jueves, 10 de febrero de 2022

 Los campos crujen

con pájaros rojos;
son las 4:30 de
la mañana;
siempre son las
4:30 de la mañana,
y escucho a
mis amigos:
los basureros y
los ladrones,
y gatos soñando
pájaros rojos
y pájaros rojos soñando
gusanos,
y gusanos soñando
acompañado de los huesos de
mi amor,
y no puedo dormir,
y pronto llegará la mañana,
los trabajadores se despertarán,
y me buscarán en los muelles,
y dirán
“está borracho de nuevo,”
pero estaré dormido,
finalmente,
entre las botellas y
la luz del sol,
toda oscuridad detrás,
mis brazos extendidos como
una cruz,
los pájaros rojos
volando,
volando,
rosas que se abren en el humo,
y como algo
apuñalado
y cicatrizante
como 40 páginas a través
de una mala novela,
una sonrisa sobre
mi cara de idiota

 ¿Y mi padre? pregunté a mi madre que lavaba en el arroyo su único vestido; se fue, dijo... o no, no era tan inteligente como para irse; más bien se perdió. Eso era lo único que podía hacer por nosotros, el mejor regalo para vos, que desde un principio sabes que la familia no sirve, que es un vía crucis de parientes, una miseria en cooperativa, la responsable de la secta que, multiplicada, es el nacionalismo que dividió y apestó al mundo.


 

 Aunque el grado de autoconciencia varía, su existencia le plantea al hombre un problema que es esencialmente humano: al tener conciencia de sí mismo como de algo distinto a la naturaleza y a los demás individuos, al tener conciencia —aun oscuramente— de la muerte, la enfermedad y la vejez, el individuo debe sentir necesariamente su insignificancia y pequenez en comparación con el universo y con todos los demás que no sean "él". A menos que pertenezca a algo, a menos que su vida posea algún significado y dirección, se sentirá como una partícula de polvo y se verá aplastado por la insignificancia de su individualidad. No será capaz de relacionarse con algún sistema que proporcione significado y dirección a su vida, estará henchido de duda, y ésta, con el tiempo, llegará a paralizar su capacidad de obrar, es decir, su vida.

miércoles, 9 de febrero de 2022

 


 "En 1926 se dio una fiesta en honor de Ricardo Güiraldes, en los lagos de Palermo. Norah Lange, que era conocida como la protegida de Borges, llegó con él. Pero se sentó cerca de Girondo, en ese entonces, un extrovertido poeta vanguardista que acababa de llegar de París. Mientras comían, Norah, sin querer, tiró una botella de vino y Girondo se acercó y le dijo: "Parece que va a correr sangre entre nosotros". En ese momento la señorita Lange se enamoró perdidamente de Girondo y fue quién la llevó después a su casa. Escribe Williamson: "Norah había llegado a la fiesta con Borges, pero se fue con Girondo, y ese simple hecho traería una desdicha singular a la vida de Borges. Perder a Norah con otro hombre ya habría sido un desastre considerable, pero perderla con Girondo justamente era una humillación desesperante".

 "Si para recobrar lo recobrado

Debí perder primero lo perdido
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado

Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido
Tengo por bien sufrido lo sufrido
Tengo por bien llorado lo llorado

Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido

Porque después de todo he comprobado
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado".

Francisco Luis Bernárdez

 “Desgraciadamente, un demonio celoso, mi mala salud, se ha cruzado en mi camino. Desde hace tres años mi oído es cada vez más más débil”, escribía Ludwig en una carta a su amigo y médico Wegeler a principios de 1800. Se presume que su sordera estaba ligada a sus males intestinales, e incluso se especula que ambos padecimientos tenían su origen en la sífilis que azotaba a la época, sin embargo, no hay pruebas que aseguren esa hipótesis.


La anécdota del estreno de la Novena sinfonía, el 7 de mayo de 1824, en el Kärntnertortheater de Viena, es bien conocida: si Beethoven no renunció a la composición mucho menos lo haría a dirigir su última obra después de más de 10 años de ausencia de los escenarios debido a sus múltiples padecimientos. Así que aquella noche, con ayuda de un asistente (Michael Umiauf), Beethoven dirigió de principio a fin aquella partitura que cambiaría la forma de hacer música clásica para siempre por su innovación, contrastes y la libertad creativa de la que gozó. Al final de la presentación, el genio, aún de espaldas, extasiado y sin percibir que el último acto había terminado (pues no escuchaba absolutamente nada), recibió una seña para volverse hacía el público, que lo ovacionaba de pie y sin cesar.

Durante su vida y posterior muerte, existieron varios mitos sobre su persona, como el hecho de que se le asociara con las logias masónicas y que algunas teorías osen dotar de secretos ocultos masónicos a las estrofas elegidas para el acto coral del cuarto movimiento de la Novena.

“Puedo decir que llevo una vida miserable. Hace casi dos años que evito toda clase de sociedad, pues no puedo decir a la gente: soy sordo. Si tuviera cualquier otro oficio, esto sería quizá posible, pero en el mío es una situación terrible. Y con esto mis amigos, que no son pocos, ¿qué dirían? Para darte una idea de esta extraña sordera, te diré que es el teatro debo colocarme cerca de la orquesta para poder oír a los actores. No oigo los tonos elevados de los instrumentos y de las voces cuando me pongo un poco lejos”.

Egoísta, huraño, antisocial, narcisista y víctima del mal de amores, son parte de la fama del genio de Bonn. Verdaderos o falsos estos mitos en torno a su figura, lo cierto es que quién podría mantenerse impasible y regocijante si su mayor talento (y verdadera pasión) fuera coartada por la pérdida de una herramienta (anatómica) indispensable para la creatividad. El estado trágico de su vida es en sí misma una historia propia del Romanticismo, periodo del que fue musicalmente su pionero precisamente con la Novena sinfonía, dejando atrás el período clásico.

En el aspecto más amplio, el proceso de creación de esta pieza sin rastro alguno de su sentido del oído fue toda una proeza: Beethoven compuso hasta el final utilizando un piano. Sin poder escuchar, él se valió de herramientas fabricadas especialmente para que pudiera percibir las vibraciones que emitía el instrumento. Su falta de sentido auditivo no le impediría a un hombre que comenzó a componer desde niño, vislumbrar la música dentro de su mente (a lo Beth Harmon de Gambito de dama orquestando sus movimientos de ajedrez). Así pues, poética y literalmente, Beethoven sentía la música, ¿no son los principios de apegarse a la sensibilidad y los sentimientos las bases del movimiento Romántico? La sordera podrá haber obstaculizado su destreza como intérprete o como director de orquesta, pero nunca como compositor. A pesar de la falsa creencia de que su pérdida de oído (uno de los más finos de la historia de la música, antes de perderlo) mermó su creación, es de hecho esta última etapa de su vida, una de las más fructíferas.

martes, 8 de febrero de 2022

 


"Un pensamiento me paralizó: por primera vez en mi vida vi la verdad tal y como se narra en las obras de los poetas, proclamada como la sabiduría definitiva por tantos pensadores. La verdad: que el amor es el fin último y la meta más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces comprendí el sentido, el mayor secreto que la poesía humana y el pensamiento humano y toda creencia deben impartir: que la salvación del hombre es a través del amor y en el amor".






Quién
en prolijos cajones
pudiera
guardar la tristeza,
doblada y planchada
oliendo a lavanda.

Y cerrar la puerta
del enorme armario
y esconder la llave
antes de salir
huyendo de casa.

Girolamo Savonarola

 


Cuando Savonarola denunciaba la corrupción de la Iglesia, dos de sus blancos eran invariablemente el papa Borgia y la corte pontificia, con su vida de lujo, costumbres licenciosas y desorden moral. Alejandro VI conocía la actitud de Savonarola, y aunque le resultaba extraordinariamente molesta se sentía impotente frente a él. Mientras el fraile dominico fuera un aliado de los franceses y las tropas de estos se hallaran cerca de Roma, la posición del pontífice era demasiado frágil para iniciar un enfrentamiento.

Savonarola había iniciado su trayectoria pública lleno de buenas intenciones y con una aguda visión de la realidad, y no sorprende que obtuviera tan amplio apoyo popular. Sus ataques a las jerarquías eclesiásticas y al propio papa eran del todo justificados, pues Alejandro VI vivía como un príncipe, tenía amantes e hijos y como político carecía de escrúpulos. Sus críticas a los Medici y a los poderosos en general, rodeados de lujo mientras el pueblo subsistía en la miseria, pueden considerarse progresistas. En este sentido, las reformas políticas que impulsó cuando llegó al poder supusieron unos indudables avances democráticos. Por ello, muchos lo consideran un defensor de las libertades y un precursor de las reformas políticas y religiosas que llegarían mucho más adelante. Su trágico final, que él mismo selló con su obstinada desobediencia al papa, lo convirtió, además, en un mártir. Sin embargo, todo ello se vio enturbiado por el fanatismo moral y religioso que él y sus partidarios quisieron imponer a Florencia, a causa del cual perdió su credibilidad y por cuyo motivo, paradójicamente, se le considera al mismo tiempo un dictador integrista y exaltado.

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-moderna/20170307/47310279613/la-hoguera-de-las-vanidades.html

lunes, 7 de febrero de 2022

 


"Qué ocurre cuando nuestros sueños se hacen realidad? ¿Cuándo se ha conseguido aquello por lo que se luchaba? ¿Cómo se vive cuando el enemigo ha desaparecido y ahora lo que tenemos ante nosotros somos nosotros mismos?"



 No eres "forzado" a sentir resentimiento por un recuerdo negativo, ni tampoco has de pensar con miedo sobre el futuro. Estas son sólo opciones. La mente es como un televisor emitiendo sus diversos canales a elegir, y no has de seguir ninguna tentación particular o pensamiento. Puedes caer en la tentación de sentir lástima por ti mismo, o sentirte enfadado o preocupado. La atracción secreta de todas estas opciones es que ofrecen una rentabilidad interna o una satisfacción secreta que es la fuente de la atracción de los pensamientos de la mente.

    Dentro de ciertos límites, tendemos a experimentar el reflejo de lo que nos hemos convertido.

    La fuente de la alegría está siempre presente, siempre disponible, y no depende de las circunstancias. Sólo hay dos obstáculos:
    1.- la ignorancia que siempre está disponible y presente; y
    2.- valorar otra cosa que no sea paz y alegría por encima de esa paz y alegría por el placer secreto rentable.

 Una chica de quince años y su hermano de ocho viajan en un tren hacia el campo de concentración de Auschwitz. Solos y sin saber nada de sus padres, se encuentran hacinados dentro de un vagón lleno de deportados hacia un destino oscuro. Ella baja la mirada y ve que su hermano pequeño está descalzo. Enfadada, grita y lo riñe: «Pero ¿qué demonios has hecho con los zapatos? ¡Eres un bobo! ¿Es que no sabes cuidar de tus cosas?» El niño se asusta y llora. Cuando llegan al campo de concentración, los soldados nazis los separan. Por desgracia, estas son las últimas palabras que le dirige a su hermano. Nunca volverá a verlo. Años después, cuando liberan el campo, ella lo busca desesperadamente entre los supervivientes. No lo encuentra. No ha logrado sobrevivir. Desesperada por los remordimientos que le provocan sus últimas palabras, se hace una promesa: «Nunca más le diré nada a nadie que pueda quedar como la última cosa que he dicho».

domingo, 6 de febrero de 2022



 "Quise olvidarte. 

Más que eso, 
necesité olvidarte. 
Lo intenté. 
Lo conseguí. 
Fue tan intenso el deseo 
que me pasé. 
En mi cerebro hubo una fuga de 
neuronas 
y ahora tampoco recuerdo otras 
cosas. 
Sólo recuerdo 
lo que sufrí el día de mi Primera 
Comunión 
con los zapatos pequeños.
Lo que sufrí, 
los tres años de la guerra civil, 
lo que sufrí 
cuando aprendí a nadar. 
Pero no recuerdo lo reciente… 
¿Dónde he puesto mis gafas? 
¡Qué mala cabeza tengo! 
Tengo mal la cabeza, 
(es preferible a tener mal el 
corazón). 
Viviré más. 
Aunque no me acuerdo para 
qué".

 


Esta interpretación apaciguó gran parte de su ansiedad, y su presentación de la semana pasada había sido excepcionalmente lúcida, y él no había adoptado una actitud a la defensiva. Nunca había hecho nada mejor. Durante su presentación oía en su mente la repetición de un mantra: “Yo no soy mi trabajo”. Cuando terminó y se sentó al lado de su jefe, el mantra proseguía: “Yo no soy mi trabajo. Ni mi conversación. Ni mi ropa. Nada de esto”. Cruzó las piernas y miró sus gastados zapatos. “Tampoco soy mis zapatos”, se dijo, esperando atraer la atención de su jefe para poder decirle: “¡Yo no soy mis zapatos!” Los dos descubrimientos de Carlos ––los primeros de muchos–– fueron un obsequio para mí y para mis estudiantes. Estas dos percepciones, cada una generada por una forma diferente de terapia, ilustraban, en esencia, la diferencia entre lo que uno puede aprender en la terapia de grupo, con su foco en la comunión compartida, y la terapia individual, con su foco en la comunión interior. Aún uso muchas de las percepciones gráficas de Carlos en mis enseñanzas. En los pocos meses de vida que le quedaban, Carlos siguió optando por brindarse. Organizó un grupo de autoayuda para el cáncer (no sin algún chiste acerca de que se trataba de “la última parada” de la línea) y también fue el líder de un grupo sobre habilidades interpersonales en una de sus iglesias. Sarah, que ahora era una de sus grandes promotoras, fue invitada como conferenciante y fue testigo del competente y responsible liderazgo de Carlos. Pero sobre todo se brindó a sus hijos, que notaron su cambio y fueron a vivir junto a él mientras asistían a una universidad cercana. Fue un padre maravillosamente generoso. Yo siempre he pensado que la manera en que uno enfrenta la muerte está determinada en gran parte por el modelo de sus padres. El último obsequio que puede hacer un padre a sus hijos es enseñarles, mediante el ejemplo, a enfrentar la muerte con ecuanimidad, y Carlos les dio una lección de gracia extraordinaria. Su muerte no fue oscura, embozada, conspiratoria. Hasta el último día, él y sus hijos fueron sinceros y abiertos acerca de su enfermedad y se reían juntos de la manera en que Carlos resoplaba, se ponía bizco y juntaba los labios al referirse a su “linfooooma”. Pero no dio a nadie un mejor regalo que a mí poco antes de morir, un regalo que responde en forma definitiva a la pregunta de si es racional o apropiado aspirar a una terapia “ambiciosa” para los que son enfermos terminales. Cuando lo visité en el hospital estaba tan débil que apenas podía moverse, pero levantó la cabeza, me apretó la mano y susurró: ––Gracias. Gracias por salvarme la vida.

 Tras su muerte, en 1827, varios años y coincidencias después, existió la creencia en la “maldición de la novena”, aquella superstición que versa que, después de la muerte de Beethoven, los compositores están destinados a morir una vez lograda su novena sinfonía. Para un pequeño puñado, efectivamente no hubo décima: Franz Schubert (1828), Anton Brukner (1896), Antonín Dvorak (1904), Gustav Mahler (1911), Alexander Glazunov (1936) y Ralph Vaughan Williams (1958).

sábado, 5 de febrero de 2022

 


A veces las circunstancias son menos tormentosas y si me empeño en no ponerte más que ejemplos con ciclón incorporado puedes rebelarte contra ellos, como hizo aquel aprendiz de aviador. Su profesor de vuelo le preguntó: «Va usted en un avión, se declara una tormenta y le inutiliza a usted el motor. ¿Qué debe hacer?» Y el estudiante contesta: «Seguiré con el otro motor.» «Bueno -dijo el profesor-, pero llega otra tormenta y le deja sin ese motor. ¿Cómo se las arregla entonces?» «Pues seguiré con el otro motor.» «También se lo destruye una tormenta. ¿Y entonces?» «Pues continúo con otro motor.» Vamos a ver -se mosquea el profesor-, ¿se puede saber de dónde saca usted tantos motores?» Y el alumno, imperturbable: «Del mismo sitio del que saca usted tantas tormentas.»


 

 Los fundamentalistas religiosos ven en el poder de la ciencia la fuente principal del desencanto moderno. La ciencia ha suplantado a la religión como la fuente central de autoridad, pero a costa  de hacer la vida humana accidental e insignificante. Si queremos que nuestras vidas tengan algún sentido, se ha de derrocar el poder de la ciencia y restaurar la fe. Pero la ciencia no puede ser eliminada de nuestras vidas por un acto de voluntad. Deriva su poder de la tecnología y ésta está cambiando nuestra manera de vivir con independencia de lo que nos propongamos. Los fundamentalistas religiosos creen tener remedios para los males del mundo moderno. En realidad, ellos mismos son síntomas de la enfermedad que pretenden curar. Esperan recuperar la fe irreflexiva de las culturas tradicionales, pero ésa es una fantasía característicamente moderna. No podemos creer lo que nos parezca: nuestras creencias son vestigios de unas vidas (las nuestras) que no hemos podido elegir. No podemos invocar una determinada visión del mundo como y cuando se nos antoje. Una vez desaparecidos, ya no hay forma de rescatar de nuevo los modos de vida tradicionales. Cualquier cosa que ideemos tras su estela no hará más que sumarse al clamor de novedad incesante. Cuando la ciencia resulta tan omnipresente en sus vidas, las personas, por mucho que lo deseen, no pueden regresar a un escenario precientífico. Los fundamentalistas científicos aseguran que la ciencia es la búsqueda desinteresada de la verdad. Pero cuando la ciencia es representada de ese modo, se obvian las necesidades humanas a las que sirve. Entre nosotros, la ciencia satisface dos necesidades: la de esperanza y la de censura. Sólo la ciencia sirve actualmente de apoyo para el mito del progreso. Si las personas se aferran a la esperanza del progreso, no es tanto por una creencia genuina como por el miedo a lo que puede venir si abandonan esa esperanza. Los proyectos políticos del siglo xx han fracasado o han conseguido mucho menos de lo que habían prometido. Sin embargo, dentro del ámbito de la ciencia, el progreso es una experiencia cotidiana, confirmada cada vez que compramos un nuevo artilugio electrónico o ingerimos una nueva medicina. La ciencia nos da una sensación de progreso que la vida ética y política no puede proporcionarnos. Y sólo la ciencia tiene poder para silenciar a los herejes. Hoy en día, es la única institución que puede afirmar esa autoridad. Al igual que la Iglesia en el pasado, tiene poder para destruir o marginar a los pensadores independientes. (Piénsese en cómo reaccionó la medicina ortodoxa ante Freud, o los darwinianos ortodoxos ante Lovelock.) De hecho, la ciencia no proporciona ninguna imagen fija de las cosas, pero al censurar a aquellos pensadores que se aventuran más allá de las actuales ortodoxias, preserva la confortante ilusión de una única cosmovisión establecida. Puede que esto sea desafortunado desde el punto de vista de alguien que valore la libertad de pensamiento, pero es indudablemente la principal fuente del atractivo de la ciencia. Para nosotros, la ciencia es un refugio que nos protege de la incertidumbre y que promete —y, en cierta medida, consigue— el milagro de libramos del pensamiento, en la misma medida en que las iglesias se han convertido en santuarios de la duda.

 


Oh, me gustaría tanto que recordaras

Los días felices cuando éramos amigos...
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo...
¿Ves? No lo he olvidado...
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo
Los recuerdos y las penas, también.
Y el viento del norte se las lleva
En la noche fría del olvido
¿Ves? No he olvidado 
la canción que tú me cantabas.

Es una canción que nos acerca
Tú me amabas y yo te amaba
Vivíamos juntos
Tú, que me amabas, y yo, que te amaba...
Pero la vida separa a aquellos que se aman
Silenciosamente sin hacer ruido
Y el mar borra sobre la arena
El paso de los amantes que se separan.

Las hojas muertas se recogen con un rastrillo.
Los recuerdos y las penas, también.
Pero mi amor, silencioso y fiel
Siempre sonríe y le agradece a la vida.
Yo te amaba, y eras tan linda...
Cómo crees que podría olvidarte?
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy
Eras mi más dulce amiga,
Mas no tengo sino recuerdos
Y  la canción que tú me cantabas,
¡Siempre, siempre la recordaré!


viernes, 4 de febrero de 2022

 Herbert von Karajan dijo en una ocasión que sólo vivía para la música. Sin duda no sabía hasta que punto era cierto: murió precisamente el año en que se jubiló, tras treinta al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Pero lo más sorprendente es que dos psicólogos austríacos podrían haberlo predicho. Doce años antes habían estudiado la manera en que el corazón del maestro reaccionaba frente a sus diversas actividades.¹ Habían registrado las mayores variaciones cuando dirigía un fragmento especialmente cargado de emociones de la obertura Leonora de Beethoven. De hecho, bastaba con que escuchase de nuevo dicho fragmento para que se observase casi la misma aceleración del ritmo cardíaco. En esta composición había fragmentos más difíciles físicamente para un director de orquesta. Y no obstante, en Karajan, no producían más que débiles aumentos del ritmo cardíaco. En cuanto al resto de sus actividades, Barajan parecía tomárselas menos a pecho. El hacer aterrizar su avión privado o un despegue casi catastrófico no tenían gran importancia para su corazón. E corazón de Barajan estaba totalmente inmerso en la música. Y cuando el maestro la dejó, su corazón no le siguió. ¿Quién no ha oído la historia de un vecino anciano que ha muerto pocos meses después que su esposa? ¿O el de una tía abuela que murió poco después de perder a su hijo? La sabiduría popular diría que se les había “partido el corazón”, Durante mucho tiempo, la ciencia médica ha tratado este tipo de incidentes con un absoluto desprecio, considerándolos simples coincidencias. Hace tan sólo veinte años que diversos equipos de cardiólogos y psiquiatras se han dedicado a estudiar estas “anécdotas”. Han descubierto que el estrés es un factor de riesgo incluso más importante que el tabaco en lo concerniente a las enfermedades del corazón.² También han descubierto que una depresión a continuación de un infarto predice la muerte del paciente en los seis meses siguientes con más precisión que ninguna medición de la función cardíaca.³ Cuando el cerebro emocional se desajusta, el corazón sufre y acaba por agotarse. Pero el descubrimiento más sorprendente es que esta relación tiene doble sentido. En cada instante, el equilibrio de nuestro corazón influye en nuestro cerebro. Algunos cardiólogos y neurólogos han llegado incluso a hablar de un sistema corazón cerebro indisociable.


 

 Es indudable que la filosofía ha sido defenestrada históricamente de su pedestal y que pasa por un mal momento, como postula Mario Bunge (2002) en su obra Crisis y reconstrucción de la filosofía. Principalmente, porque a los poderes fácticos no les interesa que la gente piense, de ahí el desmantelamiento de las asignaturas filosóficas en el sistema de enseñanza tradicional dominado por la oligarquía financiera y por la Iglesia Católica. Así, la razón secuestrada y los dogmas impuestos, se constituyen en los pilares de la ignorancia inadvertidamente inoculada en la humanidad generación tras generación. De un modo historicista, académico y cognitivo, la filosofía ha sido sustituida por la psicología, prescindiendo así de la visión filosófica como herramienta instructora del sentido de la vida. En dicha cuestión, importante es recordar la certera observación de Carl Jung: “Aproximadamente una tercera parte de los casos que trato no sufren debido a alguna neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas”. Sin filosofía, ya no hay propósitos profundos sobres los cuales pensar, como desean los poderes fácticos al inocularnos el virus de la desinformación (Otte, 2010), para relegarnos seguidamente en La sociedad de la ignorancia (Mayos et al., 2011) o caverna platónica.

jueves, 3 de febrero de 2022

 


 Es de gran valor seleccionar una máxima básica para vivir, tal como la decisión de ser amable y de buena voluntad para con toda la vida en todas sus expresiones.

La frase del lunes | El Baúl de los libros asombrosos
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo
ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo
ni sé
con qué pretexto
por fin
me necesites.

miércoles, 2 de febrero de 2022

 La muestra no correspondía con el concepto artístico del nacionalsocialismo: entre las obras había pinturas y esculturas expresionistas, surrealistas, dadaístas, cubistas, de la nueva objetividad, del fovismo. En resumen: la exposición "Arte degenerado" fue una exhibición propagandística montada por los nazis para poner en la picota al arte moderno y reírse de él, colocando los trabajos de manera caótica, con etiquetas explicativas que ridiculizaban los trabajos, y con precios exorbitantes supuestamente pagados por las autoridades alemanas anteriores a 1933, mientras el pueblo alemán sufría las consecuencias de la crisis económica.

Las obras de arte moderno fueron recolectadas en diversos lugares de Alemania. Una comisión se encargaba de decomisarlas a través de un edicto de Hitler y se apropiaba de cuadros y esculturas en diferentes museos. "La idea de 'limpiar' el arte no era nueva, y ya existían listas que los museos habían confeccionado muchos años antes", explicó Meike Hoffmann, coordinadora del proyecto de investigación "Arte degenerado", de la Universidad Libre de Berlín, en entrevista con DW. "En esa época, los museos ya funcionaban con el concepto del régimen nazi y los directores que no estaban de acuerdo con este eran reemplazados", añadió.

La exposición "Arte degenerado" tenía que ser inaugurada un día después de la "Gran Exposición Alemana de Arte", el 19 de julio de 1937. Se confiscaron 650 pinturas de arte moderno, gráficos y esculturas de 32 museos, entre ellas, obras de maestros como Vasili Kandinsky, Emil Nolde, Lyonel Feininger, Ernst Barlach y Ernst Ludwig Kirchner. "Sin embargo, había cierto margen de maniobra, ya que no se comprobó si las listas estaban completas", señaló Hoffmann. Pero debido a la prisa con la que se quería abrir la exposición, algunos directores de museos actuaron con demasiada obediencia, explica la experta.

https://www.dw.com/es/arte-degenerado-cuando-los-nazis-censuraron-el-arte-moderno/a-39778302

 Todo lo que está cerrado en sí mismo apunta a colapsar, no a levantarse. 

Meral Meri

 


En los prolegómenos del golpe chileno, la CIA financió una gran campaña propagandística que retrataba a Salvador Allende como un dictador camuflado, como un maquiavélico conspirador que se había servido de la democracia constitucional para hacerse con el poder, pero que se proponía instaurar un Estado policial al estilo soviético del que los chilenos jamás podrían escapar. En Argentina y Uruguay se presentó a los principales movimientos guerrilleros de izquierdas -los montoneros y los tupamaros como amenazas tan graves para la seguridad nacional que no dejaron otra opción a los generales que suspender la democracia, hacerse con el Estado y usar los medios que fueran necesarios para aplastarlos. En todos los casos, la amenaza fue o bien brutalmente exagerada, o bien totalmente inventada por las juntas.

martes, 1 de febrero de 2022


 

 A quienquiera que tenga se le dará más, y tendrá en abundancia. A quienquiera que no tenga, incluso lo que tenga, le será arrebatado.” Has de admitir que cuando has leído este pasaje te ha parecido injusto, puesto que parece que esté diciendo que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Pero hay un acertijo que resolver en este pasaje, un misterio que desvelar, y cuando lo conozcas un nuevo mundo se abrirá ante ti. La respuesta al misterio que durante siglos ha eludido a tantas personas es una palabra oculta: gratitud. “A quienquiera que tenga gratitud se le dará más, y tendrá en abundancia. A quienquiera que no tenga gratitud, incluso lo que tenga, le será arrebatado.” Por la revelación de una palabra oculta, un texto críptico se vuelve claro como el agua. Han transcurrido dos mil años desde que se escribieron esas palabras, pero hoy son tan ciertas como lo han sido siempre: si no te molestas en dar las gracias, nunca tendrás más, y lo que tienes lo perderás. Y la promesa de la magia que se producirá con la gratitud se expresa con estas palabras: si eres agradecido recibirás más, ¡y tendrás en abundancia!


             No quiero rosas, con tal que haya rosas.

Las quiero sólo cuando no las pueda haber.
¿Qué voy a hacer con las cosas
que cualquier mano puede coger?

No quiero la noche sino cuando la aurora
la hizo diluirse en oro y azul.
Lo que mi alma ignora
eso es lo que quiero poseer.

¿Para qué?… Si lo supiese, no haría
versos para decir que aún no lo sé.
Tengo el alma pobre y fría
Ah, ¿con qué limosna la calentaré?

Epicteto

 


Respeta las necesidades de tu cuerpo. Prodígale los mejores cuidados para promover su salud y bienestar. Dale absolutamente todo lo que necesite, con inclusión de comida y bebida saludables, ropa digna y un hogar cálido y confortable. Sin embargo, no utilices tu cuerpo como una ocasión para la exhibición o el lujo. Absténte de defender tu reputación o tus intenciones No tengas miedo de los insultos ni de las críticas. Sólo los moralmente débiles se sienten obligados a defenderse o explicarse ante los demás. Deja que la calidad de tus actos hable en tu nombre. No podemos controlar la impresión que los demás se forman de nosotros, y esforzarse por hacerlo sólo degrada el carácter. Así pues, si alguien te dice que una persona determinada te ha estado criticando, no te molestes en excusarte o defenderte. Limítate a sonreír y responde: «Supongo que esa persona no conoce mis demás defectos. De no ser así no habría mencionado sólo esos».

Archivo del blog

Buscar este blog