lunes, 19 de diciembre de 2022

Miguel Hernández



 "Si me muero, que me muera

con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas"

domingo, 18 de diciembre de 2022

Jung



 “El hombre moderno no comprende hasta qué punto su “racionalismo” (que ha destruido su capacidad de responder a símbolos e ideas numinosos) lo ha puesto a merced del “inframundo” psíquico. Se ha liberado de la "superstición" (o eso cree él), pero en el proceso ha perdido sus valores espirituales hasta un grado peligrosamente positivo. Su tradición moral y espiritual se ha desintegrado, y ahora está pagando el precio de esta ruptura en la desorientación y disociación mundial”. 



Jean Paul Sartre

 


"Dostoievsky escribe: "Si Dios no existiera, todo estaría permitido". Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, nos encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. 

Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace".

-Jean-Paul Sartre. [El existencialismo es un humanismo]

sábado, 17 de diciembre de 2022

 ¿qué conocimientos y aptitudes queremos que tengan nuestros hijos en 2030? De este modo, en lugar de anticiparnos y adaptarnos, nos estaríamos concentrando en marcar el rumbo y crear. En lugar de preguntarnos qué debemos hacer para ganarnos la vida con uno u otro trabajo absurdo, deberíamos reflexionar sobre cómo queremos ganarnos la vida. Ésta es una cuestión que ningún observador de tendencias sabe responder. ¿Cómo iban a saberlo? Sólo siguen las tendencias, no las crean. Esa parte nos compete a nosotros. Para responder esta pregunta, necesitaremos examinarnos a nosotros mismos y nuestros ideales. ¿Qué queremos? ¿Más tiempo para los amigos, por ejemplo, o para la familia? ¿Para el trabajo de voluntariado? ¿El arte? ¿Los deportes? La educación futura debería prepararnos no sólo para el mercado laboral, sino sobre todo para la vida. ¿Queremos frenar el sector financiero? Entonces quizá deberíamos dar a los economistas en ciernes alguna instrucción sobre filosofía y moral. ¿Queremos más solidaridad entre razas, sexos y grupos socioeconómicos? Pues empecemos en la clase de ciencias sociales. Si reestructuramos la educación en función de nuestros nuevos ideales, el mercado de trabajo seguirá con entusiasmo nuestros pasos. Imaginemos que añadimos más filosofía, historia y arte a los planes de estudio. Sin duda, aumentará la demanda de filósofos, historiadores y artistas. Es lo que, en 1930, John Maynard Keynes imaginó para 2030. El incremento de la prosperidad (y la robotización del trabajo) acabará por permitirnos «valorar los fines por encima de los medios y preferir lo bueno a lo útil». El propósito de una semana laboral más corta no es tanto que todos podamos tumbarnos a no hacer nada, sino que podamos dedicar más tiempo a las cosas que realmente nos importan. Al final, no es el mercado ni la tecnología, sino la sociedad, la que decide lo que de verdad tiene valor. Si queremos que en este siglo todos nosotros nos enriquezcamos, necesitaremos liberarnos del dogma de que todo trabajo es significativo. Y, ya que estamos en ello, librémonos también de la falacia de que un salario más alto refleja automáticamente un mayor valor social. Entonces, es probable que nos demos cuenta de que, en términos de creación de valor, ser banquero no compensa.

jueves, 15 de diciembre de 2022

Mario Benedetti

 


Ken Wilber

 


A través de los siglos, de manera independiente pero en perfecta armonía los unos con los otros (como si se tratara de las partículas de un gas ideal), los místicos han descrito la experiencia única de su vida en términos que pueden resumirse en la frase “Deus factus sum: Me he convertido en Dios”>>.

No se trata de que mi ego particular sea Dios –nada más alejado de ello–, sino de que en el núcleo más íntimo de mi conciencia mi yo intersecta directamente con lo eterno. Y es esa directa intersección, esa conciencia mística, lo que tanto interesaba a estos pioneros de la física.


miércoles, 14 de diciembre de 2022




  


Entonces, el ser que fue el primero en nacer allí piensa: «Yo soy Brahma, el poderoso Brahma, el conquistador, el nunca conquistado, el que todo lo ve, el señor, el hacedor, el creador, el jefe supremo, el que todo lo decide, el controlador, el padre de todo lo que es o ha de ser. He creado a todos estos seres, pues yo simplemente deseé su existencia y aquí se hallan» y los otros seres… piensan lo mismo, porque él nació antes y ellos después. Y el ser que nació primero vivió más tiempo y fue más hermoso y poderoso que los otros…

Robert Greene

 


En lo tocante a operar con esa autoridad interior, consideremos a Leonardo da Vinci nuestro modelo. Su lema en la vida era ostinato rigore. Cada vez que recibía un encargo, excedía con creces la tarea, examinando cada detalle para volver su trabajo más realista y eficaz. Nadie tenía que decirle que lo hiciera. Era sumamente diligente y duro consigo mismo. Aunque sus intereses eran de lo más variados, cuando acometía un problema particular lo hacía con absoluta concentración. Tenía una misión personal: servir a la humanidad, contribuir a su progreso. Impulsado por esa autoridad interior, rebasó todos los límites que había heredado: ser hijo ilegítimo con escasa dirección o educación al principio de su vida. Una voz así nos ayudará por igual a nosotros a salvar los obstáculos que la vida ponga en nuestro camino.


martes, 13 de diciembre de 2022


 

 «Este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te da la nostalgia y regresas, no me busques. No toques a mi puerta porque no te abriré. Busca algo que te guste, y hagas lo que hagas, ámalo; como amabas la cabina del Cinema Paradiso cuando eras niño».



FLORENCE WILLIAMS



En Estambul, en la primavera de 2013, ocho personas murieron y miles fueron heridas en manifestaciones para detener la propuesta de pavimentación de uno de los últimos parques en la ciudad, el Taksim Gezi. Más de dos millones de árboles de la región ya habían sido cortados para hacer lugar para un nuevo aeropuerto y un nuevo puente sobre el estrecho del Bósforo. El parque había sido programado para un nuevo shopping y para departamentos de lujo. Cuando las topadoras entraron al parque para arrasar con el bosque urbano, los ciudadanos les bloquearon el camino. Estaban dispuestos a morir por el último árbol. “No nos iremos hasta que no declaren que el parque es nuestro”, dijo un joven de 24 años. (Mientras escribo esto, los árboles siguen estando en pie, pero su destino permanece incierto.) Taksim Gezi se volvió un símbolo no solo de la importancia de la naturaleza para la vida en la ciudad, sino de la democracia misma, tal como Frederick Law Olmsted lo supo desde el principio. “Una sensación de libertad ampliada es para todos, en todos los tiempos, la más valiosa y certera gratificación ofrecida por un parque”, escribió alguna vez. 

Yalom

 


Si estoy entre hombres que no están de acuerdo en absoluto con mi naturaleza, difícilmente seré capaz de acomodarme a ellos sin cambiar notablemente yo mismo.

El hombre libre que vive entre ignorantes se esfuerza cuanto puede por evitar sus favores.
Un hombre libre actúa honestamente, no engañosamente.
Sólo los hombres libres son verdaderamente útiles los unos a los otros y pueden crear amistades auténticas.
Es absolutamente permisible, por el derecho más elevado de la Naturaleza, que cada uno haga uso de la clara razón para determinar cómo vivir de un modo que le permita florecer.
Bento cerró el cuaderno, se levantó y regresó por las calles desiertas a su casa para recoger sus pertenencias. De pronto oyó una voz angustiada a su espalda que le llamaba:
—Baruch Spinoza. Baruch Spinoza.

lunes, 12 de diciembre de 2022

Marco Aurelio

 






“Somos todos criaturas de un día; tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero: tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; y está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado”. 



Aaron Antonovsky



Aaron Antonovsky, un sociólogo de mediados del siglo XX, quien se preguntó: si el mundo está tan loco, ¿qué nos hace capaces de seguir poniéndonos en marcha?

Paco Ignacio Taibo II

  No hay más homenaje que el recuerdo, no hay más culto real que la memoria crítica; no hay más amor que la complicidad en sus obsesiones. Todo es sueño, casi todo se vuelve pesadilla. 


sábado, 10 de diciembre de 2022

Cristina Martin

 El sistema ecléctico en el que se asienta nuestra vida, orquestada en torno al dinero, es perjudicial para la estabilidad emocional. El ser humano debe encontrar el equilibrio entre los distintos aspectos que lo componen: el trabajo, el dinero que necesita para vivir, sus sueños, el descanso, la diversión, la vida social, las relaciones personales, la búsqueda de la felicidad. Pero hoy impera una psicología sin alma y se ha retornado al epicureísmo, que anhela el placer corporal y el intelectual sin importarle nada más. Este sistema filosófico fue condenado al olvido a principios de la Edad Media, ya que el cristianismo no lo adaptó a su credo, como sí hizo con el aristotelismo y el platonismo, que han influido fuertemente a los amos del mundo. El epicureísmo es llevado hoy a extremos de enfermedad, como es la paradoja de los cuantiosos casos de bulimia y anorexia que se dan en las sociedades de la abundancia. Una contrariedad que adquiere tintes de absurdo y crueldad en un mundo donde aún las personas continúan muriéndose de hambre. Estamos tan ocupados en trabajar y en consumir que a veces no somos conscientes de la rueda sobre la que giramos. No sabemos salir de ella porque ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a la sinergia del mercado social.


Aldous Huxley




 "Mejor que perdonar, es sanar la imaginaria herida, que el imaginario agravio abrió en el herido ego, del aparente yo".


 "Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. Ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde".

Brian Tracy

 


Una de las claves de la valentía es el atrevimiento. Una de mis frases favoritas es: «Actúa con audacia y fuerzas invisibles vendrán en tu ayuda». Yo he trabajado con muchos hombres y mujeres que han tenido un gran éxito en los negocios y que tenían talentos, capacidades y recursos limitados, aunque poseían la capacidad de lanzarse siempre que veían una oportunidad. De algún modo, cuando te lanzas continuamente, las cosas comienzan a funcionar para ti. Las fuerzas, personas y circunstancias conspiran juntas para ayudarte a conseguir cosas de un modo que no hubieras podido soñar. Practica la audacia. Practica la intrepidez.

jueves, 8 de diciembre de 2022

HARRY KESSLER



 Las ideas que merecen la pena no se han de comprender, sino de vivir. 


 


Una de las historias de Buda que más me gustan ilustra el poder de un corazón despierto y afable. La noche anterior a su iluminación, Buda libró una gran batalla con la deidad demoniaca Mara, quien atacó con todo lo que tenía al que por entonces era el bodhisattva Siddhartha Gautama: lascivia, codicia, ira, duda, etc. Tras su fracaso, Mara se sumió en el caos la mañana de la iluminación de Buda. Pero, al parecer, Mara sólo se dio por vencido momentáneamente. Incluso después de que Buda se volviera profundamente venerado por toda India, Mara siguió protagonizando apariciones inesperadas. Ananda, fiel acompañante de Buda siempre atento a cualquier perjuicio que pudiera sufrir su maestro, le informó consternado de que el «Maligno» había regresado. En lugar de ignorar a Mara o de ahuyentarlo, Buda aceptó su presencia con serenidad diciendo: «Te veo, Mara». Entonces lo invitó a tomar té y lo atendió como a un huésped honorable. Buda ofreció a Mara un cojín para que se sentara con comodidad, sirvió el té en dos tazas de barro, las colocó sobre la mesa baja situada entre ambos y sólo entonces tomó él asiento. Mara se quedó un rato y después partió, pero durante su visita Buda permaneció libre e imperturbable. Cuando Mara nos visita, ya sea en forma de emociones inquietantes o de historias terribles, podemos decir: «Te veo, Mara», para reconocer con claridad la realidad de ansiedad y miedo que habita en el corazón de cada ser humano. Al aceptar esas experiencias con la ternura de la compasión, somos capaces de ofrecer a Mara un té en lugar de ahuyentarlo aterrados. Al ver la verdad, soportamos lo que vemos con gentileza. Expresamos ese desvelo del corazón cada vez que reconocemos y aceptamos nuestros sufrimientos y miedos. Tenemos muy arraigada la costumbre de ser amigos benévolos de nosotros mismos (de ahuyentar o ignorar al máximo lo tenebroso). Pero, igual que la relación con una buena amistad está marcada por la comprensión y la compasión, podemos aprender a introducir esas mismas cualidades en nuestra vida interior. Pema Chödrön afirma que a través de la práctica espiritual «aprendemos a hacernos amigos de nosotros mismos, de nuestra vida, al nivel más profundo posible». Trabamos amistad con nosotros mismos cuando, en lugar de resistirnos a nuestras experiencias, abrimos el corazón e invitamos de buen grado a Mara a tomar té.

 Aunque Sherlock Holmes es ciertamente un personaje ficticio, es muy interesante observarlo en acción. Muchas veces él advierte la presencia de algo que no encaja con el contexto esperado. En otras ocasiones él encuentra algo ausente que normalmente debería estar presente en un contexto dado. Sherlock observa muy cuidadosamente, analíticamente, y percibe cosas que la mayoría pasaría por alto. Realmente, usted nunca sabe lo que se puede perder si usted no está mirando a su alrededor. La mayoría de nosotros estamos tan concentrados en nuestra propia vida que nos perdemos de “disfrutar la vida”, como se dice. Estar más pendiente de lo que le rodea es bueno para su supervivencia, y tal vez incluso, para encontrar gemas inesperadas. Quizás usted note un restaurante nuevo que no había visto, o mire a un bebé sonriéndole, o vea a un viejo amigo que casi pasa por alto. La vida no es siempre puro trabajo. Tome un momento para contemplar su alrededor y aprenda de lo que el mundo tiene para mostrarle.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Miguel de Unamuno

  


Inopinadamente Unamuno se levantó y pronunció sus célebres airadas palabras donde al «Venceréis, pero no convenceréis, venceréis porque tenéis la fuerza pero no convenceréis porque os falta la razón» del rector de la Universidad replicó el tuerto y manco general Millán Astray, por entonces a punto de hacerse cargo de la propaganda de Franco, con un «¡Mueran los intelectuales!».

 Por el contrario, la Sociedad Americana Abolicionista dijo que la guerra "se hace sólo con el propósito detestable y horrible de extender y perpetuar el régimen esclavista por el vasto territorio de México". Un poeta y abolicionista bostoniano de veintisiete años, James Russell Lowell, empezó a escribir poemas satíricos en el Courier de Boston (luego serían conocidos como los Biglow Papers) En ellos, un granjero de Nueva Inglaterra, Hosea Biglow, hablaba de la guerra en su propio dialecto: ¿Y la guerra? Yo la llamo asesinato. No hay forma más clara de decirlo No quiero ir más allá De mi testimonio sobre este hecho. Sólo quieren esa California Para amontonar más esclavos allí Para abusar de ellos y maltratarlos Y para aprovecharse como el demonio. Apenas había empezado la guerra, en el verano de 1846, cuando un escritor, Henry David Thoreau, que vivía en Concord, Massachusetts, se negó a pagar el impuesto ciudadano, denunciando así la guerra de México. Fue encarcelado y pasó una noche en la prisión. Sus amigos, sin su consentimiento, pagaron sus impuestos, y fue liberado. Dos años después dio una conferencia, "La Resistencia al Gobierno Civil", que luego fue impresa en forma de ensayo, "La Desobediencia Civil": No es deseable cultivar un respeto por la ley, sano por el derecho. La Ley nunca hizo a los hombres más justos, y, a través de su respeto por ella, se convierte incluso a los bien intencionados en agentes de la injusticia. Un resultado común y natural del respeto indebido por la ley es que puedas ver una fila de soldados... desfilando en perfecto orden por la campiña hacia la guerra, contra su voluntad, sí, contra su sentido común y sus conciencias, lo que hace muy difícil la marcha, y produce una palpitación del corazón. Su amigo y también colega autor Ralph Waldo Emerson, estaba de acuerdo con él, pero pensaba que protestar era perder el tiempo. Cuando Emerson visitó a Thoreau en la cárcel le preguntó "¿Qué estás haciendo ahí dentro?" Se dice que Thoreau le replicó: "¿Qué estás haciendo ahí afuera?". Las iglesias, en su mayoría, o estaban totalmente a favor de la guerra o guardaban un silencio temeroso. El reverendo Theodore Parker, ministro unitario en Boston, combinaba una crítica elocuente de la guerra con un menosprecio por el pueblo mejicano, a quien llamaba "un pueblo miserable, miserable en su origen, su historia y su personalidad", que finalmente debía ceder como los indios. Sí, los Estados Unidos debían extenderse, dijo, pero no por la guerra, sino más bien por la fuerza de sus ideas, por la presión de su comercio y por "el avance irreprimible de una raza superior, con ideas superiores y una civilización mejor..."

Santiago Posteguillo

 


martes, 6 de diciembre de 2022

Jorge Luis Borges



 «En 1930 recibí una grata sorpresa. Esto era que, a lo largo de ese año, se habían vendido veintisiete libros míos. Yo estaba tan emocionado que quería saber el nombre de cada uno de mis lectores para ir a agradecerles personalmente por haber comprado mi libro. Esto se lo conté a mi madre y ella se emocionó mucho. Veintisiete libros es una cantidad increíble, me dijo. Y agregó: Estás empezando a ser un hombre famoso».



Shoshana Zuboff

 


El tema en clase de Milgram aquel día era la fuerza con la que las normas sociales controlan el comportamiento. Él tuvo entonces la idea de examinar el fenómeno en la vida real, pidiendo a sus alumnos que se acercaran a una persona cualquiera en el metro y, sin dar justificación alguna, se la quedaran mirando a los ojos y le pidieran que les cediera su asiento. Una tarde, el propio Milgram subió al metro decidido a hacer él también su aportación personal al experimento. Pese a los años que llevaba ya observando patrones perturbadores en la conducta humana y teorizando sobre ellos, ese día pudo comprobar lo poco preparado que estaba para su propio momento de confrontación social. Confiado en que sería una travesurilla sencilla, Milgram se acercó a un pasajero y, cuando estaba a punto de pronunciar la «frase mágica», «fue como si las palabras se me hubieran quedado atascadas en la tráquea y no quisieran salir. Me quedé allí, inmóvil, durante unos instantes y luego me retiré. [...] Estaba paralizado por la inhibición». El psicólogo se obligó finalmente a sí mismo a probar de nuevo. Así cuenta lo que ocurrió cuando, por fin, se acercó a otro pasajero y «desatoró» de su garganta lo que quería pedirle: «Perdone, señor, ¿me cede su asiento?» Un momento del pánico anómico más crudo se apoderó de mí. Pero el hombre se levantó enseguida y me cedió el asiento. [...] Al sentarme en él, sentí la irresistible necesidad de comportarme de un modo que justificara la petición que acababa de hacer. Así que hundí la cabeza entre las rodillas y sentí cómo mi rostro iba palideciendo por momentos. Y no estaba haciendo teatro. Realmente me sentía como si me fuera a morir allí mismo. Instantes después, el tren se detuvo en la siguiente estación y Milgram bajó de él. Se sorprendió al sentir cómo, nada más salir del vagón, «toda la tensión desapareció». Milgram salió del metro, donde vibraba en sintonía con los otros, y esa salida le permitió regresar a su propio yo. Días después, cuando él y sus estudiantes dieron parte de sus experiencias respectivas, Milgram extrajo tres conclusiones claves de todo aquel experimento. La primera era que había servido para tomar conciencia del peso y de la gravedad que tiene esa «enorme ansiedad inhibitoria que normalmente nos impide infringir normas sociales». La segunda era que las reacciones del «infractor» no son tanto expresión de su personalidad individual como «una representación obligada de la lógica de las relaciones sociales». La intensa «ansiedad» que Milgram y sus alumnos sintieron al enfrentarse a una norma social «forma una barrera imponente que hay que superar, tanto si la acción en cuestión tiene alguna trascendencia —un acto de desobediencia a la autoridad, por ejemplo— como si es trivial, como lo es pedir a alguien que nos ceda su asiento en el metro. [...] La vergüenza y el miedo a vulnerar normas aparentemente triviales suelen atraparnos en unos dilemas insoportables. [...] No son unas fuerzas regulativas menores en la vida social, sino básicas». Por último, Milgram comprendió que, en cualquier confrontación con las normas sociales, tiene una importancia crucial la posibilidad de escapar. No fue un adolescente quien subió al metro aquel día. Milgram era un adulto erudito y experto en conducta humana, sobre todo en los mecanismos implicados en la obediencia a la autoridad, la influencia social y la conformidad. El metro era un simple pedazo de vida corriente más, y no toda una arquitectura intensiva en capital dedicada a la vigilancia y la modificación de la conducta: no era un «dispositivo de recompensa personalizada». Y, aun así, Milgram no fue capaz de sacudirse la ansiedad de la situación. Lo único que la hizo soportable fue la posibilidad de salir de ella. A diferencia de Milgram, sin embargo, nosotros nos enfrentamos a una situación insoportable. Como los jugadores que ya han sido absorbidos por las máquinas que los tienen atrapados en el seno materno del sistema, se supone que también nosotros tenemos que fusionarnos con este y jugar hasta nuestra extinción: no la extinción de nuestros fondos económicos, sino la de nuestros yoes. La extinción es un rasgo de diseño que ha quedado formalizado en las condiciones mismas que impiden que haya salida alguna. El objetivo de los afinadores es contenernos dentro del «poder de las circunstancias inmediatas», obligados por la «lógica de las relaciones sociales» imperante en la colmena a plegarnos a la presión social ejercida a través de unos patrones calculados para sacar provecho de nuestra empatía natural. Unos bucles de retroalimentación cada vez más ajustados cortan las vías de salida y crean unos niveles imposibles de ansiedad que hacen que esos bucles se orienten más aún si cabe hacia la confluencia. Lo que se busca matar en todo ese proceso es el impulso interno a la autonomía y a la ardua y emocionante elaboración del yo autónomo como fuente de juicio y de autoridad morales, ese yo capaz de pedir que le cedan un asiento en el metro o de levantarse contra el poder incontrolado.


Gabriela Mistral




Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!

lunes, 5 de diciembre de 2022

José Antonio Marina



 Pico della Mirandola, en un texto representativo del Renacimiento, hace decir a Dios, refiriéndose al hombre: «Ningún lugar te he dado para que puedas ocuparlos todos». Siglos después, Nietzsche lo reafirma: «Somos una especie aún no fijada». Esta necesidad de buscar nuestro puesto en el universo resume la evolución humana, que pasa de ser una historia zoológica a ser una aventura metafísica. Enfrentarnos a ella supone asistir a la aparición de lo extraordinario. Sófocles sintió ese mismo sobresalto y lo expresó en Antígona: el ser humano es deinós, extraño, terrible, admirable; es polimathos, politropos, capaz de muchas cosas, constructor y destructor de ciudades. Nos definen con la misma objetividad las obras de arte que los instrumentos de tortura. Pretender contar la historia de este ser obliga a viajar de la miseria a la grandeza, del horror a la bondad, del abismo a las cumbres, del espanto a la admiración. Los pensadores existencialistas fueron conscientes de que el ser humano había sido «arrojado a la existencia» y había tenido que inventarlo todo para evadirse del determinismo animal del que procede. Era inevitable que esta lucha desde la oscuridad, esta ascensión desde la cueva platónica para ver el sol, esté llena de sucesos horribles y de episodios magníficos: vivimos tensionados hacia el futuro por problemas, proyectos y preguntas.

  Un mercado competitivo ha forzado a los anunciantes a buscar maneras mucho más creativas para vender sus productos. Los vendedores con experiencia han aprendido a atraernos, tanto a nivel consciente como inconsciente, incrementando su poder sobre nosotros. Tenemos que aprender a resistir su influencia y a escoger nuestra propia dirección.

    Probablemente, usted ha escuchado que en los supermercados colocan estratégicamente los productos, de tal manera que los artículos que todo el mundo necesita, como la leche, están en la parte posterior de la tienda. Las ventas están por todas partes aunque usted se percate o no de ello. Aunque alguien no esté tratando de venderle mercancía, puede estar intentando venderle una idea. Por ejemplo, puede tratar de convencerle de su religión, de sus políticas, de su manera de ver el mundo, etc. Tenemos que estar conscientes de todas estas ventas para no ser tan ingenuos como para creer que todo el mundo tiene interés personal en ayudarnos. La mayoría de las veces, están más interesados en vendernos un producto o una idea que en ayudarnos.

 El Budismo zen es un camino y concepción de la vida que no pertenece a ninguna de las categorías formales del pensamiento occidental moderno. No es una religión ni una filosofía; no es una psicología o cierto tipo de ciencia. Es un ejemplo de lo que en la India y en la China se conoce como un "camino de liberación", y en este sentido es similar al Taoísmo, al Vedanta y al Yoga

miércoles, 30 de noviembre de 2022

 FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN DE LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA 

“... Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...”
(Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809).

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Este ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrota a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente de reservas del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. Son mucho más altos los impuestos que cobran los compradores que los precios que reciben los vendedores; y al fin y al cabo, como declaró en julio de 1968 Covey T. Oliver, coordinador de la Alianza para el progreso, “hablar de precios justos en la actualidad es un concepto medieval. Estamos en plena época de la libre comercialización...”

Charles Bukowski


 

"...Y es que hay una soledad en este mundo tan grande

que puedes verla en el lento movimiento de
las agujas del reloj.

La gente está tan harta
que se mutila
ya sea por el amor o por la falta de amor.

La gente no es buena entre sí 
ninguna de ellas.

El rico no es bueno con el rico. 
El pobre no es bueno con el pobre.

Tenemos miedo...

Debe haber una manera.

Seguro que debe haber una manera que no
hemos encontrado todavía".

José Emilio Pacheco



 "Si vuelvo alguna vez por el camino andado

no quiero hallar ni ruinas ni nostalgia.
Lo mejor es creer que pasó todo
como debía.
Y al final me queda
una sola certeza:
haber vivido".


martes, 29 de noviembre de 2022

Martin Heidegger



"Cuando el más apartado rincón del globo haya sido técnicamente conquistado y económicamente explotado; cuando un suceso cualquiera sea rápidamente accesible en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera; cuando se puedan experimentar, simultáneamente, el atentado a un rey en Francia y un concierto sinfónico en Tokio; 
cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos, entonces, justamente entonces, volverán a atravesar todo este aquelarre como fantasmas las preguntas: ¿para qué?, ¿hacia dónde?, ¿y después qué? "



 

 'Terminé en un dispensario del Ejército. Un médico militar me dio consejos que cambiaron mi vida por completo. Después de hacerme un examen físico detenido me dijo que mi enfermedad era mental. Me dijo esto: Ted, quiero que se diga usted que su vida es como un reloj de arena. Usted sabe que hay miles de granos de arena en lo alto de tales artefactos y que estos granos pasan lentamente por el estrecho cuello del medio. Ni usted ni yo podríamos hacer que los granos pasaran más de prisa sin estropear el reloj. Usted, yo y cualquier otro somos como relojes de arena. Cuando empezamos la jomada, hay ante nosotros cientos de cosas que sabemos que tenemos que hacer durante el día, pero, si no las tomamos una a una y hacemos que pasen por el día lentamente y a su debido ritmo, como pasan los granos por el estrecho cuello del reloj de arena, estamos destinados a destruir nuestra estructura física o mental, sin escapatoria posible'.

"He practicado esta filosofía en todo instante desde que un médico militar me la proporcionó. 'Un grano de arena cada vez... Una tarea cada vez.' Este consejo me salvó física y mentalmente durante la guerra y también me ha ayudado en mi situación presente en la profesión. Soy empleado verificador de existencias de la Compañía de Crédito Comercial de Baltimore. Vi que había en mi profesión los mismos problemas que habían surgido durante la guerra: docenas de cosas que había que hacer en seguida, con muy poco tiempo para hacerlas. Las existencias eran insuficientes. Teníamos que manejar nuevos formularios, que hacer una nueva distribución de las existencias, que cambiar direcciones, que abrir y cerrar oficinas y que abordar otros muchos asuntos. En lugar de ponerme tenso y nervioso, recordé lo que el médico me había dicho: 'Un grano de arena cada vez, una tarea cada vez'. Repitiéndome estas palabras a cada instante, realicé mi trabajo de un modo muy eficiente y sin aquella sensación de confusión y aturdimiento que estuvo apunto de acabar conmigo en el campo de batalla."

lunes, 28 de noviembre de 2022

John Le Carré



 “He encontrado lo que buscaba: a un hombre como yo pero que, en su búsqueda de significado, había descubierto un propósito valioso para su vida; que había pagado todos los precios sin considerarlo un sacrificio; que lo seguía pagando y continuaría haciéndolo hasta la muerte; al que no le importaba nada el compromiso, nada su orgullo, nada de nosotros o de la opinión de los demás; que había reducido su vida a aquello que realmente le importaba, y que era libre.” 


 Estás vivo solo en la medida en que estás despierto. La conciencia es la diferencia entre la vida y la muerte. No estás vivo solo por estar respirando, no estás vivo solo porque tu corazón late. Fisiológicamente, se te puede mantener vivo en un hospital, sin ninguna conciencia. Tu corazón seguirá latiendo y serás capaz de respirar. Así se te puede mantener en un estado mecánico de modo que sigas vivo durante muchos años... en el sentido de que respiras y el corazón late y la sangre circula. En los países avanzados del mundo hay actualmente muchas personas que simplemente vegetan en los hospitales, porque la tecnología avanzada hace posible que tu muerte se posponga indefinidamente. Se te puede mantener vivo durante años. Si eso es vida, entonces se te puede mantener vivo. Pero eso no es vida, ni mucho menos. Limitarse a vegetar no es vivir. Los budas tienen una definición diferente. Su definición se basa en la conciencia. No dicen que estás vivo porque puedes respirar, no dicen que estás vivo porque tu sangre circula; dicen que estás vivo si estás despierto. Así pues, con la excepción de los despiertos, nadie está verdaderamente vivo. Sois cadáveres que andan, hablan y hacen cosas, sois robots. La vigilia es el camino hacia la vida, dice Buda. Despierta y estarás más vivo. Y la vida es Dios. No hay otro Dios. Por eso Buda habla de la vida y la conciencia. La vida es el objetivo y la conciencia es la metodología, la técnica para alcanzarlo. El tonto duerme... Todos estáis dormidos, así que todos sois tontos. No os sintáis ofendidos. Las cosas hay que decirlas tal como son. Funcionáis en sueños; por eso vais dando tumbos, seguís haciendo cosas que no queréis hacer. Seguís haciendo cosas que habéis decidido no hacer. Seguís haciendo cosas que sabéis que no están bien y no hacéis cosas que sabéis que están bien. ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Por qué no podéis andar derechos? ¿Por qué seguís atrapados en caminos que no conducen a ninguna parte? ¿Por qué seguís extraviádos?


 

viernes, 25 de noviembre de 2022

Erick Thor Sandberg



"Lo que lees te puede transformar. La música que escuchas te puede transformar. Lo que sueñas te puede transformar. Lo que comes te puede transformar. Lo que das te puede transformar. Somos influenciados constantemente por todo lo creado".


  El libro de Richard Bach, donde sugiere una interpretación de los múltiples universos de la mecánica cuántica, para varias de sus experiencias vitales. De hecho, Bach desarrolló esta idea tras una «coincidencia asombrosa» protagonizada, en 1966, por él y otro amigo mientras pilotaban un biplano de su propiedad.

    Tras haber viajado desde California a Carolina del Norte en un Fairchild 24, decidieron cambiar su moderno avión por un biplano del 29. Así las cosas, mientras sobrevolaban el estado de Wisconsin, perdieron el control del aeroplano y tuvieron que tomar tierra de emergencia en un pequeño aeródromo. Todo presagiaba grandes dificultades para poder salir de allí. Sólo se habían fabricado ocho unidades del Detroit-Parks Speedster modelo P-2A , por lo que conseguir una pieza para repararlo se antojaba una tarea imposible… Pero la «providencia» tenía otros planes.
    Hasta el aeródromo se acercó el dueño de un hangar cercano que vio aterrizar con dificultades al aeroplano. Les brindó su ayuda y les condujo a otro hangar donde, entre un montón de piezas, encontraron precisamente la que necesitaban para reparar su avión.
    En su libro Nada es azar , Richard Bach escribe:
    «Las probabilidades de encontrar la pieza que nuestro biplano requería en un pueblo pequeño en el que, por casualidad, residía un señor que tenía esa pieza tan antigua; las probabilidades de que dicho hombre se encontrara en la escena cuando sucedió la avería; las probabilidades de que empujáramos el avión justo hasta el hangar contiguo al de ese individuo, a tan sólo escasos metros de la pieza que necesitábamos; todas esas probabilidades eran tan impensables que pedir el milagro de una coincidencia era una locura».
    Pero sucedió. Y la vivencia —entre otras— sirvió para que años después, en 1988, desarrollara en Uno la idea de que cada bifurcación que nos plantea la vida abre un mundo alternativo que se desliza paralelamente a éste y que, eventualmente, puede cruzarse de nuevo en nuestra línea principal, dando lugar a las coincidencias significativas… cuando lo necesitamos de manera vital. Así, «los problemas son para solucionarlos, la libertad, para comprobarla; mientras conservemos la fe en nuestros sueños, nada nos sucederá por simple azar».

 Entre los grandes creadores, que son los grandes portavoces de los ideales éticos, ninguno más milagroso que el propio Confucio. Éste afirmaba que sus enseñanzas no procedían de una fuente divina y que, de hecho, su fuente de inspiración estaba al alcance de cualquiera. A diferencia de Moisés, Buda, Jesús o Mahoma no proclamó un conjunto de mandamientos. De la misma forma que el hinduismo es el nombre que se da a las religiones de la India, el confucianismo es el que se aplica a las creencias tradicionales de la familia china. Sus rituales o sacrificios «religiosos» no estaban presididos por un sacerdote profesional sino por el jefe de la familia y los sacrificios oficiales eran dirigidos por el jefe del Estado. Confucio insistía en que no hacía sino revivir enseñanzas antiguas.

    Confucio no fue crucificado ni martirizado, no sacó a su pueblo del desierto ni mandó un ejército en una batalla. No dejó una gran impronta en la vida de su época y reclutó pocos discípulos. En su condición de ambicioso burócrata de mente reformista terminó su vida sumido en la frustración. No es difícil verle como un antiguo Quijote. Pero de alguna manera la lucha sin éxito que libró durante toda su vida contra los males de los caóticos estados chinos de su época despertó de alguna forma a su pueblo y acabó por presidir dos mil años de cultura china.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Dante Alighieri



 "Los lugares mas oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral."




 

     En 1725, Johann Heinrich Schulze trabajaba en un nuevo método para conseguir fósforo cuando descubrió que el recipiente donde mezclaba plata y yeso se ennegrecía por el lado expuesto al sol y, al colocar hojas de papel con palabras escritas, descubrió asombrado que éstas se quedaban grabadas en el recipiente. De forma fortuita había descubierto el fotograma. Más de un siglo después, John Wesley Hyatt trabajaba en un nuevo material compuesto por una mezcla de serrín y papel con cola cuando accidentalmente se hizo un corte en un dedo. Entonces se dirigió al botiquín a por un frasco de colodión que «desafortunadamente» cayó sobre la mezcla. Hyatt observó que el compuesto funcionaba mejor que la cola. De esta forma se inventó el celuloide.

    Con todo, la primera fotografía como tal no se obtuvo hasta 1822, cuando Joseph N. Niépce consiguió fijar una imagen de forma más o menos permanente utilizando asfalto o betún de Judea. En paralelo, otro francés, Louis-Jacques Mandé Daguerre, pasaría a la historia gracias a otra casualidad. Andaba enfrascado en un sistema para lograr que la luz incidiera sobre una suspensión de sales de plata, de modo que la oscureciera selectivamente y produjera un duplicado de alguna escena. Pero no había manera.
    Realizó numerosos experimentos con escaso éxito hasta que se dio por vencido. Malhumorado, guardó en un armario una placa expuesta en la que había una tenue imagen que había intentado lavar para usar de nuevo. Después de un tiempo, Daguerre abrió el armario y para su sorpresa encontró la placa luciendo en su superficie una imagen muy nítida. Concluyó que el «milagro» era obra de alguno de los productos que guardaba en el mueble. Así que, ni corto ni perezoso, probó los productos uno tras otro… Nada. Entonces reparó que en uno de los estantes había unas gotas de mercurio procedentes de un termómetro roto. Así es como dedujo que el vapor de este metal líquido era el artífice de la imagen. Nacían los daguerrotipos.

Frederick Douglass

 


Frederick Douglass, esclavo, fue enviado a Baltimore para trabajar como criado y trabajador en un astillero. De alguna forma aprendió a leer y a escribir, y, en 1838, a los veintiún años, escapó al Norte, donde se convirtió en el negro más famoso de su época, como conferenciante, director de periódico y escritor. En sus memorias, Narrative of the Life of Frederick Douglass, recordó los pensamientos que había tenido en su primera infancia sobre su condición: ¿Por qué soy esclavo? ¿Por qué algunos son esclavos, y otros amos? ¿Hubo alguna vez un tiempo en que esto no era así? ¿Cómo empezó la relación? Sin embargo, una vez que empecé mis indagaciones, no tardé mucho en descubrir la verdad sobre el tema. No era el color, sino el crimen; no Dios, sino el hombre el que proporcionaba la explicación verídica sobre la existencia de la esclavitud; tampoco tardé en averiguar otra verdad: lo que el hombre puede hacer, el hombre lo puede deshacer. Recuerdo claramente el hecho de quedar -incluso entonces muy impresionado con la idea de llegar a ser un hombre libre algún día. Este sentimiento reconfortante era un sueño innato de mi naturaleza humana -una constante amenaza a la esclavitud -y que todos los poderes de la esclavitud no podían silenciar ni aplastar.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Nathaniel Branden



  En mi trabajo psicoterapéutico veo con frecuencia que las transformaciones más radicales ocurren después de que el paciente se da cuenta de que nadie va a acudir en su rescate. "No acude nadie" es una frase que oigo mucho en mi trabajo, en todos los niveles. Cuando al fin me permití asumir la plena responsabilidad de mi vida (me ha dicho más de un paciente), comencé a crecer. Empecé a cambiar. Y mi autoestima empezó a aumentar."

    La autorresponsabilidad comprende realizaciones como las siguientes:
    Soy responsable de mis elecciones y acciones.
    Soy responsable del modo en que utilizo mi tiempo.
    Soy responsable del nivel de conciencia que aplico a mi trabajo.
    Soy responsable del cuidado o la falta de cuidado con que trato a mi cuerpo.
    Soy responsable de mantener las relaciones que decido entablar o en las que elijo continuar.
    Soy responsable del modo en que trato a los demás: Mi cónyuge, mis hijos, mis padres, mis amigos, mis socios, mi jefe, mis subordinados, el vendedor de una tienda.
    Soy responsable del significado que doy o dejo de dar a mi existencia.
    Soy responsable de mi felicidad.
    Soy responsable de mi vida en lo material, lo emocional, lo intelectual y lo espiritual.
    Cuando hablo de "ser responsable" en este contexto, no quiero decir ser receptor de acusaciones o culpas morales, sino ser el principal agente causal de la propia vida y conducta. 

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