga desaparecerá; usted es libre. Entonces comprenderá lo que es el amor, lo que es la felicidad, lo que es la realidad, lo que es la verdad, lo que es Dios. Usted verá, usted sabrá más allá de los conceptos y los condicionamientos, de las adicciones y los apegos. ¿Eso tiene sentido?



 Las cosas que aborrezco son sencillas: la estupidez, la opresión, la guerra, el crimen, la crueldad. Mis placeres son escribir y cazar mariposas.


domingo, 9 de enero de 2022

 CANTAN. Cantan. ¿Dónde cantan los pájaros que cantan ? Ha llovido. Aún las ramas están sin...

hojas nuevas. Cantan. Cantan.
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan ?

No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada…

Yo no sé dónde cantan
los pájaros (cantan, cantan),
los pájaros que cantan.

Juan Ramón Jiménez


 

 A partir de Freud, el psicoanálisis ha abordado el inconsciente del artista y ha hecho importantes contribuciones a la psicología del arte. Freud considera que la obra de arte es intermediaria entre el sueño y la escritura arcaica. Como el sueño, la obra de arte busca disimular su sentido, pero, al igual que la escritura, debe seguir siendo comprensible, inventando un sistema de expresividad propio. Freud manifiesta una fascinación por los artistas, quienes en una forma casi directa poseen un conocimiento más seguro de los procesos psíquicos morbosos y normales que la psicología o psiquiatría tradicional. Lo que para un científico requiere años de investigación y esfuerzo, en el artista se presenta en forma intuitiva y a veces casi completa y adivinadora. Freud habla de un conocimiento endopsíquico que es privilegio de los artistas, los hombres primitivos y algunos enfermos mentales. Es un conocimiento oscuro que el artista tiene sin saber, que está en la sombra y que se expresa por mitos, obras de arte o manifestaciones delirantes. Aspectos psicopatológicos de Armando Reverón 17 Para Freud la obra de arte es un texto para descifrar. Él la denomina “texto-tejido”, que es el producto de un conflicto de fuerzas entre los deseos de Eros y los impulsos de muerte, entre lo que es manifiesto y lo oculto. En Reverón, esa lucha se manifestaba en el mismo acto de pintar, para lo cual se ceñía fuertemente la cintura, intentando separar las dos partes del cuerpo: la impura de la pura. Para Freud el sueño es el paradigma de la obra de arte, y las técnicas que sirven para descifrar el mundo onírico pueden ser útiles para desenmascarar los mitos y las obras artísticas

sábado, 8 de enero de 2022


 

 Hoy, la mayoría de las personas creen formar parte de una especie capaz de ser dueña de su destino. Es una cuestión de fe, no de ciencia. Nunca hablamos del día en el que las ballenas o los gorilas se convertirán en amos y señores de sus destinos. ¿Por qué, entonces, los seres humanos?

No necesitamos a Darwin para darnos cuenta de la relación que nos une al resto de animales. Es una conclusión a la que lle­gamos a poco que observemos nuestras vidas. De todos modos, y dado que la ciencia ostenta actualmente una autoridad con la que la experiencia común no se puede comparar, recordemos que Darwin nos enseña que las especies no son más que conglome­rados de genes que interactúan aleatoriamente unos con otros y con sus entornos cambiantes. Las especies no pueden controlar sus destinos. Las especies no existen. Y los seres humanos no son una excepción en ese sentido. Pero siempre se les olvida cuando hablan del «progreso de la humanidad». Han puesto su fe en una abstracción que nadie se tomaría en serio de no ser porque es he­rencia de antiguas esperanzas cristianas.
Si el descubrimiento de Darwin se hubiera realizado en una cultura taoísta, sintoísta, hindú o animista, se habría convertido, con casi toda probabilidad, en una hebra más del tejido mitoló­gico de cada una de ellas. En todos esos credos, los seres humanos y el resto de animales están emparentados. Sin embargo, el hecho de que surgiera entre cristianos que sitúan a los seres hu­manos más allá de todas las demás cosas vivientes desencadenó una agria controversia que aún colea en nuestros días. En la épo­ca victoriana, el conflicto enfrentaba a cristianos contra no cre­yentes. Hoy, contrapone a los humanistas con una minoría que entiende que los seres humanos no pueden ser más dueños de su destino que cualquier otro animal.
La palabra humanismo puede tener muchos significados, pero para nosotros significa creencia en el progreso. Creer en el pro­greso es creer que si usamos los nuevos poderes que nos ha dado el creciente conocimiento científico los seres humanos nos po­dremos liberar de los límites que circunscriben las vidas de otros animales. Ésa es la esperanza de prácticamente todo el mundo en la actualidad; sin embargo, carece de fundamento. Y es que, si bien es muy probable que el saber humano continúe creciendo (y con él, el poder humano), el animal humano seguirá siendo el mismo: una especie con una gran inventiva que es también una de las más depredadoras y destructivas.
Darwin mostró que los seres humanos son como cualquier otro animal; los humanistas afirman que no. Los humanistas in­sisten en que si usamos nuestros conocimientos, podemos con­trolar nuestro entorno y prosperar como nunca antes. Mediante tal aseveración, renuevan una de las promesas más dudosas del cristianismo: la de que la salvación está abierta a todos. La creen­cia humanista en el progreso no es más que una versión secular de ese artículo de fe cristiano.
En el mundo que nos mostró Darwin, no hay nada a lo que podamos llamar progreso. Sin embargo, para cualquier persona formada en las esperanzas humanistas eso resulta intolerable. 
Como consecuencia, las enseñanzas de Darwin han sido subver­tidas y ha vuelto a cobrar vida el error esencial del cristianismo: 
considerar a los seres humanos diferentes al resto de animales.

Brahma

 En los tiempos remotos, durante la creación de la tierra, hallábanse los dioses hindúes reunidos en asamblea para decidir un importante asunto. Estaban preocupados porque querían esconder el secreto de la felicidad para que los mortales no pudieran descubrirlo, pues querían conservarlo sólo para ellos. Shiva opinaba que debían guardarlo en lo más profundo de los océanos, pero Brahma, que había convocado la asamblea, le recordó que los mares podrían secarse. Sugirieron dejar su secreto en el fondo del volcán más tenebroso, pero otra vez Brahma se negó porque los volcanes también podrían apagarse. Devandiren, rey de los semidioses, propuso guardar el secreto en los cielos, pero tampoco fue escuchado ya que, dijeron los demás, algún día un mortal podría volar como un pájaro. Después de años enteros de discusiones, Brahma se pronunció y, muy solemnemente, les dijo a los demás dioses: «Ya he tomado una decisión. Vamos a guardar nuestro secreto en un lugar en el cual los mortales jamás buscarían». «¿Dónde, hijo mío?», le preguntó Paraxati, y Brahma, su hijo y esposo, le contestó: «Lo esconderemos dentro de ellos mismos».


La infidelidad es un juego neurótico y peligroso, un juego que de divertido no tiene nada, un juego donde todos pierden. Pareciera que es un tema de moda, y no es así, existe desde que el humano empezó a vivir en pareja (históricamente, no siempre fue así).

En el inicio de una relación de amantes está el “enamoramiento”, la “pasión”, la “comprensión”, la “compañía”, etc. y mientras no se hace pública y es a escondidas la adrenalina fluye. 

Esto es lo que a veces la hace tan atractiva: que sea una relación prohibida. Además, no hay compromiso ni obligaciones, sólo se comparten los “buenos momentos” y claro, así cualquier “amor” es bueno. 

Sí, efectivamente hay parejas que han salido de triángulos amorosos, de engañar a otra u otras personas por un tiempo, y logran seguir juntos a pesar del escándalo cuando esta relación se abre o descubre, pero la han tenido muy difícil. Y aún después de años de relación estable, está el señalamiento social y el miedo a que su pareja les traicione y les haga lo mismo que ya se atrevió a hacer antes y que les consta plenamente.
La respuesta a una infidelidad depende de muchos factores, no serán las mismas consecuencias y sentimientos para una pareja de novios, que para una de casados, si tienen o no hijos, el tiempo que lleven juntos, la edad también influye, no es lo mismo vivir esto a los 20, que a los 40 o a los 60 años. El grado de compromiso y amor que sientan, sus costumbres familiares o religiosas, la autosuficiencia económica… todo esto y más influirá en cómo se vive una situación así.

Nadie está exento de que su pareja le sea infiel: igual traicionan a la mujer guapa que a la fea, a la joven que a la vieja, al hombre tonto que al inteligente, al rico que al pobre. Por mucho que nos queramos en pareja y nos tengamos confianza el tema siempre estará presente en cada relación. Es muy simple, los humanos no somos tan estables como creemos, por lo tanto la relación tampoco, es algo natural, todo está en movimiento, basta asomarnos por la ventana y ver como todo se mueve y me refiero a lo natural (de lo demás mejor ni hablar), día y noche, el clima, las estaciones del año y todos los cambios que conlleva, los frutos y flores de temporada, la apariencia de una persona desde que nace hasta que se llega a la ancianidad, todo cambia.

Esto no es un justificante para reaccionar de tal o cual manera si has sido engañad@, si has engañado, o si te has coludido para engañar, sólo es para comprender que todo está en movimiento y si hoy prometiste o te prometieron ser fiel, mañana no lo sabes. Es imposible prevenir la infidelidad, ya que no depende sólo de ti, sino de la decisión de la otra persona. Claro que como pareja pueden hacer acuerdos, de hecho hay algunas que viven una “relación abierta” es decir se permiten tener otras relaciones; otras hacen el acuerdo de que si hay “alguien más” se lo dirán; otras acuerdan que si “eso” sucede la relación termina. Y la mayoría de las parejas no hace ningún acuerdo explícito, sólo suponen que habrá fidelidad por el hecho de relacionarse o de casarse.

La infidelidad está construida por tres ángulos, se necesitan (mínimo) tres para que una infidelidad se lleve a cabo. Cada parte tiene sus motivos, razones y justificaciones para elegir vivir en un triángulo o salir de él. 

Aunque cada persona, cada relación y cada triángulo es únic@, existen algunas generalizaciones que llevan a una persona a vivirlo de esta manera:

La persona engañada
Se siente traicionada, decepcionada, con mucho dolor, rabia y desesperación. En general experimenta casi toda la gama de emociones: depresión, resentimiento, ira, hostilidad, ansiedad, decepción, venganza, envidia, asombro, incredulidad, sorpresa, aislamiento, frustración y una baja fulminante de la autoestima. Surgen los traumas más arraigados que haya vivido en su infancia, ya sea de rechazo, rivalidad o abandono.

La persona infiel
Aunque se justifique con frases como “sólo fue una aventura sin importancia”, “tengo derecho a disfrutar del amor (o del sexo) porque en mi casa no me comprenden” o “esta relación ya no me satisface”, “no me da lo que necesito”, en el fondo esta persona se sentirá atrapada, confundida y culpable, sobre todo si existen hijos de por medio. Vive en una ambivalencia y en un desgaste continuo. 

El/ la amante
Socialmente es la persona del triángulo más reprobada y satanizada. Con estas personas hay muchos mitos, porque si bien es verdad que much@s de ell@s son personas sin escrúpulos, que muchas veces disfrutan con “bajarle” la pareja a otr@, o sólo buscan su conveniencia económica, las hay también carentes de amor y con una autoestima muy baja, incapaces de creer que merecen un hombre o una mujer solamente para ell@s. Generalmente se sienten culpables y avergonzadas o entran en una dinámica de competencia creyendo que ell@s son mejores y por eso l@s han preferido. (Esto es una fantasía)

Es importante señalar que socialmente no es lo mismo vivir como hombre que como mujer, cualquiera de estos tres ángulos, la engañada es una víctima… el engañado es un cornudo o un pen... la infiel es una p…o una cualquiera… el infiel es un ca… o un macho… la amante también es una p… o una mujerzuela…y el amante es un “Don Juan” o un vividor…

Algunas frases que escuchará la mujer engañada serán: “hijita pídele a Dios que él recapacite y deje a esa mujer”, “es tu culpa”, “tu mal carácter lo empujó en brazos de otra”, “eres una tonta, mándalo a volar si lo perdonas lo volverá a hacer”, “todos los hombres son iguales” “tú sácale dinero y ya”, “que no te importe, tú siempre serás la señora, la esposa”, “tienes que aguantarte por tus hijos”.

Algunas frases que escuchará el engañado serán: “Te resultó una ramera, divórciate y quítale a los hijos”, “te dije que no te casaras con esa mujer”, “no te merece”, “lo que sobran son mujeres, búscate otra”, “todas las mujeres son unas traicioneras”, “no seas tonto y olvídala, no vale la pena sufrir por una cualquiera”. “Ella te quiere ese ca… la enredó, piensa en tus hijos y en lo que van a decir de ti”.

¿Qué puedes hacer si estás viviendo en cualquiera de estos puntos de un triángulo?
No es posible dar consejos, ya que cada quien es libre de vivir lo que quiera y necesite, sin embargo lo más importante es hacernos responsables de las consecuencias de nuestras decisiones. Muchas personas que viven en estos triángulos quieren salir de ellos y no saben cómo hacerlo. Yo te diría, si este es tu caso, que si te sientes atrapad@ en algún ángulo, hay que revisar qué es lo que te hace permanecer ahí, si te hace falta claridad para saber qué quieres y qué necesitas o te falta la fuerza para llevar a cabo tu decisión sea la que fuere, o más aún no entiendes por qué siempre te relacionas en un triángulo y estás sufriendo por ello, no dudes en ir a terapia, ve con una persona profesional que te pueda acompañar en estos momentos, para que TÚ y solo TÚ con mayor luz, decidas qué hacer y cómo reconstruir tu vida, ya sea que perdones y lo intentes de nuevo o te alejes y puedas amarte y perdonarte a ti mism@. 

El proceso de recuperación después de una infidelidad es a veces largo y doloroso, vale la pena atravesarlo, después ya no serás la misma persona, pero te aseguro que si le entras al proceso con todo y tu miedo, dolor y coraje te transformarás en un mejor ser humano, con más fortaleza, mayor autoconocimiento y comprensión de sí mismo, y desde ahí ya no volverás a permitir o a cometer los mismos abusos.

La fidelidad no es garantía de que el amor persiste, así como la infidelidad no es garantía de que el amor haya muerto. En realidad el adulterio puede ser incluso una forma (si bien disfuncional) de tratar de estabilizar una relación tambaleante.

Por supuesto que no todas las parejas se separan aún cuando exista una infidelidad de por medio, hay relaciones que son más fuertes que todo eso, pero eso depende de los dos, y del auténtico amor y respeto que se tengan, de querer seguir compartiendo la vida juntos independientemente de los errores de ambos.

El perdón y auto perdón son básicos para sanar una relación así. Y sobre todo el tener la esperanza de que el amor todo lo puede.

LAURA PATRICIA MOISÉS JULIÁN

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