jueves, 7 de octubre de 2021


 

Yo soy uno de los escritores que desean crear obras serias de literatura que se disocian de aquellas novelas que son meros reflejos de las vastas culturas consumistas de Tokio y las subculturas del mundo en general. ¿Qué tipo de identidad de japonés debería buscar? WH Auden definió una vez al novelista como sigue:

…, entre el polvo
Sea justo, entre los sucios también Suciedad,
Y en su propia persona débil, si puede,
Debe sufrir debidamente todos los errores del Hombre.
(«El novelista», 11-14)

Esto es lo que se ha convertido en mi «hábito de la vida» (en palabras de Flannery O’Connor) a través de ser un escritor como mi profesión.

Para definir una identidad japonesa deseable quisiera escoger la palabra «decente» que está entre los adjetivos que George Orwell usó a menudo, junto con palabras como «humano», «sano» y «conely», para los tipos de carácter que él favorecido. Este epíteto engañosamente simple puede comenzar y contrastar con la palabra «ambigua» usada para mi identificación en «Japón, el ambiguo y yo mismo». Hay una amplia e irónica discrepancia entre lo que los japoneses parecen cuando se ven desde afuera y lo que desean que parezca.

Espero que Orwell no plantee una objeción si utilizo la palabra «decente» como sinónimo de «humanista» o «humanista» en francés, porque ambas palabras comparten cualidades comunes como la tolerancia y la humanidad. Entre nuestros antepasados ​​estaban algunos pioneros que hicieron esfuerzos minuciosos para construir la identidad japonesa como «decente» o «humanista».

Una de esas personas fue el fallecido profesor Kazuo Watanabe, un estudioso de la literatura y el pensamiento del Renacimiento francés. Rodeado por el ardor insano del patriotismo en la víspera y en medio de la Segunda Guerra Mundial, Watanabe tuvo el sueño solitario de injertar la visión humanista del hombre sobre el sentido tradicional japonés de la belleza y la sensibilidad a la Naturaleza, que afortunadamente no había sido Totalmente erradicada. Debo apresurarme a añadir que el profesor Watanabe tenía una concepción de la belleza y de la naturaleza diferente de la concebida por Kawabata en su «Japón, el bello y yo mismo». ‘

La manera en que Japón había intentado construir un estado moderno modelado en Occidente era cataclísmica. De manera diferente, pero en parte correspondiente, a ese proceso, los intelectuales japoneses habían intentado salvar la brecha entre Occidente y su propio país en su nivel más profundo. Debe haber sido una laborosa tarea o esfuerzo, pero también fue una de ellas que llenó de alegría. El estudio del profesor Watanabe sobre François Rabelais fue, pues, uno de los logros académicos más destacados y gratificantes del mundo intelectual japonés.

Watanabe estudió en París antes de la Segunda Guerra Mundial. Cuando le habló a su supervisor académico de su ambición de traducir Rabelais al japonés, el eminente experto francés respondió al aspirante a joven estudiante japonés con la frase: «L’entreprise inouie de traduction de l’intraduisible Rabelais» (la empresa sin precedentes de traducir En el japonés intraducible Rabelais). Otro erudito francés respondió con asombro franco: «Belle entreprise pantagruélique» (una empresa admirablemente pantagruélica). A pesar de todo esto Watanabe no sólo logró su gran empresa en un ambiente de pobreza durante la Guerra y la ocupación americana,

Tanto en mi vida como en la escritura he sido alumno de la profesora Watanabe. Yo estaba influenciado por él de dos maneras cruciales. Uno estaba en mi método de escribir novelas. Aprendí concretamente de su traducción de Rabelais a lo que Mikhail Bakhtin formuló como «el sistema de imágenes del realismo grotesco o la cultura de la risa popular»; La importancia de los principios materiales y físicos; La correspondencia entre los elementos cósmicos, sociales y físicos; La superposición de la muerte y las pasiones para el renacimiento; Y la risa que subvierte las relaciones jerárquicas.

El sistema de imágenes hizo posible buscar métodos literarios de alcanzar lo universal para alguien como yo nacido y educado en una región periférica, marginal, descentrada del país periférico, marginal, descentrado, Japón. Partiendo de un telón de fondo, no represento a Asia como una nueva potencia económica, sino un Asia impregnada de una pobreza duradera y de una fertilidad mixta. Al compartir metáforas viejas, familiares y vivas, me alineo con escritores como Kim Ji-ha de Corea, Chon I y Mu Jen, ambos de China. Para mí la hermandad de la literatura mundial consiste en tales relaciones en términos concretos. Una vez participé en una huelga de hambre por la libertad política de un talentoso poeta coreano.

Otra forma en que el profesor Watanabe me ha influenciado es en su idea del humanismo. Considero que es la quintaesencia de Europa como una totalidad viviente. Es una idea que también es perceptible en la definición de Milan Kundera del espíritu de la novela. Basándose en su exacta lectura de fuentes históricas Watanabe escribió biografías críticas, con Rabelais en su centro, de personas de Erasmus a Sébastien Castellion, y de mujeres conectadas con Henri IV de la reina Marguerite a Gabrielle Destré. Al hacerlo Watanabe pretendía enseñar a los japoneses sobre el humanismo, sobre la importancia de la tolerancia, sobre la vulnerabilidad del hombre a sus preconcepciones o máquinas de su propia creación. Su sinceridad lo llevó a citar la observación del filólogo danés Kristoffer Nyrop: «

Como alguien influenciado por el humanismo de Watanabe, deseo que mi tarea como novelista permita que tanto los que se expresan con palabras como sus lectores se recuperen de sus propios sufrimientos y los sufrimientos de su tiempo y curen sus almas de las heridas. He dicho que estoy dividido entre los polos opuestos de ambigüedad propios de los japoneses. He estado haciendo esfuerzos para ser curado y restaurado de esos dolores y heridas por medio de la literatura. He hecho mis esfuerzos también para orar por la cura y recuperación de mis compañeros japoneses.

Si me permites mencionarlo de nuevo, mi hijo mentalmente incapacitado Hikari fue despertado por las voces de los pájaros a la música de Bach y Mozart, eventualmente componiendo sus propias obras. Las pequeñas piezas que compuso por primera vez estaban llenas de nuevo esplendor y deleite. Parecían rocío brillando en las hojas de hierba. La palabra inocencia se compone de en – ‘no’ y nocere – ‘herido’, es decir, ‘no hacer daño a’. La música de Hikari fue en este sentido una efusión natural de la propia inocencia del compositor.

Como Hikari pasó a componer más obras, no podía dejar de oír en su música también «la voz de un llanto y alma oscura». Mentalmente incapacitado como era, su intenso esfuerzo proporcionó su acto de componer o su «hábito de vida» con el crecimiento de las técnicas de composición y una profundización de su concepción. Eso a su vez le permitió descubrir en el fondo de su corazón una masa de tristeza oscura que hasta entonces no había podido identificar con palabras.

«La voz de un alma llorosa y oscura» es hermosa, y su acto de expresarla en la música le cura de su tristeza oscura en un acto de recuperación. Además, su música ha sido aceptada como una que cura y restaura a sus oyentes contemporáneos también. Aquí encuentro los motivos para creer en el exquisito poder curativo del arte.

Esta creencia no ha sido plenamente probada. «Persona débil», aunque soy, con la ayuda de esta creencia inviable, me gustaría «sufrir todos los males» acumulados a lo largo del siglo XX como resultado del monstruoso desarrollo de la tecnología y el transporte. Como alguien con una existencia periférica, marginal y descentrada en el mundo, me gustaría buscar cómo – con lo que espero sea una modesta contribución humanista y decente – puedo ser útil para curar y reconciliar a la humanidad».

 


Julián empezó a notar que se sentía sexualmente atraído por su vecina. Se consideraba un hombre feliz en su matrimonio, y su primera reacción fue reprocharse esa atracción. Pero pronto advirtió que era mejor comprenderse a sí mismo que practicar un autorreproche ciego. Se permitió experimentar (en su vida interior) dicha atracción sexual. Prestó atención a los sentimientos que su vecina despertaba en él, y dio rienda suelta a sus fantasías. Cobró conciencia de que lo que ansiaba no era tanto poseer a su vecina como obtener nuevos estímulos, y no porque estuviera aburrido de su mujer sino porque estaba aburrido de su trabajo. Vio que una mujer nueva ofrecía la promesa de una momentánea experiencia de eficacia, que su trabajo ya no le proporcionaba. No se sintió culpable; consideró su reacción frente a su vecina como una valiosa fuente de información sobre las frustraciones que albergaba en su interior. Sabía que no iba a traicionar a su esposa, pero se permitió imaginar cómo podía llegar a ser una aventura con su vecina. Esa noche, en la cena, le dijo a su esposa: "Esta tarde, durante la hora que estuve sentado en el patio, a solas, tuve una aventura de ocho meses con la señora de al lado". Su serenidad y su tono divertido indicaron a su esposa que no tenía nada que temer, así que le preguntó: "¿Y qué tal te fue?" Julián tomó a su esposa de la mano y respondió: "Fue frustrante. Sin sentido. No era eso lo que yo buscaba. Pero creo que me vendría bien cambiar de trabajo".

    Práctica de la autodesestimación. Lo que Julián no sabía era que su vecina, Marta, albergaba sentimientos eróticos hacia él, pero como los consideraba pecaminosos, los reprimía. Se volvió cada vez más tensa con su esposo y sus hijos. Tenía ataques de llanto que no podía explicar. Cuando alguna vez se cruzaba en el camino con Julián, se mostraba a veces brusca y otras seductora, como una niña que aún no sabe bien lo que está haciendo. Hacía mucho tiempo que Marta se sentía desdichada en su matrimonio, pero no se permitía enfrentarse a eso, ya que para ella el divorcio significaba humillación y fracaso. Si se hubiera permitido aceptar y analizar sus sentimientos hacia Julián, y quizás discutirlos con su marido, habría obtenido una valiosa visión interior de su situación. Pero de niña le habían enseñado que desear íntimamente a otro hombre era tan malo como cometer adulterio; y ella no quería ser mala, de modo que la única solución era la inconsciencia. Por último, después de varios años de sufrimiento e incomunicación, su marido le pidió el divorcio. Marta, que se sintió traicionada, abandonada y perdida, se preguntaba: "¿Por qué en este mundo la gente buena siempre tiene que sufrir?".



 "Ninguno de los libros de este mundo

te aportará la felicidad,
pero secretamente te devuelven
a ti mismo.
Allí está todo lo que necesitas,
sol, luna y estrellas,
pues la luz que reclamas
habita en tu interior".

Hermann Hesse


 

Sí, es un mundo y en este mundo del sí viven (hábilmente imbricados) todos los mundos. 

E. E. CUMMINGS

miércoles, 6 de octubre de 2021

 Porque una casa sin ti es una oficina

Un teléfono ardiendo en la cabina
Una palmera en el museo de cera
Un exódo de oscuras golondrinas
Y si te vas me voy por los tejados
Como un gato sin dueño
Perdido en el pañuelo de amargura
Que empaña sin mancharla, tu hermosura

Porque una casa sin ti es una oficina
Un teléfono ardiendo en la cabina
Una palmera en el museo de cera
Un exódo de oscuras golondrinas

 Casi todas las filosofías, la mayoría de las religiones y buena parte de la ciencia evidencian una preocupación desesperada e incansable por la salvación de la humanidad. Si renunciamos al solipsismo, estaremos menos preocupados por la suerte del animal humano. La salud física y mental no radica en un amor introvertido hacia todo lo humano, sino en recurrir a lo que Robinson Jeffers llama, en su poema «Meditation on Saviors», «la orilla al otro lado de la humanidad». El Homo rapiens es sólo una de entre una multitud de especies y no es obvio que valga especialmente la pena preservarla. Tarde o temprano, se extinguirá. Cuando se haya ido, la Tierra se recuperará. Mucho después de que haya desaparecido todo rastro del animal humano, muchas de las especies que éste se ha propuesto destruir seguirán ahí, junto a otras que todavía están por surgir. La Tierra olvidará a la humanidad. El juego de la vida continuará.




 Bolero, Julio Cortázar


Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.


Aquellos que consultan a un psicoanalista, lo hacen porque su vida, o una parte de ella, está invalidada por el sufrimiento; vienen porque sufren, no para hacer una experiencia intelectual. El psicoanálisis no es un lugar de meditación, consuelo para el pensamiento; al contrario, es una relación eminentemente afectiva, incluso apasionada, donde aquello que domina es el amor, la frustración, algunas veces el odio, y siempre lo inesperado. Es una relación hecha de emociones porque es con la emoción que, analista y paciente, tendrán la posibilidad de comprender, en la intensidad de su intercambio, cuál es la causa del origen de sus sufrimientos. Seguramente, el trabajo analítico no puede avanzar sin el concurso del pensamiento y la palabra, pero no son, ni el pensamiento, ni la palabra, los que finalmente aliviarán al paciente del mal que le agobia. Para que pensamiento y palabra actúen, es preciso además, que éstos sean animados por la fuerza de la emoción.  El psicoanálisis alivia, no solamente porque logra suprimir los síntomas de una enfermedad, y a menudo, la enfermedad en sí misma, sino sobre todo porque consigue provocar un cambio profundo de la personalidad del paciente. En efecto, el mayor éxito de un análisis es el de modificar la actitud del analizante de cara a su sufrimiento, de cara a sí mismo y de cara a los demás. Para nosotros, los psicoanalistas, el ideal supremo es que el paciente sufra menos —eso se sobreentiende—, pero fundamentalmente, que sufra menos de manera sostenible porque habrá aprendido a conocer mejor su sufrimiento y sobre todo a quererse mejor a sí mismo. Es un asunto de conocimiento, pero también de amor, de autoconocimiento y de amor propio. Me explico. Si el paciente alcanza a comprender emocionalmente por qué sufre, veremos su sufrimiento aligerarse; si, por el contrario, él no quiere saber nada, se crispa y se atrinchera en el confort de un problema al cual se ha acostumbrado, entonces veremos su sufrimiento agravarse. En cuanto al amor propio, cuando un análisis es plenamente eficaz, lleva al paciente a cambiar su visión de sí mismo y a amarse diferentemente. El análisis le enseña a entrar en su mundo interior y a descubrir una fuerza insospechada que se despierta en él, le sobrepasa, y le dirige hacia el otro. Entrar en sí mismo, es encontrar la fuerza para actuar fuera de sí, es hallar las ganas de ir hacia el otro. Quererse a sí mismo después de salir de un análisis exitoso, no es pues complacerse en un estéril amor propio, sino sentirse lo suficientemente seguro de sí para no tener más miedo del otro. ¿Cuál otro? No el otro que me es indiferente, sino aquél que cuenta para mí. El otro a quien yo temo y el otro a quien yo amo. Amarse a sí mismo siendo feliz de ser ese que uno es, conduce a librarse de ese miedo nocivo, frecuente entre nuestros pacientes, el miedo de que el otro sea una amenaza: «Si yo lo quiero, dirá el paciente, me va a dejar; si yo me entrego a él, va a abusar de mí; y, si me le acerco, va a humillarme». Ese miedo insidioso, tan presente en nuestros analizantes, representa el miedo asfixiante, prisión imaginaria que solamente un repetitivo e incansable retorno sobre sí mismo, operado muchas veces en el curso del tratamiento, podrá abatir. Aquí, yo quisiera hacerles escuchar la voz de Marguerite Yourcenar cuando ella hace, justamente el elogio de la mirada luminosa dirigida a sí mismo: «El verdadero lugar de nacimiento, escribe ella, es aquel en el cual uno ha dirigido, por la primera vez un vistazo inteligente a sí mismo». En efecto, para muchos pacientes, el psicoanálisis es el primer descubrimiento de sí, pero sobre todo —eso es lo que quiero señalar— la primera experiencia en la cual, el descubrimiento de sí se prolonga en un descubrimiento del otro, y más allá del otro, en un descubrimiento de la belleza de la vida, de la belleza de las grandes y las pequeñas cosas de la existencia. Lo importante, en psicoanálisis, no es solamente descubrirse, conocer sus límites y amarlos, sino poder perdonarse a sí mismo, ir sin temores hacia el otro y simplemente saborear la oportunidad que tenemos de ser los actores y los testigos del tiempo presente; la oportunidad, por ejemplo, que tengo en este instante de olvidar mi cuerpo, de olvidar el mundo y de estar enteramente en el acto de dirigirme a ustedes; y ustedes, en el acto de leerme. Así, a la pregunta «¿El psicoanálisis puede curar?», yo respondo afirmativamente. Desde luego, no cura a todos los pacientes, no alivia a todos de manera completa y sin recaídas. Siempre quedará una parte de sufrimiento que, en cualquier momento puede reactivarse, un sufrimiento invencible inherente a la vida, necesario a la vida. Vivir sin sufrimiento no es vivir.

 

martes, 5 de octubre de 2021



 Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y merece la felicidad, y por lo tanto enfrentar a la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, lo cual nos ayuda a alcanzar nuestras metas y experimentar la plenitud. Desarrollar la autoestima es ampliar nuestra capacidad de ser felices.

    Si comprendemos esto, podemos apreciar que el hecho de cultivar la autoestima nos interesa a todos. No es necesario llegar a, Odiarnos para poder aprender a querernos más; no tenemos que sentirnos Inferiores para desear tenernos más confianza. No hemos de sentirnos infelices para desear ampliar nuestra capacidad de alegría.
    Cuanto más alta sea nuestra autoestima, mejor preparados estaremos para afrontar las adversidades; cuanto más flexibles seamos, más resistiremos las presiones que nos hacen sucumbir a la desesperación o a la derrota.
    Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades tendremos de ser creativos en nuestro trabajo, lo que significa que también tendremos más posibilidades de lograr el éxito.
    Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más ambiciosos tenderemos a ser, no necesariamente en nuestra carrera o profesión o en un sentido económico, sino en términos de lo que esperamos experimentar en la vida en el plano emocional, creativo y espiritual.
    Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades tendremos de entablar relaciones enriquecedoras y no destructivas, ya que lo semejante se atrae entre sí, salud llama a la salud, y la vitalidad y la generosidad de ánimo son más apetecibles que el vacío afectivo y la tendencia a aprovecharse de los demás.
    Cuanto más alta sea nuestra estima, más inclinados estaremos a tratar a los demás con respeto, benevolencia y buena voluntad, ya que no los percibiremos como amenaza, no nos sentiremos "extraños y asustados en un mundo que nunca hicimos" (citando el poema de A. E. Housman), y porque el respeto por uno mismo es la base del respeto por los demás.
    Cuanto más alta sea nuestra estima, más alegría experimentaremos por el solo hecho de ser, de despertarnos por la mañana, de vivir dentro de nuestros cuerpos.

 


«La poesía está en todo, en la tierra y el mar, en el lago y en la ribera del río. También está en la ciudad, no lo niegues, se hace evidente a mis ojos, mientras estoy aquí sentado: hay poesía en esta mesa, en este papel, en este tintero: hay poesía en el ruido de los coches, en la calzada, en cada movimiento vulgar y ridículo de un obrero que, al otro lado de la calle, pinta el cartel de una carnicería.

Mi sentido más profundo predomina en mí de tal modo sobre los cinco sentidos que veo las cosas de la vida, estoy convencido, de una forma distinta a la de los demás hombres. Para mí existe, o existía, una riqueza en el significado de algo tan ridículo como la llave de una puerta, un clavo en la pared, los bigotes de un gato. Existe, para mí, una sugestión espiritual plena en una gallina que cruza la carretera cacareando. Existe, para mí, un significado más profundo que el miedo de las personas en el olor del sándalo, en una caja de cerillas olvidada, en dos papeles sucios que, en un día de viento, dan vueltas y se persiguen calle abajo.
Y es que la poesía es admiración, perplejidad, como la de un ser que hubiera caído del cielo y se diera cuenta durante su propia caída, atónito. Como alguien que conociera las cosas en el alma y luchando por recordar este conocimiento, se diera cuenta de que no era así como las conocía, no bajo esa forma y esas condiciones, y fuera incapaz de recordar más».

Fernando Pessoa | Diarios



[La gente quiere ser engañada, así que engañémosla]

lunes, 4 de octubre de 2021


 



 Señor

La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos
Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre
Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.
Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada
Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue
¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde
Señor
Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo



 No estás deprimido, estás distraído.

Distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro alma y espíritu, entonces cómo puedes sentirte pobre y desdichado. Distraído de la vida que te rodea, delfines, bosques, mares, montañas y ríos.

No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay 5600 millones. Además nos es tan malo vivir solo, yo la paso bien decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad, me conozco, algo fundamental para vivir. No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein, interpretaba como nadie a Chopin a los 90, por sólo citar dos casos conocidos.


NO ESTAS DEPRIMIDO ESTAS DISTRAIDO. Por eso, crees que perdiste algo, lo que es imposible porque todo te fue dado, no hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada, además la vida no te quita cosas, te libera de cosas, te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba, es una escuela, Por eso lo que llamas problemas son lecciones y la vida es dinámica, por eso está en constante movimiento. Sólo debes estar atento al presente, mi madre decía: “Yo me encargo del presente, el futuro es asunto de Dios” Jesús decía: “el mañana no interesa, él traerá nueva experiencia, a cada día le basta con su propio afán”.


No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el AMOR, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte, hay mudanza, y del otro lado te espera gente maravillosa. Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y madre, ella creía que en la pobreza se está más cerca del AMOR, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja porque nos hace desconfiados.


No encuentras la felicidad y… ¡es tan fácil! Sólo debes escuchar a tu corazón antes de que intervenga tu cabeza, que está condicionada por la memoria, que complica todo con cosas viejas, con órdenes del pasado, con prejuicios que enferman y encadenan. La cabeza que divide, es decir, empobrece. La cabeza que no acepta que la vida es como es, no como debería ser.


Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está bendito y condena al éxito, que deberá llegar cuando deba. Lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación, ni por compromiso, sino por AMOR. Entonces, habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible, sin esfuerzos, porque te mueve la fuerza natural de la vida. La que me levantó, cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija. La que me mantuvo vivo, cuando los médicos me diagnosticaban, 3 ó 4 meses de vida.


Sol tras las nubes


Dios te puso un ser humano a cargo y ese eres tú. A ti debes hacerte libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: “amarás al prójimo como a ti mismo”. Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, la felicidad es una adquisición, no algo que te llegará de afuera. Además la felicidad, no es un derecho sino un deber, porque si no eres feliz estas amargando a todo el barrio.


Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mató seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso en la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo…


Tenemos para gozar la nieve del invierno y la flor de la primavera, el chocolate de la Peruggia, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno , los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros y los cigarros de Davidoff, las mil y una noches, La Divina Comedia, El Quijote, Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y la poesía de Whitman… Mahler, Brahms, Mozart, Chopin, Beethoven, Caravaggio, Rembrandt, Velásquez, Cézanne, y Picasso… entre tantas maravillas.


Si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas, las dos son buenas. Si te gana, !te liberas del cuerpo que es tan molesto!. “Tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas”. Y si le ganas serás más humilde, más agradecido, por lo tanto fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.


NO ESTAS DEPRIMIDO, ESTAS DESOCUPADO.

Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo, ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo amado, y más aún, hasta convertirte en el mismísimo AMOR. Que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida.


El bien se alimenta de sí mismo. El mal, se destruye a sí mismo. Si los malos supieran que buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio…


Si escucharas al otro, al que llevas dentro, sabrías todo, en todo encontrarías algo para ti, entonces te elevarías constantemente y ya no habría confusión, sino matices y en esa serenidad no buscarías nada, entonces encontrarías todo.


Y estando en el presente dirías y harías lo que hay que hacer a cada momento, natural y graciosamente, sin esfuerzo, lo que haría que tu relación con los demás fuera plena y al crecer en el AMOR serías más creativo, sin límites ni condiciones. La ignorancia nos hacer sentir encerrados y mortales, es decir que nos encerramos y nos limitamos solos. El miedo nos distrae del AMOR, que es sabio y valiente porque sabe que no hay medidas ni fin.


Busca adentro y desaparecerán las nubes de la periferia

Busca adentro y desaparecerán las nubes de la periferia. Quédate quieto y en silencio, para escuchar al sabio que llevas dentro, el que tiene siglos, no años como tu cuerpo. Por eso está mas allá de tus caprichosas medidas, de los prejuicios que provoca el miedo, y que es hijo de tu ignorancia. El sabio que está mas allá de los efectos que crees buenos o malos, ricos o pobres, oscuridad o luz, porque está en lo esencial, es decir en la mismísima causa, está en lo invisible de donde surge todo. Y cuando escuches al sabio que llevas dentro, sentirás a la lluvia buena y saludable, el frío….


Estarás tan atento a la causa, que todos los efectos serán luminosos. Ese estado de claridad impregnará todos los rincones, lo compartirás todo y a todos llegarás con gracia, y entonces la riqueza se multiplicará a cada paso.


David le pidió sabiduría a Dios, que le dijo, “No pides poco, porque la sabiduría incluye todo”.


No vives entre límites, sino en el mismísimo centro de lo milagroso, libre del ilusorio orden de la mente lineal, excitado por la imaginación y armonizado por la esperanza. Eres un espíritu que por un rato ocupa un cuerpo, un vehículo apto para este deambular por mares y montañas, entre delfines y elefantes, entre ciudades y desiertos y que cada tanto lo cubren todo para recomenzar el cuento.


En el medio del mundo del espíritu juega la razón, que cura el cáncer, que facilita las comunicaciones, que estudia el terreno de Marte, que puso al hombre en la Luna. El pensamiento te lleva a nuevos lugares, o te hace ver diferente,… más ricos a los viejos. Esto te cambiará tanto, que cambiará tu actitud frente al mundo, al que alguna vez quisiste cambiar en lugar de entenderlo. Y cuando cambies tendrás incidencia en él… Cierra los ojos y verás todo lo que será. Liberado del tiempo histórico, viajarás a la velocidad de la luz, y ese viaje puede mejorar la vida de muchos, porque es incalculable el poder del pensamiento. Este es un grandioso alquimista, que puede transformar cualquier circunstancia en una fiesta, es decir cualquier metal en oro.


Una vez encendida la luz interior, nada puede apagarla, es perfecta e incorruptible como el oro, que simboliza el poder de la pureza, de lo esencial, es decir del espíritu, que es un viaje infinito y maravilloso porque estalla a cada instante vivido con profundidad.


La santidad es la meta prevista para todos, aunque pocos se den cuenta, o se animen a entrar en los caminos que llevan a ella. Abandonado el ego, comienzan los milagros, entonces sin lucha, recuperarás la fuerza natural, podrás provocar vida a través del AMOR. Hasta caminarás sobre las aguas y curarás con la palabra. Recuerda Jesús dijo: -“Cosas más grandes verán, cosas más grandes harán”.


bosque


NO ESTAS DEPRIMIDO, ESTAS DISTRAIDO por tu ego, que distorsiona, contrario a la inocencia que aclara. El ego confunde a las cosas con su juicio, cree que las cosas son lo que él piensa que son, es más, el ego cree que las palabras son las cosas. El ego no vive, interpreta, es una constante actuación que nunca alcanza la realidad. En tanto la inocencia, trata a todos por igual, está mas cerca de la felicidad, de la riqueza,… de la tranquilidad. La inocencia ve todo con asombro, nos lleva de fiesta en fiesta. La inocencia, cree, lo que es una bienaventuranza, es excitante, porque ve todo por primera vez, para ella el mundo está lleno de novedades, todo es un espejo, porque en la inocencia, tomamos conciencia que somos parte de Dios. El que se ve asimismo en todas las cosas, el inocente, se divierte fácilmente porque todo le llama la atención: una vaca pastando, el tronco de un viejo árbol, las mariposas negras sobre los trigales dorados, el colibrí detenido en el aire, el panadero sacando el pan del horno, la noche estrellada, la lluvia del invierno, los leños ardiendo en el hogar, los papeles de Matisse, las cabañas de las hormigas, las de los beduinos, el sermón del domingo a la mañana, el fútbol del domingo a la tarde.


El ego les pone nombre a las cosas, pero el inocente las ve, el ego las juzga, el inocente las vive, el ego divide, la inocencia armoniza diferencias, el ego depende de la mente, el inocente del corazón. El ego es viejo, depende de la memoria. El inocente está naciendo a cada instante, el ego nos agota, siempre lucha. El inocente, flota graciosamente siempre se entrega. El ego se aburre, no puede dejar de buscar. El inocente va de asombro en asombro, siempre encuentra y puede quedarse por la eternidad gozando el mismo caballo o la misma flor o la misma estrella. El inocente está tan entregado a la vida, que cambia como ella constantemente, por ello lo mismo nunca es lo mismo, la inocencia es fresca para siempre.


Ahora que estás solo y tranquilo, olvida lo que eres, … eso es creación de los demás, … escucha tu corazón… ¿Qué quieres ser? ¿Qué quieres hacer ahora, porque la vida es ahora mismo?


Olvida lo que crees que eres y comienza de cero ahora mismo, entonces convivirás con todos fácilmente. Es tan grato vivir sin divisiones, bueno-malo, rico-pobre, negro-blanco, amigo-enemigo, compatriota-extranjero, es tanta la liviandad cuando no hay enemigos, que podemos volar en cualquier momento porque la alegría tiene la simpatía de la magia.


No perdiste la inocencia, sólo la ocultas por miedo a la burla de los que… sólo pueden catalogar porque la perdieron. Déjala salir y recomenzarán los juegos de tus primeros años, ahora enriquecidos por la inteligencia, libérate de los preconceptos de la memoria, mira todo como por primera vez, te salvarás del aburrimiento que ensombrece a los que creen saberlo todo.


No confundas la actividad con la vida. Ahí está el sol, exactamente ahí, para que lo veas. Ahí está el árbol hace muchos años, para que te des cuenta que es una maravilla. Libérate de la imagen que te ayudaron a forjar los demás y volverás a la inocencia, nuestro estado natural, así estarás contento con las arrugas que confirman todo lo que viviste, es más, sólo en la inocencia sentirás, que eres parte de lo que te rodea, sólo en la inocencia puedes ver a Dios.

domingo, 3 de octubre de 2021

  


I am one of the searchers. There are, I believe, millions of us. We are not unhappy, but neither are we really content. We continue to explore life, hoping to uncover its ultimate secret. We continue to explore ourselves, hoping to understand. We like to walk along the beach, we are drawn by the ocean, taken by its power, its unceasing motion, its mystery and unspeakable beauty. We like forests and mountains, deserts and hidden rivers, and the lonely cities as well. Our sadness is as much a part of our lives as is our laughter. To share our sadness with one we love is perhaps as great a joy as we can know – unless it be to share our laughter. We searchers are ambitious only for life itself, for everything beautiful it can provide. Most of all we love and want to be loved. We want to live in a relationship that will not impede our wandering, nor prevent our search, nor lock us in prison walls; that will take us for what little we have to give. We do not want to prove ourselves to another or compete for love. For wanderers, dreamers, and lovers, for lonely men and women who dare to ask of life everything good and beautiful. It is for those who are too gentle to live among wolves.


 


"La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo eterno por satisfacer la necesidad sin ni siquiera alcanzar satisfacción".

Erich Fromm

 


El que comete injusticias es impío. Pues dado que la naturaleza del conjunto universal ha constituido los seres racionales para ayudarse los unos a los otros, de suerte que se favoreciesen unos a los otros, según su mérito, sin que en ningún caso se perjudicasen, el que transgrede esta voluntad comete, evidentemente, una impiedad contra la más excelsa de las divinidades. También el que miente es impío con la misma divinidad. Pues la naturaleza del conjunto universal es naturaleza de las cosas que son, y éstas están vinculadas con todas las cosas existentes. Más todavía, esta divinidad recibe el nombre de Verdad y es la causa primera de todas las verdades. En consecuencia, el hombre que miente voluntariamente es impío, en cuanto que al engañar comete injusticia. También es impío el que miente involuntariamente, en cuanto está en discordancia con la naturaleza del conjunto universal y en cuanto es indisciplinado al enfrentarse con la naturaleza del mundo. Porque combate a ésta el que se comporta de modo contrario a la verdad, a pesar suyo. Pues había obtenido de la naturaleza recursos, que desatendió, y ahora no es capaz de discernir lo falso de lo verdadero. Y ciertamente es impío también el que persigue los placeres como si de bienes se tratara, y, en cambio, evita las fatigas como si fueran males. Porque es inevitable que el hombre tal recrimine reiteradamente a la naturaleza común en la convicción de que ésta hace una distribución no acorde con los méritos, dado que muchas veces los malos viven entre placeres y poseen aquellos medios que se los proporcionan, mientras que los buenos caen en el pesar y en aquello que lo origina. Más aún, el que teme los pesares temerá algún día algo de lo que acontecerá en el mundo, y eso es ya impiedad. Y el que persigue los placeres no se abstendrá de cometer injusticias; y eso sí que es claramente impiedad. Conviene también, en relación con las cosas en que la naturaleza común es indiferente (pues no habría creado ambas cosas, si no hubiese sido indiferente respecto a las dos) que respecto a éstas los que quieren seguir la naturaleza se comporten indiferentemente viviendo de acuerdo con ella. Por consiguiente, está claro que comete una impiedad todo el que no permanece indiferente respecto al pesar y al placer, a la fama y a la infamia, cosas que usa indistintamente la naturaleza del conjunto universal. Y afirmo que la naturaleza común usa indistintamente estas cosas en vez de acontecer éstas por mero azar, según la sucesión de lo que acontece; y sobrevienen debido a un primer impulso de la Providencia, según la cual, desde un principio, emprendió esta organización actual del mundo mediante la combinación de ciertas razones de las cosas futuras y señalando las potencias generatrices de las sustancias, las transformaciones y sucesiones de esta índole.

sábado, 2 de octubre de 2021

  


"En cuanto a ti que nos salvas, beduino de Libia, te borrarás, sin embargo, para siempre de mi memoria. No me acordaré nunca de tu rostro. Tú eres el Hombre y te me apareces con la cara de todos los hombres a la vez. Nunca fijaste la mirada para examinarnos, y nos has reconocido. Eres el hermano bien amado. Y, a mi vez, yo te reconoceré en todos los hombres. Te me apareces bañado de nobleza y benevolencia, gran señor que tienes el poder de dar de beber. Todos mis amigos, todos mis enemigos, en ti marchan hacia mí, y no tengo ya un solo enemigo en el mundo.


 

  


«Hoy en día la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido.»

    WOODY ALLEN

viernes, 1 de octubre de 2021


 



 No digas que es inútil la lucha,

que las heridas y el esfuerzo son en vano,
que el enemigo no ceja ni desfallece
y que todo seguirá como siempre.

Si fue falsa la esperanza, los temores también pueden mentir.

Tal vez tras ese humo lejano, ocultos
ahora mismo tus camaradas persigan al adversario en retirada
y, pese a tu escepticismo, resulten dueños del campo de batalla.

Pues aunque aquí las olas exhaustas rompan
sin que parezcan ganar un palmo,
por allá la marea inunda bahías y ensenadas
avanzando en silencio.

Arthur Hugh Clough

Say not the struggle nought availeth,
     The labour and the wounds are vain,
The enemy faints not, nor faileth,
     And as things have been they remain.

If hopes were dupes, fears may be liars;
     It may be, in yon smoke concealed,
Your comrades chase e'en now the fliers,
     And, but for you, possess the field.

For while the tired waves, vainly breaking
     Seem here no painful inch to gain,
Far back through creeks and inlets making,
     Comes silent, flooding in, the main.

And not by eastern windows only,
     When daylight comes, comes in the light,
In front the sun climbs slow, how slowly,
     But westward, look, the land is bright.



 Eso de tomar las cosas en serio... recuerdo que no me apareció hasta la época en que me enamoré por primera vez. Y ni siquiera entonces me las tomaba demasiado en serio. Si lo hubiera hecho verdaderamente, no estaría ahora aquí escribiendo sobre eso: habría muerto de pena, o me habría ahorcado. Fue una mala experiencia porque me enseñó a vivir una mentira. Me enseñó a sonreír cuando no lo deseaba, a trabajar cuando no creía en el trabajo, a vivir cuando carecía de razón para seguir viviendo. Incluso cuando la hube olvidado, conservé la costumbre de hacer aquello en lo que no creía.

    Desde el principio todo era caos, como he dicho. Pero a veces llegué a estar tan cerca del centro, del núcleo de la confusión, que me asombra que no explotara todo a mi alrededor.
    Es costumbre achacar todo a la guerra. Yo digo que la guerra no tuvo nada que ver conmigo, con mi vida. En una época en que otros conseguían puestos cómodos, yo pasaba de un empleo miserable a otro, sin ganar nunca lo suficiente para subsistir. Casi tan rápidamente como me contrataban me despedían. Me sobraba inteligencia, pero inspiraba desconfianza. Dondequiera que fuese fomentaba discordia: no porque fuera idealista, sino porque era como un reflector que revelaba la estupidez y futilidad de todo. Además, no era un buen lameculos. Eso me marcaba, indudablemente. Cuando solicitaba trabajo, notaban al instante que me importaba un comino que me lo dieran o no. Y, naturalmente, por lo general me lo negaban. Pero al cabo de un tiempo el simple hecho de buscar trabajo se convirtió en una actividad, en un pasatiempo, por decirlo así. Me presentaba y me ofrecía para cualquier cosa. Era una forma de matar el tiempo: no peor, por lo que veía, que el propio trabajo. Era mi propio jefe y tenía mi horario propio, pero, a diferencia de otros jefes, provocaba mi propia ruina, mi propia bancarrota. No era una sociedad ni un consorcio ni un estado ni una federación o comunidad de naciones: si a algo me parecía, era a Dios.
    Aquella situación se prolongó desde mediados de la guerra aproximadamente hasta... pues, hasta un día en que caí en la trampa. Por fin llegó un día en que deseé de verdad y desesperadamente un trabajo. Lo necesitaba. Como no tenía un minuto que perder, decidí coger el peor trabajo del mundo, el de repartidor de telegramas. Entré en la oficina de personal de la compañía de telégrafos —la Compañía Telegráfica Cosmodemónica de Norteamérica— hacia el anochecer, dispuesto a pasar por el aro. Acababa de salir de la biblioteca pública y llevaba bajo el brazo unos libros voluminosos sobre economía y metafísica. Para mi gran asombro, me negaron el empleo.
    El tipo que me rechazó era un enano que estaba a cargo del conmutador. Pareció tomarme por un estudiante universitario, a pesar de que en mi solicitud quedaba claro que hacía mucho tiempo que había acabado los estudios. Incluso me había adornado en la solicitud con el título de licenciado en filosofía por la Universidad de Columbia. Al parecer, el enano que me había rechazado lo había pasado por alto o bien le había parecido sospechoso. Me enfurecí, tanto más cuanto que por una vez en mi vida solicitaba trabajo en serio. No sólo eso, sino que, además me había tragado mi orgullo, que en cierto sentido es bastante grande. Naturalmente, mi mujer me obsequió con sus habituales miradas y sonrisas despectivas. Dijo que me había limitado a hacerlo por cumplir. Me fui a la cama pensando en ello, irritado todavía, y a medida que pasaba la noche, aumentaba mi enojo. El hecho de tener una mujer y una hija a quienes mantener no era lo que más me preocupaba; la gente no te ofrecía empleos porque tuvieras una familia a la que alimentar, eso lo entendía perfectamente. No, lo que me irritaba era que me hubiesen rechazado a mí a Henry V. Miller, a un individuo competente, superior, que había solicitado el empleo más humilde del mundo. Aquello me indignaba. No podía sobreponerme. Por la mañana me levanté muy temprano, me afeité, me puse mis mejores ropas y salí al galope hacia el metro. Me dirigí inmediatamente a las oficinas principales de la compañía de telégrafos... hasta el piso vigésimo quinto o dondequiera que tuviesen sus despachos el presidente y los vicepresidentes. Dije que deseaba ver al presidente. Naturalmente, el presidente estaba o bien de viaje o bien demasiado ocupado para recibirme, pero, ¿no me importaría ver al vicepresidente o, mejor, a su secretario? Vi al secretario del vicepresidente, un tipo inteligente y considerado, y le eché un rapapolvo. Lo hice con habilidad, sin acalorarme demasiado, pero dándole a entender que no les iba a resultar tan fácil deshacerse de mí.

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